Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 114
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Capítulo 114: Capítulo 114: A Cazar a Chris Mercy
Los últimos dos días habían sido agotadores para Kiro. Cada amanecer lo encontraba entrenando en la muralla oeste con Kaede Minatsuki, y cada atardecer lo despedía en la camilla de la enfermería, completamente rendido.
Su cuerpo, acostumbrado al dolor, ya no distinguía entre cansancio y daño. Aun así, Kiro se presentaba a entrenar como si fuera la última oportunidad que tendría para pelear.
Los combates con Kaede no duraban más de cinco minutos. Pero en ese breve tiempo, Kiro lo sentía todo.
Kaede no necesitaba hablar. Su forma de moverse, de atacar, de defender… todo en ella comunicaba una enseñanza.
Cada puño de ella le decía: “No bajes la guardia.”
Cada esquive murmuraba: “No desperdicies tu energía.”
Y cada contraataque le gritaba: “Aprende a mirar más allá del golpe.”
La primera vez que la enfrentó, Kiro cayó de rodillas en menos de un minuto. La segunda vez duró poco más.
Pero ahora… ahora resistía.
Ahora podía ver venir algunos de sus ataques, podía levantar su defensa justo a tiempo.
No lo suficiente, pero lo necesario para saber que avanzaba.
“Puedo hacerlo… puedo mejorar” se repetía en su mente con cada respiración entrecortada.
Kiro despertó una vez más sobre la camilla de la enfermería. Le dolía cada músculo, sentía como si lo hubieran usado de saco de arena. Su cuerpo estaba cubierto de vendas, incluso su brazo derecho tenía nuevas marcas.
“Otra vez aquí… ¿Cuántos días más voy a aguantar este ritmo?”
A pesar del dolor, se sentó en el borde de la camilla. Cerca, colgaban su chaqueta y sus pesas, dobladas con cuidado. Iba a levantarse cuando una voz familiar lo sobresaltó.
—¡¡Kiro!! —gritó la enfermera con una expresión de susto al verlo fuera de la cama—. ¡¿Qué estás haciendo levantado?!
Kiro sonrió con su clásica expresión despreocupada, pero la sonrisa apenas duró un segundo. En un abrir y cerrar de ojos, ya estaba otra vez acostado, con la enfermera revisándolo.
—Te lo dije ayer… ¡y anteayer! Y el otro día también, Kiro —dijo mientras revisaba su brazo—. Esto no es entrenamiento, esto es autodestrucción.
—Técnicamente, sí es entrenamiento… solo que más especial —murmuró Kiro con una sonrisa nerviosa.
La enfermera suspiró profundamente, llevándose la mano al rostro con resignación.
—Ya me aprendí tu nombre demasiado bien, Kiro. Lo repito más que el mío últimamente. Eres terco como una mula, y si Kaede Minatsuki te sigue trayendo así, voy a tener que hablar con la dirección.
Kiro bajó la mirada, algo avergonzado, pero no se rendía.
—Lo siento… pero no puedo parar ahora. Estoy tan cerca de mejorar de verdad. Cada entrenamiento me enseña más que una semana completa en clases.
—¿Y si te fracturas algo de verdad? ¿Y si quedas inconsciente de verdad un día? ¿Y si no te encontramos a tiempo? —le respondió con un tono mucho más serio.
Kiro guardó silencio por un momento. La mirada de la enfermera no era de enojo, sino de sincera preocupación.
—Prométeme algo, Kiro —dijo mientras le entregaba una pequeña hoja blanca—. Reposo. Tres días. No quiero verte aquí otra vez esta semana.
Kiro tomó la receta médica, leyó la indicación… y frunció el ceño.
—¿Tres días? ¡Pero voy a perder el ritmo! Si dejo de entrenar ahora…
—Entonces perderás la cabeza. Y tal vez los brazos también —replicó ella, cruzándose de brazos—. Puedes presentar esto con tu maestra para ausentarte de clases sin problema. Pero te estoy pidiendo que lo uses para descansar. Lo necesitas más que nadie.
Kiro bajó la mirada, algo derrotado.
—…Bueno lo intentaré —dijo al final.
—No. Prometelo.
—…Está bien. Lo prometo —aceptó, aunque sabía en su interior que le costaría cumplirlo.
La enfermera asintió satisfecha, pero antes de dejarlo ir, le dio un golpecito suave en la frente con los nudillos.
—Y no se te ocurra hacerte el héroe de nuevo, ¿entendido?
Kiro sonrió con una risita traviesa mientras se colocaba su chaqueta.
—Uno nunca sabe… los héroes también se caen. Pero se levantan más veces —dijo, dándose vuelta hacia la salida.
—¡Y los héroes inteligentes también descansan! —le gritó la enfermera desde la puerta.
Kiro rió mientras se alejaba por el pasillo de la enfermería.
El sol comenzaba a filtrarse por las ventanas altas, y el día estaba en su punto más tranquilo. El uniforme pesaba más hoy. Su cuerpo estaba agotado, pero su determinación no había bajado ni un poco.
“Tres días sin entrenar… ¿cómo voy a hacer eso?”
Metió las manos en los bolsillos de su chaqueta, con la receta aún en su mano izquierda. Sus pasos lo llevaron directo hacia la sede Stella.
“Si no puedo entrenar el cuerpo… entrenaré mi energía mental… supongo”
Al llegar a la sede Stella, Kiro apenas abrió la puerta y lo invadió una oleada de polvo, olor a encierro y un desorden apocalíptico. Puso un pie dentro y sus zapatos se hundieron ligeramente en una montaña de envoltorios de dulces, papeles arrugados y botellas vacías.
El lugar estaba hecho un desastre.
—¿Qué… pasó aquí? —murmuró rascándose la cabeza mientras caminaba con lentitud.
Platos apilados en la cocina, restos de comida reseca sobre la mesa del salón, telarañas colgando del techo como adornos permanentes. El sofá, su querido sofá, parecía más una trampa explosiva de polvo que un lugar de descanso.
—Ugh, lo que daría por no tener que… —se dejó caer en él.
¡Puf!
Una nube de polvo reventó bajo su peso, haciéndolo toser al instante.
—¡Pffghgk! ¡Maldita sea! —exclamó, sacudiéndose la cara con ambas manos.
Justo en ese momento, escuchó pasos bajando por las escaleras. Era Shizuki, acompañada de la siempre enigmática Lyra, que descendía con elegancia mientras su cabello oscuro y largo flotaba suavemente con cada paso.
—Oh, Kirito —saludó Lyra con su tono melodioso, dedicándole una sonrisa tranquila.
—¡Kiro! —gritó Shizuki, haciendo una pose dramática mientras apuntaba su dedo hacia él como si lo estuviera desafiando a un duelo mágico—. ¡Sobreviviste a las tinieblas de la enfermería, entonces!
Kiro se levantó aún con polvo en el cabello y les devolvió el saludo con una sonrisa algo cansada.
—Hola a las dos. ¿Qué tal el descenso desde la galaxia?
—¡Intergaláctico! —respondió Shizuki con brillo en los ojos—. Hemos viajado entre cúmulos estelares, absorbido el saber prohibido y… bueno, he aprendido un poco más. ¡Las estrellas son increíbles!
—¿Y has progresado? —le preguntó Kiro, sacudiéndose un poco la chaqueta—. ¿Sientes que te acercas a algo grande?
Shizuki asintió con entusiasmo.
—Estoy aprendiendo muchísimo con la maestra Lyra… pero aún no logro controlar del todo la técnica que necesito… —bajó ligeramente el tono.
Lyra la miró de reojo y con un gesto de cabeza le dio la señal.
—Shizu… ya es hora de que se lo digas.
—¿Eh? ¿Decirme qué? —preguntó Kiro mientras arqueaba una ceja.
Shizuki apretó los puños, como si se estuviera preparando para una revelación épica. Luego dio un paso adelante, se inclinó hacia la cara de Kiro y exclamó con toda su energía:
—¡Tengo una pista para ganar la guerra! ¡Nuestra carta Ganadoraaaaaaa!
Kiro retrocedió un paso, ligeramente intimidado por la intensidad en su rostro.
—¿Carta ganadora? ¿Qué… de qué estás hablando?
Shizuki se irguió con orgullo, sus ojos resplandeciendo como si estuviera a punto de recitar un hechizo ancestral.
—¡La elegida del abismo, de los demonios y de las estrellas ha hecho un descubrimiento junto a sus leales secuaces! —hizo una vuelta sobre sí misma—. ¡Chris Mercy! ¡El octavo miembro de Stella!
Kiro se quedó congelado.
—¿Chris… qué?
—Chris Mercy —repitió Shizuki, apuntando al techo como si dijera el nombre de un dios perdido—. Es real. Existe. ¡Y es uno de los nuestros!
Kiro parpadeó un par de veces.
—¿Estás segura? ¿Dónde está ahora? ¿Cómo lo llamamos? ¿Por qué nadie nos había dicho nada?
Shizuki bajó los hombros, un poco avergonzada.
—Esa es la parte complicada… —rió con nerviosismo—. Intenté buscarlo por mi cuenta para darte una sorpresa, pero… no tengo ni la más mínima idea de dónde está. Ni cómo es. Ni si está vivo. ¡Pero existe! ¡Lo juro!
Kiro puso una mano en su frente, pero luego sonrió.
—Aunque sea solo una pista, es más de lo que teníamos antes.
Se volvió hacia Lyra.
—¿Y tú sabías esto? ¿Dónde está Chris ahora?
Lyra se encogió de hombros, con una expresión divertida.
—Chris siempre ha estado aquí. Nunca ha salido de la sede. De hecho… ¿No te parece curioso que este lugar siempre esté hecho un desastre aunque nunca veas a nadie aquí?
Kiro se quedó pensativo.
—Es verdad… ¿Cómo es que aunque limpie… siempre está sucio?
Lyra levantó un dedo, casi como si recitara un acertijo.
—Chris tiene un don poco común. Es capaz de esconder su energía tan bien que incluso yo apenas puedo notarlo. Se ha ocultado tanto tiempo que incluso ha ocultado su habitación dentro de esta sede. Y no, ni yo sé dónde está. Pero… —hizo una sonrisa juguetona— eso es lo divertido, ¿no? vamos a buscarlo.
Shizuki asintió con intensidad.
—¡La cacería ha comenzado! ¡Nos convertiremos en sabuesos astrales!
—¿Y qué hacemos ahora entonces? —preguntó Kiro.
—Bueno —respondió Lyra mientras se giraba lentamente hacia las escaleras—, tengo entendido que Silfy habla con él de vez en cuando. Podrían preguntarle a ella…
Kiro cerró ambos puños con decisión.
—¡Entonces eso haremos!
—¡Sí! —gritó Shizuki.
Ambos se miraron, intercambiaron un gesto heroico y exclamaron al unísono:
—¡A cazar a Chris Mercy!
Y con eso, comenzó una nueva misión dentro de la sede Stella. No contra Inclementer… sino contra los misterios que habían estado viviendo justo al lado de ellos todo este tiempo.
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