Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 116
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Capítulo 116: Capítulo 116: El Rastro Invisible
La puerta principal de la sede del emblema Stella se abrió con un leve chirrido, y un aire denso y empolvado los recibió como si la misma casa bostezara tras un largo letargo.
Kiro frunció el ceño y tosió un par de veces.
—Ugh… sigue oliendo como si un espíritu se hubiera echado una siesta encima de una alfombra mojada.
—Qué imagen más específica… —murmuró Shizuki mientras se detenía a su lado, observando el caos. Papeles desordenados, cortinas rasgadas, manchas oscuras de energía quemada en las paredes. Todo seguía igual de mal que cuando lo habían dejado.
Ambos soltaron un largo suspiro al unísono.
Kiro giró su rostro hacia ella.
—¿Limpiamos?
Shizuki lo miró como si hubiera dicho una blasfemia.
—Ni pensarlo. Por la posición actual de la luna… si limpio ahora, corro el riesgo de perder mis poderes demoníacos. —Dicho esto, cruzó los brazos con total seriedad.
Kiro se le quedó viendo, luego soltó una carcajada.
—Jajaja, vale, entonces primero debemos ocuparnos de esto —dijo señalando el artefacto que cargaban, el Howas.
—Mmh. Muy cierto —asintió Shizuki, tomando el artefacto entre sus manos—. Vamos a probarlo primero. Veamos si este cristal es tan milagroso como dicen.
Con sumo cuidado, alzó el artefacto y colocó sus ojos frente al núcleo transparente. Durante un par de segundos, no dijo nada.
—…¡Oooh!
La exclamación resonó con entusiasmo mientras una luz de asombro le iluminaba el rostro.
—¿Qué pasa? —preguntó Kiro, curioso.
—¡Es como ver otro mundo! Todo está lleno de colores que no debería ver. El aire… el suelo… hasta esa vieja silla tiene energía… aunque la tuya… —Hizo una pausa dramática, bajó el cristal y lo miró con una sonrisa socarrona—. Kiro… tienes menos energía que una vela medio apagada. Y eso que allá al fondo hay una sombra con el doble de energía que tú.
—¡¿Qué?! ¡Oye, no te burles! —Kiro infló las mejillas, indignado—. Estoy suprimiendo mi energía a propósito. No es bueno ir por ahí brillando como faro todo el tiempo, ¿sabes?
Se enderezó y puso las manos en la cintura, orgulloso.
—De hecho, ¡apuesto que tú ni puedes suprimir tu energía por un minuto! Estás toda envuelta en ese aura helada rara como siempre…
Shizuki chasqueó la lengua, levantando la barbilla.
—No me hagas poner a prueba mis habilidades, espectro de luz mortal. Estás frente a la elegida del abismo, los demonios más poderosos y de las…
—¡Espera, espera! —interrumpió Kiro de repente, abriendo los ojos—. ¿Cómo que hay una sombra más fuerte que yo? ¿Acaso no será…?
Shizuki parpadeó, volvió a mirar por el centro del Howas y movió el artefacto con rapidez por los alrededores.
—¿Eh? ¡Pero si ya no está! ¡Desapareció!
—¿Cómo que desapareció?
—¡No está! ¡Juro que la vi allí mismo, cerca de la escalera principal! Era… intensa, sin duda distinta. Y ahora no hay nada. ¿Tú crees que…? ¿Y si sí es un fantasma real?
Kiro apretó los labios, pensativo. Luego negó suavemente con la cabeza.
—No lo creo. Mi instinto me dice otra cosa… no fue un espíritu común. Estoy casi seguro de que fue Chris Mercy.
—¿La carta ganadora? —Shizuki bajó el cristal y frunció el ceño—. ¿Y por qué estaría rondando como si fuera un alma en pena?
—Eso es lo que vamos a descubrir —dijo Kiro con determinación, extendiendo la mano—. Pásame el Howas, quiero ver por mí mismo.
Shizuki se lo entregó sin decir palabra.
Kiro lo sostuvo con ambas manos, se colocó el visor frente a los ojos y… parpadeó.
—¡¿Qué…?! —susurró, sorprendido.
Desde esa perspectiva, el mundo cambió.
Las paredes que antes parecían grises y desgastadas ahora mostraban matices de energía fluctuante, como vetas de color que danzaban bajo la superficie. Las partículas de polvo flotaban como luciérnagas, cada una emitiendo un leve resplandor de diferentes tonos. Todo lo que tenía una mínima conexión con la energía revelaba su “huella”.
—Es… alucinante. Esto es como ver el mundo respirando.
—¿Lo ves? Te lo dije —dijo Shizuki con una sonrisa orgullosa, aunque sus ojos mostraban una leve inquietud.
Kiro avanzó hacia las escaleras, guiado por las indicaciones de Shizuki. Allí, justo en la base, distinguió una mancha energética distinta al resto. No era un simple resplandor: era una concentración densa, como una llama de otro color.
—Aquí estuvo alguien… —murmuró—. La energía aquí… es distinta. Es más profunda, más estable… y poderosa.
Shizuki levantó el brazo con entusiasmo, haciendo un gesto de victoria.
—¡Entonces atrapemos a ese fantasma!
Kiro asintió con una sonrisa.
—Sí. Pero con cuidado. Shizuki, quédate atenta. Observa bien todo el entorno mientras yo sigo el rastro. Puede haberse escondido en cualquier rincón. Avísame si ves algo.
—Entendido, detective Kiro. Si veo otro resplandor sospechoso, lo aplasto con hielo maldito.
—¡Solo señálalo, por favor! —exclamó Kiro mientras comenzaba a seguir la energía con el Howas en alto.
Ambos se movieron lentamente por el salón, uno siguiendo el rastro y la otra escaneando los alrededores como un radar humano. La calma que reinaba en el lugar se sentía frágil… como si alguien los estuviera observando desde alguna esquina.
El rastro los llevó hacia las escaleras principales, el sendero brillante que Kiro seguía a través del Howas se curvaba lentamente hacia arriba, como si flotara suavemente en dirección al segundo piso.
—Está subiendo… —murmuró Kiro, sin apartar el ojo del artefacto.
—¿Ya va a los dormitorios? —preguntó Shizuki con una ceja levantada—. ¿Tendrá cama ese tal Chris? ¿O solo duerme parado como los vampiros? ¡¿No será acaso un demonio?!
—Sea lo que sea, vamos a atraparlo —dijo Kiro, con firmeza—. Ven, se fue a los dormitorios.
—Te sigo. Estaré alerta y bien cerca… como una sombra acechando —respondió Shizuki, con una sonrisita cómplice mientras se colocaba detrás de él.
Subieron las escaleras en completo silencio, como si pisaran cristales. Kiro iba al frente, el Howas pegado a su rostro como un visor, escudriñando cada partícula energética del camino. Shizuki lo seguía con pasos suaves, sosteniendo el dobladillo de su chaqueta para no hacer ruido.
Al llegar al segundo piso, el ambiente era más pesado. Una corriente de aire frío rozó sus mejillas, aunque las ventanas estaban cerradas.
—Hmm… —Kiro detuvo sus pasos. Bajó lentamente el Howas y miró a su alrededor—. Lo perdí.
No había más energía. El rastro se cortaba justo allí, como si quien lo dejaba se hubiera desvanecido en el aire.
“¿Dónde pudo haber ido? ¿Saltó por la ventana? pero están cerradas, ¿Cruzó las paredes? ¿O simplemente… dejó de emitir energía?” —pensó, frunciendo el ceño.
—¿Ves algo tú? Yo lo perdí con el Howas —preguntó, girándose hacia Shizuki.
Ella se cruzó de brazos, cerró los ojos con una sonrisa confiada y levantó dos dedos, presionándolos suavemente contra su frente.
—No te preocupes, Kiro. Tengo mis métodos…
—¿Otra vez con eso? —Kiro bajó los brazos y suspiró con resignación—. Ya va a usar sus “técnicas” de nuevo…
Shizuki inhaló profundamente y comenzó a emitir un peculiar sonido de meditación, algo entre un murmullo místico y una melodía fantasmal. El aura a su alrededor parecía enfriarse ligeramente.
—Eeeemmm… sombras eternas del abismo oscuro, denme sus visiones sagradas… —murmuraba mientras flotaba en su burbuja personal de concentración.
Kiro la miró con una ceja alzada, cruzando los brazos. “Esto es tan ridículo… ¿cómo es que siempre termina haciéndolo con tanta seriedad?”
De pronto, Shizuki abrió los ojos como si hubiera recibido un mensaje divino.
—¡Ahí! —exclamó con firmeza, apuntando hacia la pared de enfrente—. Justo allí hay algo. Lo vi con el ojo interno del inframundo.
—¿De veras? —Kiro la miró con duda, luego se acercó al lugar indicado mientras murmuraba—. Veamos qué tanto ven tus demonios…
Se colocó el Howas en la cara y observó el lugar. Esperó un segundo. Dos. Y… nada.
—No hay nada, Shizuki.
—¡¿Qué?! ¡Eso no puede ser!
—Tus poderes demoníacos no funcionan… —dijo él con tono burlón, apartando el visor—. ¿No será que los demonios se tomaron el día libre?
Shizuki bufó.
—¡Eso fue porque estás bloqueando su poder con tu escepticismo! Tienes que abrirte más a ellos, dejar que entren en tu espíritu, que bailen dentro de tu alma.
—¿Qué estás…?
De pronto, Shizuki se acercó y le agarró la cabeza con ambas manos.
—¡Vamos! ¡Abrete, Kiro! ¡Deja que los demonios entren a ti! ¡Ellos salvarán tu pobre y oxidada alma!
—¡P-párate! ¡Oye, suéltame! ¡Shizuki! ¡Detente! ¡STOP! —gritó él mientras su cabello se agitaba con violencia.
Después de unos segundos de resistencia, Kiro logró zafarse y retrocedió con un resoplido, sacudiéndose como si hubiera sido invadido por espíritus reales.
—¡Deja de hacer locuras! —dijo mientras se sobaba la cabeza.
Shizuki infló los mofletes, claramente ofendida.
—Nadie valora los antiguos rituales demoníacos en estos días…
Kiro rodó los ojos y suspiró.
—No es eso… solo que—espera… —Detuvo sus palabras al notar algo al fondo del pasillo—. ¿Qué fue eso?
Un destello breve, como un pequeño parpadeo de luz, cruzó cerca de la puerta de la escalera secundaria. Kiro frunció el ceño, enfocando su mirada.
“¿Habrá sido una ilusión? ¿O… algo real?” —pensó, avanzando con cuidado. Al llegar más cerca, levantó el Howas y volvió a mirar a través del cristal.
Y entonces lo vio.
Una nueva traza de energía, diferente a las otras. Un color más intenso, casi idéntico al anterior, que resaltaba como tinta fluorescente en medio del paisaje.
—¡Aquí hay algo! —exclamó, apuntando—. Un nuevo rastro. Va directo hacia la puerta de la escalera secundaria.
Shizuki se acercó a toda velocidad.
—¿Lo ves bien?
—Sí. No hay duda. Está fresco. Fue hace poco… Quizá todavía lo alcancemos.
Shizuki sonrió emocionada.
—¿Y si está yendo al laboratorio con Silfy? ¿Te imaginas? Así podríamos acorralarlo por fin.
Kiro asintió, más serio.
—Eso espero. Así podríamos hablar con él directamente. Saber qué está haciendo realmente.
Ambos se miraron y, sin decir nada más, abrieron la puerta que los llevaría al tercer piso.
Y tras ella… el siguiente paso en el misterio de Chris Mercy los aguardaba.
Los escalones crujieron bajo sus pies mientras subían al tercer piso, uno de los sectores menos transitados de toda la sede Stella. No era difícil entender por qué. Telarañas colgaban de las esquinas del techo como si tejieran secretos olvidados, y el aire estaba impregnado de un olor a polvo estancado y metal oxidado. Cada paso levantaba motas que danzaban a contraluz.
—Tal como lo recordaba… esto parece una mezcla entre sótano y mausoleo —comentó Kiro, frunciendo el ceño mientras avanzaba con el Howas aún pegado a su rostro.
—Sí… aquí solo vienen Silfy, Lyra… y, bueno, Chris, si es que se digna a existir —añadió Shizuki, caminando detrás de él con los brazos cruzados, pero con la mirada alerta.
Kiro siguió el rastro con atención. El color especial de la energía zigzagueaba por el suelo, subía por una pared, desaparecía brevemente y luego reaparecía al otro lado del pasillo. Era un patrón extraño.
—¿Eh? —Kiro se detuvo, bajando el Howas por un segundo—. Un momento… esto ya lo pasamos.
—¿Qué? —preguntó Shizuki, girándose para mirar por donde vinieron.
—Estamos dando círculos —dijo Kiro, señalando el mismo rincón del pasillo con una silla tirada que ya habían visto hace minutos—. Estoy seguro de que ya pasamos por aquí.
Shizuki chasqueó la lengua.
—Tsk, entonces este animal es mucho más astuto de lo que pensé.
—¿Animal?
—¡Sí! El Chrisitus Mercycus, una rara criatura salvaje de los pasillos polvorientos. Vive entre planos, es esquivo, silencioso… —respondió teatralmente, colocando una mano frente a su rostro con gesto dramático.
Kiro la miró, perplejo.
—… ¿Qué estás diciendo?
—Que hay que pasar al siguiente plan —dijo ella, girándose con decisión.
—¿Qué plan?
Pero no obtuvo respuesta. Shizuki caminó con paso firme por el pasillo y, sin ningún tipo de cuidado, empujó las puertas dobles del laboratorio.
—¡Shizukiiii!
Al otro lado, Silfy se encontraba encorvada sobre un escritorio, dibujando lo que parecía un complejo plano de engranajes entrelazados. Al escuchar el estruendo de la puerta, soltó un grito ahogado y casi tiró la tinta.
—¡Aah! ¡¿Qué pasó?! —exclamó, nerviosa, con los ojos muy abiertos.
—Lo siento, Silfy —dijo Shizuki con calma—. Pero creemos que Chris está aquí.
—¿Chris? —preguntó la científica, parpadeando con confusión—. ¿Cómo les fue? ¿Pudieron obtener el Howas?
—Aquí lo tengo —dijo Kiro, entrando con el artefacto en manos, aún con algo de polvo en los hombros por las telarañas.
Silfy se acercó, no demasiado, como siempre. Sus pasos eran silenciosos, casi flotantes. Estiró un poco el cuello para observar el artefacto con detenimiento, pero mantuvo una distancia prudente.
—Es… increíble verlo de nuevo —susurró—. Nia no me deja ni tocarlo.
—¿Quieres usarlo? —preguntó Kiro, tendiéndoselo sin pensarlo mucho—. Adelante, úsalo cuanto quieras.
—¿En serio? G-Gracias… —Silfy tomó el Howas con un cuidado reverente, como si le hubieran pasado un cristal sagrado.
Shizuki, sin perder el tiempo, dio un paso adelante y alzó la voz:
—Pero antes que nada… sabemos que Chris Mercy está aquí. No tienes que seguir ocultándolo.
La mirada de Silfy se dirigió hacia ella, tranquila, pero sin alterarse.
—No ha venido todavía —dijo con voz suave—. Si lo hubiera visto, se los diría.
Kiro la observó con atención mientras ella se dirigía hacia un mecanismo metálico apoyado sobre una mesa. Era una especie de caja con varias lentes circulares y filamentos que parpadeaban suavemente.
—Entonces… ¿qué haces ahora? —preguntó Shizuki, desconfiada.
—Verifico patrones de condensación energética en materiales antiguos. Usando el Howas, será mucho más fácil. Este artefacto puede detectar energías que mi equipo no es capaz de percibir… —respondió mientras deslizaba el artefacto sobre uno de los lentes.
La científica trabajaba con precisión. A pesar de su naturaleza tímida, en cuanto tocaba herramientas o se sumergía en proyectos, su expresión se transformaba en la de alguien totalmente centrada.
—No se preocupen tanto —añadió mientras manipulaba los diales—. Si Chris está aquí, no ha salido. Esta sede es un laberinto… y ahora tienen ventaja con el Howas.
Tras unos minutos de trabajo en silencio, Silfy detuvo el aparato y devolvió el artefacto a Kiro.
—Aquí tienes. Gracias por dejarme usarlo… De verdad, me sirvió mucho.
Hizo una pequeña reverencia hacia ambos, sujetando su bata con las manos.
—Nia no me lo permite ni para experimentos importantes… así que se los agradezco otra vez.
—De nada, Silfy —respondió Kiro, tomando el Howas con ambas manos.
—¿Entonces se toparon con la maestra Nia Svarth? —preguntó la joven con curiosidad.
—Sí… —respondió Shizuki mientras se cruzaba de brazos—. Su presencia impone bastante respeto. Aunque no sabría decir si me agrada o me da miedo.
—Entiendo —murmuró Silfy con una pequeña sonrisa —¿Entonces qué fue lo que les pidió?
Kiro se rascó la nuca, avergonzado, sin atreverse a mirar directamente.
—Solo… solo me pidió que fuera a visitarla después de la guerra entre Stella e Inclementer.
—¿Solo eso? —preguntó Silfy, bajando ligeramente la voz.
—Sí…
La expresión de Silfy cambió por un instante. Una sombra cruzó su rostro, y su mirada se desvió por un segundo hacia la ventana cubierta de telarañas.
—Ten cuidado, Kiro —dijo finalmente, sin mirarlo directamente—. Nunca sabes qué puede estar tramando la maestra Nia… a veces dice cosas que suenan inofensivas, pero siempre hay algo más detrás. Siempre.
“¿Silfy… de verdad es tan peligrosa la maestra?” —pensó Kiro, alarmado por su tono. No era habitual que ella mostrara emociones tan claras.
Guardó el Howas con más cuidado esta vez, y asintió con una sonrisa firme.
—Gracias por el consejo. Lo tendré presente.
—Bueno, nos vamos —dijo Shizuki, girándose hacia la puerta—. Vamos a seguir la búsqueda del fantasma. O criatura. O lo que sea Chris Mercy.
—Mucha suerte —dijo Silfy, regresando lentamente a su escritorio—. Y si lo encuentran… no lo asusten demasiado. Le cuesta aparecer frente a la gente.
Kiro y Shizuki se miraron por un segundo.
—Intentaremos no hacerlo —respondió él con media sonrisa.
Y así, abandonaron el laboratorio. El misterio de Chris Mercy aún no había terminado… pero el rastro era cada vez más claro.
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