Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 117
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Capítulo 117: Capítulo 117: El que Camina entre Muros
Al cerrar la puerta del laboratorio, un silencio denso los envolvió. El pasillo parecía aún más largo que antes, como si el tiempo se estirara con cada paso. No había voces, ni viento, ni crujidos… solo el leve murmullo de su respiración.
—Vamos a revisar otra vez —dijo Kiro, alzando el Howas con ambas manos frente a su rostro.
La lente del artefacto brilló sutilmente cuando la energía del entorno se reveló ante sus ojos. En cuestión de segundos, Kiro frunció el ceño.
—Shizuki… el rastro está más fresco —dijo, acercándose a una pared—. Mira esto. La energía aquí… se está dispersando recién ahora. Es decir… alguien acaba de pasar por aquí.
Shizuki se inclinó a su lado, cruzando los brazos.
—Entonces sigámoslo. Lo más rápido que podamos. No tenemos tiempo para jugar.
Sin perder un segundo, doblaron la esquina del pasillo siguiendo el sendero de energía. Los pasos eran apresurados pero silenciosos, como si tuvieran miedo de romper un hechizo invisible.
De pronto, Shizuki alzó un brazo frente a Kiro.
—¡Alto! —susurró, con los ojos entrecerrados—. Allí, justo al frente… creo que hay alguien.
Kiro, aún con el Howas en la cara, se detuvo. Bajó el artefacto lentamente y miró al fondo del pasillo, pero la oscuridad era tan espesa que apenas podía distinguir las paredes.
—¿De verdad viste algo?
—No lo soñé, Kiro. Está allí. Usa tu energía… ilumina esto un poco.
Kiro asintió. Estiró la mano derecha al frente, y una esfera de luz comenzó a formarse, expandiendo un resplandor cálido y dorado que rasgó la oscuridad como si fuera papel mojado.
Y entonces lo vieron.
Apoyado contra la pared, de brazos cruzados, con los ojos cerrados y una expresión serena, estaba un joven de cabello café claro, desordenado, con una vestimenta sencilla pero pulcra. No parecía alguien común. Era como una figura sacada de un sueño. O una pesadilla.
En cuanto la luz lo alcanzó, abrió los ojos lentamente.
—¡Es Chris Mercy! —exclamaron Kiro y Shizuki al mismo tiempo, con la voz cargada de asombro.
Kiro dio un paso al frente, sin poder evitar la mezcla de emoción y nerviosismo.
—¡Hey! ¡Chris! ¿De verdad eres tú?
El joven los miró con una expresión difícil de leer. Ni hostilidad ni alegría. Solo… una profunda indiferencia. Luego, sin decir palabra, llevó ambas manos a los bolsillos de su pantalón y, sin apuro, comenzó a caminar hacia el otro extremo del pasillo.
—¡Espera! —llamó Kiro—. ¡Queremos hablar contigo!
—¡Sabemos que eres tú! ¡Necesitamos respuestas! —añadió Shizuki, apretando los puños.
Pero Chris no respondió. Su paso era constante, como si estuviera en su propio mundo, caminando entre pensamientos ajenos al presente.
Cuando estuvo por llegar a la pared del fondo, Kiro levantó la voz:
—¡Ten cuidado, vas a golpearte si sigues así!
Y entonces ocurrió lo imposible.
Chris, sin detenerse ni girarse, atravesó la pared.
Como si fuera un suspiro, su figura desapareció, tragada por la superficie sólida como si se fundiera con ella.
Kiro y Shizuki se quedaron paralizados.
—¿Qué…? —balbuceó Kiro—. ¿Lo viste?
—¡Lo vi! ¡Lo juro que lo vi! —exclamó Shizuki mientras corría hacia la pared.
Kiro la siguió de inmediato, deteniéndose justo donde Chris se había desvanecido. Tocó la superficie con la mano. Fría. Sólida. Normal.
“¿De verdad estuvo aquí? ¿O fue una ilusión?” —pensó Kiro, mirando a su alrededor. Todo parecía igual, pero algo en el aire había cambiado. Algo invisible… estaba vibrando.
—¡Esto fue increíble! —dijo Shizuki, con los ojos brillando como estrellas—. ¡Atravesó una pared! ¡Como si fuera un espectro! ¡Quiero hacer eso también! ¡Imagíname entrando a clase así! ¡Como un fantasma!
Hubo una pausa.
—Aunque… —añadió, con un tono más bajo y un brillo inquietante en la mirada— quizás… Chris Mercy sí sea un espíritu maligno.
—¡No digas esas cosas! —replicó Kiro—. No bromees con eso. Tenemos que pensar… ¿fue real? ¿Lo vimos de verdad?
Shizuki dejó escapar un suspiro, esta vez más serena.
—Sí, lo vimos. Yo lo sentí. Estaba aquí, Kiro. Estaba vivo… o al menos, lo suficientemente cerca de estarlo.
—Yo también lo sentí —murmuró Kiro—. Pero… ¿cómo lo hizo? ¿Cómo atravesó una pared como si no existiera?
—Quizás sea un truco espiritual —dijo Shizuki, colocándose un dedo sobre los labios—. O esta pared es una ilusión. Un sello. Algo oculto.
—¿Y si es una ilusión… cómo la quitamos? —preguntó Kiro, mirando nuevamente el muro.
Shizuki sonrió como si ya supiera la respuesta.
—Eso es obvio. Vamos por Silfy.
—¿Otra vez?
—¡Sí! Ella es la única que sabe de estas cosas raras, aparte de nuestra maestra Lyra, y si alguien puede saber si esto es real o no… es ella —dijo Shizuki mientras comenzaba a caminar de vuelta—. ¡Vamos! ¡Antes de que el fantasma de Chris nos deje otra vez!
Kiro miró una última vez la pared, luego al Howas en su mano… y finalmente asintió.
—Está bien. Vamos por Silfy.
La puerta del laboratorio se abrió de golpe una vez más.
—¡Silfyyy, volvimos! —gritó Shizuki con entusiasmo, entrando como si se tratara de una misión de rescate.
—¡Ah! —Silfy soltó un pequeño grito ahogado, su cuerpo se estremeció como un gato asustado y, sin querer, volcó el tintero sobre el plano que tenía desplegado sobre la mesa. Las manchas negras se expandieron como una nube maldita, devorando trazos finos y cálculos precisos.
—¡N-nooo…! —murmuró, llevándose ambas manos a la cabeza. Sus ojos, normalmente apagados, reflejaban un abismo de pena.
Shizuki se congeló al ver el desastre.
—¡Perdón! ¡De verdad, perdón! —corrió hasta el escritorio como un rayo—. ¡Te ayudaré a limpiarlo ahora mismo!
Sin pensar, tomó un pañuelo de su bolsillo y comenzó a frotar la tinta con fuerza… solo para esparcirla aún más, arruinando por completo lo poco que se había salvado.
—¡Aah…! —Shizuki se quedó inmóvil, mirando el resultado con el rostro pálido. Una gota de sudor le resbaló por la frente. Su expresión era una mezcla de vergüenza y culpa pura—. Creo que mejor no hago nada…
Silfy suspiró suavemente, sin levantar la voz.
—No… no te preocupes. Son cosas que… pasan —dijo en tono apagado, aunque sus ojos seguían mirando el plano arruinado con algo parecido a un dolor silencioso.
Kiro, al ver la situación, decidió intervenir.
—Silfy, necesitamos tu ayuda —dijo, acercándose con paso firme—. ¿Puedes verificar si algo es una ilusión?
Silfy parpadeó un par de veces y alzó la vista.
—¿Una ilusión? Mm… —se llevó un dedo al mentón, pensativa—. Si uso un poco de mi poder, podría revelarlo. Depende de cómo esté hecha. Algunas son bastante sutiles… otras se anclan con sellos.
—¡Eso mismo! —interrumpió Shizuki, emocionada—. Es que creemos que Chris está usando algo así. ¡Lo vimos atravesar una pared! Como si fuera… aire. ¿Tú sabes hacer eso? ¡¿Puedes enseñarme?!
Silfy retrocedió medio paso, algo incómoda.
—N-no… no sé cómo atravesar cosas —respondió con sinceridad—. Pero sí conozco algo de sus habilidades. Chris… no tiene ese tipo de poder. No el de crear ilusiones tan complejas, ni el de desmaterializarse. Así que supongo que usó una técnica de sello. Algo simple, quizás…
Kiro frunció el ceño.
—¿Crees que puedas revelar si es eso?
Silfy dudó unos segundos, luego asintió despacio.
—Creo que sí… pero tendría que verlo primero.
Kiro dio un pequeño salto de emoción y se acercó más al escritorio, casi empujando los planos empapados sin querer.
—¡GENIAL! ¡Entonces por favor, ayúdanos! —Juntó las manos como si estuviera rezando—. Te lo agradeceremos eternamente.
Shizuki no tardó en imitarlo, juntando las manos con solemnidad.
—Sí, por favor, noble maga de la ciencia, guía nuestras almas atormentadas por la niebla de lo desconocido.
Silfy se puso colorada al instante. Se encogió ligeramente y bajó la mirada, murmurando con voz apenas audible:
—H-haré… lo que pueda…
—¡Eso es suficiente para mí! —respondió Shizuki, dando un paso al frente y tomando a Silfy de la mano—. ¡Vamos, vamos! Te llevaremos al lugar del fenómeno paranormal.
—¿E-esperan un momento? Solo iba a—…
Pero su voz era tan baja que Kiro y Shizuki ya estaban saliendo del laboratorio sin oírla.
—¡Vamos, Silfy! —insistió Shizuki con una sonrisa radiante, tirando de su brazo.
Silfy apenas tuvo tiempo de cerrar el frasco de tinta antes de ser arrastrada por sus compañeros.
—D-de acuerdo… —susurró, dejándose llevar con torpeza.
Los tres avanzaron por el pasillo del tercer piso, el aire aún cargado de la misma quietud inquietante que momentos antes. El Howas permanecía guardado en la chaqueta de Kiro, sin necesidad de usarlo por ahora.
—Fue justo aquí —dijo Kiro al llegar frente a la pared—. Lo vimos cruzar… como si nada. Ni siquiera se detuvo.
—Se deslizó como un espectro —añadió Shizuki, con ojos brillantes de emoción—. Fue tan cool. Si me muero antes de poder hacer eso, me voy a quejar en el más allá.
Silfy no respondió de inmediato. Dio un par de pasos hacia adelante, examinando la pared con detenimiento.
La observó en silencio.
Luego se acercó más, colocando la palma de su mano contra la superficie.
—Veamos… —susurró con extrema suavidad.
Silfy permaneció en silencio frente a la pared. Sus ojos estudiaban cada grieta, cada vibración invisible del lugar, mientras sus dedos apenas rozaban la superficie.
Pasaron unos minutos. Kiro y Shizuki decidieron apartarse un poco para no interrumpirla.
—Oye… —susurró Kiro en voz baja, inclinándose hacia su compañera—. ¿Tú sabes por qué Silfy no puede pelear? Digo… parece tener buenos trucos.
Shizuki desvió la mirada hacia él, con una expresión seria y algo incómoda.
—Es un tema delicado… —respondió, cruzándose de brazos—. Si usa mucho su poder, puede salir muy dañada. No físicamente… bueno, también físicamente, pero sobre todo a nivel interno. Es como si su energía se desgastara de forma peligrosa cada vez que la usa en exceso.
Kiro frunció el ceño, preocupado.
—Entonces… ¿no podríamos fabricar algún artefacto que la ayude? Algo que le permita usar su poder sin tanto riesgo.
Shizuki soltó una risita ligera, aunque sin burlarse.
—Pensé lo mismo una vez. Pero… no tengo ni idea de por dónde empezar para hacer algo así. No soy buena creando cosas, apenas sé arreglar mi amuleto cuando se traba con mi cabello.
Kiro asintió con la cabeza, resignado.
—Sí, entiendo… sería complicado. Y ni tú ni yo tenemos ningún don para fabricar artefactos. A mí me das un destornillador y lo uso como palillo de dientes.
—Y yo rompería más cosas de las que arreglaría —añadió Shizuki con una pequeña sonrisa.
En ese instante, Silfy se volvió hacia ellos con paso firme, interrumpiendo su conversación.
—Ya sé cómo acabar con esta ilusión —anunció con voz suave, pero segura.
Kiro y Shizuki se enderezaron al instante.
—¿En serio? —preguntó Kiro.
Silfy asintió.
—Tal como sospechaba, es una técnica de sello para ocultar la verdadera estructura. Por eso no podíamos encontrarlo nunca. Ocultó la entrada misma tras una pared ilusoria.
—¿Y puedes romperla? —insistió Kiro, emocionado.
—Sí. No es tan compleja… no tardaré nada —respondió con tranquilidad.
Se paró frente a la pared, respiró hondo y extendió el brazo derecho, con la palma abierta hacia el muro ilusorio. Al instante, su energía espiritual se activó.
Un resplandor azul claro la rodeó como una neblina. Pequeñas partículas en forma de estrellas flotaban a su alrededor, girando lentamente como si el universo mismo se hubiera despertado en miniatura.
Shizuki abrió los ojos de par en par.
—Kiro, ¡mira eso! Ese es su poder… esa es la magia estelar. ¡Es tan hermosa!
Kiro apenas pudo responder. Se quedó en silencio, hipnotizado por el espectáculo.
“¿Qué clase de spirit es ese…? Nunca había visto uno así. No parece ser ofensivo, ni defensivo… ¿es de tipo cósmico? ¿Curativo?… No, es algo distinto… es su espíritu mismo”
Silfy cerró los ojos con delicadeza. Una onda de choque silenciosa emergió desde su palma, expandiéndose como un latido contra la pared. Al entrar en contacto, la vibración hizo que la supuesta superficie sólida comenzara a resquebrajarse.
Pequeños hilos de luz azul se expandieron como venas de energía, rompiendo la estructura como si fuera cristal. Con un crujido sutil pero profundo, toda la pared se deshizo en mil fragmentos de vidrio translúcido que flotaron unos segundos antes de desaparecer por completo, como polvo de estrella.
Delante de ellos… quedó una puerta.
Una vieja puerta de madera, sin cerradura visible. Tallada a mano, con una estética antigua y gastada. No se parecía a nada del resto de la sede.
—¿Esto estaba… aquí todo el tiempo? —susurró Kiro, acercándose con cautela.
—Wow… —Shizuki también se acercó, estirando una mano pero sin tocarla—. Esto parece sacado de una historia de terror. ¿A dónde llevará?
Los tres la observaron en silencio. La puerta no emitía sonido alguno, pero había algo extraño en ella… una sensación de que lo que se encontraba al otro lado no pertenecía del todo a este mundo.
Kiro estiró lentamente la mano para tomar la manilla… pero en ese momento, una voz los interrumpió.
—¿Qué creen que están haciendo aquí?
La voz resonó con autoridad, cortando el momento como una espada.
Los tres se giraron al instante.
Allí, de pie en medio del pasillo, estaba Rei Velmoria. Su cabello lila caía sobre los hombros como una cortina, y su mirada verde era tan filosa como un cuchillo recién afilado. No necesitaba gritar. Su sola presencia bastaba para helar el ambiente.
—¡U-uh…! —Shizuki dio un pequeño salto y, sin pensarlo, se escondió detrás de Kiro.
Silfy hizo lo mismo, refugiándose con timidez tras su espalda, bajando la cabeza como una niña atrapada robando dulces.
—¿Q-qué… qué está pasando? —pensó Kiro, completamente descolocado por la reacción de ambas—. ¿Por qué se están escondiendo detrás de mí? ¡¿Qué hace Rei aquí?!
Rei avanzó un paso, sin cambiar su expresión severa.
—Les pregunté qué creen que están haciendo en esta zona sin autorización.
Kiro tragó saliva. Shizuki y Silfy permanecían pegadas a él, como si esperaran que las protegiera.
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