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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 119

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Capítulo 119: Capítulo 119: Indiferencia

La misión fue un fracaso.

El superior que los guiaba había muerto intentando protegerlos. El equipo designado de rescate había llegado tarde. El terreno colapsó poco después, y la zona quedó oficialmente declarada como área de corrupción no transitable.

Solo tres personas regresaron.

Rei, Sanha y Chris.

Desde ese día, los encargos del emblema Stella fueron suspendidos temporalmente. Una penalización severa les fue impuesta por la administración central de la Academia. Habían perdido 50 estrellas de rango, y su reputación estaba por los suelos.

El ambiente en la sede Stella era opresivo. Todos los miembros estaban reunidos en el salón principal, sentados o de pie, en un profundo silencio. Nadie hablaba. Algunos solo respiraban. Otros mantenían la cabeza baja.

La maestra Lyra no estaba presente. Sanha tampoco.

Solo se escuchaban los zumbidos leves del sistema de energía en las paredes… y el murmullo contenido de las emociones rotas.

Rei estaba allí. Sentada, inmóvil. Pero por dentro hervía.

Sus puños estaban apretados sobre sus rodillas, su mirada fija en el suelo. Nadie se atrevía a romper el momento… hasta que su vista se cruzó con la figura más irritante en ese momento.

Chris Mercy.

De pie, recostado contra una pared, los brazos cruzados y la cabeza ligeramente inclinada hacia un lado. Su rostro, como siempre, inmutable. Vacío. Como si no hubiera ocurrido nada.

Indiferente.

—… —Rei se mordió el labio. La rabia comenzaba a aflorar en su pecho, mezclada con el dolor.

“¿Por qué…? ¿Por qué puede quedarse así? ¿Cómo puede actuar como si nada hubiera pasado?”

Se levantó sin pensarlo.

Sus pasos resonaron por todo el salón, atrayendo la atención de algunos.

Caminó directo hacia Chris.

—¿Qué se supone que estás haciendo? —le preguntó, la voz baja pero cargada de ira.

Chris la miró con calma, como si apenas notara su presencia.

—¿Qué cara es esa? —gruñó Rei, apretando los dientes—. ¡¿Por qué estás así, Chris?!

Chris parpadeó una vez. Su voz, cuando habló, era suave… sin emoción.

—¿Por qué debemos ponernos tristes? No importa.

Rei se quedó en blanco un segundo.

“¿Qué…?”

La furia la golpeó como un relámpago.

—¡¿Cómo que no importa?! —gritó, y todos en la sala se giraron al instante.

El silencio fue reemplazado por tensión.

—¡Eres un insensible! ¡Un ser horrible! —Rei tenía lágrimas en los ojos—. ¡¿Por qué no me ayudaste, Chris?! ¡Te vi allí en la misión! ¡Te quedaste mirando como si no pasara nada… como si nada valiera nada!

Chris no cambió su expresión. Solo bajó ligeramente los hombros.

—Hacer algo o no… no cambia nada.

Su calma era como una burla. Un puñal que Rei no podía bloquear.

—¡Eres un cobarde! —espetó—. ¡Eso no es cierto! ¡Pudiste haber hecho algo! ¡Lo viste! ¡Te llamé, te grité por ayuda!

Su voz temblaba. Su cuerpo también.

—¡¿No me escuchaste?! ¡¿O me odias?! ¡¿Odias al emblema?! ¿Qué demonios te pasa, Chris?

Chris la observó con esa misma expresión plana, sin un solo matiz.

—No me pasa nada. Me cansé de esto —dijo, como si estuviera hablando de una caminata—. No quiero ayudar más. Solo hago que se me fatiguen los músculos. Es una molestia.

La frase golpeó a todos.

Algunos miembros empezaron a mirarlo con los ojos entrecerrados, otros fruncieron el ceño. El murmullo del salón se volvió una tensión contenida.

Rei se quedó helada por un instante. Luego, sus labios se movieron, casi sin fuerza:

—… por tu culpa… perdimos al superior.

—…

—Por tu culpa nos quitaron las estrellas. Nos arruinaste.

Chris no respondió.

Rei cayó de rodillas.

—Tú no eres así… —susurró, con la voz entrecortada—. Tú no eras así, Chris… ¿qué te pasó?

Chris bajó la mirada hacia ella y dijo:

—Siempre fui así. Si no les gusta, es su problema. Qué molestos son todos. Me largo.

Y sin más, se dio media vuelta. Con las manos en los bolsillos, caminó hacia la salida.

Sin apuro. Sin mirar atrás.

—¡NO HUYAS! —gritó Rei, intentando levantarse—. ¡DI ALGO! ¡UNA EXPLICACIÓN, ALGO!

Pero no hubo respuesta.

Chris Mercy salió del salón sin girarse siquiera.

Un largo silencio se extendió en la sala.

Los demás no dijeron nada. No necesitaban hacerlo. Las miradas lo decían todo.

Desprecio. Decepción. Rechazo.

Desde ese día, Chris se convirtió en un paria dentro del emblema Stella.

Nadie volvió a hablarle. Nadie volvió a confiar en él. Se convirtió en una presencia invisible, una sombra indeseada que se arrastraba por los pasillos.

Rei lo odiaba. Pero más que odio… sentía una herida abierta. Porque lo había admirado. Porque alguna vez creyó que era diferente.

Y ahora solo quedaba su indiferencia.

Rei se quedó en silencio por un momento. Parecía como si el peso de aquellos recuerdos aún reposara sobre sus hombros, más denso que nunca. Kiro no dijo nada. Quería dejarla hablar, sin apresurarla.

Y entonces, como si aún estuviera relatando el pasado, su voz continuó, grave, casi rota.

—Con el paso del tiempo… el emblema se desgastó muy rápido —dijo mirando hacia un punto invisible en la mesa—. La indiferencia de Chris Mercy se volvió contagiosa… como una enfermedad. Se extendió poco a poco, y cada uno de nosotros comenzó a apagarse. Ya nadie quería entrenar, nadie quería arriesgarse, ni siquiera trabajar juntos. Perdimos el espíritu de equipo. Perdimos la motivación.

Kiro apretó los labios. La forma en que lo decía… no era con rabia, sino con una tristeza agotada.

—Solo Sanha y yo pudimos resistirnos a ese ambiente —continuó Rei, en voz más baja—. Y aún así… no fue suficiente. Cuando estás rodeado de sombras, no importa cuán fuerte brille una vela… termina consumiéndose igual.

Suspiró.

—En estos años… Sanha y yo fuimos los únicos que logramos ganar estrellas para Stella. Solo nosotros dos… contra el tiempo. Recientemente se unió Xia. Ella tiene talento, pero trabaja sola… y no puede tomar misiones grandes sin un equipo completo. Así que no gana casi nada. Apenas se nos asignan encargos verdaderos como emblema.

Kiro bajó la mirada hacia sus manos.

“¿Esto es lo que hemos heredado…?”

“Un emblema quebrado… es todo lo que queda.”

—Tener a Chris Mercy en el emblema… —añadió Rei— es como cargar una maldición. Todo el que entra… termina perdiendo su brillo. Irremediablemente.

Kiro la miró.

Por primera vez, la expresión de Rei no era la de una líder fría ni la de una hermana severa. Su rostro parecía más joven… más humano. Los ojos no estaban afilados. Solo cansados. Hundidos por los recuerdos.

“Debe haber sido muy duro para ella…” pensó Kiro. “Revivir todo esto, contar… una terrible experiencia…”

Entonces Rei giró el rostro hacia él.

—Antes de que ocurrieran todos esos incidentes, Chris ya tenía un plan. Poco a poco fue trazando su camino para desaparecer. Para no volver a ayudar a nadie.

Kiro frunció el ceño, atento.

—Me utilizó —dijo ella, sin rastro de enojo en la voz—. Me pidió que lo ayudara a proteger ciertos lugares importantes de la sede… me convenció de usar mi energía espiritual para crear sellos, técnicas de ilusión, barreras. Yo creía que eran para evitar que los no autorizados entraran… para proteger la información del emblema.

Se cruzó de brazos.

—Pero con el tiempo entendí que todo eso… era para esconderse a sí mismo. Cuando quise deshacer los sellos… muchos ya no respondían a mí. Chris los había modificado con otros núcleos. En algún momento… simplemente desapareció. Se ocultó dentro del propio lugar que compartíamos.

Kiro abrió los ojos, sorprendido.

—Entonces… ¿nosotros rompimos uno de esos sellos cuando encontramos su habitación?

—Sí —asintió Rei—. Cuando sentí que una de mis técnicas se había deshecho, supe que habían llegado a uno de los puntos. Por eso supe que estaban allí. Pero… aún quedan otros. Muchos.

—¿Y recuerdas dónde están? —preguntó Kiro, inclinándose levemente hacia adelante.

Rei negó con la cabeza.

—No con exactitud. Chris los dispersó bien. Escondió su presencia… y también sus entradas.

Kiro bajó la mirada. Apretó los puños.

—Debió ser muy difícil para ti vivir todo eso… perdón Rei.

Rei no respondió. Solo miró a un lado.

Entonces Kiro la miró a los ojos con una fuerza tranquila, pero firme.

—Pero no te preocupes. Voy a hacer que el emblema pierda esa maldición. Cueste lo que cueste.

Rei lo miró unos segundos en silencio. No con enojo… sino con resignación.

—Pensé lo mismo que tú, hace mucho tiempo. Con la misma convicción. Pero ya no vale la pena. No te metas con Chris Mercy, Kiro. Cuídate de él.

Lo miró directamente a los ojos, por primera vez con una expresión entre dolor y advertencia.

—Protege esa luz en tus ojos. Porque si lo buscas, él… te la va a apagar.

Kiro se quedó sin palabras.

“¿Eso fue… una advertencia?”

“Nunca pensé que Rei pudiera preocuparse así…”

Ella desvió la mirada, como si ya no quisiera seguir hablando.

—Solo quedan unos días más aquí —añadió, casi con nostalgia—. Después… no tendremos que volver a hablar entre nosotros.

Kiro la miró unos segundos más.

Luego asintió con respeto y se levantó de su asiento.

—Gracias… por contarme esto. Y… lo siento, pero no puedo dejar esto así. No me voy a rendir.

Rei no respondió.

Kiro caminó lentamente hacia la puerta, con pasos decididos.

Y cuando la cruzó, la cerró suavemente detrás de sí.

Afuera, el aire nocturno se sentía más fresco. Más pesado.

Pero también, más lleno de propósito. Un momento de respiro para Kiro.

“Chris Mercy… sé que estás allí. Y no te voy a dejar escapar.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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