Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 120
- Inicio
- Todas las novelas
- Hikari no Unmei: El Destino de Luz
- Capítulo 120 - Capítulo 120: Capítulo 120: Sin Respuesta
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 120: Capítulo 120: Sin Respuesta
El día siguiente amaneció tranquilo. El cielo sobre Farhaim era claro y apenas cubierto por finas nubes que parecían dibujadas a pincel. Las horas pasaron sin sobresaltos y el ritmo dentro de la Academia parecía, al menos por fuera, ajeno al conflicto creciente.
Kiro había salido temprano para cumplir un par de pendientes importantes. Primero, se dirigió a la sede del emblema Kinrir para devolver el Howas, el artefacto que había sido crucial para descubrir el secreto detrás de Chris Mercy. Al entregarlo, sintió un leve pesar… pero también gratitud.
Luego, visitó la oficina administrativa para dejar su licencia temporal, firmada y validada por la enfermera, para poder descansar durante los próximos días. No era una pausa común, sino un momento necesario para planear, investigar… y convencer.
Ya por la tarde, mientras regresaba a la sede Stella, notó algo extraño.
Un olor penetrante flotaba en el aire. Algo difícil de ignorar: una mezcla entre polvo metálico, hierro y pólvora.
—¿Qué… es ese olor? —murmuró, frunciendo el ceño.
“¿Están haciendo reparaciones? No, no es eso. Huele a… a taller… ¿o a laboratorio improvisado?”
Intrigado, subió por las escaleras hacia el segundo piso. El aroma era más fuerte aquí. Caminó lentamente por el pasillo de los dormitorios, guiado por el instinto… hasta que se detuvo frente a una puerta en particular.
La habitación de Noell.
“Ahora que lo pienso… Noell no ha salido desde que se anunció oficialmente la guerra contra Inclementer.”
Se acercó, con cautela, e intentó escuchar. Desde adentro se oían zumbidos electrónicos, chisporroteos, y el constante chirrido de mecanismos girando. Era como si alguien estuviera ensamblando una máquina entera con piezas de todo tipo.
—Noell —llamó suavemente, golpeando la puerta con los nudillos—. Soy yo, Kiro. ¿Todo bien ahí dentro?
No hubo respuesta.
—¿Noell? ¿Qué estás haciendo? —insistió.
Más ruidos. Más metal. No había respuesta.
Kiro se acercó un poco más, apoyando una mano contra la puerta.
—Oye… ¿podemos hablar un momento? Quiero contarte algo increíble. Encontré al octavo miembro del emblema Stella.
Los sonidos mecánicos cesaron de inmediato.
El silencio repentino fue tan abrupto que Kiro casi dio un paso atrás.
Unos segundos después, la puerta se abrió apenas unos centímetros, revelando parte del rostro de Noell. Tenía unas grandes ojeras, los ojos enrojecidos por la falta de sueño y su cabello completamente desordenado. La habitación detrás de él parecía una jungla de cables, herramientas, núcleos de energía viejos y piezas metálicas de dudosa procedencia.
—… ¿Es verdad? —preguntó con voz rasposa, apagada, pero con un brillo fugaz de curiosidad.
Kiro sonrió con entusiasmo.
—Sí. ¡Estoy por resolver el misterio del octavo miembro! Todavía no lo vi completamente… pero ya sé dónde está. Se llama Chris Mercy.
Noell parpadeó.
—¿Chris… Mercy…?
—Exacto. Y estoy seguro de que es nuestra carta ganadora. Si lo convenzo de participar, los demás lo harán también. ¡Vamos a tener una verdadera oportunidad contra Inclementer!
Hubo un silencio leve.
Noell bajó un poco la mirada, como si pensara en mil cosas al mismo tiempo. Luego, con un tono apenas audible, dijo:
—Tú… aún no te has rendido, ¿eh?
—¿Rendirme? —Kiro sonrió más amplio—. Esa palabra no existe en mi diccionario. Justo ahora, más que nunca, es cuando no debemos perder la esperanza.
Noell asintió muy despacio. Sus párpados parecían pesarle, pero su voz fue un poco más firme esta vez:
—Puede que… tengas razón.
Kiro levantó una ceja, sorprendido.
—¿De verdad?
—Yo tampoco me he rendido —admitió Noell, con timidez.
Kiro dio un paso más cerca.
—Entonces… ¿me acompañas a convencer a los demás?
—No soy bueno en eso… —dijo Noell rápidamente, mirando hacia un lado—. Aún no es tiempo. Pero… espérame un poco más.
Kiro lo miró unos segundos y luego asintió, colocando un puño sobre su pecho.
—Te esperaré el tiempo que sea necesario.
—Gracias… —murmuró Noell.
Hubo una pausa.
Luego levantó la mirada.
—Ah, si ves a la maestra Lyra… dile que necesito un poco de “eso”.
—¿De… eso?
—Sí.
—¿Qué es “eso”?
—No necesitas saberlo.
—…Entendido —respondió Kiro, medio confundido pero sonriendo igual.
Noell asintió y, sin más, cerró la puerta suavemente.
Kiro se quedó mirando la puerta unos segundos.
“Bueno… eso fue más avance del que esperaba. Noell también sigue peleando… a su manera.”
Ya en el salón central, Kiro divisó a la maestra Lyra de pie junto a una estantería, hojeando unos informes con tranquilidad. Al verla, se le iluminó el rostro.
—¡Maestra Lyra! —la saludó con alegría, levantando una mano.
Ella levantó la vista y le sonrió con calidez.
—¡Kirito! Qué gusto verte, estrellita brillante. ¿Cómo va tu día de descanso?
Kiro rió, algo avergonzado.
—Tranquilo… aunque me encontré con Noell.
—¿Oh? ¿Y todo bien con él?
—Sí. Me pidió que le dijera algo. Que necesita un poco de… “eso”.
Lyra parpadeó una vez. Luego asintió, comprendiendo perfectamente.
—Ah, perfecto. Gracias por avisarme —respondió con una sonrisa leve—. Solo él sabría cómo pedirlo así. Ya me encargo.
Se acercó a Kiro y sacó algo de su chaqueta: un pequeño pin metálico con forma de estrella dorada.
—Por cierto… —le dijo mientras lo sujetaba con cuidado—. Me enteré de lo que descubriste.
Con un gesto delicado, colocó el pin al lado del parche del emblema Stella en su chaqueta.
—Felicidades, Kirito. Encontraste algo que nadie más se atrevió siquiera a buscar.
Kiro miró el pin, algo sorprendido.
—¿Una… estrella?
—La compré hace poco —aclaró Lyra—. Pero lo más importante es su valor simbólico. No todos brillan por su fuerza. Algunos lo hacen por su convicción.
Kiro bajó la mirada y apretó los labios.
“Una estrella, por no rendirse…”
—Gracias, maestra —dijo con voz tranquila.
Lyra le dio una palmadita suave en el hombro.
—Eso Kirito.
Tras colocarle la estrella en la chaqueta, Lyra se mantuvo frente a Kiro, todavía con esa sonrisa suave que parecía brillar sin esfuerzo.
—¿Maestra? —preguntó él de pronto—. ¿Sabe algo de Xia? No la he visto desde…
Lyra soltó una risita ligera, como si la respuesta ya estuviera prevista.
—He estado observando a todos, Kirito. No te preocupes por ella. Xia está entrenando por su cuenta. A su modo… silenciosa, intensa. Pero estará allí para la batalla. Eso, puedes tenerlo por seguro.
Kiro asintió, aliviado.
—Ahora que ya sabes cuál es tu misión —añadió Lyra, elevando su dedo índice—, concéntrate solo en eso. Todo lo demás… pasará como se espera.
Entonces, con un gesto delicado, colocó la punta de su dedo justo sobre el pecho de Kiro, en el centro de su pecho, justo donde latía su corazón.
—Sigue tu destino, Kirito —dijo con voz suave y una sonrisa serena.
Kiro la miró. Por un momento, sus ojos se cruzaron con los de Lyra, y él sintió un extraño calor, algo más allá de las palabras. Admiración, certeza, paz.
Pero entonces…
Su visión se oscureció.
Un zumbido invadió su mente, y un agudo dolor de cabeza atravesó su sien como una lanza invisible. Se llevó una mano a la cabeza con fuerza y dio un paso atrás, tambaleándose.
—¿Kiro? —Lyra se alarmó, avanzando hacia él—. ¿Qué ocurre?
Kiro cerró los ojos, respiró hondo y se enderezó con esfuerzo.
—N-nada… me tropecé un poco. Eso es todo.
Lyra lo miró unos segundos. Su sonrisa había desaparecido, reemplazada por una mirada seria… profunda.
Como si viera algo más allá de su piel.
—… Está bien —dijo finalmente, retomando la sonrisa, aunque no tan luminosa como antes—. Cuidado con volver a tropezar, ¿sí?
—Sí, maestra. Gracias por todo.
Lyra se marchó por el pasillo, y Kiro quedó solo. El eco de sus pasos desapareció… pero la sensación extraña no se iba del todo.
“¿Eso fue… por Dravenel? ¿Estará tratando de hacerme algo… desde dentro? O tal vez… ¿solo fue una coincidencia?”
Agitó la cabeza, tratando de despejarse.
—No es momento de pensar en eso. Vamos… a cazar a Mercy.
Kiro llegó a la puerta oculta que habían descubierto días atrás, justo donde Silfy había disuelto la ilusión.
El pasillo estaba en silencio. La puerta seguía en su lugar, vieja, de madera tallada, como salida de otro tiempo.
Intentó girar la perilla.
Nada. No se movía.
Frunció el ceño, golpeó suavemente con los nudillos.
—Hola… soy Kiro. Estoy en primer año. Me gustaría hablar contigo un momento…
Esperó. Nada.
Volvió a intentarlo, esta vez un poco más animado.
—¡Hola, Chris! Soy Kiro. Solo Kiro. Estoy en tu emblema… ¡Viva Stella!
Silencio total.
—¿Te gusta el té? ¡Yo puedo conseguir té! O dulces. No te juzgaré si te gustan mucho. A mí también me gustan.
Nada.
Kiro suspiró, se agachó frente a la puerta y cruzó los brazos sobre las rodillas.
—No sé si estás ahí, o si estás dormido, o si simplemente no te interesa. Pero… estoy aquí, esperando. No te preocupes, tardate lo que quieras.
Miró el pomo una vez más, como si pudiera leer una respuesta allí.
“¿Estará realmente detrás de esto? ¿O simplemente nos dejó seguir un rastro falso? ¿Y si nunca quiso ser hallado?”
Se quedó allí, pensativo, hasta que una idea cruzó su mente.
Encendió su brazalete holográfico y pulsó el ícono de llamada.
—Shizuki… necesito ayuda.
Pasaron apenas unos minutos, y entonces sintió una presencia detrás de él.
—Te tengo, Kirito.
—¡AHH! —Kiro saltó del susto y se giró.
Allí estaba Shizuki, de pie detrás de él como una sombra.
Su chaqueta ondeaba ligeramente, y su expresión era dramáticamente seria, casi ridícula. Alzó una mano en forma de garra y susurró:
—Los demonios están alterados… Los sellos vibran con inquietud… Hay algo en esta puerta que exige silencio absoluto y cautela.
—¿Qué haces apareciendo así? ¡Me vas a matar de un susto!
—La discreción es vital. Necesitamos actuar con sigilo. Cada paso… puede despertar al abismo dormido —dijo mientras giraba sobre sí misma con teatralidad.
Kiro rodó los ojos.
—¿Esto es por lo que dijo Rei?
En cuanto dijo el nombre, Shizuki se alteró, dio un pequeño salto y le tapó la boca con la mano.
—¡Shhhh! ¡No! ¡Ese nombre no se dice! ¿Quieres que se apague la luz? ¿Que caigan maldiciones sobre nuestras almas?
—Mmmmfgh— —Kiro intentó hablar, pero ella lo mantenía firmemente callado.
Finalmente, logró apartarle la mano con un bufido.
—¡Está bien, está bien! No volveré a mencionarla.
Shizuki se cruzó de brazos, satisfecha.
—Bien. Has evitado el primer sello demoníaco.
—¿Qué?
—Entiendo.
Kiro suspiró, señalando la puerta.
—He estado aquí un buen rato… y no pasa nada. Ni un ruido. No sé si Chris está ahí o si solo jugó con nosotros.
Shizuki se acercó y apoyó su oído contra la puerta.
—Hmm… energía muy antigua. Sellos retorcidos. Un vacío oscuro… sí, definitivamente, esta es la puerta de una bestia dormida.
—¿Y qué haremos?
Shizuki giró hacia él con una sonrisa decidida.
—Ahora que estamos los dos, vamos a despertar al monstruo.
—¿Eh?
—Vamos a hacer tanto escándalo que no va a tener más remedio que salir o decirnos que nos callemos. ¡Usaremos todo nuestro poder!
—… Esto va a salir mal.
—Si los demonios nos acompañan, nada saldrá mal.
Kiro sonrió, resignado.
—Vale. Hagámoslo a tu manera.
Shizuki dio un paso al frente.
—Prepárate, Kiro… este será un espectáculo único.
Canalizó su energía con un gesto elegante de sus manos, y al instante, el suelo bajo sus pies comenzó a cubrirse de escarcha. El aire se volvió más frío, y un copo de nieve solitario flotó desde su palma hasta la nariz de Kiro, chocando con delicadeza.
—¡Agh! Que frío —se quejó él, sobándose con la manga.
Pero su protesta fue ignorada.
Shizuki alzó las manos al cielo, sus ojos brillaban con una mezcla entre determinación y teatralidad pura.
—“En medio de esta escarcha, los demonios serán más fuertes a mi merced… con un poder mayor al de los mortales… ¡la elegida del abismo tomará el poder de las estrellas!”
Kiro observaba la escena con los ojos abiertos de par en par.
“¿¡Qué está haciendo!? Parece un conjuro real… ¿acaso va a hacer explotar la puerta?”
La energía de Shizuki parecía elevarla levemente del suelo, como si el aire mismo reconociera su extraña magnificencia.
—¡Aquí está mi técnica final anti-Chris! —gritó con voz poderosa—. ¡DEMECIAAA!
Kiro se cubrió por instinto. Esperaba una explosión, una ráfaga helada… algo impresionante.
Pero no ocurrió nada.
La energía simplemente se evaporó en un suspiro. El ambiente volvió a la normalidad como si nada hubiese pasado.
Y entonces, sin previo aviso, Shizuki comenzó a golpear la puerta con ambos puños, gritando como si enfrentara a un jefe final.
—¡ABRE LA PUERTA AHORA! ¡AHORA! ¡¡AHORA O CAERÁ UNA TERRIBLE MALDICIÓN DE SLIMES PELUDOS Y PEGAJOSOS!
Kiro parpadeó, sin poder creer lo que estaba viendo.
Shizuki repitió el grito al menos una docena de veces más, golpeando y pateando con furia, hasta que se agotó por completo y cayó de rodillas, jadeando.
—Esto… esto es un enemigo formidable… —susurró como si hablara de un dios olvidado.
Kiro se acercó lentamente, cruzándose de brazos.
—…¿Qué fue todo eso? —preguntó con el tono plano de quien había perdido toda esperanza.
—¿Eh?
—Pensé que ibas a usar una técnica de sello. O algo que al menos tuviera lógica. No… eso —dijo señalando la puerta con el pulgar.
Shizuki se quedó quieta un segundo.
Su rostro pasó de la confusión, al rojo intenso de la vergüenza.
—¡Yo… yo tenía un plan! ¡Un plan mágico! Solo que… que no resultó como quería…
Kiro se llevó una mano al rostro.
—Menudo espectáculo.
—¡Nadie más ha intentado usar “Demecia”! ¡Era una técnica exclusiva!
—Y con razón…
Shizuki se puso de pie de golpe, limpiándose el polvo de la falda con dignidad exagerada.
—¡B-bueno! ¡Ahora… tengo que ir a entrenar mi espíritu! ¡Sí, eso! ¡Mi spirit está llamándome! ¡Suerte, Kiro!
—¿Qué…?
Antes de que pudiera detenerla, Shizuki salió corriendo directo hacia el pasillo, giró la esquina y entró al laboratorio, cerrando la puerta con rapidez.
Kiro se quedó solo frente a la puerta.
Suspiró.
—Esto va a ser más complicado de lo que pensé…
Se quedó mirando la vieja madera tallada, ahora en completo silencio.
“Chris Mercy… ¿de verdad estás allí? ¿Estás escuchando todo esto… y simplemente lo ignoras?”
Apretó los puños suavemente.
—No importa cuánto tardes en salir… voy a lograr que lo hagas. Sea como sea.
Se dio media vuelta, dejando la puerta atrás por ahora.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com