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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 123

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Capítulo 123: Capítulo 123: Flor en territorio prohibido

Ya entrada la noche, Kiro regresó a su habitación.

Cerró la puerta con suavidad y se apoyó un momento contra ella. Había logrado el paso más importante: Chris Mercy le había respondido. Ahora… el reto era cumplir la condición.

—Un solo día… —murmuró, caminando hacia su armario.

Abrió el compartimiento inferior y sacó una mochila sencilla. Dentro, colocó un termo con agua, barras energéticas, un mapa de Alfhaim y un pequeño paquete de vendas.

—Solo un día para conseguirla… —repetía mientras abrochaba las correas de la mochila—. Esta es mi jugada final… la apuesta más importante.

Se detuvo frente al espejo.

Acomodó el cuello de su chaqueta con cuidado y respiró hondo. Su reflejo no era imponente, ni amenazante. Pero era valiente, y eso bastaba.

—Vamos, Kiro. Más allá.

Iba a abrir la puerta, pero entonces…

Una punzada brutal lo atravesó al tocar la manilla.

—¡Agh! —gritó, cayendo de rodillas.

Su frente golpeó contra el suelo y los dedos se cerraron con fuerza sobre las tablas. El dolor de cabeza volvió, pero esta vez era peor. No era solo un dolor físico. Era como si su mente se partiera en dos. Todo se volvió oscuro.

Su visión se nubló.

—¿Q-qué… está pasando…? —jadeó.

“¡Dravenel!” —pensó con furia— “¿Eres tú? ¿¡Qué me estás haciendo ahora!?”

Y entonces, una voz lo envolvió.

Grave. Seca. Imponente.

—No olvides quién soy.

El dolor se desvaneció al instante… pero lo reemplazó una sensación aún peor.

Un miedo visceral, como si la sombra de algo antiguo se deslizara por su espalda, como si mil ojos invisibles lo miraran desde una oscuridad sin fondo. El ambiente se volvió pesado, opresivo.

Su cuerpo no podía moverse.

—Tú… —balbuceó—. ¿Qué estás… haciendo?

La voz de Dravenel habló con más claridad esta vez. Seria. Amenazante. Más viva que nunca.

—Si quieres seguir con vida… compórtate, mocoso. Esta vez no busco pelea. Esta vez, solo… escucha.

Kiro respiró con dificultad. La habitación estaba helada.

—…¿Qué quieres?

—Seré directo —escupió Dravenel— ríndete en buscar esa flor.

Kiro frunció el ceño con fuerza.

—¿Por qué?

—Porque la llamada Flor del Caos… —la voz se volvió más lenta, con un tono de advertencia—. …solo crece en zonas de corrupción.

Kiro quedó en silencio.

—Zonas donde ni siquiera los guardianes del orden se atreven a entrar. Donde el mundo está roto, donde la energía se pudre. Tú. No. Estás. Listo.

Kiro apretó los dientes.

—No importa… si esa es la única forma de convencer a Chris, voy a hacerlo.

—¡Eres tan ridículo! —rugió Dravenel, soltando una carcajada seca—. ¿En serio crees que puedes simplemente entrar, recoger una flor y volver? Esas zonas devoran la energía viva. Cada segundo allí es una batalla.

—¡Entonces buscaré a alguien que me acompañe! —gritó Kiro, alzando la voz pese a su miedo—. Shizuki, tal vez Ryu, no lo haré solo. No soy tan estúpido.

Dravenel se rió más fuerte esta vez. Un sonido cavernoso, como si la oscuridad misma se burlara.

—De verdad eres tonto. No tienes el poder para combatir a los monstruos del abismo que habitan allí. Pero… yo sí.

Kiro se tensó.

—¿Qué…?

—Déjame tomar el control. Acepta el pacto por completo. Acepta mi poder y conseguiremos esa flor sin esfuerzo. Sin dolor. Sin límites.

—No… —murmuró Kiro.

—¿No qué?

—No sé a qué te refieres con “aceptarte”. Pero no pienso dejarte controlarme. Nunca.

El silencio se hizo denso. El aire dejó de moverse.

Entonces, Dravenel bajó el tono… pero lo hizo aún más escalofriante.

—Entonces, busca información. ¿Quién te llevaría a una zona de corrupción sin pensar en las consecuencias? Piensa, mocoso. Usa lo poco que tienes de cerebro.

Kiro respiró hondo. Se limpió el sudor de la frente. El miedo persistía, pero ya no lo dominaba.

—Eso… es justo lo que haré ahora.

Se incorporó con esfuerzo. Aún se sentía débil, pero ya no estaba temblando.

Abrió la puerta de su cuarto con firmeza.

—Puedes hablarme todo lo que quieras desde dentro, Dravenel. Pero no vas a detenerme.

Y sin mirar atrás, salió decidido hacia el pasillo, rumbo a descubrir quién podría guiarlo… a una zona de corrupción.

La noche cubría el campus de Farhaim con un manto de niebla ligera. El aire helado se colaba entre las ramas de los árboles y soplaba contra las farolas encendidas que chisporroteaban de tanto en tanto.

Kiro, caminaba rápido pero con cautela por los senderos del este, fuera del rango común de vigilancia. Su brazalete holográfico proyectaba una tenue luz sobre su rostro mientras navegaba en los registros internos del sistema de la Academia.

—Zonas de corrupción… —susurró—. ¿No hay rutas oficiales?

Los archivos estaban plagados de advertencias en rojo. “Acceso restringido”. “Autorización nivel Z”. “Ingreso prohibido sin escolta institucional”.

Solo unos pocos tenían permiso para ir a una zona de corrupción: Los maestros y los llamados “nominados” de alto nivel. Él no figuraba ni en la lista de espera.

—Nada nuevo… —murmuró con fastidio.

Fue entonces que Dravenel volvió a hablarle, su voz grave resonando desde lo más hondo de su mente, como una sombra constante que nunca parpadeaba.

—Será mejor que no llames la atención, mocoso. Lo que estás haciendo va contra las normas. Si te atrapan, me serás inútil.

—¿Inútil? —Kiro susurró con molestia—. ¿Y qué es exactamente lo que intentas hacer aquí? ¿Por qué me elegiste a mí en primer lugar?

Por un momento, Dravenel no respondió. Pero luego, su voz se tornó más serena… más directa.

—Cumplías con la mayoría de mis requisitos. Pero lo que más llamó mi atención fue tu espíritu. No cambió ni siquiera ante la muerte. Ni cuando te ofrecí mi poder… ni cuando lo rechazaste.

Kiro apretó el puño.

—Supongo que si soy malo en casi todo, al menos puedo esforzarme por ser una buena persona. Y si alguien amenaza a los que me importan… entonces no flaquearé. Jamás.

Un breve silencio los unió. Luego Dravenel murmuró, con tono casi satisfecho:

—Ya estás llegando.

—¿Llegando a dónde?

Kiro miró alrededor y notó, con sorpresa, que ya estaba en la zona de transportes de la academia, un área amplia con varios carruajes, carros de carga y contenedores iluminados por luces blancas de vigilancia. Las sombras de los árboles caían en ángulos inclinados sobre el suelo de piedra.

—¿Cómo llegué aquí sin pensarlo…? —se dijo, aunque una parte de él ya sabía la respuesta.

“No importa. Estoy donde necesito estar.”

Se agachó tras un contenedor metálico y avanzó entre los vehículos con el sigilo de un ladrón profesional. Su respiración era baja y rítmica, sus ojos atentos a cada sombra. Entre los carros, alcanzó a ver uniformes de seguridad.

“Guardias… claro. Tenía que haber guardias.”

Los rodeó por el flanco derecho, evitando los focos de luz. Se pegó a la pared de una caseta y se deslizó por un pasillo angosto, hasta quedar oculto tras un tablero de anuncios.

Desde allí, oyó una conversación cercana.

—Solo unas cuantas cajas más y terminamos por esta noche —dijo un hombre de voz grave—. Luego directo a la ciudad.

—¿Tomaremos el camino peligroso esta vez? —preguntó alguien más joven con una caja en manos.

—Sí. Si no lo hacemos, no llegaremos a tiempo con el cargamento para el siguiente lote. El cliente es exigente.

—…Espero que no pasemos demasiado cerca de la zona corrupta —susurró el más joven, con temor evidente.

Kiro abrió con rapidez su mochila y sacó su mapa de Alfhaim. Lo extendió sobre sus rodillas y encendió una pequeña luz en la punta de su dedo índice con su energía. Sus dedos se deslizaron por los caminos marcados y los senderos comerciales.

“Si van de aquí a la ciudad… por la ruta más rápida… y dicen que es peligrosa…”

Sus ojos recorrieron las líneas del mapa hasta que una posibilidad brilló en su mente como una chispa.

—Aquí —susurró—. Este desvío… es una ruta secundaria usada por comerciantes cuando quieren evitar los peajes estatales. Pero… —sus ojos se estrecharon—… pasa a menos de un kilómetro de una zona de corrupción activa.

Su respiración se aceleró por un momento. Sintió la emoción de descubrir una grieta en el muro… una oportunidad.

—Ese tiene que ser el camino que van a tomar.

—¿Planeas infiltrarte? —resonó Dravenel en su mente—. Una jugada audaz.

—Lo haré si tengo que hacerlo —susurró Kiro, doblando el mapa—. No voy a rendirme ahora. Si ellos pueden pasar cerca… yo también.

La conversación de los comerciantes continuaba, pero Kiro ya había memorizado sus voces, su ritmo, su plan.

Se mantuvo en la oscuridad, aguardando el momento perfecto para acercarse.

La flor del caos estaba un paso más cerca.

El reloj marcaba las 23:37. El viento nocturno soplaba con más fuerza, agitando suavemente las lonas de carga y silbando entre los estantes metálicos. Kiro, aún oculto tras el tablero de anuncios, observaba atento.

Los comerciantes comenzaban a moverse.

Dos hombres —uno de cabello canoso y otro más joven de rostro adormilado— se sentaron en el asiento delantero de un carro tirado por dos caballos negros. La estructura del carruaje era robusta, con una gran carpa de tela gris cubriendo la parte trasera donde se apilaban viveres, herramientas y cajas selladas con objetivos comerciales.

—Listos para partir —dijo el mayor, girando las riendas con firmeza.

—¿Seguro que tomamos ese camino? —preguntó el joven con un bostezo.

—Más que seguro. Nos jugamos el horario con el cliente. Si nos retrasamos… perdemos la paga.

Kiro esperó con paciencia. Contuvo la respiración mientras los últimos dos guardias hacían su ronda cercana. El momento de actuar estaba por llegar.

“Vamos… un poco más lejos… ahora.”

Se levantó con sigilo, agachado, moviéndose en diagonal hacia la parte trasera del carro. La tela ondeaba ligeramente, dejando apenas espacio para pasar sin levantarla.

Al llegar al extremo trasero, Kiro bajó con cuidado el seguro de madera que mantenía firme los objetos en el interior… pero en ese mismo movimiento, su codo rozó una botella mal colocada.

¡CLINK—CRASH!

El cristal se estrelló contra el suelo, rompiéndose en mil pedazos.

—¿Qué fue eso? —saltó uno de los guardias, girando hacia la dirección del sonido.

Kiro, con el corazón rebotando en su garganta, se impulsó hacia adentro del carro, trepando y cayendo entre sacos de harina y cajas de conservas. Sin perder tiempo, tomó una manta vieja y raída, se arrastró hasta el rincón más oscuro y se cubrió completamente, apenas dejando una rendija para poder respirar.

Afuera, los pasos se acercaron. El comerciante de cabello gris bajó y revisó el perímetro.

—Se le cayó una botella —informó el guardia, señalando los cristales.

—Hmph… raro. Juraría que estaba bien asegurado —murmuró el hombre, agachándose para recoger los restos.

Miró hacia la parte trasera del carro, ladeó la cabeza por un instante, pero no levantó la lona.

—Bah… estoy demasiado cansado para esto. —Levantó el seguro nuevamente—. Si hay algo raro, lo sabremos más adelante.

Subió de nuevo y chascó las riendas.

—Vámonos. La noche es larga.

Los caballos relincharon suavemente y comenzaron a andar.

Ya dentro del carro, Kiro suspiró largamente, aliviado.

—Eso… fue muy, muy cerca —susurró para sí mismo, aún con la manta sobre su cabeza—. Qué momento tan tenso…

Su respiración comenzó a regularse y, poco a poco, una sonrisa cruzó su rostro.

—Pero… ¡lo logré! —susurró con entusiasmo contenido—. ¡Estoy infiltrado! Como en esas historias de espías y aventureros. Ahora sí… esto sí que es una verdadera aventura.

Las ruedas del carruaje chirriaban suavemente sobre la piedra. Al poco rato, el sonido del viento cambió, y Kiro sintió cómo el ambiente se volvía más seco y más vasto. La Academia Farhaim había quedado atrás.

“Ya no hay vuelta atrás.”

Con los ojos brillando bajo la sombra de la manta, Kiro murmuró:

—Chris Mercy… prepárate. Porque voy a traerte esa flor. Aunque tenga que entrar al infierno mismo.

Desde dentro de su mente, Dravenel exhaló una risa apenas audible.

—Aún no sabes en lo que te has metido…

Pero incluso él, por primera vez… parecía ligeramente emocionado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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