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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 124

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Capítulo 124: Capítulo 124: Al borde del núcleo

El traqueteo de las ruedas sobre el terreno irregular marcaba el paso del tiempo. Kiro, aún cubierto con la vieja manta en el rincón del carro, mantenía los ojos abiertos en la oscuridad, tratando de calcular cada movimiento del vehículo.

A cada cierto tramo, deslizaba ligeramente la tela de la lona y observaba hacia afuera. Solo veía sombras, luces tenues de la luna colándose entre las ramas secas de árboles deformados… y más oscuridad.

—Todo está demasiado oscuro… —pensó—. Pero hay algo que sí puedo usar.

Cerró los ojos y agudizó el olfato. El aire frío le trajo distintos olores: madera, tela húmeda, harina, hierro viejo… y un matiz nuevo. Tierra contaminada.

“Ese olor… estamos cerca.”

Desde el asiento del conductor, la conversación de los comerciantes se hizo más clara.

—Andemos con cuidado ahora —dijo el más joven, tirando levemente de las riendas—. Ya deberíamos estar cerca del… del borde del núcleo.

—Lo sé —respondió el más viejo con una voz áspera—. Ahora toca rezar.

Sacó un crucifijo dorado de su cuello y lo sostuvo con fuerza.

—Oh, diosa Aiko… protégenos de lo que haya más adelante. Guíanos con tu bendición por el buen camino… líbranos de lo impuro y haznos llegar sanos a nuestro destino.

Kiro se quedó en silencio al oír eso.

“¿La diosa Aiko? ¿Qué tan peligroso es este tramo?”

El más joven soltó un suspiro agitado.

—Solo quiero volver en una pieza. Mi esposa me espera con una cena caliente… Siempre me dice que deje este trabajo. Yo… yo quiero hacerle caso pronto. Con este dinero podré pagar mis últimas deudas y dejaré esto de una vez por todas.

—No digas eso ahora —dijo el viejo, con un tono firme—. Si comienzas a temblar, la oscuridad lo huele. Mantén el corazón firme. Piensa en tu mujer, en tu casa… y sigue mirando al frente.

—S-sí… tienes razón.

El silencio volvió, interrumpido solo por el ritmo de los cascos contra el suelo. Kiro apretó los puños bajo la manta.

“Esto es real. La gente común también teme este lugar… y con razón. Debo prepararme para ir al máximo entonces”

Entonces, un nuevo olor llegó hasta él.

Primero, óxido. Luego, algo podrido. Como si la misma tierra exhalara muerte.

Pero lo que lo hizo tensarse por completo fue otra nota… una que reconocía bien.

—…Muerte —susurró entre dientes—. Ese olor es de sangre.

Desde el asiento, el joven rompió el silencio:

—¿Escuchaste… ese ruido?

El viejo giró el rostro.

—¿Qué ruido?

Un chasquido seco, como huesos quebrándose… y un gruñido húmedo que vino de la oscuridad del camino.

—¡Whoa! —gritó el joven.

Un instante después, uno de los caballos fue decapitado sin previo aviso. Su cabeza rodó por el suelo sin sonido, y el cuerpo se desplomó arrastrando el carro con él.

¡CRACK!

El carruaje se volcó de lado, haciendo que las cajas se desparramaran y la lona saliera volando hacia el bosque. Kiro cayó entre sacos y cuerdas, protegiendo su cabeza justo a tiempo.

El olor a sangre se mezcló con la tierra. El caos estalló en segundos.

—¡AAGH! —gimió el joven, gateando por el suelo—. ¡Mi pierna! ¡Rayos, me rasgué toda la pierna!

Tenía varios cortes en los brazos y una herida sangrante en el muslo, pero nada letal. Se arrastró entre los escombros buscando al otro.

—¡Oye Viejo! ¡¿Estás bien?! ¡¿Dónde estás?!

—Aquí… estoy aquí… —dijo el comerciante mayor, con voz entrecortada.

Se encontraba a unos metros, parcialmente cubierto por un cajón volcado. Tenía un corte sangrante en la frente y tierra en la boca. Aun así, seguía aferrado al crucifijo.

—Solo… unos cuantos rasguños. Estoy bien. Solo… quédate abajo.

—¿¡Qué rayos fue eso!? ¿Un animal!? ¿Un bicho? ¿¡Qué fue eso!?

—No… —susurró el viejo—. No fue un animal.

Giró la mirada hacia la ladera cercana… y su expresión se torció en horror.

—¡Muévete! ¡MUÉVETE AHORA!

Se impulsó hacia el joven y lo empujó con fuerza hacia un costado.

¡SLASH!

Una garra negra y afilada como una espada cortó el aire, alcanzando al viejo en la cara.

—¡AAAAAAARGH! —gritó con un chillido desgarrador.

Un corte limpio y profundo cruzó su ojo izquierdo, haciendo que la sangre brotara como un chorro caliente. Cayó al suelo cubriéndose el rostro, retorciéndose del dolor.

Kiro, desde los restos del carro, vio la silueta oscura entre la neblina. No era un monstruo común. Era algo más… algo podrido, largo, humanoide… y con sed de sangre.

—¡No… no puede ser…! —jadeó el joven comerciante, arrastrándose por el suelo, paralizado ante la sombra que se abalanzaba hacia él con garras extendidas.

Todo sucedió en una fracción de segundo.

Una garra negra cruzó el aire, dispuesta a abrirle el cuello de lado a lado.

—¡¡AGH—!!

¡CLANG!

Una silueta interrumpió la trayectoria del golpe, y una chispa de energía estalló en el choque. Kiro apareció de la nada, con los brazos cruzados frente a sí, bloqueando el ataque con un aura pulsante que envolvía sus extremidades.

El impacto fue brutal. La fuerza del golpe lo hizo retroceder varios metros, dejando marcas en la tierra al arrastrar los pies. El enemigo también se movió unos pasos hacia atrás.

El cuerpo de Kiro temblaba, jadeaba… y no era solo por el choque.

—¿Q-qué… fue eso…? —susurró el joven comerciante, con los ojos abiertos como platos—. ¿Quién eres tú?

Kiro no respondió de inmediato.

Su respiración era entrecortada. El dolor en los brazos era intenso, como si le ardieran desde los huesos.

Pero lo que realmente lo estremecía… era la presencia frente a él.

La criatura emergió de la niebla, caminando a cuatro patas y luego incorporándose lentamente. Su cuerpo era negro como brea, con músculos delgados pero tensos como alambre. Sus ojos, rojos y brillantes, parecían sangrar desde dentro. Sus garras eran curvas como guadañas y sus colmillos… estaban manchados de algo que no era saliva.

Kiro contuvo el aliento.

“No puede ser…”

—Esto… —murmuró, tragando saliva con dificultad—. Esto es un… Nox.

El peor de sus miedos.

Las criaturas que desde pequeño escuchó en historias, las mismas que, decían, se habían devorado pueblos enteros durante los eventos oscuros del pasado. Criaturas nacidas de la corrupción absoluta, las mismas criaturas que lo secuestraron y le dejaron una huella imborrable.

—¿Qué… haces aquí, chico? —balbuceó el joven, aún más confundido—. ¡¿Quién demonios eres?!

Kiro apretó los dientes.

—D-Descuida…

Su cuerpo aún temblaba. La criatura lo observaba en silencio, girando la cabeza lentamente, como un cuervo curioso a punto de atacar de nuevo.

“Es ahora o nunca…”

“Si me dejo ganar por el miedo…”

“No podré protegerlos. ¡Vamos piernas reaccionen!”

Entonces recordó esas palabras, las palabras que quedaron marcadas en su alma

“Un héroe… siempre sonríe.”

Cerró los ojos por un segundo.

Sintió el miedo. No lo negó. Lo aceptó.

Y luego… sonrió.

Una expresión pequeña, pero firme. Como un faro en la oscuridad.

—Yo los salvaré.

El joven lo miró en estado de shock.

—¿Tú… vas a pelear contra eso?

Kiro no respondió.

Dio un paso al frente. Luego otro. Y exhaló profundamente. Un aura de energía blanca comenzó a envolverlo, crepitando como luz de relámpago, liberó toda su energía suprimida.

¡FWWSSSH!

—¡Vamos allá…!

El Nox se movió con violencia, lanzándose de lado a lado con movimientos erráticos, como un espectro deforme. Era increíblemente rápido.

Kiro avanzó también, sus brazos cubiertos con energía densa como un escudo. Logró bloquear el primer zarpazo, pero el segundo le abrió una herida en el brazo derecho.

—¡Tsk…!

No se detuvo.

Cambió de táctica: defensa total. Sabía que el Nox era más veloz, pero si podía aguantar… si encontraba un patrón…

“Vamos, muévete, muévete…”

Cada golpe que lograba frenar, lo hacía a costa de un nuevo corte. Su cuerpo ardía, pero no retrocedía.

De pronto, en su mano izquierda, una pequeña esfera de energía luminosa comenzó a girar.

—¡Senko…!

¡ZAAAM!

Lanzó la esfera al cielo, donde estalló como un pequeño farol. El resplandor hizo que el Nox se encogiera, desorientado por un segundo.

Era su oportunidad.

—¡Ahora!

Kiro cargó hacia adelante, y formó una nueva esfera Senko, esta vez más densa, más cargada. En lugar de lanzarla, la apretó con su puño cerrado, absorbiéndola como una descarga.

¡FZZZMM!

Su puño brilló como una estrella. Corrió hacia el Nox, que ya se recuperaba.

—¡Golpe Senko!

Saltó al frente y golpeó la cara de la bestia con toda su fuerza, el estallido de energía hizo retumbar la tierra.

¡BOOOOM!

El Nox tambaleó, aturdido por el golpe energético. No tuvo tiempo de responder.

Kiro retrocedió un paso, respiró profundo, y canalizó todo su espíritu y energía en su brazo izquierdo.

—¡Vamos! ¡¡PUÑO…!!

Su aura dorada ardía, la tierra a su alrededor vibraba.

—¡¡JUSTICIERO!!

¡BOOM!

El Puño Justiciero impactó de lleno en el pecho del Nox. El golpe resonó como un estallido seco y violento, lanzando a la criatura por los aires como si fuera de papel. Su cuerpo se estrelló contra un árbol cercano, quebrando parte del tronco antes de caer al suelo sin moverse.

Kiro jadeaba, sus brazos temblaban de agotamiento y su pecho subía y bajaba con fuerza. Pero aun así… sonrió.

—Lo hice… —susurró—. ¿Lo vencí…?

Se acercó al cuerpo oscuro con paso lento, precavido. A medida que se aproximaba, notó cómo la superficie negra del Nox comenzaba a desintegrarse lentamente en partículas oscuras, como cenizas al viento.

—Sí… te desvaneces —dijo, con un hilo de voz.

Había ganado.

Kiro levantó la vista hacia el cielo estrellado, donde las constelaciones brillaban sin saber de su pequeña victoria. Cerró los ojos, y con alivio puro, murmuró:

—Por fin…

Se dejó caer de rodillas, clavando las manos en la tierra. El cansancio pesaba como plomo sobre su espalda. Pero todavía no había terminado.

Concentró su espíritu.

Una aura verde tenue comenzó a brillar desde sus palmas, desplazándose a lo largo de sus brazos y conectando con las heridas abiertas. Poco a poco, los cortes se cerraban y los moretones comenzaban a ceder. Su respiración se calmaba con cada segundo.

—Solo un poco más… —dijo, enfocándose.

Cuando terminó de estabilizarse, corrió hacia el carruaje volcado. El caballo restante había huido, y entre las sombras de los sacos y cajas, vio al joven vendando apresuradamente el rostro del viejo, cuya camisa estaba empapada en sangre.

—¡Déjame ayudarte! —dijo Kiro con urgencia.

—¿Eh? ¿Tú…? —El joven apenas reaccionó cuando Kiro se arrodilló junto al viejo.

—Voy a usar mi spirit curativo. No te preocupes.

Kiro colocó ambas manos frente al rostro del comerciante mayor. El aura verde regresó, cubriendo la herida en el ojo izquierdo. La sangre no cesaba facilmente, auque el temblor del viejo disminuyó.

Kiro estaba empujando sus límites. Lo sabía. Pero no podía detenerse.

—Solo… un poco más… —murmuró.

Y entonces, su visión se volvió blanca.

Cayó de lado, inconsciente.

—¡¡Eh!! ¡¡Chico!! —gritó el joven, soltando todo para correr a su lado—. ¡¡Oye!! ¡¡Despierta!!

El viejo respiraba con dificultad, pero seguía consciente. Se sujetó el ojo vendado con una mueca de dolor.

—Ese muchacho… nos salvó dos veces…

—¿Y ahora qué hago? —susurró el joven, desesperado—. ¿Lo dejo aquí…? ¿Lo cargo yo solo? ¿Volvemos? ¡No sé qué hacer!

Pasaron varios minutos.

Kiro despertó.

Sus ojos se abrieron lentamente, esperando dolor… pero no había ninguno. Ni quemazón. Ni calambres.

Solo una ligera sensación de frescura.

—¿Dónde…? —se incorporó con esfuerzo.

Frente a él, los dos comerciantes estaban sentados a su lado. El viejo tenía el ojo cubierto por una venda limpia y gruesa, pero estaba despierto, respirando y firme.

—Al fin despiertas, chico —dijo con una sonrisa calmada.

—Gracias a ti… sigo vivo.

—Tú… —Kiro se frotó los ojos—. Estás bien.

—Lograste detener el sangrado. Tal vez no recupere la vista de este ojo, pero… sigo respirando. Y eso ya es demasiado.

Kiro bajó la mirada, aliviado. El joven comerciante, aún con algunos rasguños, se acercó con un frasco de cristal.

—Te dimos un poco de recuperador de espíritu. Lo debíamos vender, pero… lo necesitabas más.

—¿Eso… no es muy valioso?

—Lo es —respondió el viejo con una carcajada—. Pero le debemos la vida a un muchacho sin nombre que salió de la nada y derrotó a un Nox. Creo que lo mínimo que podemos hacer es salvarte nosotros esta vez.

Kiro sonrió, con una mezcla de vergüenza y gratitud.

—Gracias… de verdad.

De pronto, una luz parpadeante apareció a lo lejos por el camino. Poco a poco se hizo más grande. Faroles flotantes. Un carro tirado por caballos. Siluetas humanas.

—¡Mira! —gritó el joven—. ¡Son refuerzos! ¡Tal vez otros comerciantes o patrullas de zona!

Ambos se levantaron de inmediato, agitando los brazos y preparándose para pedir ayuda.

—¡Aquí! ¡Necesitamos ayuda médica! ¡Hubo un ataque!

Pero cuando se giraron para avisar a Kiro…

…ya no estaba.

—¿Qué…?

—¿Dónde se fue?

El joven revisó la zona, girando en círculos. Miró detrás del carro. Abrió la lona. Nada.

El viejo cruzó los brazos.

—Desapareció…

—¿Cómo…? ¿¡Pero si estaba aquí hace un segundo!?

—Tal vez era un enviado de la diosa Aiko… —murmuró el viejo, con media sonrisa.

—¿Estás diciendo que era… un ángel?

—No sé qué era… —murmuró—. Pero ese chico es un héroe.

Ambos comerciantes se quedaron en silencio, mientras las luces de los refuerzos se acercaban entre el viento y la noche.

Muy lejos de allí, Kiro caminaba entre los árboles, de regreso a su misión…

Con la Flor del Caos como su nuevo objetivo…

…y el corazón más decidido que nunca.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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