Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 125
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Capítulo 125: Capítulo 125: El Aliento del Abismo
Kiro corría a toda velocidad por el bosque, su respiración agitada se mezclaba con el sonido de las ramas partiéndose bajo sus pies. Las hojas crujían, los matorrales lo arañaban, pero él no se detenía. El olor lo guiaba, una mezcla insoportable de óxido, polvo viejo y podredumbre.
—Estoy cerca… tiene que ser por aquí —murmuró, agazapándose para atravesar una maraña de ramas secas.
Fue entonces cuando su cuerpo cruzó un umbral invisible. El aire cambió. El pecho se le oprimió. Una presión intangible cayó sobre su espalda como una losa.
Kiro se detuvo un instante, respirando con dificultad.
—Este ambiente… —tragó saliva—. Ya no estoy bajo la protección del núcleo. Este… este es el mundo real. El mundo de los monstruos.
Cada paso a partir de ahora era fuera del amparo de los campos energéticos de la civilización. Aqui ningun dios te podría proteger.
Avanzó lentamente entre los árboles, y de pronto, tras una cuesta pedregosa, la vio.
Una planicie oculta entre colinas: el valle corrompido.
La tierra, antes fértil, era ahora gris, cuarteada y muerta. El pasto había desaparecido por completo. En su lugar, la superficie parecía absorbida, como si algo la hubiera drenado desde dentro. Había charcos negros que burbujeaban lentamente, y árboles secos, sin una sola hoja, estiraban sus ramas desnudas como si gritaran al cielo.
Kiro descendió al valle con cautela. A cada paso que daba, notaba su energía espiritual temblar dentro de él, como si algo intentara desarmarla desde adentro.
—¿Qué… me está pasando?
Una presión caliente subía por sus brazos, luego por su pecho, y finalmente se instaló en su nuca. Era como si su núcleo interior vibrara con desorden.
Fue entonces que Dravenel habló, su voz más rápida y aguda que de costumbre.
—¡Mocoso, escucha bien! La zona de corrupción desprende partículas vivas que devoran la energía vital de tu espíritu. Te estás desestabilizando.
—¿Y qué hago entonces…? —dijo Kiro, jadeando—. No puedo regresar ahora.
—No te preocupes. Yo puedo ayudarte… con mi presencia contenida, podrás aguantar más tiempo aquí sin que tu núcleo colapse. Pero…
Dravenel hizo una pausa.
—El verdadero problema… ya viene. Los monstruos del abismo te han detectado.
Kiro se giró rápidamente, poniéndose en guardia.
—¿Dónde?
Pero no vio nada. Ni escuchó nada.
Solo entonces notó que una niebla oscura se había formado en torno a él. Partículas negras, como esporas, flotaban en el aire, densas como humo y suaves como cenizas. El mundo se había vuelto de un gris púrpura.
“¿Cuándo me rodearon?”
Intentó percibir energía, pero todo era caótico. La corrupción distorsionaba el flujo natural. Nada podía sentirse con claridad.
Y entonces… los vio.
Desde entre la niebla emergieron cuatro siluetas. Lentas. Torcidas. Siniestas.
Eran monstruos del abismo.
Kiro los observó con el corazón latiéndole en la garganta. Eran más bajos que el Nox que había enfrentado, pero su presencia no era menos intimidante.
Su piel parecía de cemento húmedo, rugosa y llena de grietas. No tenían rostro: ni ojos, ni boca, ni expresión. Solo agujeros y protuberancias. Cada uno tenía una forma distinta. Deformes. Incompletos.
El primero tenía brazos afilados, curvados como cuchillas.
El segundo, brazos gruesos, como martillos.
El tercero tenía miembros delgados, más humanos, pero con dedos como clavos oxidados.
El cuarto… tenía los brazos larguísimos, casi arrastrándolos por el suelo como si no fueran suyos.
Kiro tragó saliva.
—Monstruos del abismo…
Recordó lo que había leído en los archivos. “No más fuertes que un Nox puro, pero su número y variedad los vuelve peligrosos.”
—Puedo con esto. Ya vencí a un Nox… puedo contra ellos.
Pero aun así, el miedo estaba ahí. Esta era su primera vez contra estas criaturas.
No sabía lo que podían hacer.
—No retrocedas… —susurró para sí mismo—. No vaciles ahora, Kiro. Estás aquí por la flor, por Stella… por todos.
Flexionó los brazos. Su energía volvió a estabilizarse levemente, gracias al control indirecto de Dravenel.
—Resistir… ese es el primer paso.
Los cuatro monstruos comenzaron a cerrar el círculo lentamente. Sus movimientos eran erráticos, como si sus huesos estuvieran mal conectados. Uno de ellos soltó un chillido grave, como metal rasgado por dentro.
Kiro se colocó en posición. El aire era irrespirable. La neblina le ardía en los ojos.
Pero aún así… no bajó la guardia.
—Vamos, monstruos.
—¡Vengan por mí!
¡FWOOOM!
Kiro desplegó su energía con una explosión leve de luz blanca y dorada, dejando un rastro de partículas a su paso mientras se lanzaba al combate antes de que los cuatro monstruos pudieran cerrar su formación.
Su primer objetivo fue el más extraño: el de los brazos largos, que arrastraba los miembros como si no los controlara del todo. Kiro sabía que si se agrupaban, su movilidad sería su perdición, así que tenía que eliminar uno lo más rápido posible.
El monstruo intentó atacar balanceando un brazo como un látigo, pero Kiro se deslizó por debajo con un movimiento ágil y respondió con una patada frontal cargada de energía.
¡THUD!
El impacto empujó al monstruo hacia atrás, pero apenas lo hizo tambalear. Su cuerpo era más resistente de lo que parecía.
—¡Tsk! —Kiro retrocedió dando volteretas—. ¿No tiene puntos débiles…?
“¡Piensa, Kiro, piensa, como derroto a estas cosas!”
En ese momento, Dravenel rugió en su mente:
—¡Debajo del pecho! ¡El núcleo! ¡Está dentro de ellos! Destrúyelo y caerán.
—¡Entendido! —respondió Kiro sin perder ritmo.
Volvió a lanzarse, esta vez con el objetivo claro. El monstruo de brazos largos atacó de nuevo, pero Kiro lo bloqueó con ráfagas de energía, desviando ambos brazos como si fueran lanzas mal dirigidas.
¡CRACK!
Aprovechando la apertura, Kiro saltó hacia el pecho del monstruo y clavó su puño en el centro de su torso, rompiendo su piel gruesa y extrañamente rugosa, parecida a la piedra.
—¡Casi… ahí está…!
A través de la herida, vio un brillo oscuro: el núcleo, como una perla negra palpitante.
Kiro apretó los dientes.
—¡No me voy a detener ahora!
¡BOOOM!
Una ráfaga de energía espiritual se desató desde su brazo, una onda azulada que atravesó la piel y partió el núcleo desde dentro. El monstruo comenzó a descomponerse al instante, volviéndose polvo negro que se desvanecía en el aire.
—¡Sí! ¡Lo tengo!
Iba a sonreír… cuando algo gigantesco le golpeó el costado.
¡CRACK!
Kiro fue lanzado como muñeco de trapo, chocando contra una roca.
—¡AGH!
Se sujetó el torso, el dolor en sus costillas era punzante. Tosió con fuerza y se apoyó en una rodilla.
Desde su punto de impacto, vio acercarse al monstruo de brazos gruesos como martillos. Avanzaba con pasos lentos, pero cada uno hacía vibrar el suelo.
“Uno menos… tres por delante.”
“No puedo confiarme. Son lentos, pero más fuertes de lo que creí.”
Pero algo ardía en su pecho. No solo dolor. Furia. Foco. Convicción.
Kiro alzó la vista.
Sus ojos dorados brillaron con una intensidad diferente.
—No me importa cuántos sean… no voy a caer aquí.
Levantó sus brazos, el dolor en sus costillas seguía, pero no importaba. Su energía comenzó a concentrarse, sintió como su corazón se prendía en fuego.
La energía azulada del espíritu.
La blanca energía de la luz.
Se entrelazaron y se fundieron.
¡FWWWSSH!
Una nueva aura lo envolvió, pura y vibrante. Su cuerpo brillaba, y una presión intensa surgía desde él.
—Vamos… aquí va… ¡todo mi poder!
Kiro corrió a toda velocidad, dejando una estela de luz azul plateada. El monstruo del martillo intentó detenerlo, pero su brazo fue bloqueado por una explosión de energía espiritual.
—¡NO ME DETENDRAS!
Kiro saltó, giró en el aire y golpeó directo al pecho, rompiendo la defensa en un solo impacto. Una segunda patada canalizó la energía de luz. El núcleo estalló como vidrio.
¡Segundo eliminado!
Los otros dos monstruos atacaron juntos. El de brazos afilados se abalanzó como una sierra, mientras el otro lo flanqueaba. Pero Kiro ya lo había previsto.
—¡Maldición!
Aprovechó su velocidad incrementada y saltó sobre ambos, rebotando en los hombros de uno, descendiendo como una tormenta de luz. Su cuerpo giró como un torbellino. El brazo afilado del monstruo cortó el aire, pero Kiro lo interceptó con su brazo cubierto de energía, desviándolo justo a tiempo.
¡ZASH!
Con un movimiento doble, clavó un puño en el pecho de uno, mientras lanzaba una explosión dirigida al otro.
Dos núcleos. Dos impactos precisos.
¡CRACK! ¡CRASH!
Los dos cuerpos se volvieron polvo casi al mismo tiempo.
La niebla giró una vez más, como si fuera arrastrada por el viento.
Y entonces… todo quedó en silencio.
Kiro cayó de rodillas, con los brazos colgando a los lados.
Lo había logrado.
Cuatro monstruos del abismo… eliminados.
—Huff… huff… eso fue…
Una leve sonrisa se dibujó en su rostro.
—Mi mejor pelea hasta ahora.
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