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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 127

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Capítulo 127: Capítulo 127: Vigilante

Horas antes…

La luz de la luna se filtraba suavemente por la ventana alta proyectando líneas plateadas sobre la pulida madera del suelo del dormitorio. Allí Kaede Minatsuki se mantenía en completo silencio, de pie frente a una mesa pequeña donde reposaba una brújula antigua.

Sus ojos grisáceos brillaban con quietud.

El instrumento, aparentemente inerte, giró de pronto. La aguja osciló con fuerza, como si hubiera captado algo más allá del espacio o dirección comunes.

Kaede no tardó en reaccionar.

—…No esperaba esto para hoy.

Cerró la brújula con un leve clic y se apartó de la ventana. Se acercó a su armario y cambió de ropa con rapidez. Primero, su conjunto de combate: una prenda oscura de fibras flexibles reforzada con placas de protección ligeras. Después, se colocó su armadura adaptada, pulida pero discreta. En su espalda, ondeaba la capa azul con el escudo del emblema Paladins: Una gran espada recta atravesando un yelmo de caballero.

Cruzó el dormitorio sin decir palabra.

En una esquina descansaba su compañera eterna.

—Ven. —extendió la mano.

La legendaria espada “Juramento de la Libertad” tembló suavemente en su vaina, y como si respondiera a su voluntad, flotó hasta su palma.

Kaede la tomó con delicadeza, sintiendo la conexión antigua y firme que siempre le ofrecía. Se la ajustó a la cintura con movimientos precisos y fluidos.

Frente a la puerta, se detuvo un instante.

Su expresión era imperturbable. Sus pensamientos, calculados.

Giró el pomo.

Y salió.

Afuera la noche era densa.

Kaede avanzaba en silencio, siguiendo la brújula oculta entre los pliegues de su capa, el dispositivo brillaba apenas con luz blanca, vibrando con una pulsación regular.

No necesitaba preguntarse a dónde iba. Lo sentía.

Las corrientes energéticas que guiaban esa brújula no respondían al magnetismo ni al norte. Respondían a una energía en particular, a cambios en el flujo de vital. Y ahora… esa aguja estaba más viva que nunca.

“Algo malo está a punto de pasar.”

Guardó el instrumento con un suave movimiento y colocó su mano derecha sobre la empuñadura de su espada.

Al llegar al área de transporte, se mantuvo entre las sombras. Sus ojos escudriñaban el perímetro. Sentía que había alguien más cerca. Alguien con un objetivo peligroso.

Pasos.

Susurros.

Vidrio quebrándose.

Kaede giró bruscamente hacia el sonido.

Corrió en dirección al ruido, su capa ondeando como una estela silenciosa.

Allí, en el borde del parque de descarga, vio algo que no esperaba.

Kiro.

—Tú…!

El muchacho acababa de subir a la parte trasera de un carro de comercio, ocultándose bajo una lona.

Kaede frunció el ceño, sin entender qué pretendía.

Se colocó detrás de una columna metálica y observó la escena mientras los guardias se acercaban.

—¿Qué fue eso? —saltó uno de los guardias, girando hacia la dirección del sonido.

El comerciante de cabello gris bajó y revisó el perímetro.

—Se le cayó una botella —informó el guardia al viejo, señalando los cristales.

—Hmph… raro. Juraría que estaba bien asegurado —murmuró el hombre, agachándose para recoger los restos.

Miró hacia la parte trasera del carro, ladeó la cabeza por un instante, pero no levantó la lona.

—Bah… estoy demasiado cansado para esto. —Levantó el seguro nuevamente—. Si hay algo raro, lo sabremos más adelante.

Subió de nuevo y chascó las riendas.

—Vámonos. La noche es larga.

Los caballos relincharon suavemente y comenzaron a andar.

Kaede observó con una expresión que oscilaba entre la incredulidad y la preocupación.

—Así que este era su plan…

No dudó más.

Apenas el carro cruzó el portal principal de la zona de carga, Kaede lo siguió con su vista, deslizándose entre la penumbra como una sombra que respira.

“Debo averiguar a dónde va ese carruaje.”

Kaede se acercó al lugar donde había escuchado el sonido de la botella romperse.

El cristal seguía esparcido en pequeños fragmentos brillantes bajo la tenue luz del farol. Ella se agachó con elegancia, analizando la disposición del vidrio, el patrón del impacto… y la ligera huella en la tierra detrás del carro.

—Debo apurarme para alcanzarlo… —susurró.

Mientras seguía inspeccionando, dos guardias se acercaron con paso firme. Uno de ellos, al verla de espaldas, alzó la voz con autoridad.

—¡Eh! ¿Qué está haciendo aquí? Este sector está restringi—

Al verla girar el rostro, los dos se detuvieron en seco.

—¿Kaede… Minatsuki?

Sus rostros cambiaron por completo. De inmediato pasaron de alerta a admiración y respeto. El guardia más joven incluso se cuadró sin pensarlo.

—¡Perdóneme! No sabíamos que era usted, señorita Kaede.

—¿Le podemos ayudar en algo? —añadió el otro con una sonrisa nerviosa.

Kaede se puso de pie con una calma serena, su capa cayendo sobre su espalda como una ola de terciopelo.

—Gracias. Estoy buscando a alguien… sospechoso cerca—dijo con un tono amable, suavemente formal, como si hablara con estudiantes nuevos.

Los guardias intercambiaron miradas.

—¿Sospechoso?

—Así es. Tengo curiosidad por el carro de comerciantes. Quiero saber a dónde se dirigía.

Los dos guardias se miraron de nuevo, más serios esta vez.

—Oh… el carro de comerciantes que acaba de irse, ¿verdad? —preguntó uno.

Kaede asintió.

—¿Qué ruta tomaron?

El mayor de los dos frunció el ceño.

—Ruta secundaria hacia la capital. Es la más rápida esta semana, pero… —hizo una pausa, dubitativo.

—¿Pero? —insistió Kaede, su tono volviéndose más firme.

—Pasa a menos de un kilómetro de una zona de corrupción activa.

Los ojos de Kaede se entrecerraron.

Un cambio sutil, pero lleno de significado.

—Entiendo. Muchas gracias.

Y sin añadir más, dio media vuelta y se marchó a paso firme.

Cruzó el patio hacia el área de los conductores, donde varios carruajes privados estaban estacionados bajo estructuras metálicas. Algunos estaban apagados, otros recién cubiertos.

Pero uno en particular destacaba: un carruaje de diseño elegante, negro con bordes dorados, con dos caballos robustos ya preparados y luces encendidas.

Al acercarse, un hombre alto y delgado salió desde el costado, arreglando con cuidado sus guantes blancos. Hans, un conductor de porte impecable, la saludó con una ligera reverencia.

—Señorita Minatsuki.

—Hans —respondió con una sonrisa leve—. Justo necesitaba ayuda.

—Por supuesto. Ya lo imaginaba —dijo él, sin una pizca de sorpresa—. Tengo la sensación de que los vientos esta noche traen inquietudes.

—Siempre estás preparado para todo —comentó Kaede, con una mirada que contenía gratitud y aprecio—. Eso es bueno.

Hans sonrió con discreción.

—Dígame la ruta, y partiremos de inmediato.

—Tenemos que seguir el rastro del carro de comerciantes que partió hace poco. Tomaron la ruta secundaria hacia la capital. Sugiero que nos apuremos.

—Entendido. Ya conozco el camino.

Kaede subió al carruaje sin más palabras. Se sentó con la espalda recta, el rostro sereno… pero sus ojos no ocultaban el foco helado de su determinación.

Hans subió al asiento de conductor, alzó las riendas y, con voz firme pero educada, dijo:

—Vamos, compañeros. Llevamos a la heroína esta noche.

¡CHAS!

Los caballos relincharon y partieron al galope, dejando atrás la tranquilidad de la academia.

El viento de la noche chocaba contra el rostro de Kaede a través de la pequeña ventana lateral. Ella cerró los ojos un instante, respiró profundo, y colocó su mano derecha sobre el mango de su espada.

“El abismo…”

La noche seguía extendida como un manto inmóvil, pero algo en el aire empezaba a cambiar. Un frío espeso se filtraba entre los árboles del camino, y los caballos tiraban con nerviosismo, bufando al menor crujido de las ramas.

Dentro del carruaje, Kaede mantenía los ojos cerrados, respirando con lentitud. Su mente estaba en completo silencio. Se preparaba para lo inevitable.

—Señorita Minatsuki —dijo Hans desde su asiento frontal, con la misma compostura de siempre—. A unos metros más adelante parece haber ocurrido un accidente. Puedo ver un carruaje caído al lado del camino. ¿Desea que nos detengamos y prestemos ayuda?

Kaede abrió los ojos lentamente, sin apresurarse, y respondió con un tono firme pero sereno:

—Sí. Vamos a ver qué ha ocurrido y ayudemos a la gente.

El carruaje se detuvo con precisión. Kaede descendió con paso ágil y se encaminó hacia los restos del carro volcado. Dos figuras humanas estaban de pie junto a él: un joven nervioso, con el rostro cubierto de raspaduras, y un hombre mayor, vendado en el ojo izquierdo, con sangre seca en su ropa.

Al verla acercarse, el más joven alzó la mano con alivio.

—¡Por fin alguien! ¡Gracias al cielo…!

Kaede lo observó en silencio unos segundos. A pesar de las heridas, no parecían en peligro inmediato.

—¿Qué les ocurrió aquí? —preguntó con voz clara—. ¿Hay monstruos cerca?

El joven comerciante hizo una inclinación leve, intentando mantener el respeto, pero sus manos temblaban.

—Somos comerciantes. Salimos de la Academia Farhaim esta noche y… fuimos atacados en la ruta. Algo nos emboscó. No supimos qué hacer… parecía un monstruo.

Kaede entornó los ojos al oír eso.

“¿Desde Farhaim… esta noche? Entonces estos deben ser los mismos comerciantes…”

“¿Y Kiro?”

Estaba por hacer la pregunta cuando el comerciante mayor la interrumpió con voz ronca, tomando aire con dificultad.

—Fue un Nox. Una de esas cosas horribles… nos estaba por matar.

El hombre apretó los puños y sonrió con cierta emoción.

—Pero entonces… apareció ese ángel dorado. Era un chico joven… muy valiente… no sé cómo lo hizo, pero destruyó a esa criatura. Nos salvó.

Kaede sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Dio un paso más cerca, ahora con urgencia en los ojos.

—¿Tenía cabello y ojos dorados?

El joven comerciante asintió.

—¡Sí! Exactamente. Fue increíble. Luchó como un rayo. Pero luego… desapareció. No dijo mucho. Solo… se fue. Como si el mismo viento se lo llevara. Yo creo que tal vez fue un emisario de nuestra diosa Aiko.

Kaede no respondió.

No necesitaba hacerlo.

En ese mismo instante, su rostro cambió.

Sintió una vibración

Un cambio brusco y brutal en la energía del entorno

Como un estallido de oscuridad rasgando el velo del mundo.

Nadie más pareció notarlo.

Kaede se giró con brusquedad hacia el bosque. Su mano se posó en la empuñadura de su espada.

—Hans —dijo con tono directo—. Ayuda a estas personas. Quédate con ellos y no te muevas hasta que yo regrese.

Hans, que había descendido del carruaje con tranquilidad, asintió al instante.

—Por supuesto. Los protegeré con mi vida.

Kaede dio dos pasos hacia el interior del bosque. Hans dio un leve paso hacia ella, con duda en su mirada.

—¿A dónde se dirige? ¿Qué hará usted…?

Kaede se detuvo por un momento.

Su capa ondeó con suavidad.

Su silueta parecía una sombra sólida bajo la luna.

Y su mirada ya no era amable.

Era más bien helada, directa y letal.

—Voy a cumplir con mi misión.

Y sin más palabras…

desapareció.

El aire vibró con una explosión sutil de viento.

En un instante, Kaede Minatsuki se había lanzado a través del bosque a una velocidad sobrehumana, cortando la distancia con pasos imperceptibles. Cada rama, cada roca, cada trampa del terreno era ignorada. Solo seguía la energía.

Y esa energía… conducía directo al abismo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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