Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 128
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Capítulo 128: Capítulo 128: El Juicio de la Espada
La energía era insoportable.
Kaede corría como si su cuerpo estuviera hecho de pura voluntad, deslizándose entre los árboles retorcidos por la corrupción. Las hojas muertas crujían bajo sus botas, y el aire, cargado de una energía pútrida, parecía cortar como cuchillas invisibles. No se detenía. No podía detenerse.
“Kiro… ¿Qué estás haciendo?”
No quería pensar lo peor. Pero la energía que sentía allí adelante… era demasiado oscura, demasiado profunda. Y ella, que había enfrentado a cultos, bestias corruptas y hasta traidores de la academia, conocía bien ese tipo de sensación.
—¿Estás… involucrado en el abismo?
Sus labios lo susurraron, pero su corazón no lo aceptaba.
De pronto, algo en el suelo la hizo frenar.
Allí, en medio del polvo y la tierra descompuesta, estaba una mochila de color oscuro, maltratada, cubierta parcialmente por ceniza. Kaede se agachó y la tocó con cuidado.
—Son rastros de su energía… debe ser su mochila.
Abrió con cautela el cierre principal y vio en su interior una flor carmesí que emitía una tenue bruma rojiza, temblando como si estuviera viva.
—La flor del caos…
La miró con los ojos entrecerrados, su mente procesando todo rápidamente.”
“¿Entonces era así? ¿Él vino hasta aquí por esta flor?
Pero entonces…
No tengo más razones para negarlo
Eres del abismo”
Una presión infernal se sintió de golpe. El suelo tembló ligeramente.
Y los aullidos guturales de decenas, cientos, de monstruos del abismo la rodeaban desde todas direcciones.
Kaede se incorporó de inmediato y su espada brilló. Brilló como solo lo hacía cuando alguien verdaderamente necesitaba ayuda.
Ese era el llamado.
El llamado de una heroína.
En su espalda, la capa azul con el símbolo del emblema Paladins ondeó con fuerza mientras tomaba posición.
—No hay más tiempo.
El brillo aumentó en su mano y su hoja. Un eco resonó en su mente, las trompetas de justicia de los héroes.
Un sonido que solo ella escuchaba.
El juicio heroico.
—¡Voy!
Kaede dio un paso y se impulsó con una velocidad explosiva, sus pies apenas tocando el suelo. Se abrió paso entre los monstruos del abismo con una sola intención: proteger.
Cuando vio la horda de criaturas, no dudó.
Saltó al aire.
La espada salió de su vaina con un zumbido sagrado.
Y entonces… descendió hacia los monstruos.
La onda cortante que se generó tras su tajo fue monumental.
Una ráfaga de viento turquesa envolvió todo a su paso. Más de cien monstruos del abismo fueron separados en un solo tajo, sus cuerpos hechos de sombra se deshicieron en partículas oscuras que se dispersaron como humo.
El suelo tembló por el impacto.
La niebla del lugar fue atravesada, haciendo que la oscuridad retrocediera un paso.
Kaede aterrizó con una rodilla en el suelo y la espada firmemente plantada delante de ella. Su mirada era fría y precisa.
—…son muchos.
Se puso de pie y entonces lo vio detrás suya.
A Kiro, en el suelo, cubierto de heridas, inconsciente… y apenas respirando.
Su expresión cambió en un instante.
—¡Kiro!
Extendió la mano libre al suelo y pronunció con voz firme:
—Retención del espacio.
Una cúpula de energía azul se levantó como una esfera protectora, envolviéndolos a ambos. Dentro, el ambiente cambió. El aire era más ligero. Las partículas corruptas no podían entrar.
Envainó su espada rápidamente y corrió hacia él.
—¿Kiro? ¡Kiro! —lo giró con cuidado y observó sus heridas—. ¿Qué demonios te pasó?
Colocó su mano sobre su pecho y sintió el pulso. Era débil… pero aún estaba allí.
Un alivio fugaz pasó por sus ojos.
Pero duró poco.
Noto la marca.
Las brasas negras en su brazo.
Las cicatrices oscuras con forma de raíces.
Y la energía oscura que emanaba de él.
Su expresión se congeló nublando su mirada.
—…Así que… es verdad. Esta energía oscura… proviene de ti.
Se quedó un momento en silencio. Su rostro reflejaba una tormenta contenida.
Quería… no creerlo. Quería pensar que había un error.
—Tenía la esperanza… de que todo esto no fuera lo que parecía. Que fueras solo un chico curioso. Valiente, pero imprudente. No alguien… tocado por el abismo.
Desenvainó lentamente su espada una vez más. La hoja reflejaba la luz de la luna con una pureza desgarradora.
Se colocó frente a él y elevó el filo, preparada para acabar con la amenaza.
—Lo siento, Kiro. Lo intenté. Quise darte el beneficio de la duda… Quería creer en ti…. Pero no puedo permitir que alguien con ese poder siga respirando si es una amenaza para el mundo.
—Como Paladín de la justicia… juro cumplir con mi deber y detendré al abismo.
El viento se detuvo.
El filo de la espada descendía con un brillo plateado.
—…Aquí se acaba.
Pero no llegó a tocarlo.
Un impulso invisible le detuvo… era un presentimiento.
Kaede giró sus ojos hacia la izquierda, donde algo se movía.
Rápidamente giró su cuerpo, girando sobre un pie como si danzara con el viento, y detuvo un ataque a traición. Un violento choque de energías retumbó en su brazo derecho.
¡CLANG!
Su espada chocó contra una lanza de tono carmesí, cuya energía oscura se extendía como niebla venenosa. Frente a ella, una figura encapuchada, envuelta en una manta gris desgastada, la empujaba con fuerza bruta. Sus pies se hundían en la tierra por la presión, pero Kaede resistía.
Ambos forcejearon por unos segundos… hasta que Kaede aumentó su energía de golpe y repelió el ataque, haciendo que la figura diera dos pasos hacia atrás, con su capa ondeando al aire.
Kaede no perdió tiempo. Alzó su espada con firmeza y lo miró con intensidad absoluta, sus ojos fríos como el acero, la hoja lista para entrar de nuevo en movimiento.
—No esperaba encontrarme contigo aquí —dijo el encapuchado, su voz grave y burlona, pero joven—. Pero si puedo matarte ahora… será un regalo para el abismo.
Kaede no bajó la guardia.
—¿Quién eres?
La figura respondió con una sonrisa torcida.
Con un movimiento lento, se quitó la capucha, dejando ver un rostro joven, pálido, de cabello negro azabache y ojos naranja brillantes, como brasas encendidas en la oscuridad.
—Llamame Saiko. Portador del arma legendaria del caos, la lanza Chako, bendecida por la mismísima diosa de la muerte.
Kaede mantuvo su postura. Su mirada se volvió aún más tajante.
—No existe tal diosa. Esa lanza está corrompida por el abismo… y tú también.
Saiko alzó su lanza lentamente, apuntándola directo al corazón de Kaede. La oscuridad se arremolinaba alrededor de la punta como si el aire mismo temiera su filo.
—Entonces deja que te demuestre el poder de aquello contra lo que tanto presumes resistir.
El abismo… no es algo que puedas enfrentar con discursos bonitos y juramentos vacíos.
Kaede no se inmutó.
—¿Eres parte del culto del abismo?
—Acertaste —respondió Saiko, con tono casual—. Pero no creas que es por ideología… sino por lo que me ofrecieron. Poder, sentido… libertad.
Kaede desvió ligeramente su mirada hacia el suelo, hacia el cuerpo inmóvil de Kiro, antes de volver a mirarlo directo.
—¿Qué conexión tienes con este chico?
Saiko ladeó la cabeza.
—¿Él? Nunca lo había visto. Pero esa oscuridad que usó… —sus ojos brillaron con emoción siniestra—. Tiene un sabor parecido al de mi lanza. Lo sentí desde lejos, como si me llamara. Si lo arrastro conmigo… podríamos crear maravillas juntos.
Kaede retrocedió un paso, no por miedo, sino para tomar una mejor posición de combate.
—¿Entonces… NO es uno de los tuyos?
—Aún no. Pero después de hoy… lo será. El abismo lo está llamando.
Kaede asintió lentamente. Luego cerró los ojos por un segundo, en un gesto casi ceremonial… y cuando los abrió, ya no eran los de una joven amable o justa.
Eran los de una guerrera sin piedad.
—Gracias por confirmarlo.
Desapareció al instante.
El sonido cortante del aire fue lo único que advirtió a Saiko del ataque. Apenas logró alzar su lanza y bloquear el corte descendente.
¡CHACK!
Las chispas saltaron en el impacto.
Saiko fue empujado hacia atrás, sus pies rasgando el suelo.
—Tsk… no será nada fácil acabar contigo, ¿eh?
No tuvo tiempo de descansar.
Kaede estaba sobre él otra vez, girando con velocidad imposible, la hoja de su espada dibujando trazos de luz turquesa. Saiko alzó su lanza para bloquear y contraatacó con un empuje veloz. Kaede esquivó, rozando apenas el filo carmesí, y lanzó un tajo lateral que le abrió una herida superficial en el hombro.
—Tienes buena técnica —murmuró Saiko, retrocediendo mientras observaba la sangre que goteaba por su brazo—. Pero esa mirada… Ese frío en tus ojos… Eres muy peligrosa.
Kaede dio un paso adelante, su voz como acero:
—Vamos… no alarguemos más esto.
Las espadas resonaban como truenos en la cúpula de energía que protegía a Kiro. Kaede y Saiko se lanzaban uno contra otro en una danza feroz de acero y voluntad, pero por debajo del espectáculo, se escondía una tensión creciente.
Kaede avanzaba con precisión quirúrgica, sus movimientos eran rápidos, fluidos, cada tajo estaba medido con una intención específica. Por su parte, Saiko esquivaba y desviaba con una soltura extrañamente relajada, como si bailara con la muerte. Su lanza carmesí, corrupta por una energía oscura y espesa, dejaba estelas sangrientas en el aire con cada giro.
Pero Kaede pronto comenzó a notarlo.
La lanza… estaba cambiando.
Cada vez que sus armas chocaban, el filo de Chako parecía vibrar con más intensidad. Una energía carmesí, casi líquida, comenzaba a gotear del arma como si sangrara malicia. Pequeños pulsos oscuros se desprendían del arma y contaminaban el aire, como si el caos se estuviera condensando alrededor de Saiko.
Kaede entrecerró los ojos, sus pupilas grises reflejando la amenaza creciente.
—¿Qué planeas…?
Saiko retrocedió un paso, la sonrisa aún decorando su rostro manchado por el polvo y pequeños rasguños. Levantó su lanza al cielo con una teatralidad sombría.
—Aquí viene el caos… Chako: ¡Corte Sangriento!
Giró con fuerza, su lanza trazando un arco mortal frente a sí. El aire se quebró con un chirrido agudo y sobrenatural, y entonces, una onda cortante de energía carmesí se materializó, disparándose a una velocidad brutal hacia Kaede.
Ella reaccionó al instante, interponiendo su espada para defenderse. El impacto fue brutal. La energía sangrienta no se detuvo tras el choque, sino que se curvó a su alrededor, presionándola desde los flancos. Las botas de Kaede rasgaron el suelo, sus talones marcando surcos de resistencia.
Y entonces, como si fuera un acto perfectamente calculado…
Saiko apareció a su lado.
—¡Chako: Carga!
Saltó en el aire, su lanza apuntando directo a los pies de Kaede. El arma giró una vez sobre sí misma y se incrustó en el suelo con un estruendo. Una explosión inmediata estalló desde la base, envolviendo a Kaede en una llamarada oscura.
El humo denso cubrió el campo.
Durante unos segundos, no hubo más que silencio.
Saiko se mantuvo quieto, respirando con más rapidez, observando el epicentro de la explosión con una sonrisa arrogante.
—Con eso debería bastar…
Pero entonces, el humo se disipó de golpe. Una ráfaga de viento lo barrió, y allí seguía Kaede, cubierta de polvo, con mechones de cabello suelto y una herida en la mejilla, pero de pie.
Sus ojos grises se alzaron hacia él, sin odio… pero llenos de decisión.
—¿Ya terminaste?
Saiko frunció el ceño.
El aire cambió.
Kaede respiró profundamente y soltó el peso invisible que llevaba encima desde el comienzo del combate. Un estremecimiento recorrió el terreno.
Su cuerpo comenzó a emitir una luz sutil, una presión envolvente. El poder suprimido durante tanto tiempo, guardado por entrenamiento, disciplina y control absoluto… fue liberado.
—…Esto no es poder del abismo —susurró Saiko, por primera vez retrocediendo un paso—. Esto es…
El aura de Kaede se expandió como un vendaval.
La cúpula que los rodeaba tembló, y una ráfaga de viento turquesa barrió el campo. Su espada vibraba en su mano, un resplandor blanco puro corriendo por el filo, con líneas de luz azul celeste recorriendo su superficie.
—¿Qué… eres tú?
Kaede dio un paso hacia adelante, su voz firme y serena como una montaña.
—Soy Kaede Minatsuki, paladín de la justicia. Y este es tu juicio.
Retrocedió un paso más y levantó su espada.
—Tercera técnica del viento: Remolino.
La energía se concentró en el filo. La hoja de la espada se volvió transparente como el aire, girando sobre sí misma con un zumbido apenas audible. Entonces, Kaede desapareció ante los ojos de Saiko.
Un impacto sordo lo sacudió desde el frente.
Su lanza fue empujada hacia arriba violentamente. El golpe no solo la desvió, sino que entumeció sus brazos. Su defensa se quebró por un segundo. Un instante.
Pero ese fue todo el tiempo que Kaede necesitó.
—Primera técnica de la luz: Destello.
La atmósfera se quebró por un haz de luz que iluminó el lugar.
Saiko apenas alcanzó a parpadear… y entonces Kaede ya estaba detrás de él, su espada zumbando con restos de luz, como si hubiese cortado el mismo tiempo.
Un chorro de sangre saltó al aire.
—¡Ghk…!
Saiko cayó de rodillas, una herida profunda y diagonal abriéndose desde su costado hasta la cadera. Sus dedos se aferraron a la tierra, temblando.
—¿Cómo…? ¿Cómo destruiste… la protección del abismo?
Kaede se giró lentamente, envainando su espada con un movimiento limpio. Su rostro era sereno, pero no carente de compasión.
—El abismo se alimenta de la debilidad del alma. Mi espada… se alimenta de la voluntad de proteger.
Saiko escupió sangre, respirando con dificultad. Al alzar la mirada, algo en el rostro de Kaede le quebró el cinismo.
—No me mires así… no con esos ojos.
Kaede no respondió de inmediato.
—…Perdón por hacerte sufrir —murmuró al fin, con sinceridad—. Pero no te quiero matar.
Saiko se quedó en silencio. Por primera vez… no tenía palabras para burlarse.
Se llevó la mano a la lanza y se sostuvo apenas. Una risa suave y quebrada escapó de sus labios.
—Heh… tú sí que eres algo especial, ¿eh?
…Nos volveremos a ver, héroe.
Y en un instante, su cuerpo se desintegró en humo oscuro, absorbido por la lanza, que también desapareció entre sombras.
La cúpula volvió al silencio.
Kaede se quedó unos segundos inmóvil.
Respiró con profundidad y, aún envuelta en su luz, caminó lentamente hacia Kiro, que seguía inconsciente, su cuerpo cubierto de heridas, su respiración entrecortada.
Se arrodilló a su lado y posó una mano sobre su pecho, canalizando energía calmada.
—Despierta, Kiro… Todavía tienes un destino que cumplir…
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