Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 132
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Capítulo 132: Capítulo 132: La Espera Hasta el Jueves
En el corazón de la sede principal del emblema Inclementer, una atmósfera solemne reinaba.
El salón, lujosamente adornado con pilares blancos de mármol, tapices con símbolos antiguos de Alfhaim y un amplio ventanal que dejaba entrar la luz de la luna, parecía más un recinto de nobles que un espacio estudiantil. En el centro, parado con firmeza, estaba Shepard Duvalier, el profesor a cargo del emblema. A su lado, de pie con las manos cruzadas a la espalda y una presencia que imponía respeto sin necesidad de alzar la voz, se encontraba Dante Virellan, el líder indiscutido de Inclementer.
Frente a ellos estaban reunidos los once miembros restantes del emblema. Cada uno de pie, recto, con sus uniformes impecables, formando un círculo casi ceremonial. El silencio solo era roto por el susurro del viento y las palabras de Shepard, que con voz grave y cargada de autoridad, dijo:
—El día se acerca, jóvenes. El momento de demostrar nuestra superioridad frente a Stella ha llegado. Esa gente… este “Emblema” como ellos se hacen llamar, ha mancillado el título de emblema principal con su mediocridad. No tienen dirección, ni unidad, y sin embargo siguen aferrados a ese lugar como si fuera suyo por derecho divino. Nosotros… —Shepard dio un paso al frente—. Nosotros somos quienes verdaderamente representamos el futuro de esta Academia. El linaje, el poder, la estrategia. No por nada son llamados Inclementer. Fríos, imparables y precisos.
Hubo un momento de tensión. Dante avanzó un paso y habló con voz firme y refinada:
—Estamos a unas estrellas de alcanzar a Paladins, y si vencemos a Stella, la reputación y puntos ganados nos pondrán al mismo nivel o incluso por encima de ellos. Será el primer paso para consolidar nuestro ascenso y desplazar a los inútiles que se creen elegidos por destino.
El grupo permaneció en silencio, escuchando atentos.
Entonces, entre ellos, Yoru Thirandor dio un paso al frente. Su cabello rojo oscuro caía en mechones rebeldes, y en su rostro estaba marcada una mueca de desprecio. Se tocó el diente faltante y dijo con rabia contenida:
—No solo quiero ganarle a ese emblema. Quiero aplastar a ese maldito Kiro. Ese mocoso. Nos humillaron frente a todos… y ese bastardo me rompió un diente con un golpe sucio. Nos deben algo. ¡Vamos a quitarles todo!
Un murmullo de aprobación recorrió el círculo, pero Dante alzó una mano y con tono mesurado dijo:
—Tranquilos. No debemos perder el control. La emoción no sustituye a la estrategia. La victoria será nuestra, pero debemos demostrar por qué somos superiores. La fuerza bruta sin disciplina no vale nada. Cuando llegue el momento… liberen su poder y técnica refinada. Hasta entonces, sigan afinando cuerpo y mente.
Uno a uno, los miembros asintieron.
Shepard alzó su mano y dijo con voz solemne:
—Emblema Inclementer. Hoy juran por su nombre, por su fuerza y su legado… que no fallarán.
Uno por uno, los once dieron un paso adelante, inclinándose con una reverencia firme. Sus voces resonaron con solemnidad, como un mantra sellado por destino:
—Por Inclementer.
Dante Virellan, 3° año. Líder nato, de presencia firme. Su energía de luz resplandecía con control absoluto. Sus ojos dorados se encendieron con determinación mirando hacia al frente, donde estaba:
Alenya Tharos, 2° año. Refinada, inteligente, de mirada serena como el agua que controla. A su lado se encontraba:
Darius Elinval, 1° año. El más joven del círculo, pero con una energía envolvente que ya revelaba su don innato para el dominio del campo, apreto los puños con fuerza y miró hacia al lado encontrándose con:
Seraphine Kaedwyn, 3° año. Callada, etérea, sus ojos violeta parecían percibir lo invisible. El leve chisporroteo eléctrico a su alrededor demostraba que siempre estaba lista, pero en calma.
Frente a ella estaba Theren Valescour, 2° año. Serio, de expresión calmada, pero con una mirada que atravesaba cualquier fachada. Observó a los presentes analizando el momento.
A su lado Irina Daevel, 1° año. Silenciosa, pero su concentración era tan precisa que se sentía en el ambiente.
Yoru Thirandor, 2° año. Con su hielo oscuro retumbando en su núcleo, su rabia era la de un volcán helado por estallar.
Lysara Virellan, 3° año. Su serenidad era tan firme como sutil, al igual que su energía. Cerró los ojos un momento antes de voltear a su lado.
Caelus Maelis, 1° año. Observador, elegante, un genio oculto bajo modales perfectos.
Kael Drovahn, 2° año. De porte marcial, poderoso, un espíritu invocador que solo unos pocos han podido ver.
Hadric Velthorne, 3° año. Su disciplina era su escudo, y su fuerza, un baluarte inamovible.
Evania Solmere, 1° año. En apariencia frágil, pero su conexión con la luz era tan pura que hacía temblar incluso a los más experimentados.
Dante los observó con orgullo. Era más que un emblema. Era una fuerza, una convicción. La élite de la élite.
—Cada uno de ustedes ha sido elegido no solo por talento, sino por convicción —añadió Shepard—. Al vencer a Stella, daremos el primer paso para mejorar este sistema viciado. Y nadie, ni siquiera los Paladins, podrá detenernos después de eso.
Todos alzaron sus manos derechas con el puño cerrado y la frente baja. Una llama blanca, tenue y elegante, brotó desde cada uno de ellos. La llama de Inclementer. El pacto estaba sellado.
Había comenzado la cuenta regresiva final. Tan solo unos pocos días quedaban hasta que llegara el jueves.
Devuelta a la sede del emblema Stella, Kiro caminaba tambaleante por el pasillo del segundo piso, cada paso que daba le arrancaba una mueca de dolor. Su cuerpo, aunque ya algo recuperado, aún no olvidaba la sobrecarga que había recibido. La noche anterior y todo lo vivido se sentía lejano, casi irreal… pero sus músculos le recordaban a cada segundo que era verdad.
Cuando estaba a punto de alcanzar la manilla de su puerta, su pierna falló por completo.
—¡Ahh…! —exclamó al perder el equilibrio.
Pero antes de caer al suelo, una mano firme y cálida lo sostuvo por la cintura.
—¡Alto ahí, intrépido espectro de luz y caos! —exclamó una voz conocida, dramática y casi teatral.
Kiro parpadeó, confundido, y al voltear la vista se encontró con el rostro brillante y teatral de Shizuki Velmoria, que lo sostenía como si acabara de rescatar a una princesa en apuros.
—¿Shizuki…? —preguntó él, con voz ronca.
—¿Quién más sino yo? —respondió ella haciendo una pose con el brazo extendido al cielo—. Estoy realizando labores altamente secretas de última hora, pero no temas, Kiro. Estás en buenas manos. Aunque… —lo observó con detenimiento—, ¿qué demonios te pasó? ¿Estuviste bailando con demonios ciegos o algo así? ¡Estás hecho un desastre!
Kiro sonrió débilmente y bajó un poco la mirada.
—Estuve… ocupado. Pero todo valió la pena —dijo con tono bajo, pero sincero.
Shizuki frunció los labios y lo miró con un toque de preocupación que trató de ocultar tras su habitual tono dramático.
—No tienes que cargar con todo tú solo, compañero—le dijo con suavidad—. Ya te lo dije antes, soy la elegida de los demonios, del abismo… ¡y de la oscuridad! Yo también puedo hacer cosas increíbles, ya verás. Ahora vamos, ven, deja que la prodigiosa y legendaria Shizuki Velmoria te lleve hasta tu trono de descanso.
Kiro intentó rechazar su ayuda al principio, pero sus piernas lo delataron con un leve temblor, así que aceptó sin protestar. Shizuki se acomodó a su lado, poniéndole el brazo sobre sus hombros y ayudándolo a caminar hasta la habitación.
—Hoy me siento como si estuviera en una historia épica —dijo ella mientras avanzaban a paso lento—. El héroe herido, la compañera misteriosa, y un final incierto. Solo nos falta un mapa y una canción de fondo.
Kiro dejó escapar una risa baja y agotada.
—Eres rara…
—Gracias —respondió con orgullo.
Finalmente, llegaron a la habitación. Shizuki abrió la puerta con el pie, como toda una profesional del sigilo dramático. Entraron y lo ayudó a sentarse en la cama.
—Oye, ahora que me doy cuenta no te he visto en todo el día —dijo mientras le quitaba la mochila a Kiro y la dejaba a un lado—. Pensé que te habían secuestrado los del emblema Inclementer o que te habías convertido en espíritu estelar por sobrecarga.
—Shizuki… —Kiro le habló con un poco más de claridad mientras se acomodaba en la cama, aunque seguía con los ojos entrecerrados—. Convencí a Chris… vendrá con nosotros… al combate. Pero… ya no sé qué más podemos hacer…
Shizuki se quedó quieta un segundo, y luego se inclinó un poco hacia él con los ojos brillando de sorpresa.
—¿¡QUÉ!? ¿¡Lograste domar al espectro viviente de la indiferencia!? ¿¡Al enemigo natural de la motivación humana!? ¿¡A Chris “El Apático” Mercy!?
—Je… algo así… —balbuceó Kiro con una sonrisa cansada.
Shizuki chasqueó la lengua en un gesto teatral.
—¡Demonios! ¡Yo también quería verlo intentar salir de su habitación como criatura nocturna! Pero bueno, lo importante es que lo lograste. Hiciste lo imposible… una vez más…
Cuando se giró para seguir hablando, notó que Kiro ya no le respondía. Estaba completamente dormido. Su pecho subía y bajaba lentamente y su rostro, aunque agotado, estaba en paz.
Shizuki lo observó en silencio un segundo y luego suspiró con una sonrisa pequeña.
—Ya que… —murmuró—. Parece que estás cansado.
Lo arropó con cuidado, como si tuviera miedo de despertarlo. Luego caminó hacia la puerta con pasos suaves, se detuvo en el umbral y, mirando al techo con una sonrisa, hizo una pose heroica con una sola mano alzada hacia las estrellas.
—Ahora… es el turno de Shizuki Velmoria, la sombra risueña de Stella, la artífice del destino… —susurró para sí misma—. Ya lo verán.
Y con eso, cerró la puerta con delicadeza, dejando la habitación en penumbra, en completo silencio… solo el ritmo tranquilo de la respiración de Kiro y el resplandor tenue de las estrellas proyectándose desde la ventana.
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