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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 133

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Capítulo 133: Capítulo 133: Proyecto a Medianoche

Momentos antes del anochecer, el silencio habitual del salón principal del emblema Stella fue interrumpido por pasos decididos. Shizuki Velmoria caminaba con cierta prisa, subiendo las escaleras rumbo al tercer piso. Su expresión parecía determinada, con su chaqueta ondeando ligeramente tras ella. Sin embargo, justo cuando su pie alcanzó el segundo peldaño, una voz familiar la detuvo.

—¡Shizu! —llamó la maestra Lyra Nightshade desde la entrada del salón.

Shizuki se detuvo en seco, girándose de golpe y con el ceño levemente fruncido.

—¿Sí, maestra Lyra? ¿Qué pasa? Estoy algo ocupada… —preguntó con una mezcla de curiosidad y apuro.

Lyra se le acercó caminando con su usual energía serena y juguetona. Sus ojos con forma de estrella brillaban ligeramente.

—Necesito que me hagas un favor rápido, ¿puedes ir a buscar a Noell? Dile que ya estamos listos para la siguiente fase en el laboratorio. Necesitamos que lo traiga todo.

Shizuki frunció los labios, cruzándose de brazos.

—¿Ahora? Justo estaba a punto de ocuparme del asunto Mercy… Kiro encontró su puerta y creo que ya casi hace contacto, ¡estábamos a nada! —se quejó en voz baja, gesticulando dramáticamente.

Lyra chasqueó los dedos y sonrió con un guiño encantador.

—No te preocupes por eso, Kirito ya lo tiene todo bajo control.

—¿Qué? ¿Cómo sabes eso? ¿Dónde está Kiro? —insistió Shizuki, dando un paso hacia Lyra con clara sospecha.

—Secretoooooo~ —canturreó Lyra, llevando un dedo a sus labios. Acto seguido, giró sobre sí misma y desapareció como una estrella fugaz envuelta en humo violeta.

Shizuki se quedó mirando el aire por un momento, pestañeando.

—¿Cómo hace eso?… Bueno, lo haré rápido —murmuró, resignada.

Subió las escaleras y caminó con pasos ágiles hasta el pasillo de los dormitorios. Frente a la puerta de Noell Sandrick, se detuvo. Un leve zumbido mecánico se oía detrás de la puerta, acompañado por sonidos de engranajes, crujidos eléctricos y… ¿un pitido?

—¿Qué clase de magia científica está haciendo ahora…? —se preguntó en voz baja con ojos brillantes, emocionada por lo que pudiera haber detrás de esa puerta.

Llevó la mano al pomo, pero se detuvo. Apretó los puños, tomó aire y golpeó suavemente la puerta.

—¡Noell! La maestra Lyra dijo que debes ir al laboratorio ya. Dijo que ya están listos para la siguiente fase… ¡Y que no tardes!

Hubo un silencio. Luego, un fuerte clic se oyó desde dentro, y con un chillido metálico, la puerta se abrió de golpe. Shizuki saltó hacia atrás con un gritito.

—¿¡Q-qué…!?

Allí estaba Noell. Su cabello anaranjado estaba más desordenado que nunca, las ojeras bajo sus ojos parecían de una semana entera sin dormir, y su overol gris estaba cubierto de manchas de aceite, tierra y polvo. Las lentes de sus gafas parecían a punto de caerse.

—Shizuki… dile a Lyra que aún no estoy listo —dijo con voz algo temblorosa, apenas sosteniéndose—. Y… tampoco tengo cómo transportar todo esto. Necesito más tiempo.

—¡¿Qué estás haciendo?! ¡Te ves horrible! ¿Dormiste algo siquiera? —le preguntó Shizuki con un tono entre alarma y genuina preocupación.

Noell desvió la mirada, rascándose la nuca.

—Tal vez un poquito… Hace unas horas. Creo… o quizás fue ayer…

—¡Noell! —protestó ella.

Entonces, él sonrió débilmente, como si aún no se diera cuenta del caos a su alrededor.

—Pero si me ayudas a llevar mi proyecto… te lo mostraré. Es secreto… pero creo que te gustará. Tiene partes mágicas —añadió, como si ofreciera el mayor tesoro del mundo.

Shizuki parpadeó varias veces, su actitud cambió al instante.

—¡¿Algo secreto?! ¿¡Magia y ciencia en combinación!? ¡Eso es un proyecto prohibido, oculto y seguramente lleno de maldiciones! ¡Increíble!

Noell ladeó la cabeza.

—No tiene maldiciones…

—¡Shh! No me lo arruines. ¡Vamos! —lo urgió, entrando con energía a la habitación.

Al traspasar el umbral, sus ojos se iluminaron como fuegos artificiales. La habitación de Noell era un caos total, pero cada centímetro tenía un propósito: planos extendidos sobre el suelo, dispositivos que emitían luces tenues, esferas flotantes energizadas, circuitos con energía fluyendo como ríos brillantes.

—¡Este lugar es como una dimensión paralela de inventos y secretos! ¡Me encanta! —exclamó, girando sobre sí misma.

—Este es mi pequeño proyecto —dijo Noell con orgullo, señalando una estructura semicircular metálica, cubierta con placas luminosas.

—¿Para qué sirve…?

—Eso es parte del misterio —respondió él, guiñando un ojo detrás de sus gafas—. Pero si funciona… cambiará la forma en la que usamos la energía en combate grupal. Podría ser el apoyo definitivo para los de Stella.

Shizuki se quedó sin palabras por un momento, y luego lo miró con renovado respeto.

—Noell, eres más aterrador que todos los demonios que conozco.

—¿Eso es bueno?

—¡Es lo mejor!

Los dos compartieron una sonrisa inesperada. A partir de ese momento, sin necesidad de más palabras, comenzaron a reunir los componentes del proyecto, preparándose para el gran día.

Shizuki parpadeó al observar por completo la habitación. Un aroma a polvo viejo, metal y algo de aceite quemado flotaba en el aire. Lo primero que atrapó su atención, mientras recogía las cosas, no fue el caos, sino los colores: había pequeños núcleos de energía flotando en frascos, piezas de metal pulidas que reflejaban la luz como gemas, y fragmentos de cristales partidos que, aunque inútiles para Noell, brillaban como tesoros para los ojos curiosos de Shizuki.

—¡Waaaah… qué bonito! —exclamó sin querer—. Parece una tienda de joyas mágicas abandonada por los duendes del abismo.

Sus ojos verdes se iluminaron mientras caminaba en puntitas, como si temiera perturbar algún ritual arcano. Cada objeto era un misterio. Un pequeño engranaje que giraba solo sobre la mesa. Una perilla con inscripciones extrañas. Una esfera transparente con un núcleo morado palpitante en su centro.

“Esto… esto podría ser un núcleo de estrella encadenado a la energía demoníaca prohibida de la cuarta dimensión subterránea…” —pensó dramáticamente, aunque no tenía la menor idea de qué significaban esas palabras que inventaba.

Sin embargo, a pesar del espectáculo brillante, algo pesaba en el aire. No era magia. Era el ambiente. El desorden no era casual, sino el resultado de días, tal vez semanas, de encierro. Las paredes tenían notas adheridas con tachaduras y fórmulas repetidas hasta la desesperación. Y allí, entre todo ese caos meticuloso, Noell parecía un científico al borde del colapso, hablando consigo mismo mientras tomaba notas con manos temblorosas.

—Este proyecto… no puede fallar… —murmuraba Noell mientras marcaba cosas con un lápiz mordido y maltratado—. Necesito el compresor de flujo inverso… y ajustar el voltaje del núcleo intermedio… antes del amanecer.

Shizuki, que aún no comprendía qué estaba pasando, alzó con delicadeza una especie de casco metálico que descansaba entre unos cables.

—¿Y esto? ¡¿Si me lo pongo podré viajar a otras dimensiones de tinieblas?! —preguntó con emoción, poniéndoselo torpemente en la cabeza como si fuera una corona mágica.

—¡N-No! ¡No lo toques! —gritó Noell, alzando las manos mientras se le caía un papel de su cuaderno—. ¡Esa es la interfaz central del módulo de transmisión! ¡Si se activa mal, podríamos perder toda la calibración!

Shizuki, algo sorprendida por su reacción, se quitó el casco y lo sostuvo con ambas manos.

—¿Pero no brilla? —preguntó, como si eso fuera indicio de importancia—. Las cosas peligrosas siempre brillan, como los espíritus vengativos.

Noell suspiró. Su cabello estaba más desordenado que nunca y tenía ojeras tan oscuras que casi parecían maquillaje de festival fantasma.

—No todo lo importante tiene que brillar, Shizuki —dijo, con una voz baja pero cargada de una extraña pasión—. Esto… esto es más que un proyecto. Es nuestra oportunidad.

Shizuki parpadeó.

—¿Nuestra?

—Del emblema. De todos nosotros. Esta es mi forma de… ayudar. A todos. Si esto funciona… —volteó a ver la caja más grande, llena de cables y un cristal opaco en el centro—…podríamos hacer algo que ni los dioses podrían imaginar.

—…¿Salvar el mundo con una tostadora mágica? —preguntó Shizuki, tratando de alivianar el ambiente. Pero entonces notó algo distinto: el leve temblor en los dedos de Noell, la forma en que su voz se quebraba al hablar del proyecto, la forma en que evitaba mirarla directo a los ojos.

“Este no es un proyecto cualquiera. Es algo que lleva cargando hace mucho… solo…” pensó, y por primera vez, dejó la actuación a un lado.

—Noell… si esto es tan importante, ¿por qué no pediste ayuda antes?

Él sonrió, cansado.

—Porque no quiero fallar. Si lo hago, no quiero arrastrar a nadie más conmigo.

Shizuki frunció el ceño y tomó una de las cajas con decisión.

—Pues ya es tarde para eso. ¡Ahora estamos en esto juntos, mi joven inventor maldito! ¡La elegida del abismo no abandona a sus camaradas antes del apocalipsis!

Noell titubeó… y luego sonrió. Una sonrisa genuina, aunque agotada.

—Gracias, Shizu…

—¡Dilo bien! ¡Shizuki Velmoria, la elegida del abismo, los demonios y las estrellas infinitas! —dijo haciendo una pose ridícula mientras casi dejaba caer la caja.

Noell rió por lo bajo y negó con la cabeza.

—Vamos, antes de que la maestra Lyra venga a buscarnos.

—O peor, ¡Los espíritus vengan por nosotros! —añadió ella en un tono grave.

Ambos recogieron las últimas partes necesarias: un núcleo de energía, varias herramientas, y el “casco de la muerte interdimensional” (como ahora lo llamaba Shizuki). Luego, con las cajas apiladas torpemente entre ellos, comenzaron a bajar hacia el laboratorio.

El pasillo estaba en silencio, solo interrumpido por los pasos y las respiraciones pesadas de ambos.

—Noell…

—¿Sí?

—¿Esto que estamos llevando… realmente puede ayudarnos contra Inclementer?

Noell guardó silencio unos segundos antes de responder, con firmeza:

—Sí. Si funciona… cambiará todo.

Y con esa frase, desaparecieron con rumbo al laboratorio, dejando atrás las sombras y la incertidumbre… con la esperanza marchando en brazos de un inventor y una soñadora.

Dentro del laboratorio, el aire vibraba con la energía suspendida del núcleo cósmico. El brillo etéreo que este desprendía fluctuaba como una estrella titilante, atrapada dentro de una cámara de cristal reforzado. La mesa cercana estaba rodeada de herramientas especiales, esquemas con sellos y otros símbolos con complejas fórmulas que se proyectaban desde el brazalete de Silfy. Ella ajustaba los controles con una precisión casi mecánica, mientras Lyra observaba con los brazos cruzados, su mirada analítica siguiendo cada reacción del núcleo.

—La estabilización del flujo estelar está completa —informó Silfy en voz baja—. Pero… no hemos logrado la conexión directa con el mar de estrellas. Solo obtenemos fragmentos. Ecos. Como si la puerta estuviera entreabierta, pero se negara a abrirse por completo.

Lyra asintió con seriedad.

—Nos quedamos en el borde del mundo principal… como si algo lo protegiera desde dentro —dijo, pensativa—. ¿Será que aún nos falta una clave de acceso? ¿Un catalizador espiritual más fuerte?

Silfy negó lentamente, sin despegar los ojos del núcleo.

—Tal vez es que aún no entendemos del todo el orden del plano superior. Este mundo… se defiende. Y nosotros apenas estamos rozando sus límites.

En ese momento, la puerta del laboratorio se abrió bruscamente con un chirrido metálico. Noell entró cargando una caja tan grande que apenas podía ver por dónde caminaba. Detrás de él, Shizuki hacía malabares con otra caja, tambaleándose como si cargara un artefacto maldito.

—¿Dónde dejamos esto? —preguntó Noell, jadeando levemente.

Al verlos, Silfy se tensó y, con un leve movimiento, se escondió sutilmente detrás de Lyra, fingiendo revisar de nuevo los niveles del núcleo. Mantenía su rostro oculto, concentrada, aunque el leve rubor en sus mejillas traicionaba su nerviosismo.

Lyra, sin prestar mucha atención a ese detalle, señaló con la mano hacia una gran mesa lateral repleta de cables enrollados y materiales de trabajo.

—Ahí, por favor. Esa mesa está libre. ¡Con cuidado con las esferas de cristal! No queremos que estallen otra vez…

—¿Otra vez? —preguntó Shizuki con una gota de sudor en la frente mientras dejaba su caja con una exagerada reverencia de triunfo—. ¡Misión cumplida, maestra Lyra! Ahora exijo mi recompensa: el conocimiento prohibido de lo que están haciendo aquí.

Lyra se acomodó el dobladillo de su vestido estelar y aclaró la garganta con dramatismo, haciendo que su voz se elevara en tono y presencia como una profecía recitada en medio de una ceremonia.

—Es hora de que Stella brille con más fuerza que nunca —declaró con solemnidad—. Estamos por enfrentarnos a la prueba más difícil desde que se fundó este emblema. Un emblema que, aunque pequeño, ha resistido y se ha levantado una y otra vez.

Los ojos de Lyra brillaban con intensidad mientras avanzaba un paso hacia el centro del laboratorio, con la mirada encendida por la determinación.

—Como su maestra, los he guiado hasta ahora, pero este conflicto nos empuja más allá del simple rol de estudiantes. Debemos recordar por qué estamos aquí, por qué luchamos. No se trata solo de estrellas o reputación… se trata de proteger lo que somos. Y lo que representamos. Por eso, ahora que estamos reunidos —dijo mirando especialmente a Silfy—, es momento de perfeccionar los detalles del Proyecto Estelar.

Shizuki la miró maravillada, casi aplaudiendo de la emoción.

—¡Eso sonó como un discurso de héroe! Me dieron ganas de invocar a los demonios para que vean esto.

—Gracias, Shizu. —Lyra sonrió con dulzura—. Pero aún nos falta una pieza clave para completar este rompecabezas cósmico. Necesito que me traigas un libro… uno muy especial.

—¿¡Un grimorio perdido entre las ruinas del abismo!? —exclamó Shizuki, ya haciendo una pose de hechicera dramática.

—No exactamente. —Lyra suspiró divertida—. Se llama “Memorias de la Oscuridad”. Está en mi despacho, en el segundo piso. Es un libro único, con la portada de cuero rojo oscuro y bordes dorados. Lo reconocerás fácilmente. Su energía es densa, pero no peligrosa. O eso espero.

—¿¡Oscuridad!? ¡Mi tema favorito! ¡Considérelo hecho, maestra líder de las estrellas! —declaró Shizuki poniéndose firme como si aceptara una misión sagrada.

—Solo… no leas en voz alta lo que hay dentro. Puede ser… inestable. —añadió Lyra con una sonrisa nerviosa y un guiño.

Shizuki salió disparada por la puerta antes de que alguien más pudiera decir algo.

—¡Lo traeré aunque me devoren los espectros de los estantes malditos! —gritó desde el pasillo.

Lyra soltó una pequeña risa y luego se giró hacia Noell, que ya había comenzado a organizar las piezas de su proyecto.

—¿Estás seguro de que no necesitas descansar? Tienes aspecto de no haber dormido en tres días.

—Lo estoy. Estoy… bien —murmuró Noell mientras ajustaba una pieza con sumo cuidado—. Tengo que terminar esto. Si no ahora… entonces, ¿cuándo?

Silfy lo miró de reojo desde el núcleo, su mirada más suave, preocupada.

Lyra los observó a ambos en silencio unos segundos y luego asintió.

—Muy bien. Entonces pongámonos a trabajar, estrellas. La batalla se acerca. Y el universo, esta vez, nos estará observando.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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