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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 134

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Capítulo 134: Capítulo 134: El Anillo de la Peste

Shizuki bajó corriendo por las escaleras del edificio con la velocidad y sigilo de una sombra juguetona. Sus botas golpeaban apenas el suelo, y en su mente se narraba a sí misma como si protagonizara una historia de espías.

—Agente Velmoria, en misión especial secreta número… ¿mil?, sí, suena bien. Entrando al despacho de la gran hechicera estelar, codename: Lyralia. —susurró dramatizando cada palabra mientras abría con delicadeza la puerta del despacho de la maestra.

Al entrar, lo hizo con pasos exageradamente lentos, como si esperara que una trampa mágica se activara en cualquier momento. Se asomó primero con un ojo, luego con todo el rostro, y finalmente su cuerpo entero entró al despacho.

El lugar estaba impecablemente ordenado. A simple vista parecía un despacho común, aunque demasiado… sobrio. Sin embargo, pronto sus ojos se posaron en lo que verdaderamente le llamó la atención: las paredes estaban repletas de cuadros enormes y detallados, todos representando figuras oscuras y simbólicas: héroes antiguos de expresiones trágicas, demonios encadenados entre llamas y abismos, y entidades sombrías envueltas en halos de penumbra.

Shizuki quedó fascinada.

—¡Uwaaah! ¡Esto es hermoso! ¡Tiene tan buen gusto! —dijo en voz baja, con las pupilas brillando de emoción—. Esta sí que es una verdadera colección abismal… ¡Aprobada por mí, la elegida del abismo!

Comenzó a girar lentamente sobre sí misma, contemplando cada pintura como si estuviera dentro de una galería sagrada, hasta que su mirada se posó sobre el escritorio.

Allí, reposando con naturalidad, había un libro abierto. El aire alrededor parecía un poco más denso, como si ese libro generara su propia atmósfera. Shizuki se acercó con un leve cosquilleo en el pecho, su intuición le gritaba que aquel libro era especial.

—Veamos si eres el libro maldito que la maestra Lyra me pidió… —murmuró, y con suavidad pasó sus dedos por la superficie de la página abierta, cerrándolo apenas un poco para mirar el título en la tapa. Allí, en letras oscuras grabadas con un relieve sutil, se leía: “Memorias de la Oscuridad”.

—¡Eeeeh! ¡Lo encontré tan rápido! Esta misión fue demasiado fácil para una experta como yo… —exclamó con una sonrisita orgullosa.

Pero justo cuando iba a cerrarlo por completo, algo llamó su atención: la página abierta tenía un estilo distinto, como si fueran notas de campo o un diario personal. La caligrafía era precisa, aunque extrañamente impersonal. Lo que la dejó en silencio fue el idioma: tras un par de frases comprensibles, el texto comenzaba a deformarse en símbolos antiguos.

—¿Eh…? Este idioma… —Shizuki entrecerró los ojos, recordando sus investigaciones sobre lenguas antiguas y maldiciones pérdidas—. Esto es… una especie de idioma antiguo, pero… ¿qué tan antiguo?.

Intentó concentrarse y leer más. Solo logró reconocer unas pocas palabras dispersas en medio del texto deformado: “Muerte”, “Hambre”, “Peste”, “Guerra”.

—Esto sí que es escalofriantemente interesante… ¡Como sacado de una profecía prohibida! —musitó mientras apretaba el libro contra su pecho, temblando de emoción.

Pasó las hojas con sumo cuidado, y ahí estaban: las ilustraciones. Aunque borrosas y en blanco y negro, cada una parecía irradiar una esencia propia. Como si la tinta misma recordara el poder que alguna vez representaron.

Bajo la palabra Muerte, había un brazalete oscuro con formas espirales que parecían absorber la luz. El nombre escrito debajo era: Draión.

Luego, en la sección de Hambre, un anillo delgado pero inquietante, casi como si tuviera mandíbulas en miniatura. El nombre: Gänger.

En Guerra, un arete de forma afilada, como una daga que cortaba el aire. El nombre: Tyfon.

Y por último, Peste. Esta imagen era distinta. Un anillo, pero no cualquiera. Shizuki lo reconoció al instante. Era un anillo negro con una forma que imitaba el suyo propio. Abrió los ojos con sorpresa al leer el nombre que lo acompañaba: Hailf.

—¿¡Qué…!? —su voz se quebró mientras miraba su propia mano. Allí, en su dedo, brillaba con sutilidad su fiel anillo negro, el mismo que le había sido entregado sin muchas explicaciones en el pasado.

Los recuerdos la golpearon como un susurro dentro de una caverna. La voz de Dravenel, ese caballero espectral que los había enfrentado en las ruinas, volvía a sonar en su mente:

“Nos volveremos a ver, portadora del ‘Hailf’…”

—¿Qué… significa esto? ¿¡Este anillo…!? —Shizuki retrocedió un paso con el libro en manos, apretándolo contra sí—. ¿¡Estoy ligada a la peste!? ¿¡Qué tipo de broma del destino es esta!?

Miró el anillo con ojos más abiertos que nunca, con una mezcla de miedo, intriga… y fascinación.

—Entonces… ¿soy una elegida de algo real? ¿De verdad tengo un propósito maldito…? —dijo con un leve sonrojo y una sonrisa emocionada—. ¡POR FIN!

Volvió a mirar la página. El estilo del texto, los nombres, las figuras. Todo encajaba con una pieza del rompecabezas que ni siquiera sabía que existía. Hailf… ¿Por qué ese nombre? ¿Y por qué Lyra quería este libro justo ahora?

Shizuki tragó saliva y cerró con cuidado el libro. Sus manos temblaban un poco, pero no por miedo. Sino por la emoción de saber que estaba entrando en un misterio más grande de lo que jamás imaginó.

—Debo contárselo a Kiro… no, no… aún no. Primero a Lyra. ¡Sí! Ella debe saber algo más sobre este anillo, seguro lo sabe, por eso me mandó a buscar el libro…

Se dio la vuelta con rapidez, ocultando su inquietud detrás de su típica pose dramática.

—¡Shizuki Velmoria, portadora del Hailf, ha cumplido con su misión! ¡Regreso al campo estelar para entregar el tomo maldito!

Y con un giro teatral, salió corriendo del despacho, libro en manos, con su mente revoloteando entre preguntas, imágenes oscuras y un nuevo peso invisible que ahora sabía, siempre había llevado consigo hace tiempo.

Cuando Shizuki salió del despacho de Lyra, aún aferrando el libro contra su pecho, se encontró de golpe con una escena inesperada: Kiro tambaleaba por el pasillo como un zombi sin alma. Shizuki apenas tuvo tiempo para reaccionar antes de que este tropezara hacia adelante.

—¡¿Eh?! ¡¿Kiro?! —exclamó mientras corría hacia él.

Con esfuerzo lo ayudó y llevó hasta su habitación, donde lo dejó en la cama, arropándolo como pudo. Sus pensamientos seguían ocupados con todo lo que acababa de descubrir. Cerró la puerta suavemente tras salir y entonces retomó su marcha, decidida a obtener respuestas.

Ahora, de vuelta al presente, Shizuki caminaba por los pasillos a paso ligero. Su chaqueta ondeaba suavemente con su movimiento, su mirada iba elevada, con un brillo renovado en los ojos. No solo era la autoproclamada elegida del abismo… ¡ahora parecía que lo era de verdad!

—“¡Por fin! ¡Una señal celestial del inframundo oscuro y tenebroso me ha elegido! ¡Todo lo que he dicho todos estos años era cierto!” —pensó eufórica, aguantando las ganas de dar saltitos de emoción—. “El destino me dio un propósito. Y no uno cualquiera… ¡Uno demoníaco!”

Cuando llegó al laboratorio, notó cómo las chispas y sonidos de energía zumbaban por la sala. En la parte más iluminada del lugar, Silfy y Noell trabajaban de forma frenética, manipulando cristales, cables y mecanismos con una sincronía impresionante. Silfy murmuraba fórmulas mientras tocaba el núcleo cósmico y Noell anotaba números entre cortocircuitos inofensivos y destellos intermitentes.

Shizuki pasó de largo sin interrumpirlos. Su paso fue directo hacia Lyra, que leía un viejo manuscrito con expresión concentrada. La bruma que rodeaba su figura brillaba con tonos lilas y azulados.

—¡Lyra-sama! —exclamó Shizuki con dramatismo, haciéndola girarse con sus ojos estrellados.

Lyra apenas alzó una ceja, divertida. Shizuki llegó frente a ella y, con la emoción rebasando su voz, le dijo:

—¡Kiro lo logró! ¡Convenció a Chris! ¡Lo juro por las lunas gemelas del abismo!

Lyra esbozó una sonrisa orgullosa.

—Así que Kirito fue capaz… sabía que si alguien podía llegar a ese chico, era él —comentó, bajando su vista al libro que Shizuki comenzaba a sacar desde debajo de su chaqueta.

Shizuki lo sostuvo como si presentara un trofeo oscuro.

—¡Y también he cumplido mi misión! —declaró con solemnidad teatral—. He traído el libro prohibido: “Memorias de la Oscuridad”.

—Gracias, Shizu —dijo Lyra, tomándolo con manos suaves y expertas. Lo observó con interés y luego preguntó sin levantar la mirada—: ¿Lo leíste?

Shizuki ensanchó su sonrisa.

—¡Por supuesto que sí! ¡Y me reveló mi destino! —dio un giro sobre sí misma y extendió el brazo con el anillo brillante al frente—. ¡Yo, Shizuki Velmoria, soy la elegida del abismo, de los demonios y… ahora también la portadora del Hailf, el anillo oscuro de la peste!

Mientras hablaba, realizó una secuencia de poses tan dramáticas como absurdamente encantadoras: un brazo sobre la frente, luego ambos alzados al cielo, una rodilla en el suelo, y finalmente señaló al horizonte invisible.

Lyra la observó con una mano sobre la boca, emocionada también… hasta que aplaudió, genuinamente complacida.

—Bien hecho, Shizu —dijo con dulzura—. En realidad, solo te pedí el libro porque tenía mis sospechas… ese anillo negro que siempre llevas, el Hailf… pensé que podía ser el verdadero. Pero tú me lo confirmaste ahora. Gracias.

Shizuki apretó un puño con energía y lo alzó al aire.

—¡Sabía que ese anillo no era una baratija de feria mágica! ¡Sabía que era el símbolo de un pacto oscuro trascendental con poderes sellados! —declaró eufórica.

—Y lo es —respondió Lyra con tono más serio, mientras colocaba el libro sobre una mesa y lo abría en la página marcada—. Por eso, siéntate. Hay cosas que debo contarte. Cosas que ni tú ni nadie ha escuchado desde hace siglos.

Shizuki se sentó en la silla más cercana, conteniendo el aliento como si comenzara un ritual secreto.

—¿Es una historia de dioses? ¿De portadores de anillos malditos? ¿Tal vez un antiguo demonio renacido que aún ronda la tierra buscando venganza…?

Lyra cerró los ojos por un momento, respiró hondo y luego comenzó a hablar con un tono más grave:

—No exactamente. Aunque… todo eso podría estar involucrado. Escucha, hace más de quinientos años, mucho antes de que tú o incluso el director estuvieran vivos, existieron cuatro artefactos que no fueron creados ni por humanos ni por dioses, sino por entidades nacidas del colapso entre los mundos.

—¿Colapso…? —murmuró Shizuki, completamente absorta.

—Sí —asintió Lyra—. Cuando los planos de la vida, la muerte y el espíritu se desalinearon por un momento, surgieron fragmentos de una energía que no pertenece a este mundo. Esa energía tomó forma. Cuatro fragmentos: Muerte, Guerra, Hambre y Peste.

Lyra pasó una mano por el libro y las imágenes de los artefactos se elevaron como hologramas en el aire.

—El anillo Hailf fue uno de ellos. Nadie sabe exactamente qué era su propósito. Solo sabemos que quienes portaron estos artefactos… cambiaron. Algunos fueron héroes, otros, monstruos.

Shizuki tragó saliva y miró su anillo con renovada intensidad.

—¿Entonces… ¿qué significa que yo lo tenga?

Lyra volvió a mirarla a los ojos con seriedad.

—Significa que estás conectada a algo muy antiguo. Y muy peligroso. Pero también significa que puedes aprovechar ese poder… si estás dispuesta a enfrentarte a todo lo que conlleva.

—¿Y tú crees que pueda… manejarlo?

—Creo que no hay mejor persona en este mundo para cargar un anillo maldito que alguien que ha buscado su lugar toda la vida. Alguien que nunca ha dejado de crear su historia… incluso cuando nadie más la escuchaba.

Shizuki se quedó en silencio. Por primera vez en mucho tiempo, no por timidez, sino por lo que esas palabras significaban para ella.

—Gracias… maestra, Lyra —dijo, con una sonrisa sincera, más contenida, más pura.

—De nada, pequeña estrella oscura. Ahora —dijo alzando el libro con decisión—, veamos qué secretos más oculta este texto. Porque si tu anillo ha despertado… es muy posible que los otros tres también lo hagan. Y eso… podría cambiar todo.

Shizuki asintió, más seria que nunca, dispuesta a enfrentar lo que viniera. Porque esta vez… su historia recién comenzaba.

Shizuki observaba en silencio cómo Lyra hojeaba el Memorias de la Oscuridad, los dedos delicados de la maestra recorrían con fluidez las líneas de un idioma que para cualquier otro sería un enigma. La joven no pudo contener su curiosidad y se acercó un poco más, inclinando la cabeza con intriga.

—Maestra, Lyra… ¿cómo es que puede leer eso? —preguntó Shizuki con los ojos muy abiertos—. Yo lo intenté con mis conocimientos antiguos y… apenas logré entender un par de palabras. “Peste”, “muerte”, cosas así…

Lyra levantó la vista del libro, su mirada estrellada se volvió un poco más suave al ver la expresión confundida de su alumna.

—Estudié lenguas antiguas hace mucho tiempo, cuando el mundo era aún más caótico —respondió con voz serena—. En ese entonces, muchas culturas usaban estos lenguajes perdidos, pero con el tiempo… sus pueblos fueron exterminados. Sus palabras olvidadas. Yo… solo he intentado mantener viva una parte de lo que fue.

Shizuki abrió la boca con asombro.

—¡Usted es genial, maestra! ¡Como una maga de cuentos antiguos! —exclamó con admiración sincera.

Lyra soltó una risita breve y tímida, claramente avergonzada por el elogio directo.

—Gracias, Shizu —respondió con dulzura, antes de retomar un tono más reflexivo—. Pero dime, ¿has notado algo inusual en tu anillo últimamente? Algo… que haya cambiado o reaccionado.

La expresión de Shizuki cambió. Llevó su mano al anillo negro en su dedo. Hailf. Lo había llevado tanto tiempo que ya era parte de ella, pero en las últimas semanas… sí había algo distinto. Cerró los ojos por un momento, tratando de recordar aquel día en las ruinas.

—Creo que sí… —murmuró—. No sé cómo explicarlo… cuando esa oscuridad apareció, sentí que algo dentro de mí respondía. No era miedo, era como… si el hielo dentro de mí se hiciera más fuerte. Más denso. Más oscuro. Mi energía… cambió un poco.

—Entonces… —dijo Lyra, observándola con atención—. El anillo respondió a ti. Tal como temía… o esperaba. Hailf pertenece a la Autoridad de la Peste. Es una de las cuatro energías del caos. Y la función principal de Hailf es… amplificar el poder negativo dentro del usuario.

—¿Amplificar el poder… negativo? —repitió Shizuki, sorprendida—. ¿Eso significa que puedo usar… mi energía oscura?

Lyra asintió con gravedad.

—Eso parece. O al menos, es la intención original del anillo. Hailf crea una reserva de energía totalmente independiente a la común. Una especie de “fuente secundaria” que solo responde cuando conectas con emociones profundas… especialmente con las que preferimos evitar, usando esto como fuente de la energía, se complementaria si usas la magia estelar que te enseño.

Shizuki bajó la mirada hacia el anillo en su mano. La piedra central parecía más opaca que antes, pero al mismo tiempo… palpitaba. Como si respondiera a su presencia. Un escalofrío le recorrió la espalda. ¿Esto de verdad había estado con ella desde hace tanto tiempo?

—No sé cómo exactamente, pero… —murmuró, con una pequeña sonrisa— tengo una idea de cómo empezar a usarlo.

Lyra entrecerró los ojos, evaluándola.

—Eso será útil. Pero ten cuidado, Shizu. El Hailf puede ser tu aliado o tu mayor enemigo. Dependerá de ti mantenerlo bajo control. Y si en algún momento sientes que pierdes el equilibrio… házmelo saber de inmediato. No quiero que corras ningún riesgo innecesario y créeme… si se trata de energía negativa lo mejor es ser precavidos.

Shizuki asintió, más seria que nunca.

—Lo prometo. Aunque soy la elegida del abismo, no quiero perderme dentro de él.

—Así me gusta —dijo Lyra con una sonrisa genuina.

Un silencio cómodo se instaló entre ambas. El zumbido de las máquinas y las voces tenues de Silfy y Noell se oían al fondo. Los dos jóvenes trabajaban en una mesa más lejana del laboratorio. Silfy sostenía un cristal flotante que parecía resonar con la energía del núcleo cósmico, mientras Noell programaba un complejo artefacto con cables, pantallas y símbolos. Las chispas eléctricas brillaban brevemente, seguidas por ajustes rápidos de herramientas diminutas que Noell dominaba como si fueran parte de él.

A pesar del agotamiento evidente en su rostro, Noell se mantenía enfocado, con una concentración casi obsesiva. Silfy, como si compartiera ese impulso, le pasaba los componentes sin hablar demasiado, sincronizados como un reloj.

—Parece que el proyecto ya ha comenzado —comentó Lyra en voz baja, más para sí misma que para Shizuki—. Este será el punto de inflexión. Si fallamos… no habrá regreso.

Shizuki la escuchó y desvió la mirada hacia los demás. Sentía algo moverse dentro de ella. No era el miedo, ni la inseguridad de antes. Era… responsabilidad.

Sabía que ya no era simplemente una alumna. Ni siquiera una chica que jugaba a ser heroína del abismo.

Ahora, la historia comenzaba a girar a su alrededor también.

El día terminó, lentamente. Los cristales del laboratorio titilaban con luz suave mientras el cielo afuera se oscurecía. Una nueva fase comenzaba para el emblema Stella. Y con ella… una nueva portadora de la oscuridad también se preparaba para despertar.

—Vamos, Hailf —susurró Shizuki, observando su anillo una vez más—. Si tú tienes secretos, te juro que los descubriré todos.

Y en ese momento, aunque nadie lo supiera… el anillo pareció brillar. Solo por un segundo. Pero suficiente para prometer que su historia apenas estaba comenzando.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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