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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 135

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Capítulo 135: Capítulo 135: También recuerdo 1/2

La mañana aún estaba pálida cuando Shizuki Velmoria se despertó con un solo objetivo en mente: dominar el poder de su anillo, el Hailf. Se sentó en su cama con los ojos brillando de emoción y extendió su mano derecha frente a ella, la misma en la que reposaba el misterioso anillo negro.

—¡Ahora sí! Hora de liberar el abismo oculto… ¡Hailf: Espiral de la peste helada! —gritó con determinación mientras su otra mano gesticulaba una pose dramática.

Silencio.

Shizuki suspiró, se acomodó el flequillo con aire frustrado y volvió a intentarlo.

—¡Llamado infernal de las siete lunas, despierta el poder sellado! ¡Modo abismo, fase uno!

Nada.

—¡Gran escarcha negra del lamento eterno!

Tampoco.

—¡Por el pacto de los demonios silenciosos del oeste de la cuarta luna roja, concedeme tu poder, oh anillo…! —pausó, pensativa—. Esto suena genial, pero no se siente épico…

Suspirando una vez más, Shizuki se dejó caer de espaldas sobre la cama y miró su anillo. El brillo opaco de Hailf no daba señales de reaccionar. Sus dedos jugaron con él con cierta decepción mientras decía para sí misma:

—Nada… nada de nada… ¿Cómo se supone que lo despierte? Si soy la elegida del abismo, los demonios y la ¿peste?, ¿por qué no se activa cuando lo invoco?

Molesta, se levantó de golpe y caminó hasta la ventana. La abrió, dejando entrar el aire fresco de la mañana, y se apoyó sobre el marco, dejando que el viento jugara con sus mechones morados. Desde allí observó el paisaje habitual de Farhaim, los senderos, los árboles y el cielo. Todo tan normal.

—¿Qué fue lo que pasó en esas ruinas…? —susurró, casi sin darse cuenta.

El brillo de su usual teatralidad había disminuido. En su lugar, había un tono más introspectivo, real. Se sujetó el brazo con la mano izquierda y bajó la mirada hacia su anillo otra vez. Recordó aquel día en las ruinas, cuando escaparon con Noell, cuando el caos se desató y el mundo pareció partirse en dos. Cuando todo se volvió blanco.

—Yo… yo sí lo recuerdo. Recuerdo esa niebla blanca, el mundo invertido. Recuerdo el calor helado en mis manos y el dolor en mi cuerpo. Y recuerdo lo que sentí: miedo… y ese poder. —Su voz se volvió apenas audible—. Fue como si algo se desatara dentro de mí… como si el hielo dejara de obedecerme y me tomara por completo. Hielo oscuro, con vida propia. Y en ese instante… me sentí tan fuerte. Cuando pelee con esa cabellera oscura…

Llevó la mano al corazón.

—¿Qué fue exactamente ese momento? ¿Por qué Kiro y Xia no recuerdan nada? O… ¿realmente no quieren recordarlo?

Su mirada se tornó más intensa.

—Kiro… tú estuviste allí, en el final de todo. Tal vez no lo digas, pero algo te cambió. Te volviste más serio, más fuerte, incluso antes de que empezaras a brillar tanto. —Sus ojos verdes buscaron respuesta en el cielo claro—. Desde ese día algo se rompió… y algo despertó, pero… ¿Qué fue exactamente?

Se giró con decisión y tomó su chaqueta. El anillo brilló apenas, como si respondiera a su convicción. Apretó el puño.

—Muy bien. No puedo avanzar sola. Esta vez, lo aceptaré… Necesito ayuda. Kiro debe saber algo más. ¡Él estuvo allí!, debo saber si pasó algo al final.

Salió de su habitación con paso veloz, sin anunciarse ni detenerse por nada ni nadie. La determinación se le notaba incluso en su andar torpe y ligeramente errático. Bajó las escaleras de dos en dos, y mientras recorría el pasillo principal hacia el otro extremo en dirección a la habitación de Kiro, se decía:

—Este anillo no es cualquier cosa. Lyra lo sabía… y ahora yo también. Es un artefacto de otro tiempo, de otro mundo. Pero no tengo miedo. No importa si es el anillo de la peste o de los sueños rotos. Si soy su portadora, entonces… lo dominaré.

Apretó los labios.

—Pero antes… tengo que recordar lo que ocurrió. Y solo tú, Kiro, puedes ayudarme a hacerlo. Se que algo te paso, lo note al instante que regresamos, si me lo explicas quizás domine este anillo.

Su corazón latía con fuerza, no solo por la emoción, sino por la ansiedad de enfrentar verdades olvidadas.

—Porque… —susurró— si de verdad soy la elegida del Hailf… entonces también necesito saber lo que eso significa.

Con esas palabras, tocó la puerta de Kiro.

—¡Kiro! ¿Estás despierto? Soy yo, la futura reina del abismo… ¡y tengo preguntas urgentes! —dijo, mezclando su tono habitual de drama con una extraña sinceridad que no solía mostrar.

Esperó, más seria de lo que aparentaba. Sabía que este sería un paso clave para desatar el poder que dormía en su interior. Y también… para entender su lugar en la historia que apenas comenzaba.

El pasillo estaba silencioso cuando la voz ronca y adormilada de Kiro rompió la calma.

—Dame un segundo… —dijo con esfuerzo.

Shizuki, que seguía frente a la puerta, escuchó cómo algo se caía dentro. El sonido seco de un cuerpo contra el suelo, seguido de un quejido y el ruido de cosas moviéndose torpemente. Frunció el ceño, preocupada, justo cuando la puerta se abrió lentamente.

Kiro se mostró frente a ella. Tenía el cabello algo revuelto y su cuerpo estaba cubierto de vendas. Una en especial le cruzaba el torso bajo la ropa, y otra envolvía su mejilla izquierda. Pero lo que llamó la atención de Shizuki fue esa sutil energía de color verde que parecía emanar de su cuerpo, como un leve resplandor que flotaba a su alrededor, casi como un eco curativo que lo mantenía en pie.

—Ah, eres tú, Shizu —dijo con una sonrisa cansada—. ¿Pasó algo?

Shizuki no respondió al instante. Estaba fijamente observando ese resplandor. Se sintió como si lo hubiera atrapado haciendo algo prohibido. Parpadeó rápido y desvió la mirada, con las mejillas ligeramente coloradas.

—¡Eh? N-no, bueno… sí. Solo… quería hablar contigo un momento —murmuró con voz baja, insegura—. Si no te molesto…

—Para nada. En realidad, también quería hablar contigo. Ven, pasa —respondió Kiro con esa amabilidad desarmante que lo caracterizaba.

Shizuki entró a la habitación. Notó que, aunque era más ordenada que la de Noell, tenía un aire de cansancio acumulado. La mochila seguía tirada a un lado, y la cama tenía sábanas arrugadas y aún con rastros del polvo del viaje.

Kiro acercó una silla de madera desde la esquina del cuarto hasta el centro para Shizuki y se sentó sobre la cama con cierta dificultad, conteniendo un quejido al flexionar los músculos vendados.

—Me desperté temprano —empezó—. Pensaba en cómo hacer para que todos se unan un poco más. Convencí a Chris, sí, pero… ¿y Noell? No sé si esté bien para luchar, apenas se deja ver… Y Silfy… —suspiró—. Me preocupa su condición. No sé qué tan capaz esté de pelear ahora. La verdad… después de lo de Mercy, no tengo idea de qué más hacer.

Shizuki se acomodó con calma en la silla. Lo miró con atención, y por un momento sonrió.

—No te preocupes por eso —dijo con una voz más segura, aclarando dramáticamente su garganta—. ¡Ya estoy trabajando en eso! Yo, Shizuki Velmoria, he tomado las riendas del destino del emblema Stella. ¡Y todo está avanzando con éxito! —dijo haciendo una pose con las manos levantadas al cielo, como invocando una estrella invisible.

Kiro soltó una pequeña risa.

—Con que la elegida del abismo haciendo de las suyas, ¿eh?

—¡Siempre lo he sido! Pero ahora lo soy en serio. —Su tono se suavizó—. Están trabajando juntos en algo especial para la batalla. Silfy y Noell… incluso Lyra está metida en eso. Yo estoy ayudando como puedo.

Kiro asintió, aliviado.

—Eso me alegra mucho… de verdad, espero que estemos bien para este jueves.

Shizuki bajó ligeramente la mirada. Su tono cambió, ahora más honesto, más tímido.

—Pero… en realidad… vine a verte por otra cosa.

Sus dedos comenzaron a juguetear con el anillo negro en su dedo. El Hailf. Por primera vez en mucho tiempo, no parecía la excéntrica elegida de las estrellas. Parecía simplemente una chica con una duda que la había estado carcomiendo en silencio.

—Kiro… —dijo, levantando la mirada hacia él con una expresión más seria de lo habitual—. Hay algo que he querido preguntarte desde hace tiempo.

Kiro se enderezó ligeramente. Notó que ella lo miraba con intensidad, con un tono en la voz que rara vez usaba.

—¿Tú… recuerdas bien lo que pasó en nuestra primera misión?

El cuarto pareció enfriarse.

—Digo… lo de las ruinas, el mundo blanco… invertido… la oscuridad que nos rodeó. Todo eso.

Kiro no dijo nada.

—Yo lo recuerdo claramente —continuó Shizuki, ahora en voz baja—. Cómo salimos corriendo, cómo el mundo cambió… cómo hubo un momento en el que todo parecía… romperse. Lo vi, Kiro. Vi lo que pasó. Pero los demás no parecen recordarlo. Y tú…

Shizuki bajó la cabeza.

—Tú tampoco dijiste nada. Así que pensé… tal vez lo olvidaste también. Pero… tenía que preguntarlo. Tenía que asegurarme.

Kiro no se movía. No respondía. Pero Shizuki lo miró de reojo y notó cómo su expresión había cambiado. Estaba completamente inmóvil. Sus ojos abiertos, fijos. Su rostro, endurecido por el asombro. O por el miedo.

Ella retrocedió un poco, incómoda por su silencio.

—No importa… perdón por molestar tan temprano —susurró con voz baja, mordiéndose el labio mientras comenzaba a levantarse de la silla.

El aire en la habitación se volvió más denso.

Algo, sin duda, se había removido en lo profundo de la memoria de Kiro.

Y Shizuki… lo sabía.

Pero entonces…

Kiro comenzó a reír. Primero fue un sonido bajo, como si algo se le hubiera soltado dentro del pecho, pero poco a poco se fue intensificando hasta convertirse en una risa honesta, nerviosa y liberadora. No tenía rastro de burla ni locura, sino de alivio. De esos que se dan después de mucho tiempo escondiendo un secreto demasiado pesado.

Shizuki parpadeó desconcertada. Su cuerpo aún estaba en tensión, a medio levantarse de la silla, sin saber si Kiro se estaba burlando de ella o si acababa de cruzar sin querer una línea delicada.

—¿K-Kiro…? —preguntó en voz baja.

Kiro se inclinó un poco hacia adelante, con los codos sobre sus rodillas y la mirada bajada. Sus labios seguían curvados en una sonrisa temblorosa.

—Qué alivio… —murmuró—. Qué alivio que alguien más lo recuerde… Que no estaba solo.

Luego alzó la mirada hacia ella, y aunque sonreía, sus ojos mostraban algo más profundo. Una sombra de temor que aún seguía presente.

—Qué miedo pasamos, ¿no? Qué miedo… tuve.

Shizuki lo observó en silencio, sorprendida por lo humano que se veía en ese momento. Sin máscaras, sin excusas.

—¿Entonces sí…? —susurró.

Kiro asintió despacio.

—Lo recuerdo todo. Perfectamente. Recuerdas a Dravenel… ¿no?

—¡¿Dravenel?! —Shizuki se sobresaltó. Volvió a sentarse de golpe, sus ojos verdes vibrando de emoción—. ¡Sí! ¡Claro que sí! ¡Dravenel! Ese nombre no lo escuchaba desde… bueno, desde que lo escuché por primera vez, ¡pero creí que lo había inventado! —rió nerviosa—. ¡Qué bien que tú también lo recuerdas! Pensé que me estaba volviendo loca, según Noell y Xia… nada de eso pasó. De hecho contaban una historia diferente.

Kiro asintió, esta vez con una expresión más serena.

—Yo sentí lo mismo. Esa frustración de ver algo que nadie más parece recordar… Pero tú también estuviste ahí y lo recuerdas. Eso me alivia mucho.

Shizuki bajó la mirada hacia su anillo por un momento, procesando todo. Luego volvió a levantar los ojos con seriedad.

—Pero… ¿por qué ocurrió eso? ¿Por qué nadie más lo recuerda?

—No lo sé del todo —respondió Kiro, su tono ensombreciéndose levemente—. Pero sí sé qué fue Dravenel con algún truco, aunque… después de que ustedes escaparon.

Shizuki se quedó muy quieta. Sus dedos tensos sobre sus piernas.

—¿Qué pasó, Kiro? ¿Qué fue lo que hizo?

Kiro tragó saliva. Su mirada se endureció, y sus manos inconscientemente se cerraron en puños sobre su pantalón.

—Perdimos —dijo con un tono seco—. No pudimos hacerle frente. Xia y yo… fuimos derrotados. Fácilmente.

El aire se volvió más denso, como si el recuerdo de aquel momento todavía lo aplastara.

—Pero… no nos mató. No.

Shizuki frunció el ceño.

—¿Entonces?

Kiro se llevó la mano izquierda al rostro, con los dedos rozando su ojo izquierdo. Su voz se volvió más lenta, más pesada.

—Nos dejó vivir con una condición.

Shizuki se inclinó un poco hacia él.

—¿Qué condición?

Kiro bajó la mano lentamente. Luego, con un gesto tranquilo, señaló su ojo izquierdo.

—Que lo dejara… estar aquí. Dentro de mí.

Shizuki se quedó congelada. Su cuerpo entero se tensó. Lo observó con los ojos muy abiertos, como si tratara de confirmar por sí misma que no era una broma. Su mirada se fijó en su ojo izquierdo, como si esperara ver allí una sombra, una grieta, un secreto ardiendo desde adentro.

—Entonces… —susurró con asombro—… ¿Dravenel está dentro de ti?

Kiro asintió, aunque parecía resignado.

—No puede hacer nada, en realidad. No puede tomar control, ni poseerme. Solo puede observar. Escuchar. Y hablarme… como lo hace ahora. Puede oírte a ti también, por cierto.

Shizuki abrió la boca como para decir algo, pero la cerró de golpe. El asombro se transformó en algo más… en una especie de emoción contenida, y de pronto se inclinó hacia adelante y le tomó el hombro con fuerza.

—¡¿En serio?! ¡¿Lo dices en serio?! ¡Eso es lo mejor del mundo!

Kiro parpadeó, sorprendido por su repentino entusiasmo.

—¿Eh?

—¡Ahora somos compañeros del abismo! ¡Yo tengo el anillo Hailf, el anillo oscuro de la peste, y tú tienes a Dravenel dentro de ti! ¡Esto es increíble! —dijo saltando de la silla con una pose heroico-demoníaca, alzando un puño hacia el cielo— ¡Somos el dúo maldito más genial de la historia! ¡Luchamos en el abismo, contra el abismo, por el abismo! ¡Los heraldos de la oscuridad que no se rinden jamás!

Kiro la observaba con los ojos bien abiertos, primero confundido… y luego riendo. Su risa fue más ligera esta vez, liberadora de una forma distinta. Por primera vez desde aquella noche, se sintió bien de verdad al hablar de ello.

—Shizu… me alegra habértelo contado. Sabía que tú lo entenderías. Eres… la única a la que podía decirle esto sin que se asustara o me mirara raro.

—¡Obvio! ¡No hay nada mejor que tener un ente oscuro legendario en tu cuerpo! —respondió ella con orgullo, inflando el pecho.

Kiro sonrió y se levantó con esfuerzo, aún con algunas molestias en las piernas, pero con renovado ánimo. Se puso junto a Shizuki y miró por la ventana abierta. La luz del sol aún no era fuerte, pero suficiente para reflejar el leve brillo en su ojo izquierdo… y el tenue resplandor oscuro en el anillo de ella.

Por primera vez, Kiro miró al cielo sin miedo. Dentro de sí, escuchó a Dravenel hablarle con una voz mucho más… respetuosa.

“Ella es un espíritu peculiar… pero no te equivoques. Esa niña lleva una oscuridad poderosa en sus manos. Úsala bien.”

Kiro asintió para sí mismo.

—Shizu… —la miró de reojo—, ¿qué fue eso de que tú tienes el Hailf? ¿Qué es eso?

Shizuki sonrió como si hubiera estado esperando esa pregunta toda la mañana. Su rostro se iluminó con una emoción brillante y traviesa.

—Oh, Kirito… es hora de mostrarte mi nuevo y espectacular poder maldito.

Kiro abrió la boca, pero no alcanzó a decir nada. El aire a su alrededor pareció cambiar de golpe, y Shizuki se preparó como si estuviera a punto de iniciar una presentación mística.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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