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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 136

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Capítulo 136: Capítulo 136: También recuerdo 2/2

—Mi anillo… —comenzó Shizuki con un aire teatral mientras levantaba la mano derecha frente a Kiro—. ¡Este no es cualquier anillo común! ¡Se llama Hailf, el Anillo de la Peste, el artefacto ancestral capaz de manipular la energía negativa sin límite, la herencia oscura de las sombras! ¡Con esto puedo invocar el poder oculto en mi alma y dejar que el hielo de la oscuridad me cubra por completo!

Mientras hablaba, realizaba poses exageradas, girando lentamente sobre sí misma, con los ojos brillantes de emoción y su voz resonando con eco… o eso creía. Kiro no pudo evitar soltar una risa.

—¿De verdad? —le preguntó entre risas—. Por un segundo pensé que hablabas en serio, Shizuki.

Ella frunció el ceño con fuerza, inflando las mejillas como si fuera una burbuja por explotar.

—¡No te rías! ¡No estoy jugando! —gruñó mientras alzaba de nuevo el brazo—. ¡Te lo advertí! ¡Ahora verás el poder verdadero de la elegida del abismo! ¡La gran Shizuki Velmoria invocará la escarcha que congelará hasta los corazones más oscuros!

Kiro puso los ojos en blanco, aún sonriendo con ternura ante la teatralidad de su compañera. Pero entonces, su sonrisa se esfumó.

Del anillo comenzó a surgir una tenue niebla negra mezclada con partículas gélidas, pequeñas motas de hielo que se arremolinaban alrededor de Shizuki. Un pulso de energía se sintió en toda la habitación, y los ojos de Kiro se abrieron por la sorpresa.

—¿Eh? —musitó Shizuki, bajando lentamente la mano y observando cómo esa energía se intensificaba—. ¿Q-qué…?

De pronto, como si un sello invisible hubiera sido roto, una explosión de escarcha negra envolvió el cuarto, lanzando a ambos hacia atrás. La ventana se abrió de golpe por la presión del estallido, dejando salir una nube blanca que flotó hasta el cielo como si una tormenta se hubiese desatado desde dentro.

—¡Cof! ¡Cof! ¡¿Qué fue eso?! —gritó Kiro, sacudiéndose la nieve del cabello y la chaqueta, con los dientes castañeteando por el frío—. ¡¿Tu anillo puede hacer eso?! ¡Mi cama… mi ropa… todo!

—… ¡Lo hice! ¡Lo hice, lo hice, lo hice! —exclamó Shizuki eufórica mientras abrazaba su mano derecha, observando con adoración el anillo negro que aún emitía una energía residual—. Ya lo entiendo. Este poder…

Pero su emoción fue rápidamente reemplazada por la culpa al ver la habitación de Kiro completamente congelada, desde el techo hasta el suelo. El escritorio tenía carámbanos, la almohada estaba cubierta de escarcha, y el pobre armario estaba sellado por una fina capa de hielo.

—Lo siento… —susurró Shizuki, bajando la cabeza—. Creo que me pasé un poco… solo un poco…

Kiro suspiró mientras sacaba un calcetín congelado del suelo.

—¿”Un poco”? Voy a tener que dormir con tres capas de mantas esta noche…

En ese momento, una voz resonó en la cabeza de Kiro. Era Dravenel, cuya voz, aunque normalmente grave y fría, sonaba sorprendida.

—Así que es cierto… El Hailf… ¿Cómo pudo terminar en manos de esa chica?

Kiro, desconcertado, pensó:

—¿Qué sabes de ese anillo?

—Hailf es uno de los cuatro artefactos de las eminencias —respondió Dravenel con solemnidad—. Cada uno contiene una manifestación pura de la energía negativa original. El Hailf es el de la peste… y permite usar una reserva alterna de energía sin que esta corrompa el espíritu del portador. Es un objeto prohibido… creado para la guerra.

—Entonces… ¿Es verdad que Shizuki tiene en sus manos algo así de poderoso? —preguntó Kiro, atónito.

—Lo que hizo fue apenas una fracción —dijo Dravenel—. Si aprende a usarlo, podría convertir su energía de hielo en su versión negativa sin riesgo alguno. Pero también… es algo que puede consumirla si no tiene cuidado.

Mientras procesaba esa información, Kiro miró a Shizuki, que aún limpiaba con torpeza unos copos de escarcha de la cama.

—Oye… Shizuki —dijo con una voz algo más seria.

Ella lo miró de reojo con un puchero todavía en los labios.

—¿Sí?

—Tu anillo… es increíble. De verdad. Tienes algo muy especial —le dijo sinceramente.

Shizuki sonrió de inmediato, con los ojos brillando.

—¡Lo sabía! ¡Te dije que era real! ¡Yo soy la verdadera heredera del Hailf!

—Sí, sí, pero ahora ayúdame a limpiar… por favor.

Shizuki suspiró dramáticamente.

—La elegida del abismo también debe afrontar sus consecuencias… ¡Muy bien, limpiaré esta nevada que acabo de invocar!

Ambos comenzaron a limpiar entre bromas, risas y algo de caos.

Pero entre todo, algo quedaba claro: el emblema Stella no solo había encontrado nuevas armas… también había encontrado una conexión más profunda entre sus miembros. La oscuridad, ahora, también era parte del equipo.

Habían limpiado lo mejor que pudieron, pero la humedad seguía impregnando cada rincón de la habitación. Pequeños charcos de agua helada brillaban por el suelo de madera, y la brisa cálida del verano comenzaba a entrar por la ventana abierta, ayudando a secar lentamente la escarcha que había quedado tras la explosión de energía de Shizuki. Ambos estaban empapados, los cabellos pegados al rostro y las ropas arrugadas, pero reían suavemente mientras intentaban secar las cosas con trozos de tela y pañuelos de emergencia.

—Bueno… —suspiró Kiro, dejándose caer sentado en su cama aún húmeda—. Al menos ya no parece un iglú…

—¡Era una nevada gloriosa! —protestó Shizuki con orgullo infantil, aunque luego bajó un poco el tono—. Bueno… un poquito accidentada, pero gloriosa.

Kiro se acomodó con cuidado, apoyando los codos sobre las rodillas, claramente agotado. Soltó un pequeño suspiro y se tocó la frente con el dorso de la mano. Shizuki lo observó un instante, su mirada se detuvo en esa suave pero persistente aura verde que brotaba tenuemente de su espalda, apenas visible como un reflejo flotante de bruma.

—Oye… —le dijo curiosa, ladeando la cabeza—. Esa aura… la noté desde que entré. ¿Qué es eso? ¿Acaso estás usando algo?

Kiro la miró de reojo, algo sorprendido.

—¿De verdad se nota tanto? —comentó con una pequeña sonrisa—. Es mi spirit… no es muy fuerte, pero como es de tipo curador puedo usarlo para aliviar el dolor físico. No es que me sane por completo, pero… me permite moverme un poco mejor.

—¿Estás curándote todo el tiempo solo para poder estar de pie…? —preguntó ella, con una mezcla de preocupación y asombro.

Kiro desvió la mirada por un instante, sin responder directamente.

—Digamos que es parte de mi entrenamiento. Cada vez que lo uso, lo siento más cerca… y más fuerte. Si consigo hacer que se estabilice, podré sacar mucho más provecho de su energía.

—Pero… ¿por qué estás tan herido? —insistió ella, bajando un poco la voz, ahora más seria.

—No lo sé. —Kiro sonrió sin fuerza, y pasó una mano por su nuca—. Supongo que quiero dejar de ser una carga. No quiero quedarme atrás… No cuando todos están dando lo mejor de sí. Silfy, Noell, tú… todos. Quiero… poder proteger a los demás de verdad.

Shizuki se quedó en silencio por unos segundos, bajó la mirada hacia su anillo negro y apretó el puño con fuerza.

—Entonces es mi turno —dijo de repente, con una seriedad que pocas veces se le escuchaba.

Kiro levantó la vista hacia ella. Shizuki ya se había puesto de pie y se colocaba frente a él con determinación.

—¿Shizuki?

—Si vas a luchar con todo… entonces yo también. No quiero quedarme atrás tampoco. —Se llevó una mano al pecho, el anillo brillando tenuemente en su dedo—. Hoy es el día en que me pondré a prueba… para ti, para el emblema… y para mí misma.

Kiro parpadeó un par de veces, curioso. No dijo nada. Sabía que Shizuki estaba a punto de intentar algo importante.

Shizuki exhaló, colocó una pierna hacia atrás, bajó ligeramente su centro de gravedad y extendió la mano derecha hacia el frente, como si estuviera preparando una invocación solemne. El anillo negro empezó a emanar un halo oscuro como humo denso, que poco a poco fue mezclándose con motas brillantes, como estrellas diminutas.

“Emociones… sentimientos… eso es lo que alimenta a este anillo. Las buenas, las malas, todo es energía. Cuando usé este poder por accidente, estaba emocionada, asustada… fuera de control. Esta vez, no. Esta vez debo mantener la calma. Controlar. Comprender. Sentir… y liberar. Es lo que necesito para ambos”

Sus ojos verdes brillaron como dos faros etéreos bajo la luz estelar que comenzaba a envolverla.

—Hailf… —susurró—. Concédeme el paso… hacia el abismo de las estrellas.

Una llama azul oscura con reflejos cósmicos comenzó a arder en su mano, vibrando suavemente como una antorcha de otro mundo. El ambiente se volvió más denso, pero cálido. El anillo no vibraba con violencia esta vez, sino con una sinfonía pausada. Y entonces, con un gesto firme, Shizuki alzó la mano hacia Kiro.

—Bendición estelar. —dijo con voz clara, fuerte y tranquila.

Una esfera de fuego azul, con remolinos de polvo estelar y sombras gélidas, comenzó a formarse. Flotaba suavemente como una luciérnaga, moviéndose hacia Kiro con lentitud. Él retrocedió un poco, levantando la mano en un intento instintivo de cubrirse.

—¡Espera! ¿No va a explotar de nuevo, verdad?

Pero la esfera lo tocó… y no hubo explosión. Se deshizo sobre él como un abrazo de neblina luminosa. Su cuerpo se estremeció, pero no por daño… sino por alivio. Sintió cómo su propio spirit se reactivaba de forma más intensa, como si la energía de Shizuki hubiera desbloqueado un canal oculto en su interior. La presión de sus músculos disminuyó, el dolor se alivió casi por completo y logró respirar profundamente sin que le doliera.

—¿Qué fue eso…? —susurró Kiro, asombrado. Se miró las manos: estaban bañadas en una luz azul suave, y su cuerpo se sentía más ligero—. Mi spirit… ¡está funcionando mucho mejor! ¡Es como si lo hubiera despertado un poco más!

Shizuki, sin responder aún, mantenía la mano en alto, temblando ligeramente. Su rostro reflejaba una mezcla de sorpresa y alegría absoluta. Bajó lentamente la mano y soltó el aire retenido.

—Lo hice… —susurró con los ojos brillantes—. ¡¡Lo hice!!

—¡Shizuki! —Kiro sonrió con todo el rostro—. ¡Eso fue increíble! ¡De verdad lograste dominarlo!

Ella asintió lentamente, sin poder hablar por la emoción. Por primera vez, usar la magia estelar no fue un desastre. No fue una broma, ni una fantasía en su mente… fue real. Y útil. Y poderosa.

—Gracias… por confiar en mí —dijo, apenas en un hilo de voz, mientras se secaba una lágrima con disimulo.

Kiro se incorporó, con un nuevo brillo en la mirada.

—Me alegro tanto por ti… ¡y por nosotros! Con ese poder, y tu mente única, vamos a hacer algo increíble en la batalla.

—¡Obvio que sí! —respondió con renovado entusiasmo—. ¡Seremos los abismos de las estrellas! ¡Los héroes de lo imposible! ¡La nieve negra que cubre el corazón del mal!

—¿Ahora que haremos? compañera del abismo.

Ambos rieron.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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