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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 138

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Capítulo 138: Capítulo 138: Stella en Marcha 1/2

El amanecer trajo consigo un aire distinto a la Academia Farhaim. Desde temprano, las puertas de los pabellones se abrieron y los alumnos comenzaron a salir con una energía desbordante. No era un día común. Era el Día del Duelo de Emblemas.

El estadio principal, situado en el corazón de la Academia, estaba decorado con estandartes resplandecientes de ambos emblemas: el azul profundo con detalles dorados de Inclementer, imponente y majestuoso; y el violeta estrellado de Stella, menos vistoso, pero con un brillo particular cuando la luz lo rozaba.

Todo el entorno se había transformado en un verdadero festival. A lo largo del estadio y sus caminos colindantes, decenas de tiendas improvisadas ofrecían desde comida rápida —como takoyakis que soltaban chispas al morderlos o helados— hasta mercancía de los emblemas: bandanas, pins, gorros, muñecos de peluche con forma chibi de algunos miembros conocidos e incluso pósters autografiados, aunque únicamente había del emblema Inclementer.

Un grupo de chicas de primer año se empujaban entre risas en la fila de una tienda de pines:

—¡Dame uno de Dante! —gritaba una con mejillas enrojecidas—. ¡Es el caballero perfecto!

—¿Yoru es más fuerte! —dijo otra—. ¡¿No viste cómo derrotó a cuatro en el entrenamiento de la semana pasada?!

—Es que ustedes solo se fijan en lo lindo que son —intervino una tercera—. A mí me gusta Seraphine. Esa sí que tiene clase y un aura de reina.

—¡Y es de Inclementer! Eso basta —dijeron al unísono, entre risas.

En otro lado, tres chicos debatían acaloradamente:

—Stella no tiene nada que hacer. Apenas y tienen integrantes, y ni siquiera han ganado duelos públicos este año —comentó uno con una camiseta blanca con el escudo de Inclementer.

—Sí, y su emblema perdió un montón de estrellas en los últimos registros. Deberían disolverlos ya.

—Bah, ¿y qué tal si se guardaron todo para este combate? Digo, Kaede Minatsuki es una leyenda y parece estar a favor de Stella, según los rumores —añadió uno en voz más baja.

—No es suficiente. Kaede es buena, pero si está a favor de Stella, algo debe estar mal. Además, ¡Dante es un prodigio! El heredero de los Virellan, ¿te imaginas que pierda?

En medio del mar de voces a favor de Inclementer, había quienes no compartían tanto entusiasmo. Cerca del estanque central, bajo el cobijo de un cerezo que aún no florecía del todo, unos estudiantes de tercer año murmuraban con recelo.

—Toda esta parafernalia me huele a montaje —dijo uno, cruzado de brazos, mientras observaba cómo vendían espadas de juguete con la forma de la de Dante.

—Claro. Lo de siempre. Inclementer gana, todos aplauden y después misteriosamente desaparecen informes de sus actos… ya me lo sé.

—Esos tipos son unos carroñeros —gruñó una chica de pelo castaño oscuro—. Solo saben inflar su reputación. Todos sus combates “públicos” están armados. Y cuando uno de ellos se equivoca… mágicamente no pasa nada.

—Igual si lo dices en voz alta te meten un reporte, o peor… —agregó otro.

—Por eso callan los demás. Por eso nadie apoya a Stella. No es que no tengan talento, es que los de arriba ya eligieron a sus ganadores —dijo otro chico, con voz amarga.

—Igual… no me molestaría que hoy perdieran.

El ambiente general era vibrante, pero si uno escuchaba con atención más allá de los vítores y risas, podía oír el rumor subterráneo de las dudas, el descontento y la injusticia.

Los profesores y supervisores caminaban por los pasillos, controlando el orden y evitando que los alumnos se pasaran de entusiastas. Algunos, como Ivan Taskea, tenían una ceja alzada al ver la avalancha de camisetas de Inclementer.

—Parece más una elección que un duelo —murmuró, apenas audible, mientras pasaba al lado de un puesto que vendía coronas de flores con los colores de los Virellan.

A medida que pasaban los minutos, las gradas del estadio comenzaban a llenarse. Desde los sectores bajos, donde estaban los alumnos de primer año, hasta las alturas reservadas para autoridades, instructores y miembros de los consejos estudiantiles.

Se escuchaban aplausos, fanfarrias y hasta una banda estudiantil que interpretaba melodías con instrumentos de Alfhaim.

Faltaba poco más de una hora.

El rugido del público se sentía más fuerte con cada minuto, como un trueno a punto de romper. Un trueno que no todos querían oír… pero que se avecinaba con fuerza. Porque aunque el mundo vitoreara a Inclementer, había algunos corazones silenciosos que todavía esperaban… que una estrella solitaria iluminara el cielo.

Y la batalla aún no comenzaba.

Dentro de la sede Stella, el ambiente del laboratorio vibraba con una tensión distinta: no era estrés ni ansiedad, sino una emoción contenida, como si el destino mismo estuviera a punto de activarse.

El aire estaba impregnado del olor metálico de los componentes y una suave brisa que provenía del núcleo en reposo. Sobre las paredes colgaban planos, esquemas y cristales energéticos que parpadeaban al ritmo de las conexiones. El laboratorio parecía más una extensión del cosmos que una sala dentro de una academia.

Cerca del centro, Lyra Nightshade observaba todo con atención, su mirada estrellada reflejando el brillo del núcleo principal. A su lado estaban Shizuki Velmoria, cruzada de brazos con expresión solemne pero los ojos brillando de emoción, y Silfy, de pie con la espalda un poco encorvada, sosteniendo una pequeña libreta donde había anotado los últimos cálculos hechos junto a Noell.

Al otro extremo, Noell Sandrick ajustaba concentradamente los últimos conectores de su proyecto. Sus manos temblaban por el agotamiento, pero seguían firmes, como si esa creación fuese lo único que le importara en el mundo.

—Hacer esto es una suposición —comentó Lyra mientras observaba los datos del libro en sus manos—. No sabemos si funcionará por completo cuando lo necesiten allá afuera.

Shizuki giró levemente la cabeza hacia ella con decisión.

—Ya lo probé con Silfy —dijo con confianza, aunque su voz conservaba ese matiz melodramático tan suyo—. Si usamos la energía del núcleo con el enlace que Noell fabricó, sin duda puede funcionar. Las estrellas hablaron claro.

Lyra asintió, aún dubitativa. Entonces, giró su mirada hacia Silfy.

—Y tú… Silfy. ¿De verdad quieres luchar por el emblema?

Silfy bajó la mirada, tocando suavemente con sus dedos la manga de su túnica.

—Lo he intentado. Ayudé en todo lo que pude con lo del núcleo estelar, con los cálculos… con Noell… —Su voz era baja, como un susurro que apenas rompía el silencio—. Pero… no creo que sea suficiente, maestra.

Lyra se acercó con delicadeza.

—No se trata de hacer suficiente. Se trata de elegir estar aquí. ¿Lo eliges?

Silfy respiró hondo, sus ojos oscuros brillaron como espejos ante la luz del núcleo.

—Si esto realmente puede funcionar… entonces quiero intentarlo. Por nosotros.

Shizuki se volvió hacia ella sin dudar y le agarró las manos con fuerza.

—¡Entonces, hagámoslo juntas! —exclamó con entusiasmo—. Yo, Shizuki Velmoria, la elegida del abismo y los demonios, te prometo que te ayudaré en todo lo que pueda. ¡Y espero contar contigo también, compañera estelar!

Silfy se sonrojó al instante y desvió la mirada, tímida pero feliz.

—H-haré lo que pueda para no ser una carga…

Lyra sonrió. Un gesto suave y cálido, pero lleno de convicción.

—Entonces es importante que no se separen en el estadio. Pase lo que pase, quédense cerca.

Shizuki asintió, su expresión cambió a una más firme. En sus ojos verdes podía verse una determinación poco habitual. Todo el entrenamiento, todo lo que habían descubierto… ahora era su turno.

—¿Dónde está Kiro? —preguntó Lyra mientras giraba hacia la zona de ensamblaje.

—Pronto estará aquí —respondió Shizuki, bajando los hombros—. Dijo que se encargaría de una cosa antes de unirse.

En ese momento, Noell alzó la voz con esfuerzo:

—¡Ya casi está! Solo me falta… la conexión final.

Lyra caminó hasta su lado. Sus pasos eran tranquilos, como flotando entre el aire estático del laboratorio. Al llegar junto a Noell, puso una mano en su hombro.

—Buen trabajo, Noell. Silfy, por favor… ajusta el núcleo de estrellas.

Silfy se apresuró a cumplir la orden. Se acercó al telescopio, donde al apretar un botón, una parte de la estructura se deslizó hacia atrás como si se tratara de una flor de cristal abriéndose al sol. En su interior brillaba el núcleo estelar, una gema que parecía contener galaxias enteras girando en miniatura.

Silfy levantó su muñeca. Su brazalete reaccionó de inmediato, generando un conjunto de hologramas y runas que flotaban frente a ella. Sus dedos se movieron con timidez, pero con precisión: manipulando las trayectorias, afinando los vectores energéticos, reequilibrando los pulsos estelares.

Lyra se colocó frente al armazón, alzó ambas manos y comenzó a formar una esfera de energía violeta que absorbía la estela del núcleo. La energía tembló al principio, luego comenzó a cristalizarse hasta convertirse en un pequeño fragmento brillante, que flotó entre sus dedos como si obedeciera solo a su voluntad.

—Este fragmento… está hecho con mi técnica Raymura y la energía resonante de las estrellas. Es único —explicó Lyra, con un tono suave pero solemne.

Con cuidado, colocó el fragmento en una ranura dentro del armazón. Una vez en su lugar, se escuchó un clic y luego un pulso. Todo el laboratorio parecía contener el aliento. Las luces del techo parpadearon una vez.

Entonces el fragmento se encendió.

Luz. Vibración. Ritmo.

Una onda pulsante se extendió como un eco, bañando con energía la sala. Los planos holográficos se iluminaron. Los mecanismos en las mesas vibraron. El telescopio proyectó un rayo de luz hacia el techo, donde un mapa estelar se trazó automáticamente en constelaciones giratorias.

Noell se quedó sin aliento.

—¿F-funcionó…?

Lyra, con una mirada de genuino orgullo, acarició suavemente su cabeza despeinada.

—Sí. Funcionó. Puedes descansar en paz de una vez por todas, pequeña estrella.

Noell soltó un suspiro aliviado y bajó lentamente las manos. Las ojeras bajo sus ojos no ocultaban la sonrisa de satisfacción al ver su creación encendida.

Allí, en el centro del laboratorio, sobre la mesa metálica, el armazón amarillo y brillante comenzaba a cobrar vida. Las piezas se ensamblaban con suavidad, conectadas por la energía del fragmento y guiadas por la red de cálculos. No era solo una herramienta. Era una armadura. Una extensión de las estrellas, un proyecto forjado por la esperanza.

La puerta del laboratorio se abrió de golpe, y Kiro apareció bajo el marco con una expresión encendida por la determinación. Aunque aún tenía vendas en los brazos y el cuello, su energía era contagiosa. Su chaqueta colgaba ligeramente de un hombro y su ojo dorado brillaba con vitalidad.

—¡Buenos días a todos! —exclamó con una sonrisa.

—¡Kiritooo! —gritó Lyra desde el fondo del salón mientras agitaba la mano como si fuera una estrella fugaz—. Justo a tiempo, pequeña estrella.

Shizuki corrió hasta él con una gran sonrisa.

—¡Kirooo! ¡Te ves vivo! Eso ya es una mejora del ochenta por ciento a como estabas hace unos días.

—Te ves mejor, Kiro —dijo Noell desde su rincón con una sonrisa relajada.

Silfy alzó la mirada por unos segundos desde su cuaderno y murmuró con suavidad:

—B-buenos días… Kiro.

—¡Buenos días, Silfy! —saludó él de vuelta con calidez.

Pero de pronto, las voces se apagaron. Todos los presentes se quedaron en silencio al notar que alguien más había entrado detrás de Kiro.

Apoyado casualmente contra la pared, con las manos en los bolsillos de su gran chaqueta café, Chris Mercy observaba la escena con expresión apática. Sus ojos dorados sin brillo recorrieron la sala sin mayor interés, y finalmente se sentó en una de las mesas vacías con un leve suspiro, como si estuviera en una clase obligatoria.

Shizuki se giró lentamente hacia Kiro, se le acercó como una sombra dramática y le susurró:

—¿Es-ese… es Chris Mercy…?

Kiro asintió con una leve sonrisa.

—Sí. Y tranquila, no vino a destruirnos. Está aquí para ayudarnos.

Un murmullo de asombro silencioso recorrió el grupo. Nadie se esperaba que el legendario recluso de Stella apareciera justo el día del combate.

—Oh por las estrellas… —susurró Lyra con los ojos muy abiertos—. Cuánto tiempo, Chris.

Chris la ignoró por completo, cerrando los ojos como si se tomara una siesta de pie.

Kiro respiró hondo y se adelantó hacia el centro del laboratorio, mirando la actividad con entusiasmo.

—Entonces… ¿ya terminaron el proyecto? ¿Esto es lo que mencionaron ayer?

Noell se adelantó con sus manos aún manchadas de grasa, pero con una energía nueva y más firme. Su rostro, pese al cansancio, mostraba orgullo.

—Acabamos de terminar los últimos ajustes. ¿Quieres verlo?

—¡Claro que sí! —respondió Kiro acercándose a él con entusiasmo.

Noell lo guió hasta el rincón donde la estructura esperaba. Allí, sobre una base metálica, se encontraba la armadura. No era solo una pieza de combate: era una fusión perfecta entre magia estelar y tecnología mecánica. El metal pulido brillaba con reflejos dorados y plateados, atravesado por vetas de energía azul cósmico que pulsaban con ritmo constante. Su diseño era ligero pero resistente, elegante y funcional, como sacado de una antigua leyenda reconstruida con el ingenio del futuro.

Kiro se quedó boquiabierto.

—Wow… ¡Esto parece algo sacado directamente de la nación de Toki!

—¿Eh? ¿De verdad crees eso? —preguntó Noell, llevándose una mano a la nuca, algo sonrojado—. N-no es para tanto…

Pero luego, el joven ingeniero bajó la mirada con un poco de duda. Respiró hondo y cambió el tono de su voz.

—Kiro… tengo que decirte algo.

Kiro lo miró curioso. Noell apretó los puños.

—Quiero pedirte perdón. Cuando todo esto empezó… no te ayudé. No estuve. Me encerré en mis cosas y fingí que no me importaba. Pero la verdad es que… esto si es mi culpa también. Y mucho. Solo que también me sentía inútil. Y al ver que tú seguías peleando con todo, incluso cuando todos te señalaban… me hizo dar cuenta de que yo también tenía que hacer algo.

Kiro lo escuchó con atención. Noell continuó, ahora con una voz cargada de honestidad.

—Yo también tengo culpa en lo que pasó con el emblema… y no podía rendirme sin dar al menos un paso hacia adelante. Así que hice esto. Este proyecto… esta armadura… —extendió la mano hacia el armazón—. Es mi forma de pelear. No con espadas, ni con cuchillos, sino con lo que sé hacer. Porque mi sueño siempre fue inventar algo increíble, algo que cambie el mundo. Por eso entré a esta academia. Para entender cómo funciona la energía, para convertir todo ese conocimiento en algo real.

Kiro apretó los labios. Su mirada brillaba.

—Noell… gracias.

Ambos se quedaron en silencio por un instante, luego Kiro alzó su puño con decisión. Noell dudó medio segundo, pero luego lo chocó con fuerza.

—¡Por Stella! —exclamaron a la vez.

Shizuki los observaba desde el fondo con los brazos cruzados, sonriendo con orgullo. Silfy miraba en silencio, pero sus ojos seguían detenidos en la armadura con una mezcla de asombro y reverencia.

Desde su rincón, Chris abrió un solo ojo y murmuró con suavidad, apenas audible:

—Qué molestia…

Lyra, sin embargo, miraba todo con una expresión distinta. Sus ojos estaban húmedos, como si contuviera algo muy profundo. Apretó con fuerza la estrella en su colgante y susurró para sí misma:

—Hace mucho no la veía… la verdadera luz de un emblema…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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