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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 141

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Capítulo 141: Capítulo 141: Campanadas de Guerra

La tensión era como una tormenta contenida. En el lado izquierdo del campo, el emblema Stella tomó posición. Cada uno ocupaba su lugar como piezas cuidadosamente alineadas en un tablero de batalla.

Rei Velmoria y Chris Mercy se ubicaron al frente, como una muralla ofensiva. Rei mantenía su mano firme sobre la empuñadura de su espada, sus ojos verdes clavados en el enemigo con una determinación inquebrantable. A su lado, Chris ajustaba sus lentes con gesto aburrido, aunque su mirada analizaba con precisión quirúrgica a cada uno de los oponentes frente a él.

Un paso detrás, Xia Wave y Kiro vibraban con energía. Xia golpeaba sus puños con emoción contenida, lista para arder. Kiro, con su nuevo equipo reforzado, sentía los latidos en su pecho sincronizarse con la energía que comenzaba a elevarse alrededor. Su mirada se mantenía firme, enfocada en proteger y avanzar.

Más atrás, Shizuki, envuelta en su chaqueta oscura, miraba a todos como si estuviera en una escena de una historia épica. Justo a su lado, Silfy sostenía la bandera roja atada a su brazo, su respiración temblorosa pero determinada, mientras Noell, completamente enfundado en su armadura dorada, mantenía sus sistemas activados, listo para cubrir a sus compañeros.

Frente a ellos, Inclementer estaba dispuesto con precisión militar.

Al frente, Seraphine Kaedwyn, portadora de la bandera azul, mantenía la compostura con su espada al frente. A su lado, el imponente Theren Valescour parecía una montaña de músculo y acero. Detrás de ellos, Yoru Thirandor, con su lanza ornamentada, y Darius Elinval, el espadachín, se posicionaban como soporte. Flanqueándolos estaban Caelus Maelis, de energía inestable, y los veloces refuerzos: Irina Daevel y Alenya Tharos, listas para el movimiento veloz o los contraataques sorpresivos.

El resto de Inclementer observaba desde su zona sin moverse, fríos, concentrados, como si fueran sombras esperando su turno.

Los dos equipos se estudiaban en silencio. Las respiraciones eran contenidas, los músculos tensos, la energía brotaba apenas perceptible en los dedos, ojos y corazones.

Fue entonces que la voz del director Capella resonó en lo alto:

—El campo está cargado, los emblemas están preparados. El escudo protector ha sido activado. Que los cielos y las estrellas sean testigos… de este duelo de emblemas.

Una luz envolvió el estadio.

Un campo de contención hecho de runas y energía mística se elevó alrededor, como una burbuja celestial. Luego, el campo comenzó a cambiar: pilares de piedra emergieron desde el suelo, creando un terreno irregular y dinámico. Algunos pilares eran muy altos y de piedra, otros eran muros más pequeños que podrían servir de cobertura.

Las tres campanadas comenzaron a sonar:

¡Gong!

¡Gong!

¡GONG!

En ese mismo instante, Rei explotó hacia adelante como un trueno violeta.

La energía morada rugía en su espada mientras se abalanzaba sin dudarlo hacia Seraphine. El golpe de sus espadas estremeció el campo como una onda expansiva.

¡CLANG!

El choque fue tan violento que un círculo de electricidad brotó entre ambas.

Rayos morados danzaban como serpientes sobre la espada de Rei, mientras chispas doradas caían del arma de Seraphine.

—Fuiste rápida —dijo Seraphine con una calma escalofriante, sin mover un solo músculo fuera de lo necesario—. Pero no lo suficiente. Dime, ¿qué planeas con esto?

—Es lógico —replicó Rei con firmeza—. Si eliminamos a quien tiene la bandera, la victoria estará cerca.

Seraphine esbozó una sonrisa apenas perceptible, sus ojos violetas brillaban con una fría seguridad.

—Te haré entender… por qué me eligieron a mí para portar el estandarte.

La energía alrededor de ambas aumentó de golpe.

Seraphine concentró su fuerza en su espada, la hoja comenzó a brillar intensamente con una luz dorada, runas se activaron sobre ella. Rei, en respuesta, cargó su energía a través de su brazo, provocando que relámpagos morados chispearan en todas direcciones.

¡BOOM!

Una onda explosiva surgió entre ambas, levantando una nube de polvo y energía que sacudió los pilares cercanos. Rei fue lanzada varios metros atrás, aterrizando con un giro controlado, jadeando, mientras Seraphine se deslizaba hacia atrás con elegancia, su cabello rubio ondeando con gracia.

Ambos bandos se estremecieron ante el primer impacto.

Kiro apretó los dientes.

—Rei ya inició… ¡vamos tras ella! —gritó, y Xia avanzó como una llamarada.

—¡Abran paso! ¡No dejaré que nos tomen desprevenidos! —rugió Xia, desatando su energía en fuego violento.

En lo alto, el público enmudeció. Todos sabían que esto apenas comenzaba… pero ya era una batalla de proporciones colosales.

La guerra entre Stella e Inclementer… había comenzado.

Kiro y Xia avanzaban entre pilares en dirección a Rei, pero de pronto tres siluetas se interpusieron en su camino. Era como si el terreno hubiera previsto su avance. Desde los costados surgieron Darius Elinval y Caelus Maelis, mientras en el centro, con un aire de arrogancia y sonrisa contenida, caminaba lentamente Yoru Thirandor, con las manos en los bolsillos de su pantalón y su lanza dorada atada a su espalda.

—Cuánto tiempo sin vernos, Kiro —dijo con un tono sarcástico, sus ojos brillaban con esa chispa arrogante que tanto lo caracterizaba—. Supongo que ya sabes por qué estoy aquí. Es hora de saldar cuentas.

Kiro frunció el ceño, apretando el mango de su cuchillo mientras retrocedía un paso. La presencia de esos tres lo transportaba mentalmente a ese recuerdo. Él y Noell acorralados, humillados… pero ese día, Kiro también se levantó y le devolvió el golpe a Yoru con toda su furia.

—¿Sabes la vergüenza que me hiciste pasar aquel día? Desde entonces… ¡no he podido sonreír! —gritó Yoru, y su voz resonó por el campo—. Pero al fin, al fin tenemos permiso para deshacernos de ustedes. Son nuestros enemigos… y eso significa que puedo hacer lo que me plazca.

Kiro, con una gota de sudor descendiendo por su sien, murmuró:

—Ese… ese tipo de pelo rojo… es Yoru. Ellos fueron los que me golpearon a mí y a Noell… pero yo le devolví un puñetazo a Yoru… tan fuerte… que le saqué un diente.

Xia, que hasta ese momento mantenía una postura más estratégica, estalló de risa al instante.

—¿¡En serio!? ¡Qué genial! ¡Me encantaría haberlo visto! —dijo doblándose levemente de risa—. Eso sí que es comedia pura, jaja…

—¡¿Te estás riendo de mí, basura?! —gritó Yoru con los ojos encendidos, enrojecidos por la rabia.

—¿Y qué si lo hago? Si eras lo suficientemente débil como para perder un diente por Kiro… mereces que me ría —respondió Xia, sacando chispas por todo el cuerpo mientras su energía ardía a su alrededor.

—Darius, Caelus… ¡eliminen a ese mocoso! —ordenó Yoru con voz cargada de furia.

Darius asintió lentamente y comenzó a caminar, desenvainando con lentitud una larga espada negra que tenía a la espalda. Su mirada se mantenía fija en Kiro como un lobo que observa a su presa.

—Déjame ese a mí —interrumpió Xia, adelantándose unos pasos y señalando con el pulgar a Yoru—. Ese es mío.

Su tono sonaba desenfadado, pero por dentro estaba ansiosa, no por proteger a Kiro, sino por enfrentar al rival más fuerte del grupo enemigo.

Sin perder tiempo, Xia desató un estallido ígneo a sus pies que la impulsó como un proyectil de fuego hacia Yoru. El calor era tal que el aire se deformaba a su paso. Yoru logró reaccionar a tiempo y desató su lanza con velocidad, usándola como escudo para bloquear el puño envuelto en llamas de Xia.

¡BOOM!

El impacto hizo retumbar el suelo. Una onda de fuego se dispersó en un anillo a su alrededor. Xia aterrizó con firmeza, chasqueando la lengua.

—No estás tan oxidado como pensaba.

Yoru no respondió. Solo frunció el ceño con odio mientras hacía girar su lanza en el aire.

Mientras tanto, Kiro se encontraba en una posición tensa.

Darius se detenía frente a él, ya completamente desenvainado. Su postura era erguida, arrogante, sin pizca de duda. Desde atrás, Caelus, con su expresión burlona, jugueteaba con una pequeña esfera de energía entre los dedos.

—¿Recuerdas la prueba? —comenzó Darius, su voz llena de desprecio—. Aquel día apenas pudiste respirar con mi primer movimiento. Ahora veo que llevas un cuchillo, ¿acaso te crees preparado para repetirla… sin restricciones?

Kiro no respondió con palabras. En cambio, con ambas manos, sacó lentamente su cuchillo de combate y lo sostuvo firme frente a su pecho. Su mirada dorada, decidida.

—Esta vez… no me vas a hacer caer.

Caelus bufó con fastidio.

—¿Un combate justo? ¿En serio, Darius? Yo también quiero mi parte. Ese idiota tambien me insulto. No puedo dejar que se me escape.

—No interfieras, Caelus. —le interrumpió Darius con voz afilada—. Quiero acabar con él personalmente. Esto es entre nosotros.

—Tch… —Caelus se alejó unos pasos con los hombros encogidos—. Entonces iré a jugar con los demás.

—Haz lo que quieras —replicó Darius, sin apartar la mirada de Kiro—. Solo no me estorbes.

Kiro tragó saliva. Su respiración se volvió más profunda. Recordaba bien la presión en su pecho aquel día, la humillación de estar tirado, la impotencia. Pero ahora, con el cuchillo bien sujeto en sus manos, con su espíritu brillando en su interior, no podía volver a caer.

—No volveré a perder. —murmuró con fuerza, y dio el primer paso hacia el combate.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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