Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 142
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Capítulo 142: Capítulo 142: Cazadores de Estrellas
El combate aún no llevaba ni cinco minutos y ya el terreno del estadio parecía un campo de guerra en miniatura, con pilares que subían y bajaban a intervalos, placas que vibraban con energía, plataformas móviles, todo envuelto en una atmósfera densa por la tensión. Sin embargo, Caelus Maelis caminaba como si diera un paseo matutino por el parque.
Sus botas resonaban suaves, en contraste con los ecos lejanos de espadas y explosiones de energía. Su expresión no mostraba apuro ni emoción. Solo un gesto de despreocupación disfrazado de análisis.
—Uno por uno… los más débiles primero, —murmuró para sí con una sonrisa ladina—. Así será más fácil tomar la bandera al final. No hay que mancharse tanto para ganar.
Con un ágil salto, ascendió por uno de los pilares flotantes, que se mantenía suspendido sobre el terreno a varios metros del suelo. Desde allí, tenía una vista panorámica del campo.
Su primer enfoque fue la zona norte:
Allí, una danza feroz de destellos violetas y amarillos iluminaba el aire. Las espadas de Rei Velmoria y Seraphine Kaedwyn chocaban a una velocidad vertiginosa, la fricción de sus energías generando descargas que chispeaban incluso desde su distancia.
—Rei Velmoria, —susurró Caelus apoyando un brazo sobre su rodilla doblada—. Tercer año. Reconocida por su velocidad y control en su energía eléctrica. Se dice que rivaliza con los instructores en combate cuerpo a cuerpo… Definitivamente, una amenaza. Pero está malgastando su potencial rodeada de fracasados como Stella.
Su vista se deslizó luego hacia el combate entre Xia Wave y Yoru Thirandor. El fuego y las ondas térmicas alteraban el ambiente allí, haciéndolo brillar como un espejismo. Xia ya se había abalanzado sobre Yoru con una ferocidad que Caelus solo pudo calificar como… impulsiva.
—Xia Wave. Cantidad de energía altísima, pero sin refinamiento… una bestia sin collar. Un par de anclas bien puestas y se acabó su espectáculo. —sonrió con desdén—. Yoru tendrá sus manos ocupadas, pero si resiste unos minutos, la agotará.
Su vista se desplazó hacia la zona más al centro-trasera del terreno. Allí estaban Noell, Shizuki y Silfy, aún resguardados entre pilares. Silfy mantenía el brazo tensado, con la bandera roja atada, como si estuviera petrificada. Shizuki parecía estar hablando rápidamente mientras señalaba algo, probablemente teorizando sobre sus posibles enemigos. Noell, con su nueva armadura brillante, se mantenía justo al frente como un escudo protector.
Caelus observó un instante más antes de dictaminar:
—Shizuki. Técnica impredecible, pero débil en presencia.
—Noell. Intelecto notable, fuerza mínima.
—Silfy… —su mirada se agudizó— espíritu raro y sin control, no detectó energía en ella.
Separados serán fáciles. Juntos, molestos. Pero no imposibles.
Su sonrisa se amplió, mostrando los dientes. Era una de esas sonrisas que precedían a los movimientos más sucios. Iba a ir por ellos… hasta que su vista se detuvo.
Apoyado con tranquilidad en un pilar de piedra y con las manos en los bolsillos, Chris Mercy observaba el cielo como si todo aquello no tuviera que ver con él. Ni siquiera había preparado algo. Solo… estaba ahí. Su chaqueta café ondeaba levemente por la brisa que se colaba por el campo.
—Ah… ahí estás. —musitó Caelus, sus ojos brillando con malicia—. Chris Mercy. De tercer año… pero tus reportes son mediocres. Energía promedio. Notas bajas. Participación nula. ¿Por qué estás aquí?
Su cabeza se inclinó apenas al lado.
—Quizá viniste a rellenar números. Seguro pensaron que sería cruel dejarte fuera… pobre estrellita caída. —rió para sí con malicia.
En ese momento, su objetivo cambió.
—Es el más fácil. Lo sacaré y será una baja rápida. Lo dejaré tirado en segundos.
Caelus se agachó ligeramente, preparándose para impulsarse… pero entonces, un destello cruzó por el borde de su visión.
—¿Huh?
Theren Valescour, otro de los combatientes de Inclementer, se desplazaba hacia el mismo lugar. Avanzaba en silencio, con sus movimientos afilados y firmes, ojos fijos en la misma figura recostada al fondo: Chris Mercy.
Caelus apretó los dientes.
“¿Ese maldito ya lo vio también?” —chasqueó la lengua con fuerza—. “¡Maldición, Theren! ¿Crees que puedes robarme mi blanco tan fácilmente?”
En un salto veloz, Caelus descendió del pilar como una flecha, deslizándose entre plataformas en caída libre. Golpeó el suelo con una rodilla y se incorporó de inmediato, avanzando entre pilares con apuro.
—¡No me quitarás al objetivo fácil, Theren! Ese inútil me pertenece. —gruñó mientras su energía comenzaba a emanar.
Y en su interior, una voz burlona crecía.
“Esta vez yo seré el primero. Y esta vez… Stella perderá su pieza más débil en los primeros cinco minutos.”
Chris Mercy estaba sentado tranquilamente con la espalda recostada contra uno de los pilares, los brazos cruzados y los ojos cerrados, ignorando el fragor del combate a su alrededor. El estruendo de técnicas, choques de energía y gritos de batalla eran un murmullo para él. Sin embargo, de pronto, sus párpados se abrieron de golpe.
Sus sentidos se activaron como un resorte invisible.
Giró la cabeza apenas unos centímetros a la izquierda.
—…Hmp.
Una lanza de viento comprimido pasó silbando a centímetros de su mejilla y se clavó violentamente en el pilar detrás de él. La punta seguía girando como un taladro, desgarrando lentamente la piedra con un zumbido ensordecedor. El vendaval arremolinado que dejaba su trayectoria despeinaba la chaqueta café de Chris, quien, sin moverse más de lo necesario, levantó la mirada.
Allí, delante de él, con una postura impecable y una expresión fría, estaba Theren Valescour.
—Tsk —murmuró Chris con desgano—. ¿No sabes contenerte? Si eso me daba, me hubieras matado.
Theren mantuvo su expresión neutra, aunque una ceja se alzó ligeramente.
—Sorprendente —respondió con voz suave—. No mostré mi presencia en ningún momento. ¿Cómo lo percibiste?
—No sé de qué me hablas —replicó Chris, frotándose la nuca con una mano—. Solo tengo mala suerte y me atacan cuando intento descansar. Que molestia.
Theren chasqueó los dedos.
De inmediato, la lanza incrustada comenzó a emitir un zumbido agudo y su núcleo brilló con energía condensada.
—Entonces permíteme terminar con tu molestia.
El proyectil explotó violentamente, convirtiendo el pilar en una nube de escombros y polvo, una explosión de viento cortante que arrancó trozos de piedra y sacudió el suelo alrededor.
Theren guardó sus manos en los bolsillos con calma, sin mirar atrás y comenzó a caminar.
Al poco, se cruzó con Caelus, que acababa de llegar corriendo, frustrado y jadeando por el esfuerzo.
—¿Qué hiciste? —le espetó Caelus, apretando los puños—. ¡Esa era mi presa!
—Lo eliminé —respondió Theren con indiferencia—. Fuiste muy lento. No es mi culpa si no actúas a tiempo.
—¡Tú ya tienes fama, Theren! Yo apenas soy de primer año. Necesito esta victoria, ¡Para que me vean!
Theren se giró apenas, sin cambiar su expresión.
—Entonces deja de quejarte y empieza a moverte.
—¡Maldito engreído…! —Caelus gruñó.
Pero entonces una voz se alzó, con un tono plano y aburrido:
—No soy presa de nadie.
Ambos se giraron de golpe, alertas.
A unos metros de los escombros, de pie, sin un solo rasguño, estaba Chris Mercy, igual de indiferente, sacudiendo el polvo de su chaqueta con lentitud.
Theren entrecerró los ojos.
“¿Cómo…? Esa explosión fue directa…”
—Qué molestia —dijo Chris, ladeando su cabeza con desgano—. Ahora me ensuciaron la ropa.
Caelus dio un paso al frente con furia.
—¡Ja! Lo esquivaste, pero ya te tengo. ¡Eres mío, Mercy!
Sacó una daga de su cinturón. Su filo brillaba con un extraño resplandor azulado, y la hoja tenía una aguja en la punta.
—¡Muere ya!
Se lanzó a toda velocidad hacia Chris. Atacó con movimientos ágiles y veloces, pero Chris esquivó cada corte sin esfuerzo aparente, inclinando su cuerpo, girando los hombros o dando un simple paso al costado.
—¿Y este qué tiene…? —masculló Caelus—. ¡No deja de esquivarme!
—Ataquemos juntos —ordenó Theren—. Esto ya me aburrió.
Ambos se lanzaron a la vez.
Chris suspiró.
—…Qué molestia.
Mientras tanto, en el sector opuesto del campo, Shizuki, Noell y Silfy mantenían una formación defensiva. Silfy, con la bandera roja amarrada al brazo, observaba con pánico el entorno; Noell ajustaba los sistemas de su armadura, mientras Shizuki tarareaba una melodía oscura entre dientes, concentrándose.
El silencio fue roto cuando una fila de rocas surgió desde el suelo, volando en línea recta hacia ellos.
—¡Ahí vienen! —gritó Silfy, retrocediendo de inmediato.
Noell alzó la mano con fuerza, canalizando su energía a través del guantelete de su armadura.
—¡No tan rápido!
Desde su palma emergió una esfera gris de energía que impactó contra las rocas en pleno vuelo, haciendo que explotaran en el aire en una lluvia de polvo.
—¡Buen trabajo, Noell! —exclamó Shizuki, sorprendida.
Pero entonces, una figura se materializó detrás de ellos.
—No se distraigan tanto —dijo una voz serena pero cortante.
Alenya Tharos, con su cabello rubio ondeando suavemente y su espada ya desenvainada, estaba tras ellos.
—Es hora de que se muevan, estrellitas. El juego comenzó.
Shizuki se giró de inmediato, con los ojos brillando de emoción.
—¡Por fin! ¡Una enemiga! Te advertimos que somos el trío más fuerte pero impredecible del campo, ¡y no nos subestimes!
Noell tragó saliva.
—¿Podrías no provocarla…?
Silfy levantó la vista y apretó el anillo con los dedos.
—Shizu… no dejes que se acerque.
Alenya apuntó su espada hacia ellos, con una media sonrisa:
—Intenten no aburrirme, ¿sí?
El combate, por fin, estalló por completo en todos los frentes. Las estrellas de Stella comenzaban a arder.
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