Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 144
- Inicio
- Todas las novelas
- Hikari no Unmei: El Destino de Luz
- Capítulo 144 - Capítulo 144: Capítulo 144: Al Filo
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 144: Capítulo 144: Al Filo
Kiro corrió a toda velocidad, sus botas golpeando con fuerza el suelo. Saltó hacia adelante con decisión, su cuchillo de combate envuelto en un resplandor dorado, su energía de luz fluyendo como un río indomable por su brazo.
Frente a él, Darius Elinval mantenía una postura impecable, su espada larga sostenida en diagonal con elegancia, como si el mismo aire respetara su forma de combatir. El aura que envolvía a su espada era azulada, etérea, pero densa como un muro invisible.
—¡Vamos! —gritó Kiro, lanzando un tajo lateral directo al torso de Darius.
Pero en cuanto su cuchillo estuvo a punto de rozar el uniforme del rival, un campo de energía azul brilló intensamente. El ataque rebotó como si hubiera chocado contra una barrera de acero invisible. La fuerza del rechazo desestabilizó a Kiro, quien retrocedió tambaleándose.
—¿Qué…? —logró decir antes de que una sombra se cerniera sobre él.
—Postura del Azul: Filo —murmuró Darius con voz tranquila, como la de un profesor.
Su espada bajó con una precisión letal.
Kiro alzó su cuchillo instintivamente para bloquear el ataque, y lo logró… pero el dolor vino igual. Una onda invisible, un impacto que fue más espiritual que físico, atravesó su defensa y le golpeó el pecho como si algo hubiera quebrado por dentro. El aire se le fue de los pulmones y se dobló ligeramente hacia adelante, mirando el reflejo burlón en los ojos fríos de Darius.
—Tienes una buena defensa —dijo Darius con una leve sonrisa arrogante—, pero mi espada no busca tu cuerpo… busca lo que hay más profundo.
Kiro tragó saliva.
“¿Atacó… a mi espíritu? ¿Acaso él también…?”
Antes de que pudiera procesarlo, una patada cargada en energía azul impactó directo en su rostro.
—¡Grah! —gritó, mientras su cuerpo fue lanzado hacia atrás como una muñeca de trapo, rodando por el suelo hasta chocar contra uno de los pilares del campo.
—¿Eso es todo? —dijo Darius, alzando la voz para que todos escucharan—. ¿El “héroe” de Stella? ¿El chico que busca desafiar al sistema? Patético. Solo eres un sin apellido, no tienes valor.
Kiro apretó los dientes y escupió un poco de sangre. Su vista se nublaba un poco, pero la rabia comenzaba a hervirle en el pecho. Se levantó lentamente, con un tic en la ceja y los dedos temblorosos por la tensión.
—Hmph… No dejaré que esto termine así —gruñó.
Darius lo observó con interés, su mirada brillaba como la de un depredador entretenido con su presa.
—No te contengas. Muéstrame tu verdadero poder… si es que tienes alguno.
Kiro exhaló. Su expresión se endureció, sus músculos se tensaron.
Elevó la mano y con firmeza se ajustó el vendaje de su brazo derecho. Sus ojos dorados brillaron con una nueva intensidad.
—Entonces por mi bien… ya me cansé de estar suprimiéndola.
De su cuerpo brotó una onda de energía dorada. La luz lo envolvió como una llama suave pero potente, y por primera vez en ese combate, su espíritu comenzó a responder. Una presencia cálida, brillante… como una promesa nacida del sufrimiento.
—¡Veamos cuánto puedes aguantar, Darius!
—¡Perfecto! —gritó el espadachín—. ¡Así me gusta!
Ambos liberaron su energía al máximo.
Darius se desplazó con una técnica perfecta, sus pies firmes, su centro de gravedad bajo, su espada fluyendo como un río azul.
Kiro, por otro lado, se lanzó con movimientos explosivos, impredecibles, su cuchillo trazando arcos veloces de luz que cortaban el aire como rayos.
—¡Demasiado lento! —dijo Darius al esquivar un tajo lateral y lanzar un contraataque.
Kiro giró su cuerpo, se agachó y desvió el golpe con su antebrazo reforzado por su energía.
—¡Y tú demasiado predecible! —respondió Kiro, dando una patada baja que Darius apenas logró bloquear con la parte plana de su espada.
El choque de estilos era claro: la danza de la disciplina contra la furia instintiva.
Darius mantenía una defensa perfecta, pero su técnica carecía de libertad, sus movimientos eran restringidos por la perfección que intentaba alcanzar. Kiro, en cambio, usaba cada error, cada desequilibrio a su favor, su agilidad lo hacía moverse como un rayo rebotando en todas direcciones.
—¡Maldición! —gruñó Darius cuando un corte de luz le rozó la mejilla, dejando una quemadura leve.
Kiro sonrió, jadeando.
—¿Qué pasa, Darius? ¿No que me derrotarías rápido?
—No te confíes. Aún no has visto nada.
Ambos se detuvieron por un segundo. Sus respiraciones agitadas eran el único sonido en esa pequeña porción del campo de batalla.
—…Esto va para largo —pensó Kiro, con una sonrisa confiada—. Pero esta vez… no pienso perder.
Kiro se puso en guardia al ver cómo Darius levantaba su espada con teatralidad. El brillo pulcro de su hoja no era normal, esta estaba envuelta en una especie de capa ondulante azulada, que palpitaba como si respirara.
—Con lo que haré a continuación… —dijo Darius, apuntando su arma hacia él con una sonrisa de superioridad—. Terminaré todo esto. Y al fin podré vengar a mis compañeros.
Kiro apretó la mandíbula.
—¡No te lo permitiré!
—¡Ah, claro que lo harás! —exclamó Darius—. Porque tú… no eres nadie. Un sin apellido, un vulgar estudiante sin historia ni linaje. No importa cuánto te esfuerces, ¡No importa cuánto te arrastres por esta arena!, jamás estarás a nuestra altura. No solo perteneces al emblema más patético de toda la Academia, ¡Sino que lo ensucias aún más con tu sola existencia!
Kiro sintió el ardor subirle por el pecho.
—¿Y crees que eso me detendrá? —dijo mientras su energía de luz comenzaba a condensarse en sus puños—. No necesito un apellido. ¡No necesito aprobación! Yo estoy aquí por quienes creyeron en mí. ¡Estoy aquí por mí mismo!
Darius ignoró sus palabras, deslizando con calma su mano por encima de la hoja de su espada. Al hacerlo, una capa de energía azul surgió alrededor de la hoja, como si la hubiera cristalizado.
—Mi energía no es común… —explicó con voz solemne—. Se llama Campo de Energía, y como su nombre indica, me permite formar barreras… campos definidos. Pero la mayoría de idiotas como tú solo pueden pensar en defensas. Yo… he llevado mi talento a otro nivel. ¿Quieres ver qué puede hacer un verdadero prodigio?
Kiro gritó y se lanzó con todo, cuchillo en alto.
—¡No te dejaré continuar…!
Darius interceptó el ataque con precisión quirúrgica. Cuando ambas armas chocaron, no hubo el típico sonido metálico. En su lugar, se escuchó un “crack” cristalino, como si se hubiera fracturado una superficie invisible.
—¿¡Qué…!? —exclamó Kiro, sintiendo su brazo vibrar por el impacto.
Su cuchillo fue desviado con una facilidad antinatural. Antes de que pudiera reequilibrarse, Darius giró su muñeca con fluidez y lo golpeó con el canto de la espada directamente en el estómago, lanzándolo al aire con brutalidad.
—¿Ves? —exclamó mientras Kiro ascendía—. Mi campo no reduce potencia al colisionar. Todo lo contrario… la transfiere completamente.
Kiro apenas tuvo tiempo de mirar hacia adelante cuando, de pronto, una barrera de energía azul apareció en su trayectoria, como un muro invisible de cristal.
—¡Tch! —logró soltar antes de impactar de lleno.
El golpe lo dejó sin aliento. El aire se comprimió en sus pulmones, y antes de que pudiera caer, Darius ya estaba encima de él.
—¿Sorprendido? —dijo con una sonrisa. Saltó, y clavó su espada en el campo de energía a un costado de Kiro—. ¿Creías que había terminado?
Kiro apenas logró girar el torso y cayó al suelo. Darius lo siguió bajando como un cometa de odio, con el puño envuelto en energía.
La espada había rasgado su costado, dejando una línea ardiente de dolor, pero logró evitar el golpe crítico.
Sin embargo, el daño fue inevitable. El puño de Darius, reforzado con su energía, impactó en su espalda al caer, haciéndolo estrellarse contra el suelo como un saco de arena.
—¡GAH! —gritó Kiro, su aliento cortado, su cuerpo temblando por el dolor.
El público quedó en silencio por un segundo, y los gritos en las gradas comenzaron a elevarse:
—¡Eso fue increíble!
—¡Darius es imparable!
—¡Acabó con él! ¡Ese de Stella ya no se levanta!
Darius levantó la mirada hacia las gradas y alzó un brazo. No necesitaba palabras. Sabía que su técnica perfecta, su postura y su orgullo hablaban por él.
Kiro, en el suelo, apretó los puños. Su cuerpo temblaba, pero no de miedo. Era rabia. Dolor. Orgullo herido. Lo escuchaba todo. Sentía todo. El murmullo de desprecio… el eco de las burlas pasadas…
“No… otra vez no…” —pensó.
“No me quedaré tirado mientras otros deciden por mí quién soy. Debo ser más fuerte. Debo seguir peleando…”
La sangre goteaba por su ceja. El costado le ardía. Apenas podía moverse… pero una luz comenzaba a brillar desde su espalda, tenue, dorada, constante. Como una estrella.
—Dravenel… préstame tu fuerza… es momento.
Los ojos de Kiro brillaron intensamente. Y su respiración comenzó a estabilizarse.
La energía verde del Spirit de Kiro envolvía su cuerpo como una cálida neblina curativa. Su respiración era pesada, el sudor le recorría la frente y su cuerpo aún temblaba del impacto anterior, pero estaba de pie. Poco a poco, su silueta maltrecha comenzó a reafirmarse en medio del campo destrozado por el combate.
Frente a él, Darius bajó lentamente el brazo con el que había saludado a las gradas, su sonrisa de arrogancia se desvaneció al ver cómo su oponente aún tenía fuerzas.
—Lo mejor hubiera sido que te quedaras en el suelo, Kiro —le dijo con voz fría, volviendo a alzar su espada con confianza—. Podrías haber evitado más humillación.
Pero Kiro no respondió. Solo bajó ligeramente la cabeza, su pelo tapándole los ojos como si fuera flequillo. El viento agitaba su ropa manchada de polvo y sangre, el vendaje en su brazo desprendiéndose con los últimos impactos. El aura de su Spirit seguía reparando pequeñas heridas, pero no alcanzaba para el dolor en su pecho… ese solo lo calmaba su voluntad.
Desde las gradas, Ryu observaba con las manos apretadas. Su expresión de angustia aumentaba con cada segundo.
—Vamos, Kiro… —susurró con preocupación—. Estás mejor que antes… tu energía aumentó, eres más veloz… ¡Pero no es suficiente! Ese tipo… es más fuerte todavía… maldición. Si tan solo pudiera ayudarte.
En la arena, Darius volvió a hablar, sin dejar de mirar a Kiro.
—Seguro ya lo notaste. La diferencia abismal entre tú y yo. Entre un don nadie… y alguien como yo. Ríndete. Aún tengo compasión. Aprovechala.
Pero entonces… Kiro levantó lentamente la cabeza.
Un destello extraño cruzó por su rostro. Su ojo derecho seguía brillando con la luz habitual… pero su ojo izquierdo… había cambiado.
—¿Qué…? —susurró Darius, dando un paso involuntario hacia atrás.
La pupila del ojo izquierdo de Kiro se había tornado completamente negra, y en su centro brillaba un fulgor oscuro, profundo como un abismo. El aura que emergía de ese ojo no era como la de su energía habitual… era más densa, más pesada, oscura y antigua.
—¿Qué demonios… es eso?
Kiro bajó la vista por un momento, recogiendo su cuchillo del suelo. Lo tomó con fuerza. Ya no temblaba. Su aura de luz ahora se mezclaba con un leve resplandor sombrío, creando un contraste extraño: una luz apagada por la noche… una esperanza que caminaba por el abismo.
El campo de batalla pareció desvanecerse brevemente en sus ojos.
Ahora ambos estaban en la sala de entrenamiento, donde había tenido su prueba contra Darius. Era solo una ilusión, un reflejo en su mente… y tal vez, también en la de Darius. El pasado regresaba.
—Esta vez no perderé… —susurró Kiro, con los ojos firmes.
—Entonces ven… enfrentame otra vez —respondió Darius.
Ambos se lanzaron a la vez.
Kiro rugió mientras cargaba con velocidad explosiva. Su cuchillo trazaba estelas de luz. Atacaba con movimientos rápidos, cruzando cortes a distintas alturas, con fintas y contraataques constantes. Como un cazador desesperado, intentaba romper la defensa perfecta de Darius.
Pero el espadachín de Inclementer no era fácil de quebrar.
Cada vez que Kiro se acercaba demasiado, Darius alzaba un campo de energía en el punto exacto. El escudo se materializaba al instante, desviando el cuchillo, amortiguando los impactos.
Darius no retrocedía. Se mantenía firme como una columna, como si bailara en un piso invisible de cristal.
—¿Eso es todo lo que tienes? —dijo Darius, con una sonrisa.
En un instante, creó un pequeño escudo esférico que aprisionó a Kiro por un segundo, y aunque este estalló desde dentro casi de inmediato, el aturdimiento le costó caro. Darius ya estaba allí.
Su espada bajó en un corte al hombro izquierdo de Kiro.
Kiro gritó, retrocediendo, pero respondió por puro instinto con un ataque en diagonal. Darius lo bloqueó desviando el cuchillo hacia un lado con un giro experto de muñeca, y con su mano libre, envolvió el puño en un campo de energía.
—¡Muere como un peón!
El puño impactó de lleno en el estómago de Kiro.
Un sonido seco, cristalino, resonó en el estadio. Como si algo se quebrara por dentro. Kiro salió volando hacia atrás… pero giró en el aire, su pie rozando el suelo antes de caer de pie. Trastabilló, arrastrando las botas… pero no cayó.
Se mantuvo en pie.
Su respiración era irregular, pero sus ojos no parpadeaban. La sangre corría por su labio, pero no apartó la vista de Darius.
Y por primera vez, el rostro de Darius ya no era de desprecio… sino de incomodidad.
—¿Cómo sigues… de pie?
Kiro escupió al suelo y ajustó el agarre de su cuchillo.
“No voy a rendirme”
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com