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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 145

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Capítulo 145: Capítulo 145: El Fénix y el Hielo Oscuro

El estruendo de los combates resonaba por todo el estadio, pero en un rincón del campo una batalla tan intensa como visceral estallaba con cada segundo que pasaba. Xia Wave se movía como una llamarada viva, sus puños envueltos en fuego, danzaban con precisión explosiva. A cada paso, una explosión de energía dejaba marcas ardientes sobre el suelo, como si el mismísimo sol combatiera en la tierra.

Frente a ella, Yoru Thirandor, con su lanza sujeta firmemente entre ambas manos, se veía obligado a mantener una defensa cerrada, retrocediendo con cada golpe. Cada uno de sus bloqueos con la lanza lo hacía vibrar hasta los huesos.

—¡Vamos, vamos, vamos! ¡No te duermas ahora! —gritó Xia con una risa electrizante mientras lanzaba un combo de puños desde varios ángulos, su energía incrementándose con cada impacto.

Yoru bloqueó lo mejor que pudo, pero Xia era un torbellino.

Un golpe de derecha explotó con una onda de choque que lo desestabilizó, y antes de que pudiera adaptarse, Xia ya estaba frente a él. Cinco, seis, ocho golpes consecutivos en el pecho, el hombro, la pierna, todos envueltos en llamas vivas que dejaban destellos carmesí a su paso. Yoru salió disparado por el aire como un muñeco, rodando por el suelo y dejando una estela de escarcha rota en su camino.

“¿¡Cómo…!?” —gruñó Yoru en su mente mientras intentaba levantarse con esfuerzo—. “¿Cómo es que esta persona está aquí? ¡Es una bestia! ¡Esto es imposible…!”

Pero Xia no había terminado.

Con una sonrisa emocionada, se impulsó con una explosión ígnea en sus pies, una llamarada que la lanzó como un proyectil hacia el cielo, rebasando a Yoru antes de que tocara tierra. En un instante, descendió con un puño llameante, impactándolo en el pecho con tal fuerza que rompió el suelo bajo sus pies, creando un cráter que expulsó polvo y fragmentos en todas direcciones.

—¡JA! —rio Xia, retrocediendo con un giro en el aire—. ¡Esto es divertidísimo! ¡Eres más resistente de lo que pensaba!

Apretando los dientes, Yoru apenas se levantaba. Xia no perdió tiempo, y formó una esfera de fuego densa y palpitante entre sus manos, su energía flameaba como un sol pequeño contenido. El calor era abrumador incluso para los espectadores.

—Fénix Carmesí… —susurró con su tono entusiasta, mientras elevaba la esfera al cielo. La energía aumentó al instante y la esfera creció en tamaño con una onda expansiva flameante.

Desde el suelo, una gota de sudor descendía por la sien de Yoru, la expresión de su rostro mostraba por primera vez algo más que orgullo: era temor.

—Tsk… ¡No tengo salida…!

Xia alzó su mano como si estuviera por liberar un castigo divino.

—¡Espero que aguantes esto, Yoru! ¡¡Aquí va!!

Pero en ese instante, el fuego se encontró con una respuesta.

Yoru rugió desde lo más profundo de su ser, y una corriente helada brotó como una tormenta desde su cuerpo. Su aura de hielo se volvió más oscura, densa como una tormenta invernal prohibida, y se esparció con violencia.

En un instante, el campo bajo sus pies se congeló, y una docena de pilares de hielo oscuro emergieron como lanzas del abismo, elevándose hacia Xia.

—¡Toma, maldita bestia! —bramó Yoru con una rabia contenida.

Los pilares convergieron sobre Xia, envolviéndola por completo en una jaula helada, una prisión afilada, imposible de evadir.

Yoru cayó de rodillas, exhausto, jadeando. En su mente, la victoria era suya.

—Lo logré… nadie podría salir de eso… —susurró, esbozando una sonrisa victoriosa.

Pero entonces lo sintió.

Una vibración… un temblor en el aire. El crujido de algo derritiéndose.

Yoru alzó la mirada.

La prisión de hielo se estaba derritiendo… como cera bajo una vela.

—¿¡Q-qué…!?

El hielo no solo se derretía. Se evaporaba. Se deshacía a una velocidad aterradora.

Una figura emergía lentamente desde el vapor, una silueta con el puño cargado de fuego. Sus ojos brillaban como antorchas, su cabello agitándose por el calor.

Xia estaba allí. Sonriendo.

—Eso fue genial, Yoru —dijo bajando poco a poco al suelo—. ¡Tu hielo me obligó a usar un poco más de poder del que quería!

El fuego de sus brazos ahora brillaba con más potencia.

—Pero ahora… ¡¡Voy con todo!!

Xia alzó los brazos hacia los cielos. Una oleada de fuego recorrió su cuerpo como si celebrara su victoria antes incluso de obtenerla. La emoción en su rostro brillaba más que sus llamas.

—¡Vamos, Yoru! ¡¿Es todo lo que tienes?! —gritó con una risa salvaje—. ¡Esto apenas comienza!

Sin perder un segundo, se impulsó como una bala ardiente hacia su oponente. Su fuego estalló bajo sus pies, dejando un cráter humeante en el suelo mientras surcaba el aire con una velocidad tremenda.

Yoru se alarmó. Su corazón golpeaba con fuerza. Sabía que Xia venía a por él, y no había escapatoria.

—¡No me derrotaras! —rugió mientras extendía ambos brazos hacia adelante y liberaba una inmensa ráfaga helada.

A su alrededor se alzaron decenas de pilares oscuros de hielo, retorcidos y densos como colmillos de una bestia congelada. Con un grito de poder, los lanzó todos hacia Xia como lanzas asesinas.

—¡Qué espectáculo! —gritó Xia con emoción mientras esquivaba uno, dos, tres pilares que pasaban rozándole la piel.

Giró en el aire, usó sus llamas como propulsores, y subió a lo alto del cielo como si volara.

—¡Más rápido, más alto, más caliente!

Desde allí, vio los cientos de pilares de hielo que se alzaban desde el campo como una prisión helada intentando contenerla. No había escapatoria visible.

—¡Perfecto! —exclamó con una sonrisa de adrenalina pura.

Xia estiró su puño derecho hacia el frente y lo envolvió en una capa de fuego incandescente. Con un rugido, lo impactó directamente contra el pilar más cercano. El hielo comenzó a derretirse y evaporarse al instante, y a cada nuevo golpe Xia avanzaba por el túnel que ella misma abría entre los pilares.

—¡¡Fénix Carmina… en línea recta!! —gritó avanzando entre el vapor.

Al final de ese túnel ardiente, emergió como una estrella fugaz, a centímetros del rostro de Yoru. El joven de Inclementer no tuvo tiempo de reaccionar. Solo pudo mirar a Xia a los ojos, aquellos ojos que brillaban como llamas libres y salvajes, indomables.

“¿Cómo… es esto posible?” —pensó, paralizado—. “Ni siquiera puedo… sentirla. Su fuego me anula completamente. ¿Cuándo se volvió tan rápida? ¿ Cómo es tan fuerte…?”

Pero incluso en medio del miedo, apretó los dientes con determinación y con el poco aire que le quedaba gruñó:

—¡No me subestimes!

Con desesperación, liberó una enorme ráfaga de hielo oscuro en todas direcciones, un intento desesperado de crear distancia. La energía congeló el suelo, el aire, hasta las mismas partículas en su camino, generando un resplandor oscuro e invernal.

Pero nada detuvo a Xia.

—¡Demasiado tarde!

Xia giró en el aire, sus puños giraban como llamaradas hasta que uno se cargó con una energía punzante: era su técnica final.

—¡¡Llama Punzante!! —rugió.

Su puño derecho, ahora una lanza ardiente de presión y energía condensada, impactó directamente en el pecho de Yoru. Por un instante todo quedó en silencio.

Un segundo después, la onda de choque se descargó a través de Yoru como un latido explosivo. El fuego perforó su defensa, traspasó su cuerpo con una descarga térmica que lo hizo salir volando como una flecha lanzada por los cielos, dejando un reguero de vapor tras de sí.

Yoru impactó contra varios pilares antes de caer inconsciente en el suelo.

El campo quedó en silencio… hasta que la multitud estalló en gritos y vítores.

—¡Eeeeeehhhhh! —gritaron desde las gradas—. ¡Qué ataque fue ese!

Xia se giró triunfante hacia el público, alzando ambos brazos con orgullo. Su sonrisa lo decía todo.

—¡¿Quién sigue?! —gritó mientras su cabello ondeaba y el fuego aún chispeaba en su piel.

Desde las gradas, varios alumnos se pusieron de pie con el rostro tenso.

—¿Esa fue Xia Wave…? ¿La del emblema Stella?

—No puede ser… ¡Derrotó a Yoru!

—¿Qué clase de monstruo es esa chica…?

Mientras tanto, desde las gradas más altas, donde los líderes de los emblemas observaban el combate con atención…

La maestra Nia del emblema Kinrir sonrió con satisfacción.

—Esa chica… va a cambiar las reglas del juego.

El maestro Ivan Taskea, de mirada impenetrable y voz grave como un eco de montaña, rompió su silencio:

—¿Por qué dices eso, Nia? —preguntó sin apartar los ojos del campo—. La batalla aún no ha terminado.

Nia, la maestra del emblema Kinrir, se incorporó levemente, sus ojos llenos de asombro. Se llevó una mano a los labios con elegancia, ocultando una expresión de perplejidad.

—Vaya… eso no lo esperaba —susurró con una chispa de malicia—. ¿Eso siquiera es legal?

Ivan entrecerró los ojos.

A lo lejos, el polvo de la explosión se disipaba. Xia, con los brazos aún en alto, se giró tras escuchar un ruido sordo. Detrás de ella… alguien se ponía de pie.

Yoru, cubierto de escarcha y quemaduras, tosía sangre, pero sonreía.

—¿Eh? ¿Sigues de pie? —preguntó Xia con incredulidad, bajando lentamente los brazos —Deberías rendirte pronto.

Su tono era desafiante, pero su ceja arqueada delataba sorpresa.

Yoru escupió a un lado, su sonrisa ya no era arrogante, sino torcida, eufórica… desquiciada.

—Eres fuerte… muy fuerte… pero ingenua —jadeó, mientras de su chaqueta extraía algo con lentitud—. Ahora eres tú quien debería rendirse… estás exactamente donde quería.

Xia frunció el ceño.

—¿Qué…?

Miró a sus pies y entonces lo vio: un símbolo grabado en el suelo, en forma de espiral fracturada con runas que parpadeaban con un brillo morado oscuro. Un zumbido empezó a sonar bajo su piel, como si el mismo campo retumbara.

—¿Esto es una runa? —murmuró—. ¡¿Cuándo…?!

Yoru alzó el brazo y lanzó un amuleto morado que comenzó a girar en el aire con fuerza. El objeto se dirigía directo hacia Xia, pero no impactó contra ella: chocó con una barrera invisible justo donde estaban sus pies.

El momento fue instantáneo.

Una cúpula oscura surgió del suelo, envolviendo completamente a Xia como una prisión etérea. El campo de contención morado oscuro palpitaba, sellando no solo su cuerpo, sino también su energía.

Dentro, no se podía ver nada.

Desde el interior solo se escuchó un golpe seco… luego, silencio.

Yoru se rió con fuerza, sin ocultar ya su rostro sudado, desencajado, lleno de cicatrices y desesperación.

—¡JÁJAJAJAJA! ¡Ahora mírenme! ¡Soy el que venció a la fiera de Stella! ¡Yo, Yoru Thirandor, soy quien sometió a la bestia de fuego!

Su voz retumbó por el estadio. Pero lo que ocurrió después… no fue lo que esperaba.

En las gradas, donde antes varias chicas sostenían pancartas, camisetas, y hasta figuras de peluche de Yoru, ahora… reaccionaban con horror.

—¿Eso… fue una trampa?

—¡¿Qué le lanzó?! ¿Eso estaba permitido?

—¡Qué sucio!

—Siempre pensé que era noble y caballeroso…

—¿Era así en realidad…? Ahora mismo se ve muy diferente.

—¡No puedo creer que me gustaba!

Algunas chicas rompieron sus fotos, otras arrojaron sus pancartas al suelo. Hasta algunos chicos comenzaron a murmurar.

—Eso no fue un combate justo.

—¿Eso está permitido?

—Qué patético…

El aura de perfección que Yoru había cultivado por tanto tiempo se desmoronaba frente a los ojos de todos.

Desde las filas del emblema Inclementer, Dante entrecerró los ojos, molesto, pero no dijo nada. En cambio, Kael, aún observando la escena a lo lejos, sonrió de medio lado.

—Yoru… acabas de cavar tu propia tumba.

Desde el palco de los líderes, el director Capella apretó la mandíbula con molestia y se inclinó hacia uno de sus asistentes.

—Verifica las runas. Revisen si ese objeto estaba autorizado.

El asistente asintió y corrió hacia el panel de revisión.

De vuelta en el campo, Yoru se arrodilló frente al sello, respirando agitadamente, con una risa apenas contenida.

—Lo hice… finalmente lo hice… una como ella, una fiera salvaje… encerrada como debía estar.

Pero entonces…

El campo vibró.

Yoru se detuvo.

—¿Eh…?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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