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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 147

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Capítulo 147: Capítulo 147: Contra lo Invisible

Chris Mercy seguía esquivando con precisión milimétrica los ataques combinados de Theren y Caelus. Theren no dejaba de lanzar ráfagas de viento con movimientos de palma, creando cuchillas de aire y lanzas de presión cortante, mientras que Caelus lo rodeaba con su daga en mano, buscando un punto ciego.

Chris no usaba su poder. Solo esquivaba. Ni una expresión cambiaba en su rostro. Sus pies apenas tocaban el suelo, se movía como si todo fuera cámara lenta para él.

—Esto es horrible —dijo Theren jadeando, mientras retrocedía un poco para recuperar aire—. ¿Cómo es que esquiva todo? ¡Ni siquiera parece moverse bien!

—Ya no importa —espetó Caelus, con sudor cayéndole por el rostro—. ¡No nos contengamos más!

Theren asintió, y aumentó su energía al máximo, haciendo que el viento a su alrededor se agitara violentamente. Se lanzó como un proyectil hacia Chris con el puño cargado. Chris esquivó de lado, pero en ese instante una lanza de viento emergió desde el costado, impactándole directo en el abdomen.

El golpe resonó como un martillazo contra el metal. Chris fue empujado hacia atrás… justo cuando Theren apareció frente a él y le conectó un puño directo al rostro.

Chris trastabilló, pero se mantuvo de pie. Iba a contraatacar, pero Theren no le dio respiro. Atacó con un aluvión de golpes. Chris esquivó los dos primeros, pero el tercer golpe, más rápido y directo, impactó su mejilla, haciéndole girar la cabeza. Después, un gancho al estómago le cortó la respiración y, sin que pudiera evitarlo, un último puño ascendente lo elevó por el aire.

Chris cayó al suelo con fuerza.

Theren se rio, relajando los hombros y limpiándose el sudor.

—Vaya, pensé que quizá serías más capaz… —dijo burlón—. Pero me alivia saber que no. Eres tal como imagine.

Chris seguía en el suelo. Callado. Sin decir una sola palabra lentamente se incorporó. Su mirada seguía vacía, pero ahora… algo se notaba distinto. Observó la sangre en su manga, recién limpiada del labio roto, y chasqueó la lengua con molestia.

—Tsk… qué molestia.

Sus ojos brillaron con un fulgor tenue. Casi imperceptible.

Mientras tanto, entre los pilares cercanos…

Silfy y Shizuki se movían cautelosamente entre las sombras. El campo de batalla a su alrededor vibraba con los ecos de combates cercanos. Shizuki miraba en todas direcciones, frunciendo el ceño, intentando encontrar a Irina.

—No logro sentir nada… —susurró.

Silfy estaba más adelantada, su brazalete brillaba tenuemente, captando fluctuaciones. De pronto, algo invisible se aproximó a gran velocidad.

—¡Cuidado! —gritó Silfy, interponiéndose.

En un instante, una barrera de energía estelar surgió frente a ella. El impacto fue seco, y una onda distorsionada se expandió como si el aire temblara. Algo había sido repelido… pero no podían ver qué.

Shizuki parpadeó, impresionada.

—¿Eso fue…?

—Un ataque oculto… —dijo Silfy, respirando hondo—. No lo vi, pero lo sentí. Se está moviendo entre los espacios vacíos, usando las sombras.

—Maldita sea, eso no es justo… ni divertido —murmuró Shizuki, activando la energía en su mano—. Bien, sombra misteriosa… ¡Veamos qué tal te va contra una dama del abismo!

Silfy se giró hacia ella con una tímida sonrisa, a pesar de la tensión.

—Gracias por ayudarme—dijo con suavidad.

Shizuki infló un poco el pecho y levantó el mentón.

—Obvio. Soy la elegida del abismo, ¿recuerdas? Nadie lastima a mis aliadas sin llevarse una maldición encima, así que… ¡Terminemos con esto!.

De pronto, un leve zumbido, como un aleteo espectral, se escuchó detrás de ellas. Ambas giraron en sincronía. Una presencia oculta se acercaba… y esta vez, iban a enfrentarla juntas.

La presencia oculta finalmente se reveló.

Desde la penumbra de los pilares surgió Irina Daevel, de figura menuda y cabello negro azulado. Sus ojos cafés, aunque tranquilos, no podían ocultar del todo cierto temblor en la mirada, un resplandor leve de inseguridad mientras sus ojos se posaban entre Shizuki y Silfy. No decía nada. Solo las observaba.

—¡Así que ahí estás! —gritó Shizuki, señalándola con el dedo con dramatismo—. ¡Sal de las sombras, enemiga del cosmos! ¡Es hora de nuestro enfrentamiento, duelo de espíritus y destino!

Irina alzó la vista un poco, como si por fin aceptara lo inevitable.

—No hay de otra… —dijo con voz baja y resignada—. Así que… ahí voy.

De pronto, una energía pesada y distorsionada se desplegó desde su cuerpo, una fuerza invisible, densa, como una presencia que no pertenecía a este mundo. No se veía luz, no se escuchaba estruendo. Pero era real. Tan real que oprimía el pecho como si el aire se volviera más denso.

Silfy, con su espíritu naturalmente sensible a las energías espirituales, lo notó al instante. Retrocedió un paso, tensa.

—Su energía… no es normal. Es… espiritual, pero pura. Como la mía. —susurró, con una mezcla de asombro y miedo.

En ese momento, una onda invisible se lanzó a gran velocidad. Silfy logró percibirla y esquivó hacia un lado. Pero Shizuki, atrapada en su teatralidad, no reaccionó a tiempo.

—¿Eh?

Un golpe invisible impactó su cuerpo de lleno, arrojándola con fuerza contra un pilar cercano. El impacto resonó y la hizo rodar por el suelo.

—¡Agh! ¡Eso dolió! —gritó, levantándose con las coletas alborotadas.

Molesta y determinada, Shizuki levantó la mano, formando técnicas de hielo a su alrededor. Trocitos de escarcha flotaban con un brillo tenue. Saltó al aire, los mechones ondeando como si danzaran con los demonios, y gritó:

—¡Restricción demoníaca!

Témpanos afilados como lanzas salieron disparados hacia Irina con un silbido cortante. Pero Irina, sin mostrar emoción, alzó una mano lentamente.

Los tempanos se detuvieron en el aire, congelados en su curso. Una a una, las lanzas giraron… y fueron devueltas con la misma velocidad hacia Shizuki.

—¡¿¡¿Ehhhhh!?!? —chilló Shizuki al ver su ataque regresar— ¡Eso no vale, eso es trampa! ¡Mis propias creaciones me traicionan!

Corrió y se deslizó hacia Silfy, ocultándose tras el pilar.

—¡¿Qué fue eso?! ¡Me lanzaron mis propios demonios de hielo!

Silfy, aunque tensa, mantuvo la calma.

—Ella está usando únicamente su espíritu. Parece ser algo como telequinesis pura, espiritual… su espíritu es de distinta naturaleza. Como la mía. Sus ataques no se ven. Para defenderte, tienes que sentirlos. No verlos.

Shizuki tragó saliva. Miró sus propias manos.

—¿Sentirlos…? Eso suena complicado… aunque algo emocionante también.

Pero el tiempo no les dio tregua.

Los escombros del ataque anterior comenzaron a moverse por sí solos, como si flotaran, pero no de manera suave: temblaban, cargados con una fuerza invisible. Comenzaron a elevarse, vibrando cada vez más rápido.

Silfy miró hacia arriba, horrorizada.

—¡Shizuki, ahora! ¡Haz algo!

—¡Tranquila, tranquila! ¡La elegida del abismo tiene algo preparado para estos casos!

Levantó la palma de la mano y comenzó a pronunciar:

—¡Pacto vital…!

Pero Silfy, alarmada, le agarró el brazo.

—¡No! Guarda esta técnica… para cuando de verdad lo necesitemos.

Shizuki parpadeó. Bajó el brazo con una pequeña mueca.

—¿Eh? Bueno… está bien… solo porque confío en ti, Silfy.

Los escombros cayeron con brutalidad, como lluvia de proyectiles invisibles.

Shizuki colocó ambas manos en el suelo.

—¡Escudo del Abismo!

Una barrera morada resplandeciente se alzó justo a tiempo, protegiéndolas del alud de piedras. Los impactos resonaron con violencia, una tras otra rebotando y estallando contra el escudo. La presión espiritual en el aire se hizo más intensa, como si Irina estuviera calculando su próxima jugada con precisión.

Cuando la lluvia cesó, alrededor solo quedó destrucción y polvo suspendido.

Silfy respiraba agitadamente, aún sujetando el brazo de Shizuki.

—Gracias…

Shizuki, con el corazón latiendo con fuerza y el rostro cubierto de polvo, le sonrió de lado.

—Por supuesto. ¿Qué clase de elegida del abismo sería si dejara que nos hicieran puré estelar?

Shizuki desactivó su escudo del abismo, jadeando levemente mientras el eco de los escombros se disipaba en el aire. Su respiración se calmó poco a poco mientras sus ojos recorrían los restos del impacto.

—Bien, al menos… estamos vivas —susurró, con una risita débil.

Pero Silfy, aún con su expresión reservada, dio un paso adelante con una determinación inusual en ella.

—Shizu… tenemos que asegurarnos. Ya sabes qué hacer. Por lo menos… derrotemos a uno.

Shizuki la miró con sorpresa, y al instante sus ojos verdes brillaron con una emoción desbordante.

—¡S-sí! ¡Claro que sí! ¡Ya es hora de nuestro ataque secreto estrella demoníaco celestial abismal… número uno!

—…ese nombre sigue siendo muy largo —murmuró Silfy, pero por primera vez en mucho tiempo, sonrió con un pequeño destello de diversión.

Ambas se incorporaron, decididas, firmes.

El viento sopló alrededor de ellas mientras las nubes de polvo y energía espiritual comenzaban a arremolinarse como si el mundo mismo esperara su siguiente movimiento.

Silfy, con un gesto ceremonioso, se remangó la manga derecha y reveló el anillo oscuro en su dedo índice.

El “Hailf”.

El artefacto brilló como si respondiera a su voluntad. Una energía oscura, densa y palpitante, comenzó a emanar del anillo como humo atrapado en un remolino.

Silfy extendió la mano, y con voz baja, casi un susurro hacia el universo, dijo:

—Espero que funcione… aquí va mi ataque.

De inmediato, el aire a su alrededor se comprimió. La energía oscura envolvió a Silfy como una niebla danzante, flotando entre los sellos y símbolos de estrellas que aparecían espontáneamente a su alrededor. Era como si el mismísimo cielo hubiera respondido a su llamado.

En las gradas, el público estalló en un torbellino de murmullos y tensión.

—¡Ese debe ser su artefacto! —gritó un estudiante de segundo año.

—¿Qué es eso? ¿Un anillo? ¿De verdad van a usarlo tan pronto?

—Parece un desperdicio si lo usan contra Irina…

—¿Qué clase de energía es esa? No puedo sentirla…

—¡Yo lo sabía! El emblema Stella tiene sus rarezas, pero esto… esto se ve serio.

Abajo, en el campo, Silfy levantó su brazo al cielo. Sellos cósmicos giraban a su alrededor como constelaciones vivas.

—Bartol… te invoco.

Su voz no fue un grito, sino un llamado. Como si estuviera invocando a un viejo amigo en medio de la tormenta.

Entonces, el mundo pareció detenerse por un instante.

Frente a ella, los sellos se encendieron en un blanco plateado. Constelaciones giraron, trazando líneas invisibles entre las estrellas. En el centro de la formación, la materia comenzó a formarse y comprimirse, como si el universo hubiese elegido ese punto para nacer de nuevo.

Irina, al notar lo que estaba pasando, palideció. Su cuerpo vibró de tensión. Sabía que si ese ser aparecía, su control del campo se rompería. Con toda la energía que pudo reunir, alzó un pilar de piedra con su telequinesis. El esfuerzo la hizo tambalearse, pero logró lanzarlo con fuerza demoledora hacia las dos chicas.

—¡SILFY, CUIDADO! —gritó Shizuki.

Pero antes de que la roca pudiera siquiera rozarlas…

Una gigantesca mano pétrea emergió del vórtice de luz estelar.

El pilar fue atrapado en el aire como si no pesara nada. Las grietas lo recorrieron hasta que fue arrojado violentamente hacia los cielos. La masa rocosa explotó en fragmentos cuando impactó contra un pilar flotante del escenario.

Irina se quedó paralizada, su boca apenas entreabierta.

—…¿Qué es… eso?

Shizuki estaba temblando de emoción, los ojos le brillaban más que nunca.

—¡E-es real! ¡Lo logró! ¡Lo llamaste! ¡Míralo, míralo, Silfy, es increibleeee!

Allí, en el campo, se alzaba Bartol, el spirit protector de Silfy.

Una figura colosal, mitad golem de piedra viva, mitad energía estelar condensada. Sus ojos brillaban como lunas llenas. La energía oscura del Hailf seguía girando en su cuerpo como una capa protectora que había catalizado su invocación. Era una criatura de otro mundo, forjada en los susurros de las constelaciones.

Silfy no podía creerlo.

—…Bartol… de verdad funciono.

Bartol miró a Silfy y se arrodilló ante ella. Su pecho brilló con la misma energía estelar de Silfy.

Shizuki se acercó a ella, respirando con agitación por la emoción.

—Ahora sí, ¡estamos listas! ¡Vamos a enseñarle lo que el poder estelar es capaz de hacer!

Silfy miró hacia Irina con una mirada firme.

—Vamos. Derrotemos a Irina…

El campo se estremecía de un lado a otro con las ondas del combate. Mientras Shizuki y Silfy celebraban la aparición de Bartol, no todos en el equipo Stella corrían con la misma suerte.

Noell permanecía quieto, su respiración entrecortada, su mirada fija en el suelo.

—¿Fue real? —pensó, mientras apretaba los dientes con impotencia—. El supervisor… ¿Acaso hizo tiempo para que ella despertara? ¿Realmente estaba tan malherida? ¡No puede ser!

Las palabras se enredaban en su cabeza como agujas.

“Lo vi con mis propios ojos… no podía ni respirar… ¿entonces por qué?”

A unos pasos de él, Alenya comenzaba a levantarse. Su cuerpo temblaba levemente, y la expresión de su rostro estaba ensombrecida. Tenía la mirada baja, sus labios apretados con rabia.

Noell apenas logró alzar la vista cuando un pitido sonó dentro de su casco.

—¡Alarma de impacto! —avisó su visor, pero era tarde.

El puño de Alenya ya estaba envuelto en un fuego brillante y salvaje. Su cabello volaba por la fuerza de la energía que liberaba, y sus ojos ardían con furia ciega.

—¡NO VAS A GANARME ASÍ DE FÁCIL! —gritó, y descargó su golpe con toda la fuerza contenida.

El impacto dio de lleno en el rostro de Noell.

Una grieta se formó en el casco a la altura de su mejilla, expandiéndose en una red fracturada.

El golpe lo lanzó por el aire como una muñeca de trapo, y la parte derecha de su casco estalló, dejando a la vista su ojo café claro, su mentón ensangrentado, y un temblor en sus labios por el dolor.

Apenas pudo estabilizarse gracias al soporte de su traje, activando de forma automática los propulsores para amortiguar la caída.

Pero Alenya ya estaba sobre él.

Sus manos ahora acumulaban rafagas puras de fuego y energía, disparándolas una tras otra sin piedad.

—¡TOMA ESTO! —vociferó, arremetiendo con una tormenta de ataques que golpeaban sin descanso, una tras otra, creando un estruendo ensordecedor.

Noell no podía hacer nada más que resistir.

Su cuerpo era sacudido con cada golpe. Cada explosión desarmaba aún más la estructura de su armadura. El metal ardía, el polvo lo cubría, y el mundo entero pareció desaparecer en un torbellino de fuego sin fin.

Desde las gradas, todos guardaron silencio.

Un estudiante de 2° año tragó saliva y murmuró:

—¿Eso era… necesario?

—No puede ser… ¡Va a matarlo! —gritó una chica a su lado, cubriéndose la boca.

—¡Ese chico no puede seguir peleando después de eso!

—Ese combate ya está por terminar…

Los comentarios comenzaron a surgir uno tras otro, ya no eran vítores o burlas, sino un horror colectivo. Algunos comenzaron a sentir pena por Noell, incluso entre quienes se burlaban antes de Stella.

—¡Ese traje no podrá resistirlo mucho más!

—No puede ser que esto siga…

Pero en el campo, Alenya aún no terminaba.

Saltó hacia el centro de la nube de polvo, su puño derecho ya envuelto en una espiral ardiente.

—¡ESTE ES EL FINAL! —gritó con los ojos desorbitados.

Una explosión descomunal estalló al instante.

El suelo crujió como cristal rompiéndose. Una gran llamarada cubrió una porción entera del campo, levantando una columna de humo y brasas que se alzó hasta el cielo. El calor se sintió incluso desde las gradas, empujando el aire con violencia.

Silencio.

Sólo el crepitar del fuego moribundo quedaba como eco del ataque.

El corazón del estadio se quedó suspendido.

Todos esperaban una confirmación, un grito del supervisor, una señal de que el combate había terminado… pero no hubo nada aún. Solo ese silencio tenso que se forma cuando se cruzan los límites de la competencia justa.

¿Noell Sandrick… seguiría en pie?

La nube de humo y energía comenzó a disiparse lentamente.

La luz del sol perforó el humo en haces irregulares, revelando poco a poco las siluetas dentro del cráter ardiente que había quedado tras el ataque.

Alenya Tharos se mantenía de pie, jadeante. El fuego aún chispeaba en sus puños como brasas que no terminaban de extinguirse. Su cabello desordenado se pegaba al rostro por el sudor, y su respiración agitada era lo único que la mantenía anclada al momento.

En las gradas, algunos comenzaron a aplaudir con entusiasmo contenido.

—¡Así se hace, Alenya! —gritó un estudiante de primer año.

—¡Una menos de Stella! —exclamó otro con tono burlón.

—¡Sabía que esa armadura era solo para lucirse…! —decía alguien más.

Pero la mayoría, aparte de ellos, no decía nada.

Un silencio áspero recorrió los asientos como una ola fría.

Todos lo habían anticipado:

Esto no sería una pelea justa. Stella nunca tuvo oportunidades reales. La idea general era que quizá, con suerte, podrían eliminar a uno o dos miembros de Inclementer… pero no ganar.

Una batalla imposible.

Un acto simbólico.

Un ritual para recordarles a todos su lugar.

Pero entonces, lo inesperado sucedió.

La nube de humo desapareció por completo… y allí estaba Noell Sandrick, de pie.

El público contuvo el aliento.

Su armadura estaba hecha trizas. Pedazos del metal colgaban como placas sueltas, las chispas saltaban por todo su cuerpo, y una gran grieta cruzaba el pecho del traje, dejando a la vista su torso lleno de rasguños y quemaduras. La mitad derecha del casco seguía cubierta, pero el otro lado revelaba una mirada encendida, apenas viva, pero determinada.

Noell temblaba.

Sus piernas cedieron, y cayó de rodillas con un golpe seco. Un charco de sangre fresca comenzó a expandirse a sus pies, tintando la piedra agrietada de rojo.

Alenya lo miró en shock absoluto. Dio un paso atrás, su rostro se tensó con culpa.

—Yo… no… —balbuceó con voz temblorosa—. Noell, yo… no pensé que… perdón. No quería hacerte tanto daño…

Desde las gradas elevadas, Lyra Nightshade observaba en completo silencio. Su mirada estaba clavada en su alumno.

“Noell…” —pensó, con una mezcla de orgullo y pena. “Ya hiciste más de lo que cualquiera esperaba. Tu espíritu… tu coraje… es suficiente. No hace falta más.”

En ese momento, el supervisor apareció junto al cráter.

—¡Participante Noell Sandrick del emblema Stella… queda declarado FUERA DE COMBATE! —anunció con voz firme.

Algunos en el público suspiraron. Otros bajaron la mirada. Una sensación de injusticia flotaba en el aire, pero nadie se atrevía a decirlo en voz alta.

Alenya se acercó con pasos inseguros.

—Lo siento… —dijo, mirándolo desde arriba—. Yo solo quería… demostrar lo que valgo… no quería dañarte así… perdóname.

Noell apretó los dientes con frustración. Su respiración era un silbido entrecortado, sus puños cerrados temblaban por el dolor y la impotencia.

—No… —murmuró, su voz apenas audible—. Aún no me rindo…

Todos enmudecieron.

Las chispas de su traje lo rodeaban, danzando como brasas al borde del apagón. El núcleo en su centro parpadeaba, con los símbolos estelares debilitados, como si el artefacto mismo también estuviera luchando por no colapsar.

Noell se levantó lentamente. Primero un pie… luego el otro… hasta que volvió a erguirse. El vendaval del dolor aún lo rodeaba. Su cuerpo sangraba. Pero su mirada seguía ahí, brillando con terquedad inquebrantable.

“No debo… no puedo… no quiero rendirme aún” —dijo en su mente, mientras sentía cómo el ardor del interior lo consumía.

“Pero… cómo duele… —pensó mientras sentía un espasmo en el costado.

“Me duele todo… el pecho, los brazos, las piernas… “

“¿Es esto… mí límite? “

“No… no puede serlo todavía.”

El público lo miraba sin palabras.

Era un chico pequeño, débil, con un traje roto…pero que seguía de pie.

En ese momento, algo cambió en los corazones de algunos estudiantes en las gradas. Ya no era solo un miembro del “peor emblema” resistiendo. Era un estudiante como ellos, alguien que se negó a caer, que no retrocedió pese a la humillación ni al dolor.

Y eso, solo eso… hizo que algunos comenzaran a aplaudir.

Primero una persona… luego otra… hasta que un murmullo tenue de apoyo se hizo presente.

Noell, tambaleante, levantó la cabeza. Y mientras su cuerpo luchaba por no colapsar… sus ojos buscaron a sus compañeros.

Silfy. Shizuki. Kiro.

“Si ustedes siguen peleando…” —pensó—. “Entonces yo también seguiré, aunque me tenga que arrastrar.”

El crujido del metal resonó como un grito de guerra.

Noell, apretó con ambas manos el núcleo estelar incrustado en el centro de su traje. Un brillo azulado, intermitente y débil, parpadeaba dentro del núcleo como un corazón exhausto.

—Vamos… —susurró con los dientes apretados—. Solo un poco…

Y entonces, lo arrancó.

El núcleo se desprendió con un destello violento, y una oleada de energía brotó como lava líquida en sus manos, ardiente, incontrolable. Su piel se quemaba, su respiración se volvía irregular, pero se negaba a ceder.

—¡Noell, detente! —gritó Alenya, con genuina preocupación— ¡Te vas a destruir a ti mismo!

Pero él no se detuvo. Dio un paso hacia adelante. Luego otro. Y otro.

Su cuerpo temblaba, el dolor lo consumía, pero el brillo azul del núcleo comenzó a rodearlo por completo, haciendo que su figura pareciera envuelta en estrellas moribundas.

—¡Toma esto! —gritó con lo último de su fuerza.

Y entonces, descargó el golpe.

Un impacto devastador sacudió el campo.

El aura estelar se expandió en todas direcciones con una onda explosiva que rompió la defensa de Alenya como si fuera cristal. Todo el terreno a su alrededor se agrietó, los pilares se inclinaron, y una ráfaga de luz dorada envolvió el campo por un instante.

Alenya cayó de rodillas, jadeando, sin aire y sin energía. Su visión era borrosa y sus brazos temblaban.

“Ese golpe… me alcanzó directamente… Fue… real…” —pensó— “Noell… ¿de verdad me derrotará…?”

Aún temblando, Alenya levantó el rostro. Vio a Noell tambaleándose, completamente abierto tras el ataque.

Y aunque su corazón le decía que ya era suficiente, que él merecía esa victoria, algo en ella no la dejó rendirse.

—Lo siento, compañero… pero no puedo… no puedo dejarme perder… —susurró mientras caía una lágrimas en su ojo.

Reunió lo poco que quedaba de su fuego, y lanzó un último puño envuelto en energía.

El impacto fue seco y brutal, directo al estómago de Noell.

Él no gritó.

Solo se dobló como si su cuerpo se deshiciera por dentro. Salió disparado hacia atrás, impactando con fuerza contra una formación de piedra. El núcleo en su mano cayó al suelo y se apagó, como si hubiera cumplido su propósito.

El silencio envolvió el campo.

Noell se mantuvo en el suelo, inmóvil por unos segundos. Y luego… se movió.

Con un esfuerzo casi inhumano, apoyó una mano en el suelo e intentó levantarse.

Su brazo cedió.

Cayó de nuevo. Sus dedos rasgaron la tierra, como si aferrarse a ella le diera alguna esperanza.

—Maldición… —susurró con los labios rotos—. ¡Muévete… cuerpo… por favor…! ¡No… puedo… rendirme… aún!

Lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos.

No solo por el dolor físico.

Sino por la frustración. La impotencia. Y la rabia.

“¿Por qué?”

—¿Por qué… por qué no puedo hacer más…? —gimió, su voz temblando—. ¿Por qué… no soy como los demás…?

—¿Por qué no puedo tener la voluntad de Kiro para levantarme siempre…?

—¿Por qué no puedo sonreír como Xia, con fuego en el alma…?

—¿Por qué no tengo la energía inagotable de Shizuki, ni su coraje absurdo…?

—¿Por qué no soy suficiente… ni siquiera ahora… con todo esto?

El dolor se acumulaba en su pecho como un peso insoportable.

Y entonces sus lágrimas cayeron sobre el suelo, mezclándose con su sangre.

“Me rindo…” —pensó, mientras su cuerpo se debilitaba—. “No quiero seguir luchando… pero debo… Quiero rendirme… pero no debo… ¿Está mal eso…? Sí… ¿No…? No quiero pelear… pero aquí estoy. No tengo gran determinación… pero me resisto inutil. Al final… seré el primero en caer… Qué lamentable… “

Su respiración se volvió errática.

Las luces del núcleo estelar chispearon una última vez.

Y con la última fuerza que le quedaba, volteó la cabeza en dirección al resto del campo de batalla buscando a sus compañeros, aunque no pudiera verlos.

—Lo siento… chicos… —susurró con los labios agrietados—. Ni siquiera con su ayuda… fui capaz…

Y entonces, todo se apagó. Su cuerpo se derrumbó en el suelo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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