Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 148
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Capítulo 148: Capítulo 148: Cenizas de una Estrella
El campo se estremecía de un lado a otro con las ondas del combate. Mientras Shizuki y Silfy celebraban la aparición de Bartol, no todos en el equipo Stella corrían con la misma suerte.
Noell permanecía quieto, su respiración entrecortada, su mirada fija en el suelo.
—¿Fue real? —pensó, mientras apretaba los dientes con impotencia—. El supervisor… ¿Acaso hizo tiempo para que ella despertara? ¿Realmente estaba tan malherida? ¡No puede ser!
Las palabras se enredaban en su cabeza como agujas.
“Lo vi con mis propios ojos… no podía ni respirar… ¿entonces por qué?”
A unos pasos de él, Alenya comenzaba a levantarse. Su cuerpo temblaba levemente, y la expresión de su rostro estaba ensombrecida. Tenía la mirada baja, sus labios apretados con rabia.
Noell apenas logró alzar la vista cuando un pitido sonó dentro de su casco.
—¡Alarma de impacto! —avisó su visor, pero era tarde.
El puño de Alenya ya estaba envuelto en un fuego brillante y salvaje. Su cabello volaba por la fuerza de la energía que liberaba, y sus ojos ardían con furia ciega.
—¡NO VAS A GANARME ASÍ DE FÁCIL! —gritó, y descargó su golpe con toda la fuerza contenida.
El impacto dio de lleno en el rostro de Noell.
Una grieta se formó en el casco a la altura de su mejilla, expandiéndose en una red fracturada.
El golpe lo lanzó por el aire como una muñeca de trapo, y la parte derecha de su casco estalló, dejando a la vista su ojo café claro, su mentón ensangrentado, y un temblor en sus labios por el dolor.
Apenas pudo estabilizarse gracias al soporte de su traje, activando de forma automática los propulsores para amortiguar la caída.
Pero Alenya ya estaba sobre él.
Sus manos ahora acumulaban rafagas puras de fuego y energía, disparándolas una tras otra sin piedad.
—¡TOMA ESTO! —vociferó, arremetiendo con una tormenta de ataques que golpeaban sin descanso, una tras otra, creando un estruendo ensordecedor.
Noell no podía hacer nada más que resistir.
Su cuerpo era sacudido con cada golpe. Cada explosión desarmaba aún más la estructura de su armadura. El metal ardía, el polvo lo cubría, y el mundo entero pareció desaparecer en un torbellino de fuego sin fin.
Desde las gradas, todos guardaron silencio.
Un estudiante de 2° año tragó saliva y murmuró:
—¿Eso era… necesario?
—No puede ser… ¡Va a matarlo! —gritó una chica a su lado, cubriéndose la boca.
—¡Ese chico no puede seguir peleando después de eso!
—Ese combate ya está por terminar…
Los comentarios comenzaron a surgir uno tras otro, ya no eran vítores o burlas, sino un horror colectivo. Algunos comenzaron a sentir pena por Noell, incluso entre quienes se burlaban antes de Stella.
—¡Ese traje no podrá resistirlo mucho más!
—No puede ser que esto siga…
Pero en el campo, Alenya aún no terminaba.
Saltó hacia el centro de la nube de polvo, su puño derecho ya envuelto en una espiral ardiente.
—¡ESTE ES EL FINAL! —gritó con los ojos desorbitados.
Una explosión descomunal estalló al instante.
El suelo crujió como cristal rompiéndose. Una gran llamarada cubrió una porción entera del campo, levantando una columna de humo y brasas que se alzó hasta el cielo. El calor se sintió incluso desde las gradas, empujando el aire con violencia.
Silencio.
Sólo el crepitar del fuego moribundo quedaba como eco del ataque.
El corazón del estadio se quedó suspendido.
Todos esperaban una confirmación, un grito del supervisor, una señal de que el combate había terminado… pero no hubo nada aún. Solo ese silencio tenso que se forma cuando se cruzan los límites de la competencia justa.
¿Noell Sandrick… seguiría en pie?
La nube de humo y energía comenzó a disiparse lentamente.
La luz del sol perforó el humo en haces irregulares, revelando poco a poco las siluetas dentro del cráter ardiente que había quedado tras el ataque.
Alenya Tharos se mantenía de pie, jadeante. El fuego aún chispeaba en sus puños como brasas que no terminaban de extinguirse. Su cabello desordenado se pegaba al rostro por el sudor, y su respiración agitada era lo único que la mantenía anclada al momento.
En las gradas, algunos comenzaron a aplaudir con entusiasmo contenido.
—¡Así se hace, Alenya! —gritó un estudiante de primer año.
—¡Una menos de Stella! —exclamó otro con tono burlón.
—¡Sabía que esa armadura era solo para lucirse…! —decía alguien más.
Pero la mayoría, aparte de ellos, no decía nada.
Un silencio áspero recorrió los asientos como una ola fría.
Todos lo habían anticipado:
Esto no sería una pelea justa. Stella nunca tuvo oportunidades reales. La idea general era que quizá, con suerte, podrían eliminar a uno o dos miembros de Inclementer… pero no ganar.
Una batalla imposible.
Un acto simbólico.
Un ritual para recordarles a todos su lugar.
Pero entonces, lo inesperado sucedió.
La nube de humo desapareció por completo… y allí estaba Noell Sandrick, de pie.
El público contuvo el aliento.
Su armadura estaba hecha trizas. Pedazos del metal colgaban como placas sueltas, las chispas saltaban por todo su cuerpo, y una gran grieta cruzaba el pecho del traje, dejando a la vista su torso lleno de rasguños y quemaduras. La mitad derecha del casco seguía cubierta, pero el otro lado revelaba una mirada encendida, apenas viva, pero determinada.
Noell temblaba.
Sus piernas cedieron, y cayó de rodillas con un golpe seco. Un charco de sangre fresca comenzó a expandirse a sus pies, tintando la piedra agrietada de rojo.
Alenya lo miró en shock absoluto. Dio un paso atrás, su rostro se tensó con culpa.
—Yo… no… —balbuceó con voz temblorosa—. Noell, yo… no pensé que… perdón. No quería hacerte tanto daño…
Desde las gradas elevadas, Lyra Nightshade observaba en completo silencio. Su mirada estaba clavada en su alumno.
“Noell…” —pensó, con una mezcla de orgullo y pena. “Ya hiciste más de lo que cualquiera esperaba. Tu espíritu… tu coraje… es suficiente. No hace falta más.”
En ese momento, el supervisor apareció junto al cráter.
—¡Participante Noell Sandrick del emblema Stella… queda declarado FUERA DE COMBATE! —anunció con voz firme.
Algunos en el público suspiraron. Otros bajaron la mirada. Una sensación de injusticia flotaba en el aire, pero nadie se atrevía a decirlo en voz alta.
Alenya se acercó con pasos inseguros.
—Lo siento… —dijo, mirándolo desde arriba—. Yo solo quería… demostrar lo que valgo… no quería dañarte así… perdóname.
Noell apretó los dientes con frustración. Su respiración era un silbido entrecortado, sus puños cerrados temblaban por el dolor y la impotencia.
—No… —murmuró, su voz apenas audible—. Aún no me rindo…
Todos enmudecieron.
Las chispas de su traje lo rodeaban, danzando como brasas al borde del apagón. El núcleo en su centro parpadeaba, con los símbolos estelares debilitados, como si el artefacto mismo también estuviera luchando por no colapsar.
Noell se levantó lentamente. Primero un pie… luego el otro… hasta que volvió a erguirse. El vendaval del dolor aún lo rodeaba. Su cuerpo sangraba. Pero su mirada seguía ahí, brillando con terquedad inquebrantable.
“No debo… no puedo… no quiero rendirme aún” —dijo en su mente, mientras sentía cómo el ardor del interior lo consumía.
“Pero… cómo duele… —pensó mientras sentía un espasmo en el costado.
“Me duele todo… el pecho, los brazos, las piernas… “
“¿Es esto… mí límite? “
“No… no puede serlo todavía.”
El público lo miraba sin palabras.
Era un chico pequeño, débil, con un traje roto…pero que seguía de pie.
En ese momento, algo cambió en los corazones de algunos estudiantes en las gradas. Ya no era solo un miembro del “peor emblema” resistiendo. Era un estudiante como ellos, alguien que se negó a caer, que no retrocedió pese a la humillación ni al dolor.
Y eso, solo eso… hizo que algunos comenzaran a aplaudir.
Primero una persona… luego otra… hasta que un murmullo tenue de apoyo se hizo presente.
Noell, tambaleante, levantó la cabeza. Y mientras su cuerpo luchaba por no colapsar… sus ojos buscaron a sus compañeros.
Silfy. Shizuki. Kiro.
“Si ustedes siguen peleando…” —pensó—. “Entonces yo también seguiré, aunque me tenga que arrastrar.”
El crujido del metal resonó como un grito de guerra.
Noell, apretó con ambas manos el núcleo estelar incrustado en el centro de su traje. Un brillo azulado, intermitente y débil, parpadeaba dentro del núcleo como un corazón exhausto.
—Vamos… —susurró con los dientes apretados—. Solo un poco…
Y entonces, lo arrancó.
El núcleo se desprendió con un destello violento, y una oleada de energía brotó como lava líquida en sus manos, ardiente, incontrolable. Su piel se quemaba, su respiración se volvía irregular, pero se negaba a ceder.
—¡Noell, detente! —gritó Alenya, con genuina preocupación— ¡Te vas a destruir a ti mismo!
Pero él no se detuvo. Dio un paso hacia adelante. Luego otro. Y otro.
Su cuerpo temblaba, el dolor lo consumía, pero el brillo azul del núcleo comenzó a rodearlo por completo, haciendo que su figura pareciera envuelta en estrellas moribundas.
—¡Toma esto! —gritó con lo último de su fuerza.
Y entonces, descargó el golpe.
Un impacto devastador sacudió el campo.
El aura estelar se expandió en todas direcciones con una onda explosiva que rompió la defensa de Alenya como si fuera cristal. Todo el terreno a su alrededor se agrietó, los pilares se inclinaron, y una ráfaga de luz dorada envolvió el campo por un instante.
Alenya cayó de rodillas, jadeando, sin aire y sin energía. Su visión era borrosa y sus brazos temblaban.
“Ese golpe… me alcanzó directamente… Fue… real…” —pensó— “Noell… ¿de verdad me derrotará…?”
Aún temblando, Alenya levantó el rostro. Vio a Noell tambaleándose, completamente abierto tras el ataque.
Y aunque su corazón le decía que ya era suficiente, que él merecía esa victoria, algo en ella no la dejó rendirse.
—Lo siento, compañero… pero no puedo… no puedo dejarme perder… —susurró mientras caía una lágrimas en su ojo.
Reunió lo poco que quedaba de su fuego, y lanzó un último puño envuelto en energía.
El impacto fue seco y brutal, directo al estómago de Noell.
Él no gritó.
Solo se dobló como si su cuerpo se deshiciera por dentro. Salió disparado hacia atrás, impactando con fuerza contra una formación de piedra. El núcleo en su mano cayó al suelo y se apagó, como si hubiera cumplido su propósito.
El silencio envolvió el campo.
Noell se mantuvo en el suelo, inmóvil por unos segundos. Y luego… se movió.
Con un esfuerzo casi inhumano, apoyó una mano en el suelo e intentó levantarse.
Su brazo cedió.
Cayó de nuevo. Sus dedos rasgaron la tierra, como si aferrarse a ella le diera alguna esperanza.
—Maldición… —susurró con los labios rotos—. ¡Muévete… cuerpo… por favor…! ¡No… puedo… rendirme… aún!
Lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos.
No solo por el dolor físico.
Sino por la frustración. La impotencia. Y la rabia.
“¿Por qué?”
—¿Por qué… por qué no puedo hacer más…? —gimió, su voz temblando—. ¿Por qué… no soy como los demás…?
—¿Por qué no puedo tener la voluntad de Kiro para levantarme siempre…?
—¿Por qué no puedo sonreír como Xia, con fuego en el alma…?
—¿Por qué no tengo la energía inagotable de Shizuki, ni su coraje absurdo…?
—¿Por qué no soy suficiente… ni siquiera ahora… con todo esto?
El dolor se acumulaba en su pecho como un peso insoportable.
Y entonces sus lágrimas cayeron sobre el suelo, mezclándose con su sangre.
“Me rindo…” —pensó, mientras su cuerpo se debilitaba—. “No quiero seguir luchando… pero debo… Quiero rendirme… pero no debo… ¿Está mal eso…? Sí… ¿No…? No quiero pelear… pero aquí estoy. No tengo gran determinación… pero me resisto inutil. Al final… seré el primero en caer… Qué lamentable… “
Su respiración se volvió errática.
Las luces del núcleo estelar chispearon una última vez.
Y con la última fuerza que le quedaba, volteó la cabeza en dirección al resto del campo de batalla buscando a sus compañeros, aunque no pudiera verlos.
—Lo siento… chicos… —susurró con los labios agrietados—. Ni siquiera con su ayuda… fui capaz…
Y entonces, todo se apagó. Su cuerpo se derrumbó en el suelo.
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