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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 149

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Capítulo 149: Capítulo 149: La Inercia del Silencio

“¿Hace cuánto tiempo que me siento así…?

O no, espera…

¿Hace cuánto que no siento nada…?”

La voz interna de Chris Mercy flotaba entre pensamientos que no lograban encontrar forma definida. Su mirada perdida se reflejaba en las grietas del campo de batalla, pero su mente estaba en otro lugar, suspendida entre sombras, recuerdos y una apatía tan densa como la niebla.

“¿Estoy dormido…? ¿O estoy despierto ahora…? ¿Realmente importa?”

Un leve zumbido recorrió sus oídos.

De pronto, una luz apareció en su mente, una forma recortada entre el resplandor. Una figura heroica, con un manto ondeando a su espalda, como si el mismo viento lo empujara a seguir adelante sin importar las tormentas.

“Sanha Zaehara.”

Nuestro líder.

En su visión, todo a su alrededor era oscuridad.

Una profunda y densa oscuridad adherida a su pecho.

Chris observaba, desde algún rincón de su mente, cómo esa oscuridad no solo lo rodeaba a él, sino que comenzaba a extenderse por todos los miembros del emblema Stella.

Sus rostros, que alguna vez fueron cercanos y cálidos, se desdibujaban. Ya no eran amigos. No eran enemigos. No eran nada. Eran sombras. Figuras en constante retroceso, alejándose sin una palabra, sin una despedida.

Y sin embargo… no todos se desvanecieron.

Entre las sombras persistieron dos presencias.

Lyra Nightshade, su maestra. Y Sanha.

Lyra no irradiaba luz. Era distinta. Su energía no buscaba combatir la oscuridad, sino aceptarla y transmutarla. La sentía como un núcleo de comprensión silenciosa. Nunca le exigió nada, nunca le gritó, nunca lo regañó. Pero ella lo buscaba. Siempre. Y aunque Chris nunca entendió qué era lo que veía en él, siempre supo que Lyra lo esperaba. Como si su mera existencia ya fuese una respuesta suficiente.

Por otro lado, Sanha…

Era otra cosa completamente distinta.

Sanha no reaccionaba a la oscuridad. Simplemente, esta no se le acercaba.

“Un recuerdo emergió“.

Pasillos sombríos, tiempo atrás, en la sede del emblema Stella.

Chris caminaba sin rumbo, con los hombros caídos y la cabeza baja. El aire estaba impregnado de silencio y vacío. Había aprendido a no esperar nada de nadie. Y por eso no deseaba toparse con nadie.

Pero entonces, el sonido apresurado de unos pasos le advirtió. Alguien venía corriendo.

Chris alzó la vista con desgano, solo para asegurarse de no chocar.

Y entonces lo vio.

Sanha. Corriendo por el pasillo, con esa energía vibrante, casi ridícula. Su chaqueta ondeando, su sonrisa natural, despreocupada. Su paso ligero como si el mundo no cargara con sombras, como si simplemente no existieran.

Pero eso no fue lo más impactante.

Fue la luz.

Sanha no parecía simplemente tenerla.

Sino que la era. Era un faro.

A su alrededor, Chris vio cómo la oscuridad que habitaba esos pasillos se retraía, como si respetara una ley inquebrantable. La sombra no se atrevía a tocarlo. Un manto dorado lo envolvía, una barrera que ni siquiera la melancolía podía atravesar.

Chris se detuvo, mudo.

Sanha pasó a su lado, saludándolo con un simple:

—¡Oh, Chris! Buen día. ¡Nos vemos más tarde!

Y siguió corriendo. Como si nada. Como si todo estuviera bien.

Pero para Chris… nada volvió a ser igual desde ese momento.

“Antes, los consideraba mis amigos, a todos los demás.”

“Pero después del incidente de aquella misión… todo cambió.”

“Todos se volvieron borrosos para mí.”

“Todos… menos Sanha.”

Chris bajó lentamente la mirada, sumido aún en ese rincón interno donde el tiempo parecía no existir. Allí, donde no había ruido de espectadores, ni ecos de golpes, ni gritos de victoria o derrota. Solo la voz de sus pensamientos, una tras otra, como gotas cayendo en una taza que nunca se llenaba.

…

Al pasar el tiempo, él fue el único que me trató normal.

Sanha nunca me habló como si yo fuera un problema, una molestia o una anomalía. Nunca esperó algo de mí, ni quiso cambiarme. Solo… estuvo ahí.

Muchas veces vino a mi habitación.

No por compasión, ni por deber…

Simplemente porque le nacía.

A veces solo nos sentábamos en el suelo, con el ordenador encendido mientras veíamos juegos antiguos de estrategia, o leíamos juntos viejos libros de la biblioteca que yo había olvidado devolver. Jugamos cartas una vez. Bueno… muchas veces. Y nunca le importó que le ganara.

—A la siguiente te ganaré, Mercy —me decía sonriendo.

Y yo le respondía con un simple:

—Tch. Qué molestia…

Comimos juntos más veces de las que puedo contar.

Él cocina horriblemente mal. Pero igual lo hacía con entusiasmo. Y yo… comía sin quejarme. Porque, de alguna manera, sentía que valía la pena ese tiempo robado al silencio.

Sanha no es perfecto. Lo sé. No es el más fuerte, ni el más listo. A veces dice cosas estúpidas y sonríe cuando no debería.

Pero es la única persona que me ha tratado como una persona, y no como un espectro entre las sombras.

Y más que eso…

Él es…

Mi único amigo.

La única persona a la que respeto.

No importa lo que haga. No importa si algún día cae en la oscuridad.

Yo lo seguiré hasta el fin. Sin dudar.

Y sin embargo… algo cambió hace poco.

Volví a ver esa luz. Cerca.

No era Sanha. Era… Kiro.

Ese mocoso ruidoso y torpe… tiene la misma mirada. La misma luz. Ese escudo dorado que repele la oscuridad sin siquiera notarlo. Ese espíritu libre que no se enreda en el miedo ni en la culpa.

Al principio me desconcertó. Pero poco a poco, me sorprendió.

Y luego… me hizo cumplir con algo que hace tiempo no hacía.

Una promesa.

“Ven con nosotros.”

“Quiero que estés con nosotros, como un equipo.”

“Cuenta conmigo, Chris.”

Se lo prometí a ese mocoso. Y una promesa… es una promesa.

…

La imagen de Sanha, envuelto en aquella aura dorada de bondad inquebrantable, se fundió en su mente junto con la de Kiro, con su sonrisa torpe, sus ojos incandescentes y su espíritu indomable.

Dos luces que no titubeaban ante la oscuridad.

—Ya es momento… —susurró Chris para sí mismo—. Momento de despertar.

Volviendo al presente.

En el estadio, la tensión aún estaba viva, tan espesa como la bruma. Chris permanecía inmóvil, como si fuera parte del terreno. Su rostro seguía sin expresar emoción alguna, los brazos colgando, y el polvo acumulado en su ropa.

Theren y Caelus se posicionaban frente a él, jadeando levemente. A pesar del desgaste, ambos aún mostraban confianza, casi arrogancia.

—¿Todavía no piensas atacar? —bufó Caelus con desprecio—. Entonces lo haré yo.

Y se lanzó.

La daga de Caelus brillaba con una extraña energía en la punta, su trayectoria era rápida, directa, diseñada para el corazón.

Pero en ese instante…

Acomodo sus lentes con calma. Los ojos de Chris Mercy se iluminaron.

Un destello ámbar suave, como el primer rayo de sol filtrándose en una cueva antigua.

No fue intenso, ni abrasador. Fue preciso y definido.

Caelus no alcanzó a notar el cambio.

Pero lo que vino después… sí lo haría.

Caelus se lanzó al ataque con toda la confianza que le quedaba, empuñando su daga como si con eso pudiera atravesar la niebla indiferente de Chris.

Pero entonces, todo se detuvo.

Con un movimiento preciso y mínimo, Chris giró levemente el torso y tomó la muñeca de Caelus con su mano izquierda, como si supiera exactamente dónde estaría antes de que se moviera.

El filo de la daga quedó suspendido en el aire, temblando.

—¿Q-qué…? —fue todo lo que alcanzó a articular Caelus.

Y entonces, como una maquinaria perfecta, Chris ejecutó tres golpes:

Uno en el hombro, exacto sobre un punto de presión.

El segundo en el plexo solar, anulando completamente el control de los músculos.

Y el tercero en el lateral del cuello, una descarga precisa de energía que cortó el flujo espiritual como si se desenchufara una lámpara.

Caelus cayó al suelo. No se quejó. No gritó. Simplemente colapsó.

Fue como si alguien hubiera apretado un interruptor y su cuerpo se apagara por completo.

El polvo se levantó a su alrededor.

La daga rebotó contra la piedra con un leve “clink”.

Y el silencio se adueñó del lugar.

Theren observó sin comprender, incluso sus pupilas temblaron.

—¿Q-qué…? ¿Qué fue eso?

No podía explicarlo, ni siquiera lo había visto por completo.

—¡Levántate, Caelus! —gritó, con más desesperación que autoridad—. ¡Solo te golpeó una vez! ¡No puede ser que te haya…!

En ese instante, un supervisor apareció corriendo, colocándose junto al cuerpo inmóvil de Caelus. Comenzó a revisarlo rápidamente con un escáner espiritual, pasó sus dedos por su cuello, por su frente…

Y su expresión cambió.

—¿Pero qué…? ¿Su energía vital…? Está colapsado. ¡Su flujo está suspendido!

Chris, aún a un par de metros, ni siquiera se giró del todo. Solo inclinó un poco la cabeza y, con su voz monótona, dijo:

—No te preocupes. No se va a levantar en un buen rato.

El supervisor lo miró como si acabara de arruinar sus planes, una cara llena de sorpresa y molestia. Pero Chris ya estaba caminando, las manos en los bolsillos, como si todo eso no hubiera sido más que una interrupción menor en su paseo.

Theren apretó los dientes.

—¡No me vengas con ese aire de genio! ¡Esto fue suerte! ¡Ni siquiera eres fuerte! ¡Eres el más débil del emblema Stella!

Chris no se detuvo.

—¡Juro que revelaré tus trucos! ¡No me subestimes!

Enfurecido, Theren creó una lanza de viento, más refinada y veloz que las anteriores. La lanzó con precisión letal hacia Chris.

Chris ni siquiera miró la lanza. Solo inclinó la cabeza ligeramente a la izquierda, como si un mosquito pasara junto a su oído. La lanza rozó su chaqueta, cruzó el campo y se clavó en un pilar detrás.

Theren se lanzó inmediatamente con su puño envuelto en energía.

Esta vez lo golpearía, planeaba hacer lo mismo que hace un rato.

Pero entonces, Chris lo miró.

Los ojos ámbar de Chris se enfocaron por primera vez en él.

Y Theren se paralizó.

Fue solo un segundo.

Pero fue suficiente para sentir el miedo oscuro que Chris emanaba.

“¿Por qué…? ¿Por qué esos ojos…? ¿Qué es este escalofrío?”

Chris dio un paso mínimo al frente, y antes de que Theren pudiera reaccionar, le dio un golpe seco justo debajo del esternón.

Theren retrocedió tambaleando y jadeando como si le hubieran arrancado el aire del cuerpo con una garra invisible.

—¡Urgh…! ¿Q-quién demonios eres…? —susurró, cayendo de rodillas, las manos aferradas a su torso—. ¡Esto no tiene sentido… no tiene… lógica…!

Chris no respondió. Solo se acercó. Se detuvo frente a Theren y lo miró con pereza.

Y con dos dedos, le dio un toque preciso en la nuca.

Theren se desmayó al instante.

Como un títere al que le cortaron sus hilos, su cuerpo cayó pesadamente de lado.

Chris se quedó quieto unos segundos con las manos en los bolsillos, el flequillo le caía desordenado sobre los ojos mientras la brisa levantaba un poco su chaqueta café.

Observó a su alrededor.

Aún quedaban muchos combates en marcha. Y el rugido de las gradas continuaba, entre asombro y confusión.

Entonces, sin emoción alguna, Chris susurró para sí:

—Qué molestia…

Y con eso, siguió caminando, como si todavía no hubiera comenzado a pelear en serio.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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