Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 151
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Capítulo 151: Capítulo 151: Acepta el Fuego
El mundo se había reducido a un solo frente:
Kiro Vs Darius.
Nada más existía.
Ni las columnas rotas, ni las explosiones de energía lejana, ni los gritos desde las gradas. Solo ellos, y el filo de sus armas.
Kiro avanzaba y retrocedía como una corriente de luz, buscando cualquier hueco en la defensa de su enemigo.
Su cuchillo vibraba con su energía.
Pero Darius Elinval, imperturbable, se mantenía firme. Su espada era como una muralla elegante, precisa y mortal.
Darius no solo bloqueaba, ahora contraatacaba. Había comenzado a adaptarse. Cada movimiento de Kiro era analizado, cada patrón respondido con perfecta exactitud.
Las estocadas de Kiro se volvían más desesperadas… y su cuerpo lo reflejaba. Tenía rasguños sangrantes en los brazos, los costados, y un tajo limpio en su hombro derecho. Su camiseta negra estaba cortada en varios puntos y el vendaje de su brazo se comenzaba a soltar por la intensidad del combate.
Darius se mantenía prácticamente ileso.
—¿Ves? —dijo Darius, bajando ligeramente su espada para hablar—. Vas a perder de nuevo. Tu pasión es interesante, Kiro… incluso digno de ser mi rival. Pero no puedes superar el talento que tengo.
Avanzó dos pasos, confiado, con sus ojos encendidos por su determinación.
—Al igual que tú, me esfuerzo cada día por mejorar. No soy como los demás que se estancan y se conforman con su nivel. Yo soy más fuerte que cuando nos enfrentamos en el pasado. Soy más fuerte que cuando anunciaron este combate. Soy más fuerte que mi yo de ayer y mañana lo seré aún más.
La espada de Darius brilló con su energía azulada, creando ondas de presión a su alrededor.
Kiro retrocedió un poco, jadeando. Pero entonces sonrió. Una sonrisa temblorosa, manchada por la sangre del labio partido, pero cargada de decisión.
—Tienes razón… Yo tampoco soy el mismo de antes —dijo Kiro, mientras bajaba su centro de gravedad y apretaba con fuerza el mango de su cuchillo—. Yo también me esfuerzo todos los días. Yo también quiero ser más fuerte… más fuerte que ayer. Y para eso… iré más allá de mis límites.
Y entonces sucedió: su ojo izquierdo comenzó a arder en energía.
Primero fue un parpadeo oscuro, luego una tenue brasa, y finalmente, una llamarada negra con un núcleo rojo profundo, como fuego sellado en el abismo. No solo brillaba, sino que se retorcía como si algo dentro del ojo hubiera despertado.
Desde el palco, Lyra entrecerró los ojos.
Shepard se inclinó ligeramente al frente, frunciendo el ceño.
En el campo, Kiro estalló hacia adelante como un rayo.
Darius apenas lo percibió, bajó su espada por instinto para bloquear el ataque frontal, pero Kiro cambió de dirección en el último instante y cortó su flanco, rasgando la tela de su uniforme azul con un tajo certero.
Fue apenas una herida superficial, pero fue la primera vez que Kiro lograba hacerle daño real.
Darius se giró, desconcertado.
—¿Qué hiciste…? —preguntó en voz baja, con los ojos abiertos.
Kiro no respondió.
Su respiración seguía pesada y su cuerpo temblaba por la fatiga, pero esa sonrisa no desaparecía.
No la sonrisa tonta de siempre. Tampoco confiada. Era una sonrisa decidida, como si hubiera llegado a una verdad solo él pudiera entender.
Esto molestó a Darius. Mucho.
—¿Qué hiciste…? —repitió—. ¿Qué demonios acabas de hacer?
Desde las gradas, las conversaciones comenzaron a multiplicarse. El murmullo se volvió un oleaje.
—¿Vieron su ojo? —susurró una estudiante de segundo año.
—¿Es eso parte de su energía…? ¿O es algo más? —preguntó un chico desde la sección del emblema Spectros.
—Nunca había visto una energía así —comentó una integrante del emblema Kinrir—. ¿Acaso es… fuego? ¿O oscuridad?
—Ese ojo… da miedo —murmuró otro alumno, encogiéndose en su asiento.
Por donde se encontraban los Paladin, Ryu se puso de pie lentamente.
—Ese poder… es distinto al de la luz —dijo para sí mismo—. Pero es Kiro… lo reconozco. Aunque… ¿que será esa energía que siento ahora?
A su lado, Kaede Minatsuki abrió los ojos con emoción contenida.
—Por fin te decides a usarlo, Kiro —comentó casi como un susurro—. Demuestrales lo que puedes hacer…
En el palco, Shepard Duvalier se irguió.
—Ese poder… —gruñó, mirando con atención el ojo de Kiro—. No es normal. No viene de un entrenamiento común. ¿Lyra… qué has hecho?
Pero Lyra, sentada con la misma compostura de siempre, sorbió su té, y una sonrisa se formó en sus labios.
—Yo no he hecho nada. Incluso estoy muy sorprendida… parece que él eligió su camino.
Kiro, en el campo, ajustó su cuchillo.
El fuego oscuro de su ojo izquierdo seguía encendido, vibrando como una llama viva.
El duelo había entrado en una nueva etapa. Y Darius Elinval estaba a la defensiva.
Darius no tuvo tiempo de completar la pregunta que había empezado a formular en voz baja. Cuando Kiro se abalanzó nuevamente.
—¡Tsk!
Darius logró bloquear la embestida con su espada, tal como antes. Un destello metálico vibró en el aire al detener el cuchillo de Kiro.
—¿Otra vez lo mismo? —soltó con una sonrisa confiada.
Pero su sonrisa duró apenas un segundo.
—¿Eh…?
Kiro giró el cuerpo con agilidad y usó su pierna derecha para impulsarse con una patada cargada en energía luminosa directo al pecho de Darius, desestabilizándolo. Antes de que Darius pudiera recuperar el equilibrio, una segunda patada, ahora a la mandíbula, lo mandó varios pasos hacia atrás.
—¡Gh! —gruñó Darius al retroceder.
Su cabeza giró por la fuerza del impacto y un hilo de sangre salió de la comisura de su boca.
Se lo limpió con la manga, incrédulo.
“¿Me… me dio en serio?”
Quiso replicar algo, pero Kiro no se detuvo.
Ambos se abalanzaron uno contra otro y sus armas chocaron con fuerza, haciendo eco en todo el campo de batalla.
Kiro era más rápido.
Movía su cuchillo como una prolongación natural de su cuerpo, y el fuego oscuro en su ojo izquierdo parecía guiarlo, advertirle, incluso protegerlo.
Darius mantenía su compostura y bloqueaba con precisión, pero había algo nuevo. Un retraso imperceptible, una duda en su ritmo como una presión creciente.
En ese vertiginoso intercambio, la espada de Darius no lograba conectar.
Ni una sola vez.
En cambio, Kiro lo tocaba en cada intercambio, un tajo en el brazo izquierdo, un corte leve en la cadera, una presión punzante en su antebrazo al desviar su parry.
Darius frunció el ceño. Su ceño fino y orgulloso comenzaba a mostrar tensión real.
“¿Qué está pasando…? No puedo alcanzarlo…”
Kiro, por su parte, jadeaba con fuerza, pero sus pasos seguían constantes. Su ojo seguía encendido. No había palabras ahora. Solo concentración total.
De pronto, Darius dio un salto atrás, su respiración se volvió más agitada, y retrocedió. Su mente bullía. A pesar de que usara su poder para crear campos y escudos a su alrededor, Kiro se las arreglaba para encontrar la brecha.
—No —susurró para sí—. No puedo perder.
Cerró los ojos un instante. Y entonces el recuerdo volvió.
Hace unos días. En lo alto de la torre de Inclementer…
Allí, bajo una luz tenue azul y rodeado por las runas del emblema, Shepard Duvalier miraba al joven Darius con una expresión difícil de leer, quiza fuera algo entre orgullo y ambición contenida.
—Darius —le dijo con voz grave, casi ceremonial—. Eres un prodigio.
Darius se cuadró como un soldado, cruzando el brazo en saludo formal.
—Gracias, Maestro Shepard. Haré todo lo que esté en mi poder para no defraudarlo.
Shepard asintió y colocó una mano firme en su hombro.
—Jamás en mis años como instructor había visto a alguien dominar la Técnica del Azul a tu nivel. No solo conoces sus fundamentos…—sus ojos brillaron— sino que puedes ejecutar la Técnica Final. Y todo eso en tan poco tiempo.
Darius asintió, sin dejar la postura rígida.
—Aun no la perfecciono, maestro. Pero la puliré a tiempo para el duelo de emblemas.
Shepard soltó una leve sonrisa.
—Bien. Hazlo rápido, limpio, eficiente. Si lo consigues, consideraré ofrecerte algo más que un título… —hizo una pausa, y Darius levantó levemente la vista— Te permitiré unirte a mi clan. Portarás el apellido Duvalier.
Los ojos celestes de Darius brillaron. Ese era su mayor sueño.
—Será un honor absoluto, maestro. Lo lograré.
—Entonces no pierdas tiempo. Prepárate para aplastar a quien se cruce. Tu victoria será la victoria del legado Duvalier y un recuerdo inolvidable para Inclementer.
De vuelta al presente…
Darius abrió los ojos. Un brillo frío emergía de ellos, haciendo que su espada vibrara levemente, envuelta en una energía densa y pulida.
—No puedo perder —murmuró nuevamente.
Su cuerpo se alineó con el estilo clásico del Azul. Pulso bajo, centro firme, respiración controlada.
“Si pierdo… no merezco poseer el título Duvalier.”
Kiro, observando desde el frente, notó el cambio. Su sonrisa se desdibujó ligeramente.
Ahora venía lo difícil.
Desde las gradas, los estudiantes se tensaron.
—¿Qué es esa postura?
—Se ve más refinado… ¿sera más peligroso?
—¿Ese es su verdadero nivel?
Lyra entrecerró los ojos.
—Parece que irá con todo…
Shepard se cruzó de brazos.
—Has pedazos a ese sin apellido, Darius.
Darius comenzó a cargar su energía.
Una presión inmensa creció alrededor de él como una tormenta a punto de desatarse. El suelo comenzó a agrietarse bajo sus pies, la luz azul de su espíritu se arremolinaba como un vórtice vivo, devorando el entorno con cada segundo que pasaba.
Kiro, a unos metros de distancia, entrecerró los ojos.
“Así que este es tu ataque final…”
“Vas a apostar todo. Bien. Entonces yo también.”
Soltó su cuchillo de combate. El arma cayó al suelo con un pequeño clinc metálico, insignificante frente a la marea de energía que se avecinaba.
Kiro respiró profundamente y comenzó a cargar su energía. Esta vez, toda su energía.
El fuego oscuro en su ojo izquierdo creció, y desde él comenzaron a brotar marcas negras como raíces, extendiéndose por su mejilla, cuello y bajando por su brazo izquierdo, envolviéndolo como si algo antiguo y oculto despertara en su interior.
—Ya no voy a contener esto —murmuró con voz grave—. Lo siento si asusta… pero esta vez vayamos hasta el final.
El brazo izquierdo de Kiro brillaba con una intensidad inhumana: luz y oscuridad chocaban en su interior, como dos bestias forzadas a coexistir.
Frente a él, Darius rugió:
—¡Postura del Azul: Finale!
En un destello, Darius se disparó hacia Kiro como un misil de energía compacta, rodeado por una forma que evocaba una enorme boca de luz azul, como si todo su espíritu y energía quisiera devorar a su oponente.
Kiro no se movió.
Cerró el puño izquierdo y una estela oscura lo envolvió como un remolino y, cuando la energía alcanzó su punto máximo, gritó con toda su alma:
—¡Puño Justiciero!
El fuego oscuro estalló junto a la luz pura. El suelo debajo de él se rajó, las piedras se levantaron por la presión, y el aire se rompió como cristal cuando se impulsó al frente.
Y entonces ocurrió.
Dos espíritus chocaron.
La espada azul de Darius contra el puño ardiente de Kiro.
Luz y sombra uniéndose contra el azul.
Voluntad contra orgullo. Esperanza contra legado.
El estruendo fue ensordecedor. Un estallido de luz blanca azulada y oscura se expandió como una ola que sacudió todo el campo de batalla.
Las barreras temblaron, los pilares se agrietaron y las gradas se silenciaron.
—CRAAAASHHHHH—
El sonido del cristal rompiéndose lo llenó todo, como si mil realidades se hubieran quebrado a la vez.
Una luz intensa envolvió la arena, todo quedó en blanco, opacando a los demás combates.
—Silencio—
Los alumnos y maestros en las gradas no decían nada.
Nadie se atrevía a hablar, pero todos miraban fijamente el centro del estadio.
El polvo bajó lentamente y entonces una silueta emergió, iluminada por el sol filtrado a través del domo energético.
Kiro estaba de pie.
Su respiración era agitada. Su ropa estaba algo rota y chamuscada. Su brazo izquierdo temblaba ligeramente, como si su cuerpo apenas pudiera contener lo que había liberado.
Su ojo izquierdo ya no brillaba. La oscuridad se había disipado. Y aún así, sonreía.
Levantó el puño derecho en alto, con la poca fuerza que le quedaba, y alzó la voz:
—¡Yo soy Kiro! ¡Recuerden mi nombre!
Su voz resonó por todo el estadio.
Desde las gradas, un murmullo comenzó a crecer.
—¿Quién…?
—¿Ese es… Kiro?
—Lo hizo… ¡ganó!
—¡Derrotó a Darius!
—¡Quién era ese chico…!
Y entonces los aplausos estallaron. No todos, no de inmediato… pero se volvió imposible ignorarlo.
Los estudiantes del emblema Paladins aplaudían. Los miembros del emblema Kinrir aplaudían. Incluso algunos del emblema Espectros esbozaron una sonrisa, asintiendo con respeto.
Ryu levantó el puño desde las gradas, con una expresión emocionada.
—¡Kiro, lo lograste…!
Desde el balcón de los instructores, Lyra observaba con una pequeña sonrisa, sus ojos de estrellas brillaban con emoción.
Shepard, en cambio, mantenía una expresión de piedra, su mandíbula tensa.
En el suelo, frente a Kiro, Darius yacía de rodillas.
No estaba inconsciente, aunque tampoco gritaba, ni lloraba. Solo miraba al frente. Su espada, rota a la mitad, aún temblaba en su mano.
—…perdí —susurró—. Contra un sin apellido…
Miró a Kiro, que apenas se mantenía en pie.
—Venció mi técnica… mi talento… hasta aplasto mi voluntad…
Darius apretó los dientes y bajó la cabeza con vergüenza.
Él aceptó su derrota.
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