Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 152
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Capítulo 152: Capítulo 152: Rayo Morado
Entre el estruendo del combate, rayos danzaban como serpientes eléctricas por todo el campo. El cielo parecía rasgarse con cada intercambio de espadas. Los destellos morados y amarillos se mezclaban como una tormenta viva, atrapando la atención de todos en las gradas.
Rei Velmoria y Seraphine Kaedwyn se movían a una velocidad sobrehumana, como dos relámpagos chocando una y otra vez. Cada golpe traía consigo una lluvia de chispas y una onda expansiva de energía.
Rei, con su característico manto de rayos morados, se desplazaba con movimientos afilados, ágiles, siempre buscando un ángulo, una apertura.
Seraphine, en cambio, parecía un faro eléctrico de elegancia letal, su espada vibraba con una intensidad que resonaba en el aire, casi como si cantara su propia canción.
—¡Rayos, ni siquiera puedo verlas bien! —dijo un estudiante desde las gradas, con los ojos abiertos como platos.
—Están rompiendo los límites… —murmuró otro, con los puños apretados.
De pronto, Seraphine se desplazó con una velocidad aún mayor, dejando tras de sí un zumbido agudo que rompía el aire. Aumentó el voltaje de su espada y, con un movimiento lateral, impactó la hoja contra la de Rei. Los rayos de Seraphine vibraron tan rápidamente que repelieron la espada de Rei como si fuese papel.
El arma de Rei voló brevemente de su ángulo de defensa y, en un instante, la espada de Seraphine avanzó y rozó su pantorrilla. Un estallido eléctrico le quemó la pierna, forzándola a retroceder y caer con una rodilla al suelo.
—Tsk… —Rei observó la quemadura, los músculos temblorosos, pero sin sangrar—. Bastarda… ¿Qué fue eso?
Seraphine descendió con gracia, deteniendo su cuerpo a centímetros del suelo gracias a su control sobre la energía eléctrica. Mantenía una mirada serena, aunque peligrosa.
—No es un truco —respondió con calma—. Es mi estilo. Uno que diseñé para mí. Mientras todos siguen las posturas clásicas, yo elegí un camino distinto. Cada ataque que realizo vibra con energía, replicándose varias veces por microsegundo. Es como si mi espada tuviera vida propia… y ahora la tuya, no creo que pueda seguirle el ritmo.
Rei apretó los dientes, mientras se levantaba con dificultad.
—No es tu espada la que me molesta… eres tú. Con esa actitud fría, como si todo esto fuera parte de un teatro.
Seraphine ladeó ligeramente la cabeza.
—¿Y tú qué esperabas? ¿Una batalla sentimental? Esto es estrategia. Observé tu crecimiento, Rei. Eres la más rápida de Stella. Tal vez incluso de toda Farhaim. Pero…
En ese instante, alzó su espada, la energía rugía como una tormenta condensada.
—… te falta fuerza.
Como un rayo real, se lanzó hacia Rei. Esta alzó su espada e interceptó el ataque, retrocediendo mientras hacía contacto.
—¡Aún no has visto nada! —gritó Rei.
Una corriente de energía brotó de su cuerpo como una explosión morada. Sus ojos verdes adquirieron un brillo intenso y sombrío, con reflejos eléctricos que danzaban en sus pupilas.
Rei empujó el arma de Seraphine haciendo un parry con su hoja y, en un instante, invocó un rayo desde el suelo que impactó por el costado a su oponente. La explosión envió chispas por todas direcciones. Aprovechando el aturdimiento, Rei se lanzó al ataque y asestó un golpe con su espada directamente hacia el pecho de Seraphine, pero esta reaccionó a tiempo y lo bloqueó. Las chispas volaban de nuevo. El intercambio era feroz, vibrante, como si el mismo campo retumbara con sus movimientos.
Rei gritaba con cada estocada, con cada impulso. El sudor bajaba por su frente, sus brazos comenzaban a doler, pero no retrocedía.
—¡Por todos ellos! ¡Te derrotaré!
Seraphine entonces murmuró:
—Lo siento.
Y su espada vibró de nuevo, generando una frecuencia aún mayor. Sus golpes comenzaron a alcanzar el cuerpo de Rei. Una estocada impactó en su hombro, otra rozó su brazo, otra más golpeó su abdomen. Cada estocada dejando una marca quemada en su ropa y piel.
—¡Ahhh! —Rei gritó, cayendo de rodillas.
Aún así, alzó la espada.
—¿No lo entiendes…? ¡No puedes apagar mi luz tan fácilmente!
Seraphine retrocedió, apuntó su espada hacia el cielo y cargó toda su energía. Un rayo descendió y se concentró en la hoja, ahora brillaba como un sol eléctrico. Lo bajó de golpe, lanzando un haz poderoso de rayos directamente al cuerpo de Rei.
El impacto fue limpio.
El hombro derecho de Rei fue alcanzado por la descarga. Gritó de dolor, cayó sobre el brazo izquierdo, mientras su espada caía al suelo. El hombro humeaba, ennegrecido por la quemadura. La tela de su uniforme estaba destruida en ese lado. Para rematar su brazo le temblaba incontrolablemente.
Desde las gradas, Kaede se puso de pie, sus labios temblaban.
—Rei…
Lyra, sentada en lo alto, mantuvo la mirada firme, como si buscara algo más allá del daño visible.
En el suelo, Rei respiraba con dificultad.
—Maldita sea… —susurró—. No es suficiente. Todavía… no lo es…
Seraphine caminó lentamente hacia ella. Cada paso que daba hacía sonar el crujido de rayos bajo sus pies. Se detuvo justo frente a Rei, mirándola desde arriba.
—Ríndete, Velmoria. Aún puedes irte con la cabeza en alto. No tengo intención de seguir lastimándote.
Rei alzó la vista. Su ojo izquierdo seguía brillando, lleno de quemaduras y su respiración era errática.
—Ni lo sueñes… no pienso caer sin luchar hasta el final…
La mano izquierda de Rei se movió hacia su espada, lenta y temblorosa.
—No entiendes… ellos creen en mí… si caigo ahora… ¿qué les queda?
Seraphine frunció el ceño, por primera vez con una pizca de duda.
—Eres más terca de lo que imaginé…
—Soy del emblema Stella —dijo Rei, con una débil sonrisa mientras empuñaba de nuevo su espada con el brazo herido—. Esto fue lo que me tocó… así que lo defenderé hasta al final.
Ambas quedaron en silencio por un instante. Los rayos volvían a alzarse en el aire como una sinfonía de truenos.
El duelo no había terminado. Pero el filo del relámpago ya había marcado sus heridas. Y ninguna de las dos pensaba retroceder.
…
Dentro de la oscuridad, en la mente de Rei Velmoria…
“Llevo tres años en esta Academia. Tres años desde que me uní a Stella. Al principio… odiaba estar aquí. Odiaba este emblema.”
Las palabras resonaban como susurros entre sombras, mientras Rei se veía a sí misma caminando por los pasillos de la sede Stella en su primer año, su expresión fría, cerrada y distante.
“No entendía por qué había terminado en un grupo como este… tan destrozado, tan roto. Todos arrastraban algo. Yo solo quería ser la mejor, destacar, ascender. ¿Por qué debía cargar con los débiles?”
“Y, sin embargo…”
Una figura apareció frente a esa joven Rei de hace años. Una sonrisa cálida, el cabello blanco revuelto, ojos verdes y vivos que brillaban como si aún quedara esperanza en el mundo.
Sanha Zaehara.
Él reía mientras hacía una broma tonta, mientras Chris rodaba los ojos y ella… simplemente lo observaba, sin saber si reír o huir. Era una sensación nueva, una incomodidad cálida.
“Éramos un trío extraño, Sanha, Chris y yo. Un equipo disfuncional… y, sin embargo, en esa disfunción encontré la única verdad que había sentido en mi vida.”
La oscuridad cayó sobre Stella después. Rei lo recordaba con claridad. Cómo los pasillos se volvieron silenciosos. Cómo las risas desaparecieron. Cómo los rostros comenzaron a desdibujarse, a perder color. Uno a uno, sus compañeros se quebraban por dentro.
“Yo también me quebré. Esa oscuridad era más grande que yo.”
—Un recuerdo en retrospectiva se forma, más nítido que los demás—
Era de noche. Rei estaba sola, sentada en su habitación, con las luces apagadas. Su espada descansaba sobre sus piernas. No lloraba, no hablaba. Solo estaba vacía.
De pronto, alguien llamó a su puerta.
—¿Rei? —era la voz de Sanha—. No me iré hasta que abras.
Rei no respondió, pero la puerta se abrió igual. Sanha se asomó, cargando una manta en una mano y un termo en la otra.
—No vine a decir nada heroico —dijo, dejando ambas cosas a su lado—. Solo quería asegurarme de que no estuvieras sola. No olvides que somos compañeros, como ambos estamos en 1° también debemos estar más unidos, ya que seremos el mismo grupo en las misiones por todo el año.
Rei lo miró desde el suelo, sus ojos temblorosos por primera vez en mucho tiempo. Sanha se sentó a su lado, sin hablar nada durante unos segundos, sólo se quedó mirando hacia el techo a su lado.
—Sabes… no sé si soy fuerte —dijo Sanha, después de un rato, con la mirada clavada en el techo oscuro—. A veces me lo pregunto. A veces siento que no tengo lo necesario para combatir ni salvar a nadie. Pero… si tú vas a caer… entonces prefiero caer contigo.
Rei giró levemente la cabeza para mirarlo, confundida.
—No quiero que nadie de nosotros esté solo. No lo permitiré. No mientras yo esté aquí.
Sanha se giró hacia ella con una sonrisa suave, vulnerable y sincera.
—Somos compañeros, Rei… somos más que eso. Somos amigos. Familia, si quieres llamarlo así. Y aunque no siempre lo parezca, yo te veo. Siempre te he visto.
Rei contuvo el aliento. Nadie le hablaba así.
—Y te prometo esto… —Sanha apoyó su mano suavemente sobre la de ella—. Los protegeré a todos. A ti, a Chris, a los que quedan. No dejaré que caigan. Y mucho menos que tú lo hagas. Porque tú también eres importante. Aunque a veces no lo creas… yo sí lo creo.
Rei sintió algo retumbar en su pecho. Una grieta, tal vez.
—Así que no… no es momento de terminar esto. No para ti. No mientras yo esté aquí.
Y finalmente, Sanha sonrió con la luz más cálida que Rei había visto jamás.
—Vamos, Rei. Si tú te caes, yo te levantaré. Así que… no tengas miedo. Estoy contigo.
En ese momento, Rei se cubrió el rostro con las manos… y lloró. Lloró como no lo hacía desde niña. Y entonces, lo supo.
“Ese día, Sanha… yo también hice un juramento. Que te protegería. Que yo también protegería este emblema, a los demás, a ti. Si tú eras la esperanza… entonces yo sería el muro que no permitiría que te la quitaran.”
“A pesar de que no eras el más fuerte, prometiste protegernos. Eso nunca lo olvidaré, gracias… líder de Stella.”
…
De regreso al presente…
El sudor goteaba de su rostro mientras alzaba la cabeza. Su mirada, ahora, era decidida. Sus labios se curvaron en una mueca desafiante. Los rayos morados vibraban en su entorno.
—¿Te vas a rendir? —preguntó Seraphine, bajando su espada con precaución—. Esto ya está decidido, Rei. No tienes que demostrar más.
—¿Rendirme…? —Rei sonrió—. Nunca estuve peleando solo por mí.
Seraphine frunció el ceño, pero no tuvo tiempo para reaccionar.
¡CRACK!
Desde el suelo, la electricidad morada de Rei comenzó a recorrer grietas invisibles, canalizándose como venas ocultas. De pronto, los rayos se bifurcaron: uno hacia un lado rojo, otro hacia uno azul. Como cables, estos hilos de energía se conectaron a dos enormes bloques de piedra dispersos en el terreno.
—¡Ahora!
Ambas rocas fueron atraídas por la corriente con fuerza centrífuga, cerrándose como dos mandíbulas titánicas sobre Seraphine.
¡BOOOM!
Un estruendo sacudió el campo cuando la tierra se alzó y el polvo cubrió la escena.
En medio del impacto, Seraphine fue atrapada entre los dos escombros, su figura envuelta en polvo. El golpe la tomó desprevenida, su guardia bajada por solo un segundo. El público en las gradas se levantó, jadeante, algunos gritaron, otros se quedaron con la boca abierta.
Mientras tanto, Rei aprovechó el momento. Se deslizó de nuevo hacia su espada y la levantó con esfuerzo. Sus brazos temblaban, pero no se detendrían ahora.
—Esa es mi respuesta —dijo con voz firme.
Desde dentro del humo, la voz de Seraphine respondió con un eco:
—…Vaya. Usaste el terreno… aunque me pregunto cómo lo hiciste.
La espada de Seraphine brilló y partió los escombros desde dentro, haciéndolos estallar. Salió de entre ellos jadeante, con algunos rasguños, pero aún en pie.
Rei ya la esperaba en posición. Esta vez, su mano izquierda sostenía la espada, aunque con dificultad. La quemadura en su hombro derecho seguía palpitando.
—¿No vas a rendirte, verdad? —preguntó Seraphine, exhalando.
—No. No después de todo lo que hemos vivido. No después de recordar por qué empuñé esta espada.
Ambas sonrieron, aunque por razones distintas. Una por respeto, la otra por orgullo.
Desde lo alto, Lyra observaba en silencio, con una chispa de emoción en sus ojos.
—Sanha… mira lo que tu luz ha logrado —susurró para sí.
El combate aún no había terminado. Pero algo había cambiado. Rei ya no estaba peleando sola. Peleaba con el recuerdo de un lazo, de una promesa, de un ideal.
Era momento de demostrar el verdadero poder de Rei Velmoria.
Con un rápido paso lateral, Rei se deslizó por el flanco de Seraphine, sus piernas cargadas de energía morada chispeaban al compás de su impulso. Desde su mano derecha, manipuló con precisión quirúrgica su electricidad, formando dos hilos tensos de energía, uno rojo y otro azul, como filamentos vivos que vibraban con una frecuencia exacta.
—Ahora —susurró para sí.
Los cables se extendieron como látigos etéreos, enrollándose con precisión alrededor de una roca del campo de batalla entre ambos puntos. La piedra fue atraída con fuerza hacia el rostro de Seraphine, que, aunque rápida, no logró evitar el impacto completo. El proyectil le dio justo en el puente de la nariz, haciéndola tambalear y cerrar los ojos un instante. Rei no dudó.
Aprovechando la apertura, giró con la fuerza de todo su cuerpo, y su pierna trazó un arco limpio en el aire hasta impactar con precisión el costado del cuello de Seraphine. El sonido del golpe seco resonó como un eco afilado por el campo.
Seraphine cayó de rodillas, aturdida por la secuencia inesperada. Pero en un gesto reflejo, llevó la mano a su pecho y liberó un shock de electricidad a sí misma, como un desfibrilador improvisado. Su cuerpo se sacudió un segundo, y volvió a levantarse jadeante, con los ojos brillando de furia eléctrica.
—¡No subestimes mi rayo, Rei! —gritó mientras lanzaba una estocada veloz con su espada vibratoria.
Pero Rei ya lo anticipaba. En el instante en que las espadas se encontraron, soltó la suya de forma casi teatral y arqueó su espalda hacia atrás como una gimnasta, haciendo que la hoja vibrante de Seraphine pasara por encima sin rozarla siquiera.
—¿¡Qué…!?
Seraphine no tuvo tiempo de completar la frase. Rei había extendido sus manos, cada dedo conectado a los cables eléctricos azul y rojo que había preparado antes. Su energía se bifurcó en patrones geométricos sobre el campo, como circuitos tallados en el aire.
¡CRACK!
Rayos morados danzaron alrededor de Seraphine, creando un campo estático a su alrededor. Y entonces, la tierra respondió. Múltiples piedras y trozos de escombros se alzaron por la energía magnética y fueron lanzados hacia ella, golpeando con precisión quirúrgica. Uno a uno se adherían a su cuerpo, impidiéndole mover brazos o piernas. Estaba atrapada, aprisionada entre una prisión improvisada de su propio entorno.
Solo uno de sus ojos podía verse entre los huecos. Ese ojo, ahora cargado de rabia, asombro y respeto, observó cómo Rei recogía su espada del suelo. Su postura era elegante, pero mortal.
La electricidad morada en el ambiente se volvió errática. Los rayos se agitaban como serpientes indómitas alrededor de su cuerpo, que vibraba con un campo de energía apenas contenido. Rei flexionó las rodillas. Sus ojos verdes ahora eran casi lilas por el resplandor eléctrico que los envolvía.
—Tercera Técnica del Rayo… Filo Relámpago. —dijo con un tono casi ceremonial.
En un segundo, sus pies se hundieron levemente en el suelo, el campo bajo ella se quebró en líneas fractales… y desapareció.
¡ZAAAAAAAAAAAAAS!
Un haz morado recorrió el campo como una línea de luz pura. Nadie en las gradas pudo seguir el movimiento. Un instante después, Rei estaba del otro lado, de espaldas a Seraphine, con su espada extendida al lado. Aún chispeante.
CLINK…
Una de las piezas metálicas del guante de Seraphine cayó al suelo. Entonces, su prisión de piedra y rayos estalló con una descarga masiva. Chispas danzaron en el aire como fuegos artificiales.
Cuando la luz se disipó, Seraphine Kaedwyn cayó al suelo.
Su uniforme estaba carbonizado en varias zonas. La mitad de su capa se había desintegrado, y su cabello ahora estaba suelto, chamuscado en algunas puntas. Se revolvía apenas, con los ojos entrecerrados. La energía que la rodeaba se había ido.
Rei giró sobre sus talones, levantando la espada con la intención de terminar con Seraphine.
—Esto se acaba aquí… —susurró, alzando la espada para atacar.
Pero en ese instante…
¡KLANG!
Un puño detuvo su espada. Un puño desnudo.
Rei quedó paralizada. La vibración del bloqueo le recorrió el brazo entero. Cuando levantó la vista, vio una figura conocida, con uniforme negro y ojos ámbar oscuros.
—¿Dante…? —murmuró con incredulidad.
—Cuánto tiempo, Rei —respondió con una sonrisa indiferente y desinteresada, sujetando la espada sin esfuerzo aparente—. ¿Aún tienes ganas de pelear contra mí?
Rei retrocedió de inmediato, su corazón acelerado por la sorpresa.
Dante Virellan. Uno de los miembros más fuertes de Inclementer y el líder de estos. El número dos de su generación. Un prodigio del combate cuerpo a cuerpo.
—¿Qué haces tú aquí? ¡No eras parte de los ocho iniciales! —Rei alzó su espada con dificultad.
—No esperaba tener que venir —dijo él, abriendo y cerrando la mano con la que había detenido su ataque—. Pero veo que las cosas están saliendo… diferentes a como el señor Duvalier esperaba.
La multitud estalló en murmullos. Un nuevo enemigo había aparecido. Uno de los pesos pesados de Inclementer.
Desde lo alto, Shepard Duvalier sonreía por primera vez en todo el combate.
—Ahora sí… veamos cómo reaccionan cuando les arrojamos al verdadero coloso —susurró, entrelazando los dedos.
Mientras tanto, Lyra observaba con atención. Su rostro no era de preocupación, sino de análisis. Algo sabía. Algo esperaba.
Rei respiraba con dificultad. Ya había usado gran parte de su energía, su hombro seguía adolorido y su cuerpo estaba cubierto de quemaduras. Pero no podía rendirse.
—Dante… si vienes a detenerme, tendrás que hacerlo de verdad.
El chico sonrió y dio un paso al frente, su sombra alargándose como la de un depredador.
—Eso pensaba decirte yo.
Y así… un nuevo enfrentamiento se preparaba. El combate aún no había terminado, pues las piezas aún estaban en movimiento.
Inclementer había despertado.
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