Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 153
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Capítulo 153: Capítulo 153: Inclementer se reúne
El campo de batalla estaba hecho ruinas.
El suelo agrietado, la energía residual de múltiples ataques flotando en el aire como una neblina vibrante, y en el centro de todo, Xia Wave yacía en el suelo. Respiraba con dificultad, cada bocanada de aire ardía en sus costillas. Su cuerpo estaba cubierto de marcas, su uniforme chamuscado y su cabello desordenado por los golpes. Aún así, sus ojos rojos no perdían el fuego interior.
Un nuevo golpe la obligó a escupir saliva y rodar por la tierra.
—¡Ríndete de una vez! —gritó Yoru Thirandor, frustrado, con el rostro deformado por la arrogancia. Su voz ya no tenía la falsa nobleza de antes, ahora era solo rabia y necesidad de imponerse.
Xia, desde el suelo, apenas podía mantener la vista en él. Pero sus labios se curvaron en una leve sonrisa, desafiante.
—¿Y si no quiero…? —murmuró, tosiendo sangre.
Yoru apretó los dientes y extendió una mano. De su palma comenzó a formarse una esfera de energía helada, densa y oscura. Sus bordes chispeaban con un aura oscura mientras la condensaba con intención de rematarla. Su sombra se proyectó sobre el cuerpo herido de Xia.
—Espero entiendas que sin tu energía, no eres nada —dijo con una satisfacción venenosa.
Pero entonces…
Una mano apareció de la nada y sujetó la muñeca de Yoru con firmeza.
¡CRACK!
El sonido no fue de una fractura, sino del aire mismo colapsando bajo la fuerza del agarre. Los ojos de Yoru se abrieron con incredulidad. No podía mover el brazo. Cuando giró la cabeza con lentitud, sus pupilas se contrajeron.
—¿Tú…?
Chris Mercy estaba allí.
De pie, tranquilo y con el rostro inexpresivo, los ojos ambarinos brillando levemente bajo la luz irregular del campo. Su mano sostenía la muñeca de Yoru como si fuera papel. No había rabia en él, solo una especie de… hartazgo.
—Deja de molestar.
La voz de Chris era baja, monótona, pero caló en Yoru como un trueno.
—¡T-Tú no sabes con quién te estás metiendo! —gritó Yoru, intentando zafarse.
Tiró de su brazo con fuerza, pero este no se movió un centímetro.
Chris suspiró.
—Qué molestia.
Y entonces, con un movimiento tan veloz que ni las cámaras del estadio lograron captar bien, Chris lo jaló violentamente hacia él y le conectó un solo puño en el estómago.
¡BAM!
Yoru escupió saliva y cayó de rodillas. No entendía cómo había perdido la fuerza en sus piernas tan de golpe, como si lo hubieran vaciado por dentro. Tosía y se retorcía, humillado, mirándolo desde abajo.
—¿Quién… demonios… eres tú…? —balbuceó entre arcadas de dolor.
Chris no respondió. Caminó hacia él con intención de terminar el combate. Levantó su mano derecha y concentró una pequeña cantidad de energía para un golpe final.
Pero en un parpadeo, Yoru desapareció.
Chris detuvo su ataque, parpadeando con leve sorpresa. No lo sentía. No lo veía. Hasta que alzó la vista.
Y allí estaba.
Lysara Virellan.
De pie sobre un fragmento de columna caída, sosteniendo a Yoru por el cuello de su chaqueta, lo había rescatado segundos antes del golpe final. Su largo cabello negro azulado ondeaba con el viento generado por la energía residual del campo. Sus ojos dorados eran tan agudos como cuchillas, y su sonrisa, cortés, ocultaba algo siniestro.
—Vaya, eso fue bastante directo, ¿no crees? —dijo mientras soltaba a Yoru, dejándolo en el suelo detrás de ella.
Chris observó la escena sin emoción alguna.
—¿Tú serás mi nueva oponente? —preguntó, con el mismo tono desganado.
—Mmm… no me gusta tu actitud —dijo Lysara, dando un giro elegante mientras desenfundaba su espada curva de una sola mano, que parecía hecha de una aleación de metal blanco y cristal—. ¿No puedes sonreír un poco? ¡Vamos! Un combate es una danza. ¡Divirtámonos!
Chris chasqueó la lengua y metió las manos en sus bolsillos.
—Tch… Qué molestia.
Lysara rió suavemente. Su presencia era casi teatral, como si estuviera actuando para una audiencia invisible.
—Bueno, bueno… no todos los días tengo la oportunidad de enfrentarme al chico misterioso del emblema Stella. El fantasma solitario, ¿no? Me pregunto… ¿Qué poder secreto guardas?
Chris levantó la vista, ligeramente.
—Así que me ven como un fantasma…
—¿No lo eres? —Lysara ladeó la cabeza, como un gato curioso.
Las gradas, al ver la entrada de Lysara, se alborotaron.
—¿¡Esa no es Lysara Virellan!? ¡Una de las espadachinas más peligrosas de Inclementer!
—¡¿Van a hacer que Chris Mercy pelee contra ella también!?
—¡No puede ser! ¡Derrotó a Theren y a Caelus como si nada!
—¡Pero Lysara es diferente! ¡Es una artista del combate!
—¡Y la hermana de Dante!
En el campo, Lysara apuntó con su espada a Chris.
—Que comience el acto final.
Mientras tanto, Silfy y Shizuki corrían entre los escombros del estadio, avanzando lo más rápido que podían entre las estructuras fracturadas y los pilares destrozados por el combate. A su lado, los pasos pesados y retumbantes de Bartol, el enorme golem estelar de Silfy, sacudían la tierra con cada movimiento.
—¡Tenemos que apresurarnos! —dijo Shizuki, con voz agitada pero decidida—. No sabemos cuántos de los nuestros podrán seguir en pie.
Silfy, que trotaba con esfuerzo justo detrás de Bartol, negó suavemente con la cabeza mientras respiraba con dificultad.
—No podemos ir más rápido con Bartol… es demasiado pesado y consume energía sólo para mantenerse activo. Si lo obligo a correr, desaparecerá antes de que lo necesitemos…
Shizuki apretó los dientes y asintió. Iba a decir algo más cuando, de pronto, Silfy se detuvo de golpe, y su expresión se tensó.
—…Algo viene —dijo, con voz baja.
—¿Qué?
Silfy giró la cabeza lentamente.
—¡Cuidado!
¡ZAAASH!
Un rayo de energía dorada atravesó el aire como un láser, impactando el torso de Bartol. El golem estelar respondió de inmediato, alzando su brazo y lanzando un poderoso golpe hacia la dirección del disparo, pero entonces…
¡PAM!
Una figura apareció sobre su hombro.
Un joven de cabello claro, con una larga chaqueta blanca que se abría como una bata de laboratorio y guantes grises pulidos, sonreía con suficiencia. Su energía era ambigua, sólida como roca, pero maleable y brillante como metal fundido.
—Terremoto.
Apoyó la palma de su mano en la roca viva del golem, y al instante, una energía vibrante y mixta, algo entre dorado y gris, se esparció como venas por todo el cuerpo de Bartol.
¡CRACK—CRACK—CRAAAACK!
—¿¡Q-qué está pasando!? —exclamó Silfy, alarmada.
—¡No puede ser…! —Shizuki retrocedió un paso—. ¡Bartol…!
En cuestión de segundos, las grietas se multiplicaron y Bartol explotó en fragmentos de luz y piedra, sus constelaciones dispersándose en el aire como estrellas moribundas.
Silfy se quedó paralizada. La conexión con su espíritu en Bartol se cortó de golpe, dejándola con un vacío en el pecho. Shizuki, horrorizada, no podía creer lo que acababa de presenciar.
El joven descendió del aire y aterrizó con gracia delante de ellas. Alzó la vista, sonriendo como si acabara de presentar un truco de magia.
—Vaya… no pensé que tendría que gastar tanta energía de golpe. Ese golem era un dolor de cabeza. Me obligó a actuar rápido —sacudió los brazos y estiró los dedos, como quien se relaja tras una siesta.
Luego, con una sonrisa “encantadora”, que más bien resultaba algo repulsiva, las observó a ambas.
—No se preocupen, señoritas —dijo—. Soy Hadric Velthorne, del emblema Inclementer. No pienso lastimarlas demasiado. Sería una pena que esas caras tan lindas se arruinaran… aunque, si se rinden, todo sería mucho más fácil, ¿no creen?
Las cejas de Shizuki se arquearon con repulsión inmediata. Dio un paso al frente sin dudar.
—Ugh… este tipo me da repelús —gruñó, con expresión de asco.
Silfy, aún consternada por la pérdida de Bartol, asintió lentamente.
—Mucho…
Hadric sonrió con más fuerza, ignorando el desdén de ambas.
—Bueno, eso no fue una negativa directa, así que… ¡allá voy!
¡BOOM!
Levantó una mano y desde su palma una onda de energía comprimida fue liberada. Impactó entre Shizuki y Silfy, arrojándolas hacia lados opuestos. El suelo se levantó con fuerza, las rocas volaron por el aire, y ambas chicas rodaron por la tierra.
Shizuki fue la primera en levantarse, sacudiéndose el polvo.
—¡Silfy, ¿estás bien?! —gritó, sin poder verla del todo.
Pero Hadric ya estaba sobre ella.
¡WHAM!
Con un golpe seco al aire, sin tocarla, liberó otra onda de choque, que la impactó directo en el pecho. El mundo de Shizuki tembló, y su cuerpo fue lanzado contra un muro de piedra. El impacto la dejó sin aliento y con un gemido de dolor, se desplomó al suelo, jadeando.
Silfy se asomó con temor desde su lado del campo. Sus piernas temblaban. La pérdida de Bartol la había dejado expuesta y débil, y enfrentarse directamente a un enemigo así… no estaba en sus planes.
“No puedo pelear sin Bartol… no tengo energía suficiente para invocarlo otra vez, y si fallo, me dejaré sin defensa total…” —pensó, sintiendo una creciente desesperación.
Hadric giró lentamente la cabeza hacia ella, con una sonrisa que se ensanchó aún más.
—Y ahora… ¿Qué harás tú, princesa de las estrellas? —dijo con tono burlón mientras caminaba hacia ella—. ¿Gritarás? ¿Llorarás? ¿Invocarás otro golem, quizás? Vamos, ¡Sorpréndeme!
Silfy dio un paso atrás, sus ojos negros temblando.
—No puedo… no sin… Bartol…
Desde el suelo, Shizuki, dolorida y con sangre bajando por su mejilla, alzó el rostro y gritó con fuerza:
—¡Silfy, no le des el gusto! ¡No le muestres miedo!
Silfy apretó los puños.
Sus manos temblaban.
Pero dio un paso al frente.
Un solo paso, tembloroso y débil… pero lleno de voluntad.
Hadric se detuvo. Lo notó.
—¿Oh…? —ladeó la cabeza, intrigado—. ¿Aún puedes caminar? Qué adorable.
Silfy respiró hondo.
—No necesito a Bartol… para enfrentarte.
Hadric alzó una ceja.
Shizuki sonrió desde el suelo, orgullosa de su compañera.
—Así se dice, camarada estelar…
El anillo “Hailf” comenzó a brillar con una intensidad inusitada en la mano de Silfy. Una sombra de energía oscura y cósmica recorrió su brazo, mientras sus ojos se alzaban al cielo. Con un movimiento firme, alzó el brazo al cielo, y entonces, el mundo cambió.
Una constelación se dibujó sobre ella, líneas celestes que brillaban como fragmentos de estrellas unidas por trazos dorados. Su aura estelar se elevó en espirales, aquella línea oscura que cruzaba su frente y su ojo izquierdo se iluminó como una cicatriz de luz viva, uniendo la oscuridad con la vastedad del cosmos.
El cielo, sin previo aviso, se oscureció como si fuera de noche, y un viento sagrado comenzó a correr por todo el estadio.
Desde las gradas, el público contuvo el aliento nuevamente.
Algunos se levantaron de sus asientos, otros solo miraban al cielo, hechizados por la visión que se desplegaba sobre ellos. Entre susurros, decían:
—¿Qué está haciendo…?
—¿Esa chica del emblema Stella…?
—¿Qué clase de técnica es esa?
—No… ¡Es una invocación celestial!
En el palco más alto, Lyra Nightshade, por primera vez en todo el duelo, se levantó abruptamente de su asiento. Su rostro, normalmente imperturbable, mostró una expresión de auténtica preocupación. No dijo palabra alguna, pero cerró los ojos y entrelazó sus dedos en oración.
“Silfy… por favor que tu espíritu resista. No permitas que tu poder te consuma…”
Abajo, en el campo, el hechizo cósmico alcanzó su punto máximo.
Un pulso de energía estelar se expandió con violencia desde el cuerpo de Silfy. El aura onduló en círculos, como una explosión sin sonido que recorrió el estadio.
Cuando Hadric Velthorne fue alcanzado por el pulso, sus músculos se tensaron, su visión se desestabilizó. De pronto todo en su cuerpo se volvió lento, como si cada movimiento dejara una estela atrasada.
—¿Q-qué es esto…? —balbuceó, mirando sus manos, incapaz de enfocarlas—. ¿Por qué se siente como si estuviera desfasado…? ¿Me… partieron en dos?
Intentó dar un paso, pero su cuerpo no reaccionaba con precisión. Cada movimiento dejaba un espejismo de su antigua posición, como si el tiempo mismo se estuviera burlando de él.
Frente a él, Silfy temblaba, su brazo aún alzado, pero su cuerpo ya no resistía el precio de la técnica. Sus piernas flaqueaban, su vista se nublaba, y un dolor visible se dibujó en su rostro mientras el anillo Hailf brillaba con una luz oscura y celestial a la vez.
Shizuki, que había logrado apartarse de la línea de fuego antes de que todo ocurriera, asomó desde entre las rocas. Al ver el estado de Silfy, frunció el ceño con fuerza, pero también levantó el pulgar al aire con una sonrisa descarada.
—¡Dale con todo, camarada estelar!
Silfy asintió, su rostro bañado en sudor, y dijo apenas con voz quebrada:
—Constelación… estelar: técnica final…
El anillo brilló una última vez, y entonces, desde la constelación suspendida sobre ella, un rayo de energía descomunal descendió como un río cósmico. Fue como una ola de estrellas y vacío oscuro, mezclados en armonía.
La técnica avanzó como un tsunami de luz espacial, barriendo el terreno, destruyendo pilares, piedras y… a Hadric Velthorne, que fue lanzado por los aires, sin oportunidad de defenderse.
¡BOOOOOOM!
El impacto fue tan monumental que hizo temblar todo el campo de batalla.
Al cabo de unos segundos, el cielo volvió a iluminarse lentamente.
Silfy cayó de rodillas, jadeando, su cabello le cubría el rostro, y un hilillo de sangre bajando de su nariz. Se desplomó suavemente de lado, mientras sostenía el anillo con la última fuerza que le quedaba.
Shizuki corrió a su lado.
—¡Silfy! —dijo, agachándose con rapidez—. ¡Eso fue increíble! De verdad… ¡wow! Tienes que enseñarme cómo hiciste eso algún día.
Silfy sonrió débilmente, como si las palabras de su amiga fueran un pequeño bálsamo para el dolor.
—No creo… que mi cuerpo me lo perdone dos veces… —susurró con ironía—. Pero… valió la pena.
Mientras hablaba, se quitó lentamente el anillo del Hailf, sus dedos temblaban, y la piel debajo del anillo estaba ligeramente quemada.
—Tómalo, Shizuki… —dijo, ofreciéndoselo con ambas manos—. Te lo devuelvo… es tuyo ahora.
Shizuki lo recibió con una expresión solemne y lo colocó rápidamente en su dedo anular, acostumbrada ya al peso y oscuridad del artefacto.
Silfy, con un leve gesto de dolor, desenrolló la bandera roja de Stella que aún llevaba amarrada al brazo. La extendió con lentitud y la envolvió cuidadosamente alrededor del brazo de Shizuki.
—Te confío esto… —le dijo con voz baja—. Si perdemos la bandera, perdemos todo. Huye, no creo que eso haya bastado para detenerlo… y protege la bandera.
Shizuki, con una sonrisa teatral y lágrimas en los ojos, alzó un puño al cielo.
—¡Nunca olvidaremos tu valentía, Silfy Estelar! ¡Tu sacrificio será inmortalizado en canciones… y en la historia!
Silfy rió suavemente, apenas audible.
—¡No te preocupes, Silfy! —exclamó Shizuki con una sonrisa mientras le tomaba la mano—. Prometo que no perderé. Lo juro por el hielo que me recorre las venas y el abismo que me ha elegido.
Silfy asintió, cerrando lentamente los ojos, rendida por el esfuerzo, mientras Shizuki se levantaba con la bandera en alto, el Hailf brillando en su dedo, y el viento haciendo ondear su chaqueta negra.
Desde las gradas, muchos observaban en silencio absoluto, boquiabiertos.
—¿Esas chicas…?
—¿Acaban de derrotar a Hadric…?
—¡Es imposible!, algo así no podría acabar con Hadric.
—Nunca había visto una técnica así…
Desde el palco superior, Shepard Duvalier apretó los dientes, murmurando:
—¡Maldita sea…! ¡Se volvieron a salvar!
Y Lyra, aún de pie, cerró los ojos y murmuró para sí:
—Menos mal, Silfy. Gracias por resistir…
Mientras eso pasaba, alguien se acercaba a Kiro desde las sombras…
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