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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 154

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Capítulo 154: Capítulo 154: El Caballero Silente

Kiro se dejó caer sobre una gran roca caída, sus músculos aún vibraban por la descarga de energía reciente. Su respiración era entrecortada, pero no por falta de aliento, sino por el esfuerzo brutal que acababa de emplear en su duelo contra Darius.

Con una mano temblorosa, retiró el guante casi destruido que cubría su mano izquierda. El impacto del Puño Justiciero había desgarrado la piel y fracturado parcialmente los tejidos. Apretando los dientes, Kiro colocó su mano derecha sobre la herida, y una luz verde, suave y cálida, comenzó a cubrir su brazo. Era su spirit curativo, que aún respondía, aunque débilmente.

—Gracias Loo, por los guantes… —susurró, con una leve sonrisa mientras cerraba los ojos unos segundos—. Todavía queda mucho por hacer.

Deslizó su cuchillo hacia la funda con cuidado y se recostó apenas unos segundos.

Pero entonces…

El cielo se oscureció.

Una energía cósmica siniestra y celestial se desplegó por todo el campo de batalla. El viento se detuvo. La luz se contrajo. Y una constelación apareció sobre el estadio, como si el firmamento hubiera descendido a presenciar el combate.

—¿Qué…? —Kiro alzó la vista, maravillado—. Esa es… ¿Silfy?

Observó sin moverse, con los ojos abiertos de par en par. La energía que sintió… no era solo estelar, sino también contenía algo denso y oscuro… y a la vez, puro. Cuando el rayo descendió desde el cielo y barrió con el campo, el estruendo estremeció a todo el estadio.

Kiro, aún en su lugar, no pudo evitar sonreír con genuina admiración.

—Increíble… todos han cambiado… cuánto poder ocultaban…

Pero el instante de calma no duró mucho. Una extraña sensación recorrió su cuerpo.

Una presencia se aproximaba.

Kiro se incorporó rápidamente, retirando su mano del brazo parcialmente curado.

Desenvainó su cuchillo y adoptó una postura firme, con el filo en diagonal al pecho y sus ojos dorados atentos.

—¿Quién anda ahí? —preguntó al aire, su voz resonando entre los pilares caídos y el polvo suspendido.

De entre los restos, una figura comenzó a avanzar. Sus pasos eran firmes, casi silenciosos, pero seguros. El joven tenía una estatura elegante y una armadura fina, ornamentada con bordes metálicos pulidos. Sobre ella, un abrigo blanco cruzaba por los hombros como una capa corta de oficial.

Su cabello blanco azulado estaba peinado hacia atrás y contrastaba con sus ojos de rosa pálido, fríos pero serenos.

—Saludos —dijo con una voz refinada, pero sin arrogancia—. Mi nombre es Kael Drovahn, estudiante de segundo año de la Academia y miembro formal del emblema Inclementer.

Desenfundó su espada larga, cuya hoja parecía de un acero antiguo, decorada con filigranas y una empuñadura adornada con inscripciones. Era un arma de su linaje.

—Como ya han derrotado a varios de mis compañeros, los de reserva hemos recibido la orden de ingresar —continuó mientras se acercaba con tranquilidad—. Pero para ser sincero… te elegí a ti. Noté algo interesante en tu energía… quizá tu forma de usar el espíritu. Serás un buen oponente… o eso espero.

Kiro bajó el arma levemente y lo evaluó. Su presencia era firme, sin rastro de burla o soberbia. Más que un guerrero buscando victoria, parecía un caballero buscando un duelo justo.

—Entiendo… —respondió Kiro—. No estoy al cien por ciento… pero aun así, no me contendré.

Kael inclinó apenas la cabeza, como mostrando respeto.

—Lo veo en tu postura. Tranquilo, si lo deseas, después de este combate podemos tener un duelo formal, cuando estés recuperado. Pero ahora… vine a probar tu temple.

Desde las gradas, comenzaron los murmullos.

—¡Ese es Kael Drovahn!

—¿Drovahn? ¿No es uno de los hijos del escuadrón real de Alfhaim?

—Se decía que casi no participaba con Inclementer… ¿por qué está aquí?

—Obvio, lo mandaron ahora porque los están superando. Y él es uno de los ases en la sombra.

—Dicen que entrenó en el Castillo Central de la Guardia… eso no es poca cosa.

—¡Miren su espada! Eso es acero de la más alta calidad y su filo parece ser superior a lo que haya visto.

Kiro pudo escuchar parte de esos rumores, pero no le distrajeron.

El aura de Kael era diferente a la de los otros de Inclementer… este no era alguien impulsado por arrogancia o desprecio. No tenía esa presencia aplastante, sino una voluntad templada.

Kael alzó su espada, con una postura impecable. No adoptó una ofensiva agresiva, sino una pose defensiva fluida, como si invitara a Kiro a dar el primer paso.

—Ven cuando estés listo.

—No me subestimes —respondió el joven de cabello amarillo, con el brillo dorado de su ojo izquierdo parpadeando—. Tampoco necesito una invitación.

El viento se alzó entre ambos. Una nueva batalla estaba por comenzar, esta era una batalla distinta. No de odio. No de venganza. Sino un verdadero duelo.

Y mientras los dos guerreros se analizaban en silencio, en lo más alto del palco, Lyra observaba a Kiro con ojos serenos, mientras que Shepard Duvalier, en cambio, se inclinaba hacia adelante con interés genuino.

—Así que ahora… el sin apellido va a enfrentarse al hijo de los Drovahn… no tiene nada que hacer.

Kiro avanzó como un destello, su cuchillo envuelto en energía brillante. La hoja dorada cortaba el aire con determinación, pero cada tajo, cada intento, era neutralizado por la técnica impecable de Kael. El joven caballero se desplazaba con fluidez, como si danzara sobre el campo de batalla. No bloqueaba por reflejo, sino por visión, como si supiera exactamente dónde iba a golpear Kiro antes de que él mismo lo decidiera.

En un instante, Kael desvió el cuchillo con la base de su espada y con un elegante giro giró su cuerpo, propinando una estocada directa al pecho de Kiro. El metal de la armadura resonó con fuerza, la vibración recorrió el torso del joven y lo hizo retroceder unos pasos.

“¿Qué está buscando?” —pensó Kiro, aguantando el impacto.

“No me está atacando con intención de herirme… solo está leyendo mi estilo, como si me analizara desde el inicio.”

Kael sonrió levemente, sereno.

—Un combate así no tiene sentido —dijo, sin cambiar el tono elegante y respetuoso de su voz—. Tu cuchillo no se compara a una espada de verdad. Las técnicas, el peso, el equilibrio… todo es distinto. Esto ya no es un duelo, es una práctica de estilo disparejo. Y francamente, es aburrido.

Kiro frunció el ceño.

—¿Entonces qué propones? ¿Que peleemos a puños?

Kael alzó una ceja y dejó escapar una pequeña risa.

—No me hagas reír, aunque… eso sería adecuado para un sin apellido —añadió con cierto tono burlón, apenas perceptible, pero suficiente para pinchar el orgullo.

Kiro apretó los dientes, pero no respondió.

—No, mejor hagamos esto —dijo Kael.

De forma sorpresiva, Kael arrojó su espada con suavidad, lanzándola al aire en dirección a Kiro. El arma giró en el aire como una hoja que bailaba con el viento, Kiro la atrapó instintivamente con ambas manos.

—Úsala —declaró Kael—. Si logras vencerme con mi propia espada, me demostrarás que incluso alguien como tú puede lograr grandes cosas. Pero si no… bueno, no tendrás nada más para ofrecerme, sin apellido. Y entonces terminaré esto sin más.

Kiro bajó la mirada al arma. Era pesada, pero balanceada. El mango estaba tallado con precisión, y la hoja llevaba consigo un aura firme, como si reconociera a su dueño incluso fuera de su mano.

—¿Y tú? —preguntó Kiro—. ¿Cómo lucharás tú ahora?

Kael respondió cerrando los ojos un instante. Entonces, con un movimiento suave de su brazo derecho, creó una espada de energía pura.

Una luz intensa emergió de su palma, y la hoja se fue formando con un resplandor que parecía romper la realidad. Era una espada prismática, que cambiaba de color a medida que se inclinaba. Desde el blanco puro de su centro, se proyectaban tonos cristalinos, iridiscentes, como un arcoíris congelado en acero.

El filo era delgado, elegante, y a la vez absolutamente letal.

—Esta es mi verdadera arma. Está hecha con la energía de mi espíritu despierto, y reforzada con mi energía. No es solo luz… es esencia.

Kiro respiró hondo, envolvió la espada que sostenía con su propia energía y, sin más palabras, cargó al frente.

Ambos se encontraron en el centro con un choque seco de espadas. El metal relució con chispas mientras las dos hojas danzaban en un vals de precisión y poder.

Kiro atacaba con cortes bajos, altos, diagonales, pero Kael respondía con contraestocadas rápidas, retrocesos elegantes y parries que parecían salidos de un manual ancestral de combate.

Una, dos, tres veces, Kael desvió el arma de Kiro, y en la cuarta ocasión, con un solo movimiento de muñeca, deslizó su espada de energía justo hacia el corazón de Kiro.

La punta no lo tocó directamente, pero una descarga espiritual recorrió el cuerpo de Kiro, haciéndolo retroceder de inmediato. Sintió que su energía interior se comprimía y debilitaba.

“¿Qué fue eso?” —pensó, agitado—. “Mi energía… se desplomó enseguida. Ese ataque no me hirió físicamente… ¡afectó a mi espíritu!”

Kael bajó la hoja con calma.

—¿Ya lo sentiste? Esta espada no corta carne. Corta el flujo interno. Cada golpe que recibas de mí te dejará más débil. Es una lección que aprendí de los espadachines espirituales de mi familia.

Kiro apretó los dientes. No podía arriesgarse a recibir otra estocada directa. Tenía que forzar un combate rápido.

—Entonces… —dijo, mientras una chispa de luz oscura surgía de su ojo izquierdo y recorría su brazo— …mejor te derroto antes de que tengas otra oportunidad.

Imbuyó la espada de Kael con esa energía y su aura comenzó a fluctuar de forma irregular. El filo resonó, adaptándose a él. El arma vibraba en sus manos, como si se estuviera fusionando con su voluntad.

Kael sonrió.

—Esa es la actitud. Demuéstrame de qué estás hecho, Kiro.

Ambos se lanzaron nuevamente. Esta vez, Kiro fue más astuto, en lugar de forzar intercambios, comenzó a jugar con el ritmo, usando la inercia de los bloqueos para redirigir su energía hacia nuevas trayectorias.

Golpeaba, retrocedía, giraba, y volvía con cortes inesperados.

Kael se adaptaba rápido, pero por primera vez empezó a retroceder.

Desde las gradas, la tensión crecía.

—¡¿Ese es Kiro?! ¡Está empujando a Kael!

—¿Pero qué espada está usando? ¡Esa no es suya!

—¡Kael le prestó su arma! ¿Por qué haría algo así?

—Dicen que los Drovahn solo reconocen a quienes superan una prueba de valor… ¿estará Kael probándolo?

Los ojos de Lyra, en lo alto, se entrecerraron. Su mirada se posó tanto en Kael como en Kiro.

“Kiro… está adaptándose. Está sintiendo la hoja, aprendiendo de ella. Y a Kael no parece molestarle. ¿Será que… este duelo es más importante de lo que parece?”

En el campo, el choque continuaba.

El suelo comenzaba a agrietarse bajo la presión de sus pisadas. La espada prestada de Kael brillaba con luz propia, y el cuchillo de Kiro, ahora en su funda, temblaba levemente con su energía contenida.

Y en los ojos dorados del joven sin apellido… brillaba una voluntad imposible de ignorar.

El filo prismático de Kael Drovahn resplandecía con fuerza. La energía que lo envolvía era tan precisa como elegante, y por primera vez, se impacientó.

—Eres persistente, Kiro. Pero la fuerza bruta sin control no lleva a la victoria —dijo Kael, elevando un dedo hacia su oponente.

Un rayo de luz pura disparado desde la punta de su dedo atravesó el aire y dio de lleno en el hombro izquierdo de Kiro, haciendo que su brazo cayera brevemente sin fuerza. El joven apenas tuvo tiempo de levantar la mirada cuando Kael le desvió la espada con un golpe ascendente.

Kiro apretó los dientes, forzando sus músculos a moverse, y bajó la espada justo a tiempo. Las dos armas chocaron con un sonido seco y limpio.

Kiro sintió que el mundo temblaba bajo sus pies. La fuerza de Kael era abrumadora. Sus pies se incrustaron en la roca, levantando fragmentos de piedra por la presión. El peso de la espada del noble lo empujaba hacia abajo como si fuera una montaña que intentaba aplastarlo.

Aun así, Kiro no cedió. Apretó más fuerte el mango de la espada prestada.

—¡No he terminado…!

Pero entonces, con un hábil cambio de ángulo, Kael giró su muñeca, desvió la hoja de Kiro hacia arriba y lo desarmó. La espada salió volando por los aires, girando sobre sí misma hasta clavarse en la tierra a varios metros de distancia.

—Tienes fuerza —dijo Kael con serenidad—, pero eso no es todo en un duelo. —Su voz no era de burla, sino de una lección impartida con cortesía.

Antes de que Kiro pudiera recuperar el aliento, Kael se giró con elegancia y le lanzó una patada directa al torso. Kiro se dobló hacia atrás, pero no cayó. En cambio, Kael cerró la distancia con velocidad y asestó tres cortes consecutivos con su espada prismática, cada uno dejando una estela brillante sobre el cuerpo de Kiro. La energía espiritual de la hoja se filtró en su cuerpo, debilitándolo desde dentro.

Las marcas centellearon por unos segundos y luego estallaron en una ráfaga suave de luz.

Kiro cayó de rodillas, jadeando con fuerza y con los brazos temblorosos. Intentaba mantenerse en pie, pero sus músculos ya no le respondían como antes.

—Tu espíritu es fuerte —dijo Kael sin levantar la voz—, pero al parecer, tu talento y técnica no están al nivel que pensé. No prolonguemos esto.

Kael alzó su espada con ambas manos, con una postura digna de un ejecutor noble.

Kiro levantó la mirada, sin miedo, pero con pesar.

“Rayos… Kael es demasiado fuerte… Si tan solo tuviera un poco más de energía para usar mejor el poder de Dravenel… quizá…”

Pero entonces, un destello parpadeó en el borde de su visión.

Flash… Flash… Flash…

Una figura aparecía y desaparecía entre los pilares rotos, como un espejismo que jugaba con la realidad.

Kael bajó su espada con cautela, sus ojos rosa pálido siguiendo el movimiento.

—¿Quién…?

De pronto, entre las chispas del aire, una voz conocida surgió:

—¡¡Kiro!!

Kiro alzó la cabeza con esfuerzo. Su expresión herida se transformó en una sonrisa agotada, pero sincera.

—Aquí… aquí estoy… ¡Shizuki!

Y justo entonces, Shizuki Velmoria apareció a su lado en un parpadeo, envuelta en una energía oscura que giraba como remolinos de sombra y nieve congelada.

—¡Te encontré, idiota! —gritó con dramatismo mientras lo sujetaba del brazo—. ¿Quieres que la elegida del abismo te ayude?

Kiro apenas pudo reír.

—Qué bueno que viniste…

En ese instante, ambos desaparecieron en una onda distorsionada de energía, dejando atrás solo un breve eco.

Kael parpadeó. Ni siquiera alcanzó a reaccionar.

—…¿Qué? ¿Se fueron?

Miró a los escombros, al cielo, al terreno.

—Esa fue una técnica sello de teletransporte… pero fue bastante rápida. —Observó el lugar donde habían estado—. No creo que haya tenido tiempo para crear una trampa justo aquí… Debe haber sido un intercambio con un objeto. ¿O si era un punto fijo? Interesante…

Luego miró la espada que había prestado a Kiro, aún clavada en el suelo, con un leve brillo.

—Así que esa es Shizuki Velmoria… intrigante. Me gustaría enfrentarla en combate también.

Disperso su espada de luz con elegancia, en el aire, mientras su capa ondeaba con la brisa del combate. Con paso tranquilo, caminó hacia su propia espada y la levantó con una sola mano para acto siguiente seguir su camino.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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