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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 155

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Capítulo 155: Capítulo 155: Formación Stellar

Los rayos morados danzaban como cuchillas alrededor del campo de batalla.

Entre la destrucción y los escombros, Rei Velmoria se desplazaba con una agilidad impecable, dejando una estela de relámpagos tras cada paso. Cada parpadeo era un golpe, cada salto una amenaza. Dante Virellan, el espadachín imparable, giraba sobre su eje con precisión marcial, bloqueando la mayoría de los embates de Rei con la hoja de su arma.

—No está mal… —murmuró Dante, apretando los dientes mientras otra línea morada se deslizaba por su hombro izquierdo—. Eres rápida, demasiado rápida.

Rei aparecía por la derecha, luego a la izquierda, después por encima, y volvía a girar. Sus cortes, aunque superficiales, eran constantes. Pequeños arañazos surcaban la tela negra y gris del uniforme de Dante, y algunos ya empezaban a rasgar partes de la armadura ligera que llevaba en el pecho y los antebrazos.

El combate, por más que pareciera favorable para él por su reputación, se estaba desequilibrando.

—¡No puedes seguir defendiéndote para siempre! —gritó Rei, con un destello furioso en sus ojos verdes, electrificados por la energía acumulada.

Entonces descendió con un corte descendente y giró hacia la parte baja. Su espada trazó un arco cerca del talón derecho de Dante, el cual no logró esquivarlo a tiempo. El filo morado rozó su tobillo, generando un pequeño estallido que lo hizo caer de rodillas, apoyándose pesadamente en su otra pierna.

Dante jadeó, soltando una risa seca.

—…Eres una rival digna, lo admito. Pero no olvides… —sacó un pequeño cubo metálico del bolsillo interno de su chaqueta, brillante con líneas azuladas de energía— …que todavía tengo la ventaja.

Rei frunció el ceño.

—¿Qué es eso?

—La herramienta que equilibrará el campo de juego —respondió Dante con serenidad.

Extendió la palma de su mano, y el cubo flotó lentamente. Rayos azules lo rodearon, zumbando con electricidad artificial. Sin más palabras, Dante cerró el puño con fuerza, y el cubo se quebró con un chasquido sonoro, emitiendo un pulso de energía que barrió la zona con una onda invisible.

Rei cayó de rodillas, deteniendo todo su ataque en un segundo.

—¿Qué…? —intentó levantarse, pero su cuerpo se sentía pesado, como si la gravedad hubiera aumentado diez veces. Extendió su mano y trató de generar electricidad, pero apenas se formaron unas pequeñas chispas moradas antes de desaparecer como cenizas.

—Ese artefacto fue desarrollado para los duelos oficiales —comentó Dante mientras avanzaba con calma hacia ella—. Desactiva temporalmente la conexión con la energía… algo legal, pero controversial.

—Juegan sucio… como siempre… —gruñó Rei, apretando los dientes.

—No es injusto si está dentro de las reglas, ¿cierto? —dijo él, alzando su espada—. Ahora se acabó.

Rei retrocedió, pero era demasiado tarde. Dante se abalanzó con su espada, y aunque logró levantar la suya para bloquear, el impacto fue brutal.

Rei fue arrojada contra una pared de piedra rota, su espalda chocando con fuerza contra los escombros. Tosió por el dolor mientras trataba de mantener el equilibrio, pero Dante ya estaba frente a ella.

—Tu final está cerca, Velmoria —le dijo con voz neutra, mientras la tomaba del cuello con una mano, levantándola del suelo.

Rei forcejeó. Su mano volvió a intentar invocar un rayo, pero solo salió una pequeña chispa. Su cuerpo comenzaba a adaptarse, pero la energía del campo aún la limitaba.

—No voy a herirte gravemente. Pero perderás aquí y ahora. Ya no tienes oportunidad—murmuró Dante, endureciendo su agarre.

Fue entonces que algo se encendió en los ojos de Rei.

“No estoy derrotada.”

Cerró los ojos, y en silencio, recordó las palabras que le dijo alguna vez Sanha:

“Incluso si la energía falla… tu ingenio no debe hacerlo… recuerda el espíritu”

Sintió su entorno.

Las pequeñas partículas de electricidad residual que todavía se movían, los fragmentos de roca, el aire mismo… su mente trazó un mapa en un instante.

Y justo antes de que Dante pudiera aplicar más fuerza, Rei desapareció de sus manos. Su cuerpo se deshizo en un parpadeo estático.

Dante abrió la mano, confundido. En su palma… solo había una roca.

—¿Un cambio ilusorio? ¿Una técnica de intercambio? —dijo con sorpresa—. Parece que si controlas tu espíritu.

A lo lejos, Rei apareció tras una columna agrietada. Jadeaba, pero estaba libre. Apretaba la empuñadura de su espada, aún sin poder invocar energía, pero con la mente alerta.

Dante giró lentamente hacia ella y una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—Tienes recursos, lo admito. Pero por ahora… te dejaré ir un poco más.

Se giró sobre sus talones, mirando hacia donde Seraphine yacía inconsciente, protegida solo por su escudo residual.

Rei lo siguió con la mirada.

—¿Vas a huir? —le gritó.

—No. Sólo voy a ayudar a alguien que sí vale la pena —respondió sin voltearse.

Rei apretó los puños. Su energía seguía sin regresar y sabia que combatir ahora contra Dante sería imposible, por lo que se dio la vuelta y comenzó a correr hacia el frente, buscando a alguien de Stella.

El sonido del viento arrastraba fragmentos de piedra y polvo por el campo de batalla. Entre los escombros, Rei Velmoria corría con determinación, a pesar del dolor punzante en su pierna herida. Su mano sostenía con fuerza la empuñadura de su espada, y su vista se mantenía aguda, alerta.

Fue entonces cuando, entre los restos de un muro colapsado, vislumbró una tenue luz verde y un resplandor cósmico que giraba en espirales suaves. Se detuvo un momento, al acercarse, se encontró con Kiro y Shizuki ocultos tras una gran roca erosionada. La escena, pese a la tensión del campo de batalla, tenía una curiosa paz… y un toque absolutamente ridículo.

—¡Oh gran guerrero de la luz y la oscuridad, cuyo destino brilla con el fulgor del caos cósmico! —declaraba Shizuki, de pie sobre una roca más pequeña, con una mano sobre su pecho y la otra extendida hacia el cielo como si invocara una profecía antigua—. ¡Sánate con el poder de las estrellas putrefactas del abismo y resurge como el fénix negro de Stella! ¡Vamos, Kiro, que tú puedes, cúrate más rápido!

Kiro, sentado con las piernas cruzadas, tenía los ojos cerrados, y el aura verde de su spirit lo rodeaba, sanando las heridas recientes y disminuyendo el dolor.

Su cuerpo emitía destellos dorados mezclados con una neblina púrpura. Se le veía bastante concentrado, aunque no pudo evitar abrir un ojo y mirar a Shizuki con una mezcla de confusión y resignación.

—No sé si eso ayuda… pero creo que me estoy curando más rápido. —murmuró Kiro.

Rei alzó una ceja, sorprendida.

—¿Qué están haciendo?

Ambos la miraron con entusiasmo.

—¡Rei! —dijeron al unísono.

—¡Has vuelto del más allá de la tormenta! —exclamó Shizuki, girando dramáticamente en su lugar—. ¡La princesa eléctrica de los rayos vuelve a su corte!

Kiro se rio, a pesar del cansancio.

—Nos alegra verte. Me encontraba bastante herido luego de mi combate con Darius… pero gracias a una técnica de Shizuki ahora puedo usar mi spirit para curarme mucho más rápido. Es como si mi energía fluyera mejor.

Shizuki infló el pecho, orgullosa.

—¡Todo gracias a lo que me enseñaron mis compañeras estelares! La bendición estelar es una técnica muy útil en estos casos.

—…No suena seguro. —dijo Rei, cruzada de brazos—. Pero si funciona, bien.

Kiro notó el estado de Rei y con preocupación le preguntó:

—¿Y tú? ¿Estás bien? Te ves algo… golpeada.

—Casi obtengo la bandera de Inclementer —respondió con frialdad—. Pero Dante apareció… salvó a Seraphine. Usó un artefacto para bloquear mi energía. No podía pelear, así que vine a buscarlos.

—Entonces huiste… ¿Te dio miedo Dante? —murmuró Shizuki, con una sonrisa traviesa, mientras hacía girar su anillo oscuro en el dedo.

—No fue por debilidad —aclaró Rei sin cambiar su expresión—. Me mantuve en pie todo el tiempo. No tengo tiempo para preocuparme por heridas ahora.

—Wow… eres la más fuerte de Stella, sin duda. —dijo Kiro con una sonrisa cansada—. Gracias por estar aquí.

Rei se mantuvo en silencio, hasta que una onda de energía cósmica la envolvió unos segundos, reparando parte de sus músculos tensos y dándole mayor vitalidad.

Esta sorpresa hizo que se estremeciera.

—¿Qué fue eso?

Shizuki apareció justo frente a ella con una sonrisa orgullosa y el anillo brillando tenuemente.

—Eso, querida hermana, fue el regalo del abismo estelar. Puedes confiar en mis artes ahora, ¿verdad?

Rei, sonrió sutilmente.

—Supongo que… sí.

Pero la calma no duraría.

De repente, dos energías potentes surgieron a su alrededor, creando un aura opresiva.

Rei instintivamente empuñó su espada.

—Se acercan. Dos.

Kiro se puso de pie de inmediato, la curación terminando mientras el aura verdosa se disolvía. Shizuki apretó el Hailf, lista para lo peor.

Frente a ellos, de entre la bruma de polvo, emergieron Seraphine Kaedwyn y Hadric Velthorne. Seraphine, con parte de su uniforme chamuscado y su espada aún vibrando con su energía amarilla, tenía una mirada decidida y fiera. Hadric, a su lado, ajustaba sus guantes grises con una sonrisa despreocupada.

—¿Vienes buscando una revancha, Seraphine? —preguntó Rei, dando un paso al frente—. Déjame recordarte quien te dejó en ese estado.

—Esta vez no perderé… solo fue un descuido—dijo Seraphine, su tono era más firme que el de antes, pero su orgullo seguía intacto—. Y junto a Hadric, los destruiremos, Stella.

—Destrucción es una palabra muy fea, ¿sabes? —dijo Hadric, elevando ambas manos como si se rindiera—. Yo preferiría no arruinar rostros tan bellos. En serio, no es personal. Solo ríndanse y terminamos sin golpes innecesarios. ¿Qué dicen?

“Muak”

Hadric termino su frase como si les lanzara un beso. Esto hizo que Shizuki hiciera una mueca de asco y girara la cabeza como si intentara no mirarlo.

—Blegh, me dio escalofríos.

—Concuerdo. —susurró Rei, su ceño fruncido.

—Típico Inclementer. —añadió Kiro, sonriendo de lado—. Solo hablan de ganar, no de luchar con honor.

Hadric hizo un gesto teatral de sorpresa.

—¡Ay! Qué lengua tan filosa, chico amarillo. Me harás llorar…

Shizuki alzó una ceja.

—¿”Chico amarillo”? ¿Así le dices a Kiro?

—No quería recurrir a esto. Pero ya es hora de que terminemos el duelo, ¿no? El público quiere un final.

Los tres alumnos de Stella se agruparon.

Rei al frente, Shizuki a su lado, y Kiro justo detrás, con la mano cerca de su cuchillo. El Hailf en el dedo de Shizuki vibraba con energía oscura, y la bandera roja de Stella aún colgaba de su brazo.

—No se la daremos tan fácil. —dijo Rei.

—Somos Stella. —añadió Shizuki con orgullo—. Y si quieren esta bandera… ¡tendrán que atravesar las estrellas!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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