Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 156
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Capítulo 156: Capítulo 156: Percepción Superior
El viento arrastraba polvo y hojas secas entre los pilares fracturados del campo de batalla. Un silencio incómodo rodeaba el nuevo escenario mientras Chris Mercy, con las manos en los bolsillos y el cuerpo levemente inclinado hacia adelante, caminaba sin prisa en círculos, observando a su rival.
Frente a él, Lysara Virellan mantenía su espada baja, una expresión divertida y tensa en su rostro. Sus labios estaban curvados en una media sonrisa, no dejaban ver si lo tomaba como un rival real o solo como una distracción en su camino hacia la bandera de Stella.
—¿No piensas moverte, Mercy? —preguntó ella, ladeando la cabeza—. Me dijeron que eras raro… pero no pensé que tanto.
Chris no respondió. Solo levantó la mirada por primera vez con cierta intención. Sus ojos ámbar brillaron sutilmente mientras examinaban los movimientos sutiles de Lysara, la forma en que respiraba, cómo tensaba sus dedos alrededor de la empuñadura de su espada, el pulso de su energía…
Y entonces, Lysara se movió.
Con un estallido de viento, impulsada por su energía, la joven Virellan se lanzó al ataque, veloz como un disparo, apuntando con su hoja directamente al pecho de Chris. Pero justo antes de que pudiera tocarlo…
La trayectoria de su espada se desvió.
La hoja, como si fuera de plástico, giró bruscamente hacia la izquierda. Un resplandor cegador emanó de ella, forzando a Chris a cerrar los ojos por un instante.
—¡Ahora! —gritó Lysara con una chispa de victoria en su voz.
Giró sobre su eje y con su mano libre lanzó un potente puñetazo al rostro de Chris. Pero este bloqueó el golpe con ambos antebrazos, sin perder el equilibrio.
—¿Eh? —masculló Lysara, sorprendida.
Aprovechando la cercanía, intentó una patada ascendente, buscando lanzarlo por los aires. Pero Chris ya no estaba allí. Con un movimiento perfectamente medido, retrocedió solo lo necesario. La bota de Lysara pasando solo a centímetros de su nariz.
Frunciendo el ceño, molesta, la joven espadachina dio un paso adelante y lanzó un corte horizontal, cargado con energía. Esta vez, Chris no sólo esquivó, sino que sujetó la espada entre su antebrazo y costado, la frenó, y con un ágil desplazamiento desarmó a Lysara, quitándole su espada de las manos.
—¡Tch…! —gruñó Lysara.
Chris giró el torso y le dio un golpe seco al hombro, lanzándola hacia atrás. El impacto levantó polvo a su alrededor, haciéndola retroceder tres pasos tambaleantes antes de recuperar el equilibrio.
Lysara quedó atónita.
“Ese era mi movimiento más rápido… ejecutado a la perfección. Usé la desorientación visual, la distancia perfecta, el ángulo sin escape. Lo he practicado cientos de veces. ¿Cómo pudo bloquearlo todo…?”
Frente a ella, Chris simplemente exhaló por la nariz y dejó caer la espada al suelo, como si fuera basura sin valor. Su mirada era la misma de siempre: plana, desinteresada… pero intensa. Su cabello caía sobre su frente, y sus lentes brillaban levemente al reflejar la luz del sol.
—…Oye, Mercy —dijo Lysara, aún sorprendida—. ¿Tú… acaso puedes ver el futuro?
Chris ladeó la cabeza, como aburrido de escuchar.
—¿A qué te refieres?
—¡Eso! —apuntó ella con un dedo—. Tus ojos… justo antes de que atacara, brillaron. Fue como si supieras exactamente lo que haría… ¿Acaso tu técnica es mirar a los ojos de alguien y ver su futuro?
Chris suspiró.
—Yo no veo el futuro.
—¿Entonces qué demonios fue eso? Es imposible que solo con reflejos hayas podido evadir mi ataque perfecto, y encima contraatacar.
Chris se acercó lentamente, sacando una mano del bolsillo para ajustarse los lentes con calma.
—Lo que veo —dijo— no es el futuro… es la forma verdadera de tu espíritu.
Lysara parpadeó, confundida.
—¿El espíritu…?
—No te leo la mente. Tampoco es magia rara ni adivinación. Tu espíritu se mueve antes que tu cuerpo. El alma vibra, se tensa, se anticipa al peligro. Solo hay que saber escuchar. Yo leo esa intención… y actúo.
Lysara frunció el ceño.
—No entiendo nada de lo que estás diciendo…
—Qué molestia —Chris bajó el brazo y en ese momento, su mano derecha comenzó a brillar con una energía naranja oscura, pero era más espesa que la energía común, parecía tinta viva que serpenteaba por su brazo.
La temperatura descendió de golpe, y el aire se volvió denso, casi hostil. Las gradas quedaron en silencio, muchos observando con asombro y desconcierto cómo el “extraño de Stella” comenzaba a revelar algo más.
—¿Qué es eso…? —preguntó Lysara, un poco más seria.
—Ya me canse de esto —respondió Chris con voz baja—. Se suponía que ahorraría energías, pero… estoy aquí porque le hice una promesa a alguien. Y aunque sea un fastidio… me toca cumplir.
Sus ojos brillaron de nuevo, y esta vez la energía naranja oscura envolvió su brazo completo hasta el hombro, extendiéndose como una capa de sombras en movimiento.
Lysara retrocedió un paso, por primera vez sin una sonrisa.
—Así que al final… tú también tienes tu monstruo interior.
Chris inclinó levemente el rostro, y dijo sin emoción:
—¿Comencemos entonces?
—Perfecto —exclamó Lysara Virellan con emoción en los ojos—. Sin armas es mejor, mi estilo brilla en el combate cuerpo a cuerpo.
Con un ágil movimiento, invocó dos brazaletes de combate, plateados con un fulgor azul eléctrico que cubrían sus muñecas y parte de los antebrazos. Cada uno tenía grabada una runa brillante, vibrante con su energía.
Adoptó una postura baja, con los codos pegados al torso, y sus ojos destellaron con pura competitividad.
—¡Prepárate, Chris Mercy!
Y se lanzó.
Los primeros tres ataques fueron rápidos, rectos y duros. Golpes de palma y puño directo al rostro y torso de Chris. Este esquivó todos con movimientos mínimos, como una danza inerte. Sus pies apenas se movían del sitio, su cuerpo apenas giraba… pero el cuarto golpe fue distinto.
¡Crack!
Un puño directo en la mandíbula, limpio, certero.
Chris apenas ladeó la cabeza por el impacto. Un leve hilo de sangre se formó en la comisura de sus labios.
—No lo haces nada mal —comentó Lysara, retrocediendo un par de pasos y sacudiendo su muñeca—. Pero si solo tengo que ser más rápida que tú… entonces ya gané.
Chris alzó la vista.
Sus ojos seguían inexpresivos, aunque una leve mueca de molestia cruzó su ceño. Su brazo derecho se cubrió de energía naranja oscura, y luego el izquierdo también. Al alzar ambos brazos, la energía se solidificó como una cortina vibrante, un escudo oscilante que bloqueaba la visibilidad y la presión frontal.
Pero Lysara no se detuvo.
—¡¿Crees que eso bastará?! —gritó con fiereza.
Cargando su energía en ambos puños, embistió la barrera de Chris. Con un fuerte estallido de luz, su ataque deshizo la defensa y atravesó la cortina como si fuera de papel.
—¡Vamos a ver qué tan bien puedes leer ahora!
Sus movimientos eran veloces, erráticos y envolventes. Comenzó a golpear desde múltiples ángulos. Puños rectos, ganchos, patadas bajas, codazos. Chris se movía dentro del asalto con el mínimo margen de error, evitando y desviando con precisión, pero cada cierto tiempo un golpe impactaba directamente en su cuerpo.
Un puño al costado. Una patada en el muslo. Un codazo en el hombro.
Chris comenzó a retroceder por la presión. Sus lentes se deslizaron un poco por su nariz, y un pequeño rasguño cruzaba su mejilla. A pesar de todo, su rostro seguía igual de inexpresivo.
A lo lejos, entre el polvo y los restos de la batalla, una figura se alzaba con dificultad. Xia, con el cabello despeinado, la respiración entrecortada y manchas de sangre seca en el rostro, se negaba a caer.
Sus piernas temblaban, pero sus ojos, esos ojos rojos intensos, ardían con voluntad pura, al igual que su fuego.
—No… —susurró, apoyándose en su rodilla para levantarse—. No puedo… quedarme a mirar. Si ese tipo puede hacerle frente, yo igual debo.
Se tambaleó dos pasos hacia el frente. Desde su posición, divisó a Yoru en los escombros.
El joven de cabello rojizo, aunque herido y furioso, mantenía una sonrisa de desprecio en el rostro. En su mano sostenía un pequeño cilindro metálico púrpura, lleno de runas apagadas.
“Ese… ¿es otro artefacto?” —pensó Xia con los ojos muy abiertos.
“No… ¡Maldito tramposo!”
“Sea lo que sea… si lo lanza hacia Chris en este momento, cuando está distraído…”
Un fuego creció en su pecho. Era débil, diminuto… pero ardía con todo lo que le quedaba.
—¡No lo permitiré…!
Sus pies estallaron en llamas. Un relámpago de fuego cruzó los escombros en un segundo.
¡BOOM!
—¿Eh…?
Yoru giró justo a tiempo para ver una figura envuelta en llamas acercarse.
—¡PUÑETAZO!—
El puño encendido de Xia impactó directo en el rostro de Yoru. Un sonido seco, contundente, retumbó como si se rompiera madera. Un diente salió volando en cámara lenta, girando en el aire antes de caer al polvo.
Yoru cayó al suelo de espaldas, sin siquiera soltar el artefacto, completamente atónito.
—¡Tú…! —escupió, con la cara hinchándose al instante—. ¡M-Maldita…!
Pero Xia ya estaba frente a él, las piernas temblorosas, la frente sudada, pero con una sonrisa temeraria y fuego en los ojos.
—Aún… sigo aquí, idiota.
Yoru, furioso, se puso de pie. Tenía el rostro hinchado por el golpe de Xia, su orgullo más herido que su cuerpo. Sin mediar palabra, soltó un puñetazo directo hacia ella.
Pero Xia, aunque su cuerpo dolía por cada parte, aunque no tenía energía para potenciar sus ataques, respondió con todo lo que le quedaba.
Con los dientes apretados y una chispa viva en sus ojos, golpeó a Yoru tres veces: un puño al estómago, otro a las costillas, y el último a la mandíbula.
Golpes sencillos. Sin luces. Sin técnica.
Solo puro esfuerzo.
—Esto… —dijo Xia, con voz entrecortada, apretando los dientes mientras su brazo temblaba—. Esto es para los tramposos…
Cargó una pequeña esfera en su mano. Una chispa mínima de fuego se concentró en ella, girando lentamente. Era inestable y peligrosa.
—¡Vamos a bailar juntos al infierno!
Con un grito, impactó la esfera en el rostro de Yoru, y antes de que pudiera explotar, se lanzó hacia adelante con él a cuestas, arrastrándolo con todo su peso, toda su rabia, todo su fuego.
Yoru gritó, intentando soltarse, pero Xia se aferró como un meteorito en caída libre.
En ese momento, no muy lejos, Chris Mercy detuvo su combate contra Lysara por un instante. Su mirada se alzó hacia el cielo y luego al frente. El sonido del choque se aproximaba. Supo que era el momento, la oportunidad para ganar. Sus ojos ámbar brillaron con intensidad.
Frunció el ceño y se concentró completamente.
El mundo se detuvo para él.
—Silencio—
El viento quedó inmóvil, la luz dejó de vibrar, los sonidos desaparecieron. Todo fue información, cálculo, milésimas divididas por mil.
“Por otro lado, la esfera que Xia cargó es una versión rudimentaria de energía comprimida. Su combustión no será inmediata, es posible que ni siquiera suceda. El peso combinado de Xia y Yoru más la trayectoria con la fuerza actual dará como resultado una colisión en 2.5 segundos hasta tocar el suelo.”
“Xia… quiere sacrificarse.”
“Va a inmovilizar a ambos con su fuego restante. El fuego deberá hacer de contención por unos segundos.”
Chris siguió analizando, todo pasaba tan rápido para él. Su mente estaba al 100.
“Lysara. Ya comenzó a contraatacar. Su centro de gravedad está ligeramente adelantado. Usa más el brazo derecho. Su siguiente golpe será horizontal, a media altura, hacia mi costado izquierdo. Está usando ahora mismo el 70% de su energía, por lo que si aumento la mía al 90% podría igualar o superar la suya el tiempo que necesito. Agotarla queda descartado.”
“Su brazo derecho está ligeramente tenso. Un latido. Tengo una abertura entre sus costillas en la sexta exhalación. El hombro izquierdo no se ha recuperado del bloqueo previo. Puedo forzarla a rotar hacia atrás.”
“Yoru… su brazo izquierdo está expuesto. Si recibe otro impacto, será incapaz de contraatacar. Xia caerá a 10.8 metros de mí, el campo de fuego siguiente durará exactamente tres segundos, según la cantidad restante de energía en Xia.”
“Entiendo… esto es suficiente.”
Chris parpadeó y el mundo volvió a moverse.
—…Tch.
Desvió el brazo de Lysara con un giro mínimo de su muñeca, aprovechando la fuerza de ella para desestabilizarla. En un instante, su cuerpo se convirtió en una serie de movimientos perfectamente coreografiados.
¡Uno! Golpe preciso al hombro izquierdo.
¡Dos! Impacto directo en la parte baja del abdomen.
¡Tres! Codazo ascendente en el plexo solar.
¡Cuatro! Golpe corto a la mandíbula.
¡Cinco! Puño girado al costado derecho de la cabeza.
El último golpe fue tan potente que Lysara voló hacia atrás, su cuerpo impactando con el de Xia y Yoru, que venían en la misma trayectoria.
¡BOOM!
Los tres se encontraron en un punto intermedio. Xia, apenas consciente, colocó su mano en el suelo con el poco control que le quedaba y gritó:
—¡Ahora…! ¡¡¡ARDAN!!!
Una muralla de llamas ígneas emergió en forma de espiral desde el suelo. El círculo envolvió a los tres, como un domo de fuego inestable. Xia cayó inconsciente de inmediato. Su cuerpo se desplomó, pero las llamas continuaron durante unos segundos.
Chris dio un paso al frente, y en ese momento, liberó su verdadero poder.
Desde su espalda emergió un manto de oscuridad, ondulante como una capa líquida. Una energía anaranjada oscura crepitó desde su brazo derecho.
—Se acabó.
Extendió el brazo.
La oscuridad se disparó en una ráfaga, una lanza giratoria que atravesó las llamas justo antes de que se extinguieran. La explosión fue sorda y brutal, como el rugido de mil voces ahogadas.
El fuego fue suprimido por la energía oscura y, finalmente, todo quedó en silencio.
En las gradas, nadie se atrevía a decir algo. Chris Mercy, un nombre que nadie reconoció durante años, ahora demostraba ser un ser de poder desconocido, pero letal.
Cuando el humo se despejó…
Chris caminó. Lento. Manos en los bolsillos.
Entre los restos calcinados vio un cuerpo cubierto de hollín y polvo. Yoru, hecho trizas, con la ropa quemada, tenía el rostro ennegrecido, estaba inconsciente, había servido como escudo humano.
Sobre él, Lysara se incorporaba tambaleante, jadeando, con la ropa rota en varias partes, el cabello revuelto y quemaduras leves en su piel.
—Maldito… —dijo escupiendo al suelo—. Quien te crees que eres… Mercy.
Chris la observó, sin emoción.
—¿Terminarás aquí?
Lysara se puso de pie como pudo, apartando a Yoru como si fuera un trapo.
—Esto… no termina aquí. Volveré por ti, Chris Mercy… —dijo con una sonrisa torcida—. Y la próxima vez, no me contendré en lo más mínimo.
Chris ladeó la cabeza.
—Espero que tampoco traigas un saco de basura como compañero.
Lysara chasqueó la lengua, desapareciendo en un parpadeo entre la bruma del campo, dejando a Yoru allí.
Chris suspiró, ajustando sus gafas.
—Qué molestia.
Se dio la vuelta, el viento meciendo su chaqueta abierta, dejando atrás el campo aún humeante… y a Xia, inconsciente.
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