Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 157
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Capítulo 157: Capítulo 157: Frente a la Tormenta
El ambiente era denso. Las piedras se estremecían bajo los pies, la tensión invisible retorcía el aire como una cuerda a punto de romperse.
El sudor en la frente de Kiro brillaba por la luz difusa del cielo. Respiró profundamente, y entonces, sin previo aviso, levantó dos dedos justo frente a su rostro, en ese momento sus ojos dorados brillaron un segundo antes de que el aire a su alrededor vibrara.
—”Cambio”—murmuró.
En un parpadeo, Kiro desapareció de su sitio, cambiando lugar con una roca que se encontraba detrás de Hadric. Este apenas tuvo tiempo de girar la cabeza cuando un golpe explosivo de energía le dio de lleno en el costado.
—¡Ghh…! —Hadric apenas alcanzó a cubrirse con un refuerzo de energía gris.
La patada lo impactó con potencia y lo lanzó varios metros por los aires. Su cuerpo chocó violentamente contra un pilar de piedra, partiéndolo por la mitad.
—¡Ahora! —gritó Rei mientras se abalanzaba con su espada, llena de determinación.
En el mismo instante, Seraphine apareció frente a ella como un rayo dorado. Las espadas chocaron con fuerza, generando relámpagos estallando alrededor.
—¡Ustedes dos! ¡Conténganlo! ¡Yo me encargo de ella! —gritó Rei sin mirar atrás, su voz firme, clara, inquebrantable.
—¡Entendido! —respondió Kiro, corriendo directo hacia Hadric.
—¡Ve con cuidado, rayo morado! —añadió Shizuki con tono heroico y teatral, corriendo tras él con una sonrisa decidida.
Frente a frente, Seraphine apretó los dientes.
—No hables como si fueras a ganarme, Rei. Esta vez no caeré en tus trucos.
—Y yo no caeré en los tuyos —respondió Rei, sin rastro de duda.
Sus energías chocaron, una explosión entre el violeta y el dorado las lanzó a ambas por el aire, elevándolas entre los restos flotantes del campo devastado.
¡BOOM!
De inmediato, las dos se lanzaron de nuevo en un choque frontal.
Las espadas se cruzaban a una velocidad inhumana. Relámpagos amarillos serpenteaban alrededor de Seraphine, mientras que Rei dejaba estelas moradas con cada movimiento.
Seraphine activó su estilo de combate haciendo que su espada vibrara con intensidad eléctrica, desestabilizando el arma de Rei con cada impacto.
Pero Rei no retrocedió.
—¡Sigue haciendo lo mismo y verás cómo gano! —gritó Rei.
En un instante clave, soltó su espada… y usó su velocidad para acortar la distancia. Como un rayo en zigzag, sus puños impactaron contra el torso, rostro y hombro de Seraphine.
¡PAM! ¡PAM! ¡PAM!
La oponente gritó, retrocediendo varios metros.
—¡Eso no vale! ¡Esto es un duelo de espadas! —gritó Seraphine, escupiendo saliva, su mejilla enrojecida.
Rei giró en el aire y atrapó su espada mientras caía.
—¿Quién dijo que sólo valen espadas?
Con un destello morado, cargó su arma con electricidad y disparó una onda de impulso contra el suelo. Rei salió proyectada hacia adelante.
El impacto fue devastador. La espada de Rei rasgó la armadura de Seraphine, haciéndola volar por los aires y atravesar varios escombros. Un sonido seco y contundente marcó su caída al final.
—¡Tch! —gruñó Seraphine, sacudiéndose el polvo y levantando una barrera de rayos a su alrededor.
¡BOOM!
Una explosión eléctrica se liberó de su cuerpo, empujando todo a su alrededor. Se incorporó entre la bruma con el cabello erizado y las pupilas brillando de rabia.
—¡Estoy harta de ti, Rei! ¡De tu actitud, de tu cara seria! ¡VEN Y ENFRENTA MI VERDADERO PODER, SI TE ATREVES!
Rei no se detuvo. Sus pasos eran ligeros, rápidos, mortales.
—Quien parece tener miedo… eres tú, Seraphine.
—¡¿QUÉ?!
La ira estalló en Seraphine.
Todo su cuerpo se cubrió en un torbellino de rayos dorados, las piedras y fragmentos de metal comenzaron a levitar a su alrededor como si un huracán eléctrico los atrajera.
Truenos estallaron como rugidos monstruosos.
Su energía formó un vórtice que elevó todo el campo de combate. Como un ojo de tormenta, Seraphine flotaba en el centro. A su alrededor, rayos descendían como lanzas y rocas giraban como cuchillas.
Y dentro de esa tormenta…
Una estela morada, rápida, vibrante y serpenteante atravesaba el aire, como un rayo rebelde danzando entre la muerte.
—¡A la derecha! —gritó Shizuki mientras esquivaba por centímetros una onda de choque que Hadric había liberado sin esfuerzo alguno.
—¡Ya lo vi! —respondió Kiro, que corría en zigzag, rodeando a Hadric mientras sostenía su cuchillo de combate firmemente.
Ambos atacaban desde diferentes ángulos.
Shizuki lanzaba ráfagas de hielo, fragmentos puntiagudos que surgían como lanzas erráticas desde a su alrededor. Mientras que Kiro, con pasos veloces, se abalanzaba entre pilares, deslizándose por el suelo y atacando a corta distancia con tajos veloces.
Hadric, sin embargo, parecía bailar entre los ataques.
—Ay, ay… qué impacientes son —dijo, moviéndose con soltura, su bata blanca ondeando con cada giro—. ¿No les enseñaron a respetar a sus mayores?
Cada cuchillada de Kiro era desviada con mínimos movimientos de torso o brazos. Cada cristal de hielo lanzado por Shizuki se quebraba contra su campo de energía con un chasquido seco.
En un momento, Hadric se detuvo por completo, plantó un pie con elegancia en el suelo y les levantó una mano como si estuviera regañando niños.
—Última advertencia, niños. Ríndanse. Esta es su única salida sin dolor.
—¡No me importa lo que digas! —gritó Kiro, saltando con fuerza hacia él.
El cuchillo descendió como una estocada precisa, pero Hadric giró la muñeca y atrapó a Kiro por el cuello en pleno aire con una velocidad aterradora.
—Qué pena por ustedes, en serio —murmuró, y sus dedos se cerraron con fuerza.
Kiro forcejeó, pero la presión en su garganta aumentaba. Con un último movimiento desesperado, Kiro alzó su cuchillo y logró rasgar la mejilla derecha de Hadric, dejando una línea roja que cortó su compostura por primera vez.
—¡Tch…! —Hadric lo miró con frialdad—. Eso… no fue elegante.
Agarró la mano de Kiro junto con el cuchillo y una energía grisácea comenzó a envolver el objeto. En segundos, el cuchillo se desintegró en partículas brillantes, consumido por la energía.
Kiro jadeaba sin poder respirar. Sus ojos se apagaban poco a poco, comenzaba a perder la conciencia…
Pero entonces, un grito cortó el aire:
—¡No vas a tocarlo más, gusano! —rugió Shizuki desde lo alto.
Descendió como una lanza de hielo y oscuridad, y golpeó el suelo con fuerza liberando una onda escarchada. El frío se extendió como una telaraña, congelando pilares, grietas y parte del campo.
Hadric se vio obligado a soltar a Kiro, quien cayó de rodillas, jadeando con fuerza mientras se tomaba el cuello.
—¿Estás bien? —preguntó Shizuki, arrodillándose junto a él, sus ojos intensamente preocupados.
—Estaré bien… sólo necesito un momento —dijo él entrecortadamente, forzando una media sonrisa.
Shizuki apretó los dientes con fuerza, se puso de pie y señaló a Hadric.
—¡No vas a escapar de la elegida del abismo, gusano de tierra!
Hadric levantó una ceja.
—Con que así es como me tratas… me estás robando el corazón —replicó con ironía, y se limpió con calma el pequeño hilo de sangre de su mejilla.
El Hailf en la mano de Shizuki comenzó a brillar con intensidad oscura, y una bruma violácea emergió de su cuerpo, cubriéndola como una capa de neblina corrupta.
—Ahora verás el poder del abismo —declaró Shizuki con una sonrisa desafiante.
Con un rugido, cargó una esfera congelante de oscuridad en su palma. Era una combinación directa de su hielo y el catalizador oscuro del Hailf. La esfera giraba y chisporroteaba en su mano.
Hadric intentó retroceder al ver la intensidad de esa energía, aunque apenas logró inclinarse hacia un lado, la esfera pasó rozando su abrigo y arrasó con una muralla de piedra al fondo, congelándola y haciéndola explotar segundos después.
—¿Qué demonios…? —Hadric abrió los ojos de par en par. Su tono burlón desapareció por un segundo.
“Esa cosa es más letal de lo que esperaba.”
Shizuki se deslizó por un lateral, enviando ráfagas de hielo oscuro como balas, girando con agilidad y precisión. Algunas de esas ráfagas impactaron en los brazos y piernas de Hadric, dejando marcas de escarcha y endureciendo su ropa y piel.
Molesto, Hadric se agachó, apoyó una mano en el suelo y liberó una onda de energía sísmica, levantando un domo de rocas y tierra alrededor suyo como escudo improvisado.
Shizuki frenó a tiempo. Su respiración agitada.
Pero entonces…
Una luz a lo lejos, llamó su atención.
Una presencia colosal. Un torbellino dorado.
Shizuki alzó la cabeza maravillada.
En la distancia, Seraphine había desatado su verdadera tormenta.
El campo de batalla parecía oscurecido por un huracán. En medio de ese caos… un relámpago morado cruzaba como una línea sagrada en el aire.
Era Rei.
Desafiando todo. Surcando el ojo de la tormenta.
Shizuki apretó los puños con fuerza, su corazón temblando.
—…Tú puedes, Rei —susurró con emoción, una chispa ardiente en su mirada—. Demuéstrales por qué eres nuestra espada.
La tormenta rugía como una bestia desatada, truenos explotaban con violencia mientras rayos dorados y escombros danzaban en el aire como si el mundo estuviese colapsando. En medio del ojo de esa tormenta, una figura ágil y determinada cruzaba como un relámpago morado.
Su cabello ondeaba con la corriente de energía, sus ojos verdes brillaban con determinación, y en cada paso que daba, dejaba atrás un rastro eléctrico de color rojo o azul. Cada pilar destruido, cada fragmento de piedra flotante, cada grieta en el campo, era parte de un camino perfectamente calculado. Un circuito.
—¡No puedes huir para siempre! —rugió Seraphine Kaedwyn desde el centro del huracán eléctrico, su silueta alzada sobre un cúmulo de escombros giratorios—. ¿No ves que esto es inútil? ¡Te tengo rodeada, Velmoria! ¡Ríndete y acepta la realidad! ¡Stella no tiene oportunidad!
Rei no respondió.
Sus labios estaban sellados, su respiración medida, su atención concentrada únicamente en el ritmo del combate. Su cuerpo se convertía en electricidad, aparecía y desaparecía, rebotaba entre puntos invisibles, saltaba por encima de Seraphine y giraba como un relámpago danzante.
Seraphine entrecerró los ojos, empezando a ver un patrón.
—¿De verdad piensas que ese truco funcionará de nuevo? —murmuró, y cargó su espada con toda la energía restante.
En cuanto Rei cruzó nuevamente el centro del huracán, Seraphine liberó un potente rayo eléctrico directo a su trayectoria.
—¡Estás acabada!
El rayo la impactó. La chispa morada se desvió y Rei fue lanzada hacia abajo, descendiendo en espiral con humo en su ropa y heridas eléctricas en sus brazos. La multitud contuvo la respiración pensando lo peor.
—Pfft… no fuiste tan brillante después de todo —dijo Seraphine con una sonrisa de victoria.
Pero en medio de la caída, sus ojos se encontraron.
Los ojos de Rei seguían brillando. Sus pupilas verdes resplandecían como dos esmeraldas ardientes. Allí, mientras giraba, extendió ambas manos al cielo.
Decenas de hilos eléctricos de color rojo y azul conectaban el campo desde diferentes puntos.
Y en el centro exacto, aquel punto por el que Rei había cruzado una y otra vez, comenzó a chispear con rayos morados. Las piedras, escombros y hasta el polvo del campo se alzaron hacia esa zona, cargados por la energía estática de los puntos.
—¿¡Qué…!? —Seraphine apretó los dientes al ver cómo el ambiente se distorsionaba.
—Lo dejé todo marcado —dijo Rei desde abajo—. Cada paso… cada trazo… fue para esto.
—¡No servirá de nada! —gritó Seraphine furiosa, y giró su espada en un corte de 360 grados, liberando una onda de rayos que destruyó parte de los escombros que la rodeaban.
Una sonrisa apareció en su rostro.
—Con eso fue suficiente —murmuró. Su tono sugería que el combate estaba decidido.
Pero entonces… apareció Rei.
Justo frente a ella, con la espada alzada sobre su cabeza.
—¿Qué…? ¡No puede ser! ¡En qué momento!
Seraphine alzó su espada para bloquear, sus brazos parecían firmes y su guardia perfecta.
—¡Tonta, demasiado predecible! —gritó con arrogancia.
Pero Rei no bajó la espada.
Se quedó suspendida en el aire.
Congelada.
Y entonces habló:
—Segunda técnica del rayo: Freeze.
Una estela morada quedó grabada en su posición, como una proyección congelada. Luego, en un parpadeo, Rei volvió a esa misma posición.
—¿¡Qué demonios…!?
Rei bajó la espada con velocidad de relámpago.
¡Clang!
Seraphine bloqueó.
Y Rei volvió a la misma posición.
Y repitió.
Y repitió.
Una y otra vez.
Era como si el tiempo mismo se hubiera roto, y Rei se volviera una secuencia repetitiva, eterna e inagotable.
Cada golpe se sentía igual, pero algo no lo era.
Seraphine comenzaba a sudar.
Sus brazos temblaban y su respiración se aceleraba.
—¡No… no puede ser…!
Entonces escuchó el sonido.
Crack.
Una pequeña grieta en el filo de su espada.
Rei no detuvo el ciclo.
¡Clang!
¡Crack!
¡CRACK!
¡KRAAASSHHH!
La espada de Seraphine se partió en dos con un estruendo metálico. Mitad de la hoja voló por los aires y se clavó en una roca a metros de distancia.
—¡Es mentira…! —murmuró Seraphine, sus brazos entumecidos por la presión eléctrica.
Cuando levantó la vista, Rei estaba frente a ella, quieta, con su espada completamente cargada de rayos morados.
Seraphine cerró los ojos. Lista para el corte final.
—…Hazlo.
Pero el golpe final nunca llegó.
En cambio, un segundo después, sintió un fuerte impacto en la sien.
Rei le dio una patada con giro limpio en la cabeza, enviándola rodando por el suelo, cruzando los escombros hasta estrellarse contra el muro de piedra.
El público enmudeció.
Rei se quedó en el centro del campo, su espada brillando como un rayo noble, y una pequeña sonrisa de orgullo cruzando su rostro.
—Te dije que no caeríamos tan fácil —murmuró.
Se acercó para examinar a Seraphine, pero esta no portaba la bandera de Inclementer.
Desde las gradas, algunos alumnos se pusieron de pie, emocionados. Incluso los que no conocían mucho a Rei gritaban su nombre. Su fuerza, su velocidad, su estrategia… se había ganado el respeto de todos.
Gracias a todos por el apoyo y las vistas diarias, ya cada vez tenemos mas colecciones.
¡Thank you!
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com