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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 158

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Capítulo 158: Capítulo 158: La sombra que nadie contó

Rei Velmoria aún sentía el cosquilleo de la descarga en su brazo cuando, desde el centro del campo de batalla, alzó brevemente la vista hacia las gradas.

El estruendo de los aplausos la tomó por sorpresa.

—¿Eh…? —murmuró bajito, ladeando la cabeza con una expresión confundida—. ¿Por qué… están aplaudiendo?

La ovación venía de múltiples sectores. Algunos gritaban su nombre. Otros la animaban sin conocerla. Y aunque su rostro no lo reflejara del todo, en su pecho, el orgullo y la satisfacción florecían como algo nuevo.

Pero ese instante se desvaneció cuando una presión distinta recorrió el ambiente.

Rei ladeó el rostro con rapidez y su semblante cambió. Había sentido la energía de Hadric.

—Tsk, seguramente él tenga la bandera —chasqueó la lengua, volvió a ajustar su agarre en la empuñadura y, como un relámpago de rayo morado, surcó el campo.

Los muros de piedra que Hadric había levantado con anterioridad no fueron rival.

Con un corte limpio Rei los partió a la mitad.

Hadric, oculto tras ellos, dio un paso hacia atrás al verla frente a él.

—Vaya, vaya… —musitó mientras sus cejas se arqueaban con una mezcla de sorpresa e intriga—. No esperaba que derrotaras a Seraphine. Vaya espectáculo diste… por eso mismo —sonrió y, con lentitud, aplaudió con una palmada elegante—. Te mereces unos elogios, señorita Stella.

—Cállate —gruñó Rei, y sin perder tiempo arrojó su espada con potencia.

Hadric intentó esquivarla, pero el filo rozó su bata blanca, atravesándola con precisión y clavándola en la roca detrás de él, dejándolo atrapado por la tela. No había herida, pero no podía moverse sin arrancarse la ropa.

—¡Demonios! ¡Mi ropa! —gruñó Hadric, forcejeando mientras Rei descendía hacia el hueco en el que estaba, cayendo frente a él con la mano levantada, concentrando su energía eléctrica en la palma.

—No te muevas —le advirtió, fría y sin emoción. Su aura morada comenzó a brillar en espiral.

—¡Rei! —gritó una voz alegre desde un lateral.

Desde entre los escombros, Shizuki asomó la cabeza. Tenía los ojos brillando con chispas estelares, sin contener la emoción.

—¡Eres la mejor del mundo! ¡Eso que hiciste fue increíble! ¡Viva Rei! ¡La soberana de los rayos morados! ¡La heroína del cielo!

—Aún no hemos terminado —respondió Rei, sin quitarle la vista a Hadric—. Quedan muchos enemigos fuertes.

Shizuki infló los mofletes pero asintió, y se acercó a paso lento, con las manos cruzadas en la espalda.

Rei entonces apuntó con firmeza su mano hacia Hadric, lista para lanzarle un rayo de corto alcance. Pero de pronto, todo su cuerpo se tensó.

Sus dedos dejaron de moverse. Su rostro se palideció, como si se le bajara el azúcar.

—¿Rei…? —preguntó Shizuki, acercándose unos pasos—. ¿Qué pasó?

La energía que Rei acumulaba se dispersó.

Sus piernas tambalearon un poco, y su expresión se volvió casi de hielo. Como si algo invisible la sujetara con fuerza desde dentro.

—¿E-Estás bien? ¡Rei!

Hadric bajó lentamente los brazos y su sonrisa se ensanchó.

—Je… qué mala suerte para ustedes, Stella. Y qué buena suerte para nosotros que no saben contar —levantó una ceja con burla, y con un movimiento de muñeca, se despojó de la bata blanca, liberándose del agarre de la espada clavada.

—¿Qué…? —Shizuki retrocedió, confundida.

En ese instante, Kiro apareció por uno de los costados corriendo. Tenía heridas recientes, pero aún se mantenía firme.

—¡Shizuki! ¿Qué fue eso? ¿Qué ocurrió?

—¡N-No lo sé! —respondió ella, trabándose al hablar mientras se le escapaba un leve chillido—. ¡Solo estábamos ganando, Rei estaba ganando, pero ahora… no sé qué pasa…! ¡¡Es como si se hubiera quedado… atrapada!!

Kiro la observó con preocupación. La forma en que Shizuki hablaba, iba más allá de su exageración dramática. Parecía una niña intentando entender una trampa que había pasado frente a sus narices.

Hadric entonces dio un paso al frente y extendió los brazos teatralmente.

—Allí, damas y caballeros, se encuentra mi arma secreta —su dedo apuntó hacia una formación de rocas a media altura— Evania Solmere.

Desde la sombra, una figura menuda, apenas visible, con cabello azulado y una mirada vacía, se reveló parcialmente. Estaba inmóvil, con ambos brazos estirados, apuntando hacia Rei como si invocara una técnica que le costaba hasta respirar.

La energía de Evania era casi nula, no podían sentirla si no se concentraban.

—A pesar de estar solo en primer año —explicó Hadric con orgullo— Evania tiene un control casi perfecto de una técnica que yo mismo le enseñé: una forma de bloqueo psíquico. Pero eso… consume casi toda su energía espiritual. Por eso no se ha movido de su escondite hasta ahora.

Rei intentaba moverse. Se forzaba a liberar una chispa, un impulso, pero era como si su espíritu mismo estuviera congelado. Inhibido por una fuerza sutil y poderosa a la vez.

Hadric chasqueó los dedos en dirección a Evania.

—Buen trabajo, chica. Has hecho tu parte a la perfección.

Evania no respondió. Seguía allí, sin pestañear, completamente enfocada en mantener el sello sobre Rei.

Kiro apretó los puños.

—Entonces… ¿era esto lo que escondías?

Hadric giró hacia él y sonrió.

—Claro que sí. ¿Creyeron que me dejaría vencer tan fácil? No soy el tipo que deja que lo acorralen sin un plan de respaldo.

Kiro se inclinó con rapidez frente a Rei, su expresión era de alerta total. La vio jadeando, su cuerpo entero tenso, como si aún estuviera atrapado por una sombra invisible.

“¿Qué le hicieron…? ¿Qué clase de técnica es esta?” —pensó con ansiedad mientras examinaba su condición, con su mano sobre el hombro de Rei y la otra invocando una pequeña chispa de energía para analizar el flujo espiritual en ella.

—Su energía… —murmuró Kiro—. Su cuerpo no está herido, pero su espíritu está como… ¿atado? Es como si la estuvieran sosteniendo con cadenas invisibles.

“¿Cómo libero algo así?”

Sus ojos buscaron a lo lejos la figura de Evania, aún firme, como una estatua con las manos en alto.

“Si intento detener a esa chica yo mismo, Hadric me detendrá… y él es muchísimo más fuerte que yo…”

Kiro apretó los dientes con frustración.

“¿Qué puedo hacer? ¡¿Qué puedo hacer?!”

Shizuki, a su lado, miraba de un lado al otro con nerviosismo. El sudor bajaba por su frente mientras apretaba su amuleto morado.

Su voz se quebró apenas:

—No… no sé qué hacer, Kiro… ¡No sé cómo ayudarla!

—Lo resolveremos —le respondió Kiro, con una voz más segura de lo que realmente sentía.

En ese instante, Hadric levantó los brazos con teatralidad.

—¡Faltan solo unos segundos! —anunció como un actor en el escenario final—. En nada, Rei Velmoria caerá completamente dormida por el sello. ¡Y así, Stella quedará fuera de combate! ¡Jajajajaja!

Kiro sintió que su corazón latía con furia. Su cuerpo temblaba no solo por la impotencia… sino por la rabia de ver a Rei caer de rodillas y no poder ayudarla.

Pero entonces, una voz seca, directa y sin una gota de emoción interrumpió el espectáculo.

—¿Qué haces?

Hadric se congeló, borrando su sonrisa.

Kiro, Shizuki y Rei alzaron la vista al mismo tiempo… y allí, de pie junto a Evania sin que nadie lo hubiera sentido llegar, estaba Chris Mercy.

La brisa revolvía ligeramente su cabello mientras sus ojos ámbar brillaban con calma. Tenía una mano en el bolsillo, y la otra bajó con precisión quirúrgica hacia el cuello de Evania.

—T-Tú… —murmuró Hadric, con auténtico pánico.

Chris ni siquiera respondió a Hadric. Con un solo golpe certero, Evania cayó al suelo inconsciente, su técnica disipada al instante.

La presión en el aire se quebró como un vidrio estallando.

Rei cayó al suelo de rodillas, jadeando con fuerza mientras sus músculos por fin volvían a responderle.

Chris descendió sin apuro al hueco donde estaban Kiro, Shizuki, Rei y Hadric. Caminó tranquilamente, con las manos en los bolsillos, como si la situación fuera apenas una molestia en su día.

—Yo me encargo por ahora —dijo con desgano—. Pero hagan que Rei se recupere pronto. Esto ya me está pareciendo un fastidio.

Kiro apenas pudo reaccionar. Parpadeó. Todavía no creía lo que acababa de ver.

—S-Sí… ¡sí! —asintió con nervios—. ¡Gracias, Chris!

Rei, aún recobrando fuerzas, lo miró de reojo con cierta desconfianza.

“Chris Mercy… ¿Qué cree que hace? Esto es raro… no siento emoción alguna en él… pero sus movimientos, su poder… es como si quizá… de verdad estuviera dispuesto a ayudarnos.”

—No me muevas aún —gruñó Rei con voz apagada pero firme.

Kiro sonrió ligeramente, volviendo a su posición.

—Voy a usar mi spirit para ayudarte. Quédate quieta.

—¡Yo también! —interrumpió Shizuki, levantando una mano como si estuviera en clase—. ¡Usaré mi técnica de bendición estelar! ¡Así que espera, guerrera de la tormenta! —empezó a girar sobre sí misma con su típica teatralidad, mientras el anillo del Hailf comenzaba a brillar tenuemente.

—Shizu, no tardes… —murmuró Rei, cerrando un ojo con gesto de dolor—. Esa cosa… aún duele.

Shizuki infló las mejillas.

—¡Estoy canalizando el poder del cosmos, no se apura a una sacerdotisa, señora electricidad!

—¡S-Shizuki! —dijo Kiro, entre exasperado y divertido.

Mientras los tres se reorganizaban, Chris se adelantó unos pasos. Ya sin darles la espalda, protegiéndolos directamente con su figura alta y la sombra que proyectaba.

Frente a él, Hadric se enderezó con los dientes apretados. Su sonrisa encantadora desaparecida por completo.

—Tú… —espetó nuevamente, mientras la energía en sus brazos temblaba—. Esto… esto me lo pagarás muy caro, Mercy.

Chris se ajustó los lentes con un solo dedo, indiferente.

—Qué molestia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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