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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 159

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Capítulo 159: Capítulo 159: Cálculo y Colapso

El terreno vibró levemente al ritmo de la voluntad de Hadric. Con su brazo extendido y una sonrisa torcida, elevó el suelo en una serie de pinchos que se extendían como raíces corruptas hacia Chris Mercy. Las rocas estallaban del suelo, puntiagudas, rugosas, crepitando con una energía gris opaca.

Chris no se movió de inmediato. Levantó una mano lentamente y recubrió su cuerpo con su energía oscura-anaranjada. Su aura se intensificó y, con un sutil gesto, liberó una ráfaga precisa que voló directo hacia el frente.

¡KRASH!

Los pinchos se partieron en miles de fragmentos, dispersándose como vidrios pulverizados.

Sin perder tiempo, Chris avanzó corriendo, su expresión aún controlada, pero con los ojos entrecerrados. Ya había activado su percepción, con esta forma podía ver los flujos de energía, la respiración de Hadric, el pulso de su núcleo espiritual… lo leía todo.

“Si me acerco por la izquierda lo forzaré a usar el control de tierra desde la retaguardia, y ahí puedo…”—pensó, pero de pronto, su mente se congeló.

Un pincho emergió con violencia desde un ángulo lateral, invisible entre el humo de piedra, y se clavó en su brazo izquierdo.

—Tsk… —Chris frunció el ceño, conteniendo una mueca de dolor.

No tuvo tiempo de quitárselo. Hadric apareció frente a él en un abrir y cerrar de ojos, con la sonrisa más odiosa que podía mostrar.

—¡No eres tan ágil ahora, ¿eh?! —gritó mientras le propinaba una ráfaga de golpes con sus puños reforzados en energía.

Cada puñetazo resonaba con un sonido sordo que vibraba dentro de Chris como si una campana lo golpeara desde dentro. La fuerza de Hadric no era simplemente bruta. Cada golpe iba acompañado de una onda de choque interna, diseñada para dañar incluso más allá del músculo.

Chris cayó de rodillas por un instante, con el rostro torcido por el dolor, una expresión que rara vez alguien había visto en él.

—Hah… —jadeó, bajando la cabeza.

“Este idiota… está usando la tierra como un segundo sentido.”

De pronto—

¡BOOM!

Chris liberó su aura como una explosión centrífuga, obligando a Hadric a retroceder.

—¿Eso fue todo tu ataque? —masculló Chris, recuperando el control.

Con un rápido movimiento, se impulsó hacia adelante. Su energía onduló en espiral en su brazo sano.

Lanzó una estocada con su palma abierta, Hadric la esquivó por poco, y le devolvió un puñetazo a la mandíbula. Chris no lo bloqueó, pero aprovechó el movimiento.

“Demasiado confiado.”

Con una secuencia de precisión quirúrgica, Chris interceptó el siguiente ataque de Hadric con un parry, y luego otro. Esperó una mínima desaceleración en su hombro. Lo notó. Allí estaba la brecha.

—¡…Aquí! —exclamó, por primera vez con una chispa de furia.

Golpeó directamente en la unión del hombro izquierdo de Hadric.

¡CRACK!

Hadric gritó y retrocedió, sintiendo cómo su brazo izquierdo se volvía inútil, colgando sin fuerza. Antes de que pudiera recuperarse, Chris saltó y giró con una patada veloz al flanco izquierdo, donde Hadric no podía cubrirse.

—¡AGH! —el impacto lo mandó contra una pared de piedra, que se resquebrajó al recibir el peso del impacto.

Hadric cayó al suelo de rodillas, con el brazo colgando y sangre en los labios.

—¡Grrr…! ¡No creas que esto termina aquí, Mercy!

Chris aterrizó sin inmutarse, preparando su siguiente ataque para terminar el combate. Pero Hadric sonrió con malicia y posó ambas manos en el suelo.

—No olvides… en este terreno, yo soy el rey.

¡CLACK!

Debajo de los pies de Chris, el suelo se abrió y se alzó en forma de un cepo rocoso. Su cuerpo quedó parcialmente atrapado, sus piernas quedaron envueltas por placas de piedra que se cerraban como un grillete natural.

Chris frunció el ceño, intentó forzar su energía hacia abajo, pero entonces…

—¡Veamos si puedes resistir esto!

Hadric apareció frente a él, con una esfera de energía dorada y gris en la palma, chispeante, comprimida como si contuviera un mini terremoto.

La estampó en el pecho de Chris.

¡¡BOOM!!

El estallido lanzó el cuerpo de Chris por el aire.

Su espalda rebotó contra el suelo antes de que se detuviera, humeando. Su chaqueta y camisa estaba completamente abierta y rota en el centro, dejando ver una quemadura poco profunda pero grave en su pecho.

Su respiración se volvió entrecortada.

—Hah… hhh… —Chris jadeó, todavía con los lentes, ahora rotos ligeramente en un lado—. Eso… dolió.

Hadric sonrió. Estaba disfrutándolo. Elevó ambos brazos y los restos de escombros alrededor de Chris comenzaron a subir, envolviéndolo como si fueran tentáculos de piedra.

—¿Lo ves, Mercy? Esta es la diferencia entre tú y yo. ¿Qué harás sin movilidad? ¿Qué harás si no puedes ni tocarme ahora?

Chris quedó atrapado entre rocas que poco a poco se estaban fusionando con su cuerpo como un molde viviente. El aura de Hadric vibraba con intensidad y poder.

—¡Este es mi terreno, mi reino! ¡Y tú no eres nadie aquí!

Desde la distancia, Kiro, Shizuki y Rei observaban con creciente angustia.

—¡Chris! —gritó Kiro, alzando un brazo.

—¡Rayos, esto no pinta bien! —dijo Shizuki, su expresión ahora mucho más seria.

Rei, apoyada contra una roca, volvió a levantar la cabeza y apretó su puño.

—Mercy…

Chris Mercy no dijo ni una palabra.

Su mirada ámbar, tan imperturbable como la de una estatua, se mantenía fija en Hadric como si midiera cada célula de su existencia.

El silencio en el lugar era sofocante.

Hadric, algo incómodo por esa mirada penetrante, rompió la tensión con su habitual tono arrogante:

—¿Qué pasa, Mercy? ¿Te enojaste? —dijo esbozando una sonrisa burlona mientras daba unos pasos lentos hacia adelante—. Tranquilo, no me ensañaré demasiado con tus adorables compañeras. De hecho… ya les ofrecí rendirse, ¿lo recuerdas? Soy un tipo considerado, ¿no crees?

Chris no parpadeó. No alzó una ceja. No cambió su expresión ni un milímetro.

Solo abrió la boca ligeramente para pronunciar:

—Dos…

Hadric arqueó una ceja.

—¿Qué dices?

—Uno.

¡CRACK!

En ese instante, la estructura rocosa que aprisionaba a Chris se desmoronó por completo como si hubiera implosionado desde dentro, hecha trizas en un segundo.

Hadric dio un paso atrás por reflejo, su rostro torcido en una expresión de sorpresa. No había liberación de energía visible, ni movimientos violentos. Solo… el colapso absoluto de una técnica que él mismo había creado.

—¿Cómo…? —murmuró con incredulidad.

Chris dio el primer paso hacia él. Tranquilo. Sereno. Como si el combate ya hubiera terminado.

—¿Sabes qué es la oscuridad? —preguntó con voz firme pero baja—. En realidad es la energía negativa primordial. No es simplemente una fuerza destructiva… es una entropía viviente. Y tiene una propiedad que tú, ignoras por completo.

Chris se detuvo a dos metros del enemigo. El viento sacudía suavemente su abrigo roto. Su pecho herido aún humeaba. Pero su postura era perfecta, dominante, elegante.

—La oscuridad consume la energía positiva. No la rechaza, sino que la devora.

Hadric apretó los dientes, levantó su brazo derecho y una chispa de su energía dorada y gris surgió de sus dedos.

—Ja, eso suena muy bonito, pero… para hacer eso necesitarías una concentración descomunal de energía negativa. Más de la que tú podrías generar. Y aún así, tendrías que superar la mía para que funcionara.

Chris bajó un poco la cabeza, apenas una fracción.

—Entonces… ¿Qué fue lo que acabas de ver?

SHAAAA—

Una negrura líquida, como una niebla espesa teñida de sombras y ascuas carmesí, se desplegó detrás de Chris. Era como un manto monstruoso que comenzaba a expandirse lentamente, con un crujido sutil, como ramas podridas cediendo bajo presión.

La reacción de Hadric fue casi instintiva. Dio un paso atrás, con los ojos abiertos de par en par.

—N-no puede ser… —balbuceó.

—Has oído hablar de ella —dijo Chris con calma—. Pero por lo que note… nunca la has sentido. La energía negativa no puede ser comprendida por quienes nunca la han usado. No puedes percibirla. No puedes cuantificarla siquiera.

Hadric tragó saliva y dio otro paso atrás. Las pupilas le vibraban.

“¿Cuánto está liberando…? No, no puede ser… ¿Desde cuándo tienes tanta?”

La oscuridad crecía… o eso creía ver Hadric.

Sentía que su propio cuerpo reaccionaba a ella, sentía como su pulso se aceleraba y su respiración se cortaba. Su energía no fluía tan bien. Su mente le gritaba que estaba perdiendo.

Entonces, en medio de ese abismo mental, Hadric se detuvo. Algo no encajaba.

“Espera… Si estoy sintiendo esta energía… entonces no es realmente oscuridad…”

“¿Ese manto era real…?”

Se dio la vuelta de inmediato con una sacudida, como si despertara de un trance.

¡Pero ya era tarde!

Chris no estaba donde creía.

—¡Demasiado lento! —gritó Chris desde el otro lado, justo detrás del muro sensorial que él mismo había creado.

Con un movimiento fluido, Chris tomó la espada de Rei, que aún se hallaba clavada en el suelo cerca de él, y la lanzó al aire como una flecha brillante.

—¡Rei! —exclamó, con la misma calma de siempre, pero con una fuerza de comando que hizo vibrar el campo.

Desde el otro lado, Rei, aún agotada pero en pie, reaccionó. Como un acto reflejo de guerrera entrenada, saltó hacia adelante, estirando el brazo.

¡CLANK!

La espada cayó justo en su mano abierta.

Los ojos verdes de Rei brillaron intensamente con energía morada.

—Este es tu final, Hadric.

Hadric intentó alzar su energía como escudo. Pero el terror mental inducido por Chris había minado su concentración. No estaba preparado. No pudo leer a Rei. No la vio llegar.

—ESPERA, ESPERA… ¡SOLO DETENTE! ¡POR FAVOR!

¡SHUUUUM!

Un destello morado cruzó el campo como una onda eléctrica.

Rei, como un relámpago, descendió sobre él con su espada en alto y lo cortó limpiamente con una técnica de velocidad tan precisa como elegante.

El aire se quebró con el impacto. Hadric fue impulsado hacia atrás, rebotando contra el suelo y los escombros, su ropa desgarrada, su aura dispersa, su expresión… una mezcla de incredulidad y derrota.

Chris ajustó sus lentes rotos con un dedo y dijo, casi murmurando:

—Estás acabado.

Rei se acercó al lado de Chris Mercy, su mirada encendida con firmeza. Su cabello estaba alborotado por el combate, sus brazos cubiertos de polvo y manchas negras de quemaduras, pero sus ganas de continuar brillaban más que cualquier herida.

—Rematémoslo —dijo con tono seguro y frío, extendiendo su brazo izquierdo hacia Hadric, aún inconsciente entre los escombros—. No quiero que vuelva a ponerse de pie.

Electricidad morada comenzó a brotar de su brazo como raíces vivas. Rayos chispeantes rodeaban su mano, aumentando la presión en el aire.

Chris chasqueó la lengua, sin mirarla directamente.

—Tch. No me des órdenes.

Aun así, se colocó junto a ella, alzando su mano derecha. Desde sus dedos surgía una energía espesa y oscura, con un fulgor anaranjado tenue, como fuego encapsulado en sombras.

Ambos se alinearon, listos para lanzar un ataque combinado demoledor.

A la distancia, Shizuki y Kiro los observaban desde detrás de unas rocas, jadeando por el esfuerzo reciente de curar en tiempo record a Rei.

—Lo lograron… —murmuró Kiro, con alivio y asombro.

—Sí… sí… —respondió Shizuki, con una sonrisa radiante—. ¡Con esto, quizá tengamos una oportunidad de verdad! ¡Ya solo falta quitarles su bandera!

Shizuki alzó su brazo con dramatismo, sujetando aún la bandera de Stella.

—Mientras yo, la Elegida del Abismo, siga de pie… ¡protegeré nuestra bandera con mi vida!

Kiro no pudo evitar reírse un poco ante la teatralidad.

—Jajaja, confío en ti, elegida del abismo…

Pero entonces—

¡Una explosión estremeció el aire a su izquierda!

Ambos giraron la cabeza, alertas, y vieron pasar un destello de luz que se cruzó entre ellos.

—¿¡Eh—!?

¡ZWUUM!

Con un movimiento tan veloz que apenas pudieron verlo, Kael Drovahn apareció a su lado con una sonrisa confiada. Su armadura blanca brillaba, su aura era elegante y peligrosa.

Y en su mano… sostenía la bandera de Stella.

Shizuki bajó la mirada hacia su brazo. El lazo con el que estaba amarrada la bandera se había deshecho.

—¿¡Q-QUÉ!? —gritó con desesperación.

Kael ya había ascendido a un alto pilar de piedra, la bandera ondeando en su mano.

—Lamento jugar sucio esta vez, Stella —dijo con una sonrisa que apenas ocultaba la arrogancia—. Pero hacer un duelo ahora sería agotador. Nuestro líder nos pidió asegurar la victoria… espero puedan perdonarme.

Kiro y Shizuki gritaron al unísono, con rabia contenida:

—¡MALDITO!!

—¡Devuélvenos la bandera, tramposo! —vociferó Kiro con los puños apretados.

Mientras tanto, unos pasos más adelante.

Rei y Chris, justo en el momento en que sus ataques iban a ser lanzados contra Hadric, recibieron un golpe súbito de energía que los obligó a retroceder.

¡BOOOOM!

Una figura apareció sobre el borde del agujero:

Lysara Virellan, el rostro altivo, su cabello negro azulado ondeando por el viento, una chispa asesina en los ojos. Su mano aún humeaba tras lanzar el ataque.

—Tch… —Chris entrecerró los ojos—. Qué molestia.

—Maldición… vienen más—gruñó Rei, con la vena de su sien palpitando.

Lysara bajó lentamente con gracia controlada, sonriendo con desprecio.

—El emblema Inclementer no tolerará estas humillaciones por más tiempo… así que terminemos con esto de una vez.

Desde su bolsillo extrajo algo que les heló la sangre.

El artefacto que Yoru no alcanzó a usar.

—Veamos cómo funciona esto… —dijo, lanzándolo justo al centro del campo de batalla.

¡CRACK!

Apenas tocó el suelo, un campo de presión gravitacional se desplegó con violencia. La energía aumentó repentinamente, atrayéndolos a todos sin excepción.

—¿¡Qué… qué es esto!? —gritó Kiro, tratando de resistir la succión.

—¡Mi cabello! —chilló Shizuki antes de ser arrastrada por la fuerza del artefacto.

Los cuatro: Kiro, Shizuki, Rei y Chris, fueron lanzados por el aire y chocaron entre sí.

¡BAM, BAM, BAM!

—¡AGH! —Rei se quejó al caer sobre Chris—. ¡Son unos tramposos de mierda! —apretó los dientes, el rostro contraído en pura furia—. ¡¡NI HONOR TIENEN!!

Desde lo alto, una sombra descendió lentamente, flotando con elegancia.

Dante Virellan.

Aterrizó con suavidad, como si no pesara nada. La luz que reflejada en su uniforme impecable irradiaba autoridad. Su sola presencia silenció el campo entero.

—No se resistan, —dijo con voz serena pero gélida—. O saldrán más lastimados de lo que ya están.

Los cuatro miembros de Stella yacían allí, rodeados. Kiro herido. Rei agotada. Shizuki sin la bandera. Y Chris fastidiado de todo esto.

A su alrededor, Lysara, Kael, Hadric, y Dante los observaban como depredadores que rodeaban a su presa.

Y en lo alto de las gradas…

El público enmudeció.

Los mismos que aplaudieron a Rei. Los que celebraron el esfuerzo de Silfy. Los que se emocionaron con la pelea de Kiro…

…ahora bajaban la mirada.

La esperanza se esfumaba. La bandera había sido robada.

No parecía haber escapatoria.

“Este juego termina aquí”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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