Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 16
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- Capítulo 16 - 16 Capítulo 16 La Sombra de la Extinción
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16: Capítulo 16: La Sombra de la Extinción 16: Capítulo 16: La Sombra de la Extinción “La oscuridad no nace…
Se alimenta.
Se propaga.
Se arrastra entre los rincones de la desesperación humana y los consume hasta no dejar nada más que vacío.” La voz de un narrador antiguo resonaba en el aire, una voz que cargaba el peso de incontables historias, de luchas, de victorias y derrotas.
Los Nox.
Seres nacidos del odio, la desesperación y el sufrimiento.
Su existencia era un recordatorio cruel de que la humanidad siempre había estado al borde del abismo.
La primera aparición registrada ocurrió en la Ciudad de Cobalto, en el desierto de Samtar, hace más de mil años.
Desde aquel día, su presencia solo había crecido, multiplicándose como una plaga, esparciéndose por cada rincón del mundo.
Los exorcistas fueron la respuesta a esta amenaza.
Una organización de guerreros dedicados a erradicar a los Nox sin esperar gloria ni reconocimiento.
Arriesgaban sus vidas cada día, luchando en la sombra, porque si los Nox lograban su objetivo, el mundo entero sería devorado por la oscuridad.
El presente los situaba en un bosque denso, donde la humedad y el hedor a muerte lo impregnaban todo.
Oculta entre la maleza, una cueva se abría como la boca de una bestia.
Desde su interior, se escuchaban gruñidos, chillidos inhumanos y el sonido del acero chocando contra carne corrupta.
Dentro de la colmena, un grupo de exorcistas peleaba con todo lo que tenía.
—¡Mantened la formación!
—rugió uno de ellos, blandiendo su lanza y perforando el pecho de un Nox menor, que se retorció en agonía antes de desintegrarse.
Otro exorcista, armado con una espada de doble filo, bloqueó un ataque por la izquierda y de un giro limpio decapitó a su atacante.
A su lado, un arquero lanzó una flecha imbuida de energía positiva que explotó en el cráneo de una criatura, esparciendo su esencia oscura como polvo.
—¡No dejen que nos rodeen!
¡Formen una línea!
—gritó una mujer mientras disparaba con una pistola bendecida, cada bala destrozando la carne de los Nox con chispas de luz pura.
El combate era encarnizado.
Por cada Nox que caía, dos más parecían surgir de la oscuridad.
La cueva estaba infestada.
Pero entonces, el aire cambió.
Una presión abrumadora cayó sobre los exorcistas, helando su sangre y paralizando sus movimientos por un instante.
Desde el fondo de la cueva emergió una figura imponente, envuelta en una neblina oscura que se retorcía como llamas sombrías.
Sus ojos brillaban con un rojo profundo y su presencia era suficiente para que el instinto de supervivencia de los exorcistas les gritara que corrieran.
Un Nox de grado especial.
Los exorcistas tensaron sus armas, el miedo aferrándose a sus corazones.
—Pobres humanos…
—su voz era gutural, reverberante, como si hablara desde múltiples bocas a la vez—.
Todo este esfuerzo…
toda esta lucha…
es inútil.
Su tiempo ha terminado.
Pronto los Nox reclamarán este mundo y la humanidad dejará de existir.
El silencio se hizo por un momento.
Hasta que, desde la lejanía, una voz despreocupada rompió la tensión.
—¿En serio?
¿Otra vez con lo mismo?
—dijo con tono aburrido—.
¿No puedes ser un poco más original?
Siempre dicen lo mismo antes de que los partamos en dos.
El Nox especial entrecerró los ojos y su esencia vibró con molestia.
—¿Quién osa hablarme así?
Desde la entrada de la cueva, apoyado contra la pared con un cigarro en los labios, estaba Hunk Brakell.
Su túnica ondeaba levemente con la brisa y su mirada afilada se fijó en la criatura sin mostrar una pizca de miedo.
Sus ojos verdes resplandecían con una confianza inquebrantable.
Llevó el cigarro a sus labios, le dio una última calada y luego lo dejó caer al suelo, aplastándolo con la bota.
—Ya basta de charla.
—Su voz sonó grave, serena, pero con una firmeza que hizo que incluso los exorcistas sintieran un escalofrío—.
Vamos a terminar esto de una vez.
Una energía dorada comenzó a emanar de su cuerpo, su aura expandiéndose con un resplandor cálido, como si el sol mismo hubiera descendido a aquel infierno de oscuridad.
En un instante, Hunk se movió.
Antes de que los exorcistas pudieran reaccionar, una ráfaga de golpes surcó el aire.
En un solo movimiento, una fila entera de Noxs fue pulverizada.
Sus cuerpos se desintegraron al instante, dejando tras de sí un polvo oscuro que se desvaneció en el aire.
Los exorcistas quedaron boquiabiertos.
El alivio se reflejó en sus rostros cuando reconocieron quién había llegado.
—¡Es un exorcista de rango S!
—susurró uno de ellos, con renovada esperanza.
—¡Es Hunk Brakell!
—dijo otro, casi sin poder creerlo.
Hunk exhaló pesadamente, flexionando los nudillos con un sonido de crujidos antes de clavar su mirada en el Nox especial.
—Tu turno, monstruo.
La criatura gruñó, su esencia oscura arremolinándose con furia.
—Maldito insecto…
Pero Hunk sonrió con diversión, inclinando levemente el cuello hacia los lados, relajándose.
—Eso sí es algo nuevo.
Normalmente me llaman “maldito humano”.
Al menos eres un poco más original.
El Nox rugió, lanzándose contra él con una velocidad aterradora.
Pero Hunk no se movió.
No lo necesitaba.
La batalla real estaba a punto de comenzar.
El aire se volvió denso.
La energía oscura del Nox especial se retorcía a su alrededor como una tormenta de sombras vivientes.
Sus ojos rojos resplandecieron con odio puro antes de lanzarse a una velocidad aterradora contra Hunk, su puño envuelto en energía negativa.
El impacto fue brutal…
o eso parecía.
El cuerpo de Hunk simplemente se desvaneció como si nunca hubiera estado allí.
Solo quedó un leve destello dorado flotando en el aire antes de disiparse.
—¿Qué…?
—gruñó el Nox, girando los ojos rápidamente en busca de su objetivo.
—Demasiado lento.
—La voz de Hunk sonó detrás de él, serena pero implacable.
Antes de que la criatura pudiera reaccionar, un potente rodillazo cargado de energía lo impactó directo en la espalda.
Un sonido sordo y seco resonó en la cueva, como si el mismo suelo hubiera recibido el golpe.
El Nox se quedó paralizado por un instante, su cuerpo retorciéndose por el dolor.
Hunk no desperdició la oportunidad.
Se deslizó frente a su enemigo con una velocidad impresionante y desató una tormenta de puñetazos.
¡BAM!
¡BAM!
¡BAM!
¡BAM!
Cada golpe estaba imbuido con una fuerza descomunal, una ráfaga de impactos que sacudían la estructura misma de la cueva.
Con cada puñetazo, la energía dorada de Hunk chisporroteaba y vibraba en el aire, quemando la piel sombría del Nox y haciendo que soltara un chillido distorsionado.
El monstruo retrocedió tambaleándose, con su cuerpo cubierto de grietas de energía.
Entonces, dejó escapar un gruñido gutural que resonó por toda la cueva.
—¡Bastardo!
Toda su esencia oscura se concentró en su brazo derecho, formando una esfera densa de energía negativa que pulsaba con violencia.
El aire alrededor comenzó a distorsionarse y la temperatura descendió drásticamente.
Hunk lo supo de inmediato.
Si ese ataque lo alcanzaba, no saldría bien parado.
El Nox lanzó la esfera con un grito furioso.
Hunk apenas logró reaccionar, moviéndose a un lado en el último segundo.
La energía pasó rozándole y se estrelló contra la pared de la cueva.
BOOOOOM La explosión fue devastadora.
Un torrente de llamas oscuras y polvo se extendió por todo el lugar, sacudiendo la cueva como si un terremoto la azotara.
Fragmentos de roca cayeron del techo y las paredes temblaron con furia.
Hunk aterrizó sobre el suelo con un gruñido, su túnica ondeando por la presión del impacto.
—Vale… esto es un problema.
—Murmuró para sí mismo, sacudiendo la cabeza.
El Nox lo miró fijamente, su respiración entrecortada.
Pero en lugar de desesperarse, Hunk sonrió con confianza y crujió los nudillos.
—Supongo que es hora de terminar con esto.
Se lanzó hacia el Nox a una velocidad aún mayor, listo para darle el golpe final, pero la criatura reaccionó en el último segundo y atrapó su puño con una mano cubierta de energía oscura.
Los ojos de Hunk se entrecerraron con interés.
—Oh, vaya.
No esperaba que te adaptaras tan rápido.
—Su tono era despreocupado, pero en su mirada había una chispa de emoción.
Esto solo hacía la pelea más interesante.
El Nox apretó su agarre con fuerza, intentando quebrar la mano de Hunk, pero este simplemente estalló su energía dentro del puño atrapado, causando una pequeña explosión entre ambos.
La onda de choque los separó, haciéndolos retroceder unos pasos.
Ambas manos tenían quemaduras superficiales, pero ninguno de los dos parecía dispuesto a ceder.
Entonces, la pelea alcanzó su punto máximo.
Ambos se lanzaron al combate con una velocidad sobrehumana.
Puño contra puño.
Energía contra energía.
Los impactos retumbaban como truenos en la cueva, cada golpe acompañado de destellos dorados y oscuros que iluminaban la penumbra.
El Nox atacó con un gancho de derecha, pero Hunk lo bloqueó con su antebrazo.
La criatura intentó una patada descendente, pero Hunk giró sobre su eje, esquivándola con facilidad.
Contraatacó con un golpe ascendente al mentón del Nox, que lo hizo tambalearse.
Hunk empezó a aumentar su velocidad.
Su cuerpo se volvió un torbellino de golpes imposibles de seguir.
El Nox trató de defenderse, pero no pudo igualar la velocidad del exorcista.
¡BAM!
Un golpe directo en el estómago.
¡BAM!
Otro en el torso, haciéndolo escupir una esencia oscura.
¡BAM!
El golpe final en el rostro, enviándolo volando hacia atrás.
El Nox cayó pesadamente, con su cuerpo cubierto de grietas de energía negativa.
Intentó incorporarse, pero Hunk ya estaba preparando su ataque definitivo.
Abrió ambas manos, canalizando su energía con una concentración feroz.
La luz comenzó a condensarse, formando una esfera de energía pura entre sus palmas.
El aire vibró con una fuerza invisible.
Los exorcistas, al ver esto, sintieron el peligro inminente.
—¡Todos, fuera de la cueva!
—gritó uno de ellos.
—¡Corran, ahora!
Sin perder tiempo, los exorcistas salieron corriendo, algunos ayudando a los heridos, mientras el suelo comenzaba a resquebrajarse bajo sus pies.
Hunk sonrió con satisfacción al verlos huir.
—Hora de que duermas, monstruo.
Con un rugido, desató toda la energía en una devastadora onda de luz.
La explosión fue catastrófica.
La cueva entera se estremeció antes de colapsar sobre sí misma en una lluvia de escombros y polvo.
La luz dorada iluminó el bosque a través de las grietas de la cueva, hasta que todo quedó en completo silencio.
Los exorcistas, jadeando y cubiertos de sudor, se miraron entre sí, todavía asimilando lo que acababa de ocurrir.
—¿…Lo logramos?
—preguntó uno, con incredulidad.
—No lo sé… pero no pienso volver a esa cueva para averiguarlo.
—Respondió otro, aún con la adrenalina recorriéndole el cuerpo.
Antes de que pudieran hablar más, una figura emergió de entre los escombros.
Hunk Brakell.
Sus ropas estaban rasgadas y cubiertas de polvo, pero su expresión era la de alguien que acababa de terminar un trabajo rutinario.
Sin decir nada, sacó un cigarrillo, lo encendió con calma y exhaló una bocanada de humo.
Los exorcistas lo miraron en completo silencio, hasta que finalmente alguien se atrevió a hablar.
—Señor Hunk… gracias por salvarnos.
—Sí… de verdad, no habríamos salido vivos de ahí sin usted.
Uno tras otro, los exorcistas comenzaron a agradecerle con sinceridad.
Hunk, sin embargo, simplemente levantó una mano con desinterés.
—Bah, no fue nada.
Solo otro día en la oficina.
—Dio otra calada a su cigarrillo y los miró con una sonrisa tranquila—.
Ahora, ¿Qué tal si dejamos de preocuparnos y nos relajamos un poco?
Los exorcistas soltaron risas aliviadas.
Habían sobrevivido y destruido la colmena.
Y mientras el humo del cigarro de Hunk se mezclaba con el aire nocturno, quedó claro que la batalla había terminado… pero la guerra contra los Nox estaba lejos de acabarse.
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