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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 161

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Capítulo 161: Capítulo 161: Retorno de Esperanza

La lluvia había cesado.

Y justo sobre la arena, como si el cielo mismo hubiese querido marcar el momento, un claro entre las nubes dejaba caer un rayo de luz dorada que envolvía al emblema Stella.

Allí, de pie en el centro de esa luz celestial, Sanha Zaehara sostenía su espada con la brisa ondeando suavemente su bufanda partida. El barro bajo sus pies ahora parecía tierra fértil.

El campo de batalla había dejado de ser solo un campo de guerra.

Rei se acercó a paso lento, su espada colgando a un lado. Las gotas de agua aún recorrían su rostro.

—¿Realmente… eres tú, Sanha? —preguntó en voz baja, con la voz temblorosa—. Te ves diferente… —intentó bromear, aunque sus ojos vidriosos delataban su verdadero sentir.

Sanha sonrió con dulzura.

—Soy yo. Y lo siento… por desaparecer, por dejarlos solos. Eso no es lo que debería hacer un buen líder.

Entonces, Kiro y Shizuki se acercaron al ver que era seguro. Shizuki estaba emocionada, conteniendo como podía una mezcla entre admiración y emoción infantil.

—¡Eso fue genial! —exclamó dando pequeños saltos—. ¡Eres como un héroe mágico, como el de una historia épica!

Sanha se rió levemente, rascándose la nuca.

—Así que ustedes deben ser los de primer año. Me alegra mucho que sigan de pie, eso habla bien de su espíritu.

Kiro, con ojos muy abiertos, dio un paso adelante con energía.

—¡Nunca habría imaginado conocerlo en persona! ¡Sanha Zaehara en serio! He escuchado tanto de ti… ¡y verte aparecer fue como… como ver una leyenda! Es un verdadero honor.

Sanha soltó una pequeña carcajada, algo avergonzado.

—Gracias, Kiro. Pero tampoco soy para tanto —bromeó.

En ese momento, Shizuki se adelantó dos pasos, se aclaró la garganta, y puso su mejor tono teatral:

—Yo soy Shizuki Velmoria, la elegida del ab—

—Es solo Shizuki —interrumpió Rei, sin piedad—. Y el otro cabeza hueca se llama Kiro.

—¡H-Hermana! —protestó Shizuki inflando las mejillas, con los ojos vidriosos y un bufido dramático.

Sanha parpadeó sorprendido, alzando ambas cejas.

—¿Es tu hermana? Vaya, no lo sabía. Ahora que lo veo… sí que se parecen —comentó con una sonrisa.

Shizuki se cruzó de brazos, molesta, pero su rostro no lograba ocultar su emoción. Entre las gotas de lluvia y la luz solar, parecía una escena salida de un cuento.

A la distancia, Chris Mercy observaba en silencio. Siempre distante, siempre al margen. Pero Sanha se giró hacia él.

—Chris… —dijo, avanzando hacia él con calma—. Me alegra que hayas venido. Sabía que estarías aquí. ¿Estás listo para darlo todo?

Chris bajó la mirada, ajustando sus gafas con una mano y pasándose la otra por el cabello mojado. Tardó unos segundos en responder.

—No te equivoques. Vine porque se lo prometí al mocoso ese —dijo, señalando a Kiro con un gesto de cabeza—. Pero no esperes discursos heroicos de mi parte.

Sanha sonrió aún más amplio.

—Y aun así viniste. Eso me basta.

Las gradas estallaron.

El silencio anterior se rompió por un estallido de vítores y aplausos. Uno a uno, los estudiantes de todos lados se pusieron de pie. Aplaudían no solo por la sorpresa, sino por la forma en la que el emblema Stella se había negado a rendirse.

Incluso Kaede Minatsuki levantó una mano al aire y aplaudió con una sonrisa.

En lo alto del palco, Lyra Nightshade tenía los ojos fijos en su pupilo. Apretó su capa con una mano mientras sus labios se curvaban apenas.

A su lado, Shepard Duvalier frunció el ceño.

—¿Qué… demonios hace ese chico aquí? Esto no estaba en los registros.

Lyra cruzó los brazos, tranquila.

—¿Por qué actúas como si la historia pudiera escribirse sin sorpresas? Sabías que si él aparecía… cambiaría todo.

Abajo, Hadric, que intentaba levantarse, gritó con frustración:

—¡¿Y eso qué se supone que fue?! ¡No pueden simplemente meter a ese tipo a media batalla como si nada! ¡Eso es injusto!

Sanha se giró con calma, la luz brillando sobre sus hombros, y respondió:

—No es trampa. Tengo entendido que ustedes también podían entrar cuando sus compañeros caían en combate, ¿cierto?

El silencio cayó sobre Inclementer.

—Entonces esto… es exactamente lo mismo.

Su voz no tenía burla. No tenía superioridad. Solo confianza.

La balanza comenzaba a inclinarse…

Hacia las estrellas.

El joven de cabello blanco comenzó a estirar sus brazos, sacudiendo los músculos con relajada confianza. Su bufanda ondeaba como una bandera, como si anunciara el regreso de la esperanza a Stella.

—No se rindan —dijo, girando levemente su cuello con un suave crujido—. Pronto mostraré mi nuevo poder en acción.

Rei, con los ojos aún cargados de emoción, dio un paso al frente.

—¿Nuevo poder? —preguntó, cruzando los brazos con interés—. ¿Qué hiciste en tu misión?

Sanha se llevó una mano a la nuca, rascándosela con una sonrisa tímida.

—En realidad… no fue tanto una misión —admitió con cierta vergüenza—. Fue un entrenamiento especial que me obligó a hacer la maestra Lyra. Tuve que ir hasta la nación de Xaos. Un sitio… duro. Pero gracias a eso pude despertar algo dentro de mí.

Algo… más fuerte.

Sus palabras llenaban de aire los pulmones de sus compañeros. Era como si el alma de Stella volviera a respirar tras una larga asfixia.

Sanha colocó una rodilla en el suelo, tocando brevemente la tierra y piedra del campo de batalla. Su mano se posó firme sobre el suelo mientras sentía los restos de energía desperdigada en todo el lugar. Cuando se puso de pie, sus ojos verdes se encendieron como si contuvieran el resplandor del bosque mismo.

Giró hacia su equipo.

—Chicos, no se desconcentren ni se alarmen. Pronto lo tendremos bajo control —dijo con su tono cálido y seguro—. Vi que la bandera de Inclementer la tiene Hadric. Me gustaría que…

—Entendido —dijo Rei con firmeza, interrumpiéndolo mientras se adelantaba con determinación.

Sanha le dedicó una sonrisa agradecida, sin necesidad de decir más.

—Chris… —continuó—encárgate de Lysara. Sé que puedes derrotarla.

Chris no respondió. Simplemente caminó al frente, sus pasos firmes y su expresión apagada como siempre. Pero ese silencio no era rechazo. Era respeto. A diferencia de todos, Chris aceptaba sin chistar las órdenes de Sanha. Porque era el único al que verdaderamente respetaba.

—Shizuki y Kiro ¿cierto? —siguió Sanha—. Recuperen nuestra bandera. Nosotros distraeremos a los más grandes. Den todo de sí.

—¡Sí! —exclamaron ambos al unísono.

—¡Mi escarcha y su luz no fallarán! —añadió Shizuki, elevando su brazo con energía dramática.

Kiro soltó una breve risa, contagiado por la pasión teatral de su compañera.

El emblema Stella había regresado.

Desde su posición, Dante los observaba con frialdad. Su rostro reflejaba serenidad, pero en el fondo sus ojos habían perdido por un instante la seguridad absoluta que siempre transmitían.

—No cambia nada que tú estés aquí, Sanha Zaehara —dijo, su voz cargada de autoridad—. Solo retrasaste lo inevitable.

Sanha levantó lentamente su espada, apuntando directamente a Dante con firmeza. Sus ojos verdes centelleaban como brasas alimentadas por el viento de la esperanza.

—Puede que tengas razón —respondió Sanha—. Pero déjame decirte algo…

El aura de su espada comenzó a brillar con fuerza. Una energía verde, pura y vibrante, brotaba de su hoja como una llama. Chispas eléctricas verdosas recorrían su brazo y su cuerpo. Su mirada se volvió más profunda, más determinada. La punta de su cabello se había teñido del mismo color que su energía, como si su espíritu lo hubiese transformado por completo.

—Mi voluntad nunca se marchitará. Me levantaré junto a mis compañeros, una y otra vez, hasta alcanzar la victoria. Las estrellas… —dijo dando un paso hacia delante con el viento soplando fuertemente tras él— …siempre encuentran la forma de brillar.

El campo de batalla se estremeció con esas palabras.

En las gradas, muchos se pusieron de pie sin darse cuenta. El ambiente se volvió cálido. Se sentía en el pecho, como una llama reconfortante.

Lyra, desde lo alto, cerró los ojos un instante y sonrió.

—Bienvenido de vuelta, Sanha —murmuró.

Shepard Duvalier frunció el ceño, inquieto.

—Tsk… ¿Ese chico realmente…?

Pero ya era tarde. La energía de Stella se había reavivado. No era una técnica, ni una habilidad, ni un arma secreta.

Era esperanza.

Y su nombre era Sanha Zaehara.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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