Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 162
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Capítulo 162: Capítulo 162: Los Pilares del Resurgir
—¡Kael, corre! —la voz de Dante Virellan retumbó por todo el estadio, cargada de autoridad—. Lleva la bandera a nuestra zona ¡Date prisa!
Kael Drovahn no respondió. Asintió con un gesto frío y se lanzó al frente, sus botas levantando polvo húmedo. En sus manos, la bandera de Stella ondeaba como una herida abierta, arrastrando con ella los últimos restos de burla silenciosa de Inclementer.
—¡No lo permitiremos! —gritó Kiro, echando a correr con toda su fuerza y la luz pulsando en su pecho.
—¡Regresa aquí, ladrón de banderas! —añadió Shizuki, con su chaqueta empapada agitándose como un manto.
Lysara estaba a punto de interceptarlos, sus dedos danzaban con una gracia letal directo a ellos, pero justo cuando su brazo se alzó para lanzar su energía, algo lo bloqueó.
Un brazo delgado, firme y sombrío.
—Chris Mercy… —murmuró Lysara, alzando una ceja con desaprobación—. Apártate. No tengo tiempo para ti.
—Tampoco yo, pero no tengo más remedio—respondió él, antes de girar su cuerpo con fluidez y propinarle un golpe seco al costado.
—¡Gh…! —Lysara retrocedió, el impacto la sacó del equilibrio y arrastró su cuerpo varios metros hacia atrás, resbalando sobre las piedras.
Sin más palabras, Chris se giró con la mirada fija en ella como si analizara un cuadro.
—No te dejaré llegar más lejos.
Mientras tanto, en el centro del campo, un destello azul se lanzó con violencia. Dante había desenfundado su espada, su silueta dejando una estela luminosa al cortar el viento.
—¡SANHA!
Sanha Zaehara ya lo esperaba.
Su espada envuelta en verde se alzó con fuerza, recibiendo el choque.
¡¡CLAAANG!!
Las chispas estallaron al contacto y el campo se iluminó por un segundo, los dos líderes forcejearon como titanes anclados a sus ideologías.
El barro se levantó en ondas. El suelo tembló. Cada choque entre ellos parecía un eco del duelo entre la esperanza y la supremacía.
A varios metros, entre los restos de columnas y piedras dispersas, Hadric apoyó una mano contra el suelo.
Una sonrisa astuta se dibujó en su rostro.
—No importa cuántas veces se levanten… —susurró—. Siempre tengo un plan de respaldo.
Su energía comenzó a extenderse como raíces por el suelo, buscando el punto exacto para golpear por sorpresa.
—¡No tan rápido!
Una figura veloz apareció detrás de él, como una ráfaga morada.
—¡Rei…! —murmuró Hadric con los ojos abiertos—. Esperaaa, podemos hablarlo. ¡Podemos resolver esto como personas civilizadas! ¿Qué tal un trato, un armisticio, una alianza tal vez?
—¿Te ves en posición de negociar? —dijo Rei, su voz firme y eléctrica, cargada de rencor y justicia.
Su espada vibraba con energía morada. Rayos destellaban desde su hoja. Hadric retrocedió apenas, levantando una mano en gesto defensivo.
—No es necesario llegar a esto. Somos personas educadas. Yo, por ejemplo, puedo citar a tres filósofos que hablaban de la importancia del diálogo antes del conflicto, siento que deberíamos escucharlas…
Pero Rei ya estaba en movimiento.
—¡GRAAAAH! —su grito fue la única respuesta.
La espada descendió con un relámpago violento, y Hadric apenas alcanzó a levantar su brazo. Lo cubría una energía densa, de impacto.
¡CLAAAANG!
El puño de Hadric vibraba, su campo de choque le permitió contener el golpe… pero no sin pagar un precio. Sus rodillas se doblaron un instante.
Ambos retrocedieron con un salto.
Rei no le dio respiro y atacó de nuevo, blandiendo su espada con una combinación precisa, como si cortara el aire en patrones invisibles. Hadric apenas lograba esquivar, usando trozos de piedra que se alzaban a su paso como escudos improvisados.
—¡Basta! ¡Detente! ¡Esto es innecesario! —gritaba Hadric mientras retrocedía.
—¡Tú me hiciste parecer débil! ¡Tú nos la jugaste sucio! ¡Tú no entiendes lo que es luchar sin garantías! —respondía Rei con cada tajo.
Uno de los cortes alcanzó su brazo derecho. Otro le rasgó la ropa. El siguiente lo hizo caer hacia atrás.
Hadric rodó por el suelo, manchado de barro y sangre, pero con la mente aún lúcida.
“Necesito tiempo…” —pensó—. “Si alcanzo a llegar a Kael, podemos…”
Pero al levantar la vista, vio algo peor.
Rei ya estaba otra vez sobre él. Sin aliento. Sin tregua. Como una tormenta morada que no cesaba.
—¡Esta vez no te escaparás! —gritó ella.
—¡Al diablo la filosofía! —soltó Hadric antes de levantar una muralla de piedra para ganar distancia.
Ambos quedaron separados por una barrera improvisada. Pero sabían que no duraría mucho.
El verdadero combate final había comenzado.
Y mientras tanto…
Kiro y Shizuki se acercaban a Kael a toda velocidad, con el corazón bombeando de furia y determinación.
Kael miró de reojo, su expresión no era de pánico, sino de cálculo.
“Perfecto. Si los separo aquí… podré eliminar a uno y ganar terreno”
Pero lo que Kael no se esperaba…
Era que ni Kiro ni Shizuki pensaban detenerse.
Kael Drovahn dobló bruscamente entre un conjunto de pilares de piedra medio derruidos, generados por el combate. El eco de sus pasos resonaba entre los bloques húmedos mientras la bandera de Stella ondeaba en su brazo.
—No pienso perder esto —murmuró.
De pronto, se detuvo. Giró sobre su talón con precisión calculada y levantó su brazo derecho. Su energía se concentró con rapidez, vibrando con un zumbido cortante.
Una esfera de energía blanca comenzó a formarse en su palma.
—Lo siento por esto… —susurró con un dejo de culpabilidad mientras apuntaba hacia adelante.
Kiro apareció justo al frente. Su respiración era agitada, su ropa empapada, su cabello pegado a la frente… pero sus ojos estaban fijos. Firmes.
Kael apretó los dientes.
—¡Demasiado tarde! —gritó, y lanzó la esfera de energía.
Pero entonces…
—¡CAMBIO!
Una voz cortó el aire como una campanada mágica.
Del lateral derecho, un pilar de piedra estalló en mil pedazos cuando Shizuki Velmoria lo atravesó con un salto giratorio. Su silueta cubierta por escarcha se deslizó con precisión.
La sonrisa emocionada en su rostro reflejaba la adrenalina del momento.
—¡Sorpresa de hielo! —exclamó.
Apareció justo al lado de Kael en una fracción de segundo y con una elegante patada ascendente golpeó directamente la muñeca con la que él canalizaba su energía.
—¡Hyaaaaah!
La mano de Kael fue desviada bruscamente hacia abajo. La energía se disparó al suelo y explotó sin dirección. Al mismo tiempo, el punto del impacto se cubrió con una costra de escarcha brillante.
“¡Maldita sea…!” —pensó Kael, retrocediendo tambaleante—. “No la vi venir… ¡¿cómo demonios hizo eso?!”
Shizuki se lanzó de inmediato hacia la bandera, estirando su brazo con fuerza.
—¡Es nuestra! —gritó, decidida.
Pero Kael reaccionó con una sonrisa tensa.
—Cambio.
En un destello plateado, desapareció de su lugar y reapareció varios metros más adelante, corriendo de nuevo.
—¡No creas que será tan fácil! ¡Yo también me conozco todos esos trucos!
—¡Te atraparé si o si! —respondió Shizuki, activando su poder.
—¡Cambio! ¡Cambio! ¡Cambiooo!
Las dos figuras comenzaron a aparecer y reaparecer de un lado a otro del campo, deslizándose entre pilares, esquivando rocas, rozando sombras. Era como ver un juego de espejos entre hielo y reflejo.
Kiro se había detenido por completo, sabía que no los podría alcanzar corriendo. Cerró los ojos en medio del campo destruido, el sonido de los combates lejanos parecía desvanecerse para él y, con esa misma calma, levantó su mano con dos dedos juntos frente al rostro.
—Vamos… Hika… tal como me enseñaste —murmuró con voz baja pero determinada.
Mientras tanto, Kael seguía su frenética carrera. Giraba, retrocedía, se deslizaba por una pendiente de piedra mojada. Disparaba ráfagas de energía tras de sí. Las explosiones arrasaban pilares y escombros.
—¡No dejaré que me alcances! —gritó, lanzando otra descarga hacia la izquierda.
—¡Ya veremos! —contestó Shizuki, esquivando con una voltereta lateral.
Los rayos pasaban zumbando junto a ella, pero sus movimientos eran fluidos, como danzas improvisadas. Cada pirueta dejaba un rastro helado. Una onda de energía pasó sobre su cabeza, y sin detenerse, se impulsó con una patada lateral contra un muro para ganar altura.
—¡Aquí voy con todo! —vociferó entre jadeos.
Kael volvió a lanzar una esfera, pero ella giró sobre su eje, con los brazos abiertos como una bailarina congelada.
—¡Fragmentación Abismal! —exclamó.
Cientos de cristales de hielo se dispararon a su alrededor, chocando contra los proyectiles de Kael, desviándolos o haciéndolos estallar en luces frías.
Ambos ya estaban a toda velocidad. La meta de Kael se acercaba. Solo quedaban unos 50 metros para que cruzara la línea segura de Inclementer.
Y Shizuki lo notó con horror.
—¡Está… demasiado cerca! —murmuró entre jadeos—. ¡No puedo dejarlo llegar! ¡Tengo que detenerlo aquí mismo!
Su desesperación se volvió energía. La escarcha envolvió sus botas. Con cada pisada, el suelo se congelaba, ganando velocidad como si patinara entre cristales de aire.
—¡NO ME VAS A GANAR, LADRÓOOON!
Del otro lado, Kael sentía el aliento de Shizuki en su nuca.
“¡¿Por qué no se rinde esa lunática?!”
—¡Cambio!
—¡Cambio!
—¡Cambio!
Sus cuerpos eran sombras errantes, luces veloces en un campo de ruinas y barro. Todo parecía estar a favor de Kael, pero algo con lo que este no contaba era—
Minutos antes, al inicio de la persecución…
Mientras ambos corrían tras Kael, Shizuki se giró hacia Kiro con un rostro extrañamente serio.
—Kiro, si ese tipo está a punto de llegar a la zona segura… aumentaré mi energía al máximo. Haré brillar mi hielo para que puedas sentirme. Encontrarme. ¿Vale?
Kiro asintió con firmeza, entre jadeos.
—Confía en mí, compañera del abismo. He entrenado esto sin descanso…
—¿Incluso sin dormir? —preguntó Shizuki, medio en broma.
—¡Más de lo que crees!
Ambos sonrieron.
En el presente, Kiro sintió el cambio.
Un estallido de energía gélida llenó el campo. Como una nevada invisible. Una presión suave pero vibrante se filtró entre la tierra y el aire.
Kiro abrió los ojos de golpe.
—¡Ahora…!
Elevó sus dedos otra vez, con más intensidad, con su mirada decidida como una lanza de luz.
—¡Técnica de sello…!
¡Teletransportación!
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