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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 163

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Capítulo 163: Capítulo 163: El Ataque Espiritual

Kiro apareció en el aire con un estallido leve, como una chispa flotando entre el cielo y el destino. Su cuerpo se proyectó justo al lado de Kael, cortando el viento como una hoja lanzada a la tormenta.

Sus ojos estaban fijos.

—¡Kael! —exhaló con fuerza.

El ojo izquierdo de Kiro liberó un destello de energía oscura. Como una fisura en el tiempo, la pupila giró lentamente hasta teñirse de un negro profundo, atravesado por una llama oscura que emergía como un fuego espectral. Las llamas sombrías se extendieron desde su rostro, revoloteando como un aura viva y pulsante.

Todo a su alrededor se desaceleró.

El mundo quedó cubierto por una calma pesada, como si el tiempo mismo hubiese sido contenido en un cristal.

Kael lo sintió. El aire era denso. Su cuerpo no respondía con la misma velocidad. El aura de su oponente alteraba el flujo de la energía… y del espacio.

—¿Qué es esta sensación…? —murmuró con asombro.

Kiro sintió el cosquilleo subir por su brazo izquierdo. Su energía de luz, vibrante y cálida, comenzó a cubrirle la extremidad. Pero entonces, la llama oscura brotó, envolviendo el brazo en una danza entre luz y sombra.

La dualidad chispeaba a su alrededor, como si dos fuerzas opuestas coexistieran en una misma voluntad.

—¡YAAAAAAAH! —gritó, cerrando el puño.

El golpe se desató.

Un puñetazo directo, cargado con toda su esencia, se estrelló contra Kael antes de que pudiera reaccionar.

—¡BHRUUUUMMMMM!—

El impacto resonó como un trueno seco.

Kael salió disparado como una flecha errante, atravesando el aire con violencia y estrellándose contra un cúmulo de escombros y pilares derrumbados.

Una nube de polvo se alzó, cubriendo el campo en una bruma momentánea.

Kiro descendió con torpeza. Sus piernas fallaron al tocar el suelo.

Se arrodilló, jadeante, y usó su brazo aún encendido en luz para no desplomarse por completo.

—Shizuki… —susurró con lo último que le quedaba—. ¡Acábalo!

Sus palabras cortaron el aire con más fuerza que cualquier técnica. Un mensaje de confianza. De entrega.

Kiro cayó hacia adelante, con el rostro al suelo, completamente exhausto.

Shizuki detuvo su carrera al oírlo. Sus ojos se ampliaron.

—Kiro…

Luego bajó lentamente la vista. Su expresión se endureció y el anillo Hailf brilló con un fulgor púrpura-azulado y la escarcha comenzó a elevarse alrededor de sus pies, girando como un remolino encantado.

—Eso haré. Mi espectro de luz… —dijo en voz baja, mirando el cuerpo inmóvil de Kiro—. Ahora… déjame proteger tu voluntad.

Avanzó, decidida.

Frente a ella, los escombros comenzaron a sacudirse. Una energía distorsionada emanaba del punto del impacto.

—¡CLANG! ¡CRACK! ¡SCHIIIIN!—

Piedras y fragmentos de columnas salieron volando con cortes rápidos, como si una docena de cuchillas invisibles los hubieran partido.

Desde el centro, emergió Kael.

Su uniforme estaba algo rasgado, su brazo derecho colgaba levemente torcido, pero aún sostenía su espada con la izquierda. Un aura plateada distorsionada le cubría el cuerpo. Sin embargo, algo estaba claramente mal.

Un punto oscuro se había impregnado justo sobre su pecho, donde Kiro lo había golpeado.

—¿Qué… es esto…? —se miró con desconcierto.

Tocó la marca con dos dedos, y una onda oscura vibró al contacto.

Kael retrocedió, sorprendido. Su energía fluctuó como una luz temblorosa. Intentó canalizar su técnica de impulso, pero sintió un vacío.

—No fluye… —susurró—. No puedo… canalizar.

Entonces lo entendió.

La oscuridad de Kiro. Esa llama extraña… no solo era fuego. Era un veneno en energía. Una interferencia que bloqueaba la resonancia de su luz.

—Este tipo… —una risa leve escapó de sus labios—. Muy bien jugado, Kiro… muy bien. Esto era justo lo que esperaba.

Elevó la mirada hacia el cielo nublado. Sus ojos brillaban con una emoción genuina. No furia. No desesperación.

Sino admiración.

—Al fin lograste herirme de verdad —murmuró con una sonrisa casi infantil.

Shizuki se detuvo frente a él, con la mano extendida y decenas de cristales de hielo girando a su alrededor como cometas.

El aire se volvió gélido.

—Has sido rápido, hábil… incluso elegante. Pero hasta aquí llegaste, ladrón —dijo ella con solemnidad.

Los cristales se posicionaron como si formaran un santuario helado.

—Soy la elegida del abismo. Portadora del Hailf. Invocadora de la escarcha negra. Voz de los demonios, las sombras… y de los reinos que yacen más allá del velo.

Una sonrisa peligrosa se dibujó en su rostro mientras el hielo se extendía bajo sus pies como un espejo de cristal fracturado.

—Y ahora… Kael Drovahn… ¡Te sepultaré en la fría oscuridad de mi alma congelada!

Kael soltó una carcajada suave, bajando ligeramente su espada.

—¡Jajajaja…! Me encanta tu estilo, Shizuki Velmoria.

Elevó su arma con dificultad, su brazo temblando.

—Será un honor ser derrotado por alguien como tu. Vamos, elegida del abismo. Muéstrame… qué tan oscuro puede llegar a ser tu corazón.

Ambos se quedaron quietos un segundo.

La escarcha y la luz crepitaban entre ellos.

Las hojas heladas danzaban, y la espada de Kael parecía luchar por mantenerse erguida.

—Espero que sobrevivas —añadió Kael en voz baja—. Tú… y todos ustedes. Si este sistema cambia… quiero verlo con mis propios ojos.

—Entonces intenta no rendirte tan fácilmente —respondió Shizuki, con un brillo feroz en los ojos.

—¡Veamos si puedes soportar esto! —exclamó después Shizuki.

Con un gesto firme, desató la danza mortal de sus cristales de hielo.

Cientos de fragmentos afilados comenzaron a girar a su alrededor, impulsados por su energía oscura. Las pequeñas hojas heladas se disparaban como estrellas fugaces hacia Kael, cortando el aire con una sinfonía de silbidos.

—¡CRISH! ¡CRASH! ¡ZAAAAAAK!—

Kael empuñó su espada con ambas manos. Sus ojos rosados no parpadeaban. Cada cristal que se acercaba era interceptado por su filo, que se movía con precisión milimétrica.

—¡Clang! ¡Cling! ¡CHAK! ¡ZASH!—

Cortaba los cristales como si fueran hojas de papel, girando su cuerpo con fluidez impecable. Era un torbellino de plata, una máquina de técnica refinada.

De pronto, su voz se alzó:

—¡Cambio!

Su silueta destelló.

Shizuki apenas reaccionó a tiempo. Kael apareció justo a su lado, su espada ya descendiendo como una guillotina celestial.

—¡Hhh! —Shizuki giró el cuerpo instintivamente, y en el mismo movimiento desató otra lluvia de escarcha desesperada.

Un sinfín de cristales y niebla helada explotaron a su alrededor, creando una cortina defensiva.

Pero Kael la atravesó.

Con su espada girando en forma de espiral, cortó los cristales sin detenerse. Sus movimientos eran precisos, rápidos, casi elegantes.

—¡Primera Técnica de la Luz… DESTELLO! —declaró.

Un resplandor lo envolvió de golpe. La luz fue cegadora. Un chispazo blanco lo cubrió todo, desintegrando la escarcha en el aire.

—¡Aah! —Shizuki cerró los ojos, llevándose el brazo a la cara.

Cuando volvió a abrirlos… Kael ya estaba frente a ella.

—¡NO! —intentó invocar estacas de hielo a su alrededor, pero Kael se desplazó entre ellas sin tocarlas.

Shizuki giró sobre sí misma para esquivar, y lo logró… pero solo por un centímetro.

Su capa negra, aquella chaqueta que llevaba como manto sobre su cuerpo, fue arrancada por el corte, girando por el aire como una sombra derrotada.

Un fino corte cruzó su brazo derecho.

—¡Tch…! —Shizuki apretó los dientes, sintiendo la sangre cálida correr.

Aprovechó el retroceso y comenzó a correr. Las gotas heladas de su propia energía caían a su paso.

Finalmente se ocultó tras los pilares de piedra, buscando recuperar el aliento.

—Vamos, vamos, piénsalo… —jadeó—. Tiene ventaja… pero si congelo sus pasos, su impulso, su visión…

—¡No te escondas! —gritó Kael a lo lejos.

La piedra explotó.

Kael atravesó el muro con un tajo horizontal. Su espada brillaba, cortando con una fuerza tremenda. Shizuki rodó por el suelo para esquivar, apenas logrando evitar el filo.

—¡Atrápame si puedes, caballero de la luz! —exclamó, lanzando una nube de escarcha densa y negra directamente a su rostro.

La energía oscura se pegó a su cuerpo como alquitrán congelado.

Pero Kael siguió moviéndose. Sus pisadas no perdían precisión. Su espada no temblaba. Era como si su voluntad traspasara los efectos del hielo.

—¡¿Por qué no te ralentizas…?! —preguntó Shizuki, asombrada.

—Porque no peleo solo con mi cuerpo —respondió Kael, firme—. Mi espíritu ya está en movimiento.

Shizuki retrocedió, cruzando ambas manos. La escarcha crepitó en su palma, cargando con fuerza.

—¡TAH, TA, TA, TA! —gritó.

Liberó varias ráfagas de energía en línea recta. Agujas de escarcha negras que se dispararon con velocidad.

Kael giró su espada.

—¡CLANG! ¡CLANG! ¡ZASH!—

Cada ráfaga fue interceptada. Kael parecía bailar con la espada, moviéndose con la gracia de un caballero en un vals letal.

Shizuki apretó los dientes.

—¡Entonces veamos si puedes con esto…!

Pero Kael interrumpió:

—Bien, vamos con todo.

Hundió su espada en el suelo con fuerza y una onda de resonancia se liberó desde su posición, haciendo temblar el campo.

Shizuki tambaleó hacia atrás, perdiendo el equilibrio.

Kael cerró los ojos.

—Esta técnica… no la muestro a cualquiera. Prepárate, Velmoria.

Elevó su mano al cielo.

—¡Spirit… te invoco!

Las esferas comenzaron a flotar.

Una. Dos. Tres… diez… quince…

Esferas de energía espiritual surgían a su alrededor, cada una con un color distinto: azul, dorado, rojo, verde, blanco, negro, violeta… cada una pulsando con una energía única, girando lentamente como estrellas en miniatura.

Shizuki observaba con los ojos abiertos.

—¡¿Qué… es esto…?! —jadeó.

Kael tomó su espada. Cuatro de las esferas se dirigieron a ella y fueron absorbidas como si fueran almas deseosas de unirse al combate.

Su espada brilló como nunca antes. Una luz blanca en el centro, y a su alrededor, giraban fragmentos de cada color como una sinfonía de energía espiritual.

—Es increíble… —susurró Shizuki, dando un paso atrás—. ¿Es esto… el verdadero poder de un espíritu?

—Lo es. Y no lo uso por orgullo, ni por gloria —dijo Kael con voz solemne.

Avanzó.

—Lo uso cuando alguien… realmente vale la pena. Gracias por ser una rival digna, Shizuki Velmoria.

Ella sintió algo temblar dentro de sí. No miedo. No tristeza. Sino emoción.

—Tch… ¡No te despidas tan pronto de mi

—Aquí voy.

Kael se impulsó.

La tierra crujió bajo sus pies. La espada brilló como un cometa de luz.

Shizuki levantó su anillo Hailf. Lo apretó con fuerza.

—¡Hailf, cúbreme! —gritó.

Su energía se disparó, rodeándola con una cúpula de hielo oscuro, como un cristal gigantesco en crecimiento.

Pero…

¡SHHHHHHHKRAAAAAGHH!

La espada de Kael atravesó la defensa.

Un destello de luz blanca estalló.

El campo se bañó con una explosión espectral. Las esferas giraron a su alrededor como relámpagos de colores.

La escarcha se evaporó en el centro.

El viento rugió.

Y un vacío se formó.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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