Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 165
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Capítulo 165: Capítulo 165: Estrellas Contra la Tempestad
El cielo era un campo de batalla.
Rayos y destellos cruzaban el firmamento como meteoros sin rumbo. El aire vibraba, el suelo temblaba. Y desde las gradas, la multitud no podía apartar la vista. Lo que ocurría allí era un duelo de emblemas en toda su plenitud.
Allí estaban ellos.
Los tres mejores de Stella.
Contra los tres pilares de Inclementer.
Sanha Zaehara contra Dante Virellan.
Chris Mercy contra Lysara Virellan.
Rei Velmoria, aún luchando por la bandera, contra el destino mismo, haciendo frente a Hadric Velthorne.
En lo alto del campo, dos figuras cruzaban el cielo con furia y precisión.
Espadas brillando, como sombras danzando. Eran cometas. Espíritus. Guerreros.
—¡No importa lo que intentes, Sanha! —rugió Dante, su voz cargada de superioridad—. ¡Nada funcionará conmigo!
Su espada azul cortó el aire con un arco perfecto, trazando una línea de luz que se estrelló contra la defensa de Sanha. El líder de Stella bloqueó el ataque, pero fue empujado hacia atrás por la fuerza abrumadora de su rival.
—¡GHK!
Otra estocada. Una seguida de otra, eran ráfagas de ataques que descendían como lluvia divina.
Sanha apenas tenía tiempo para contraatacar. Su espada se movía, sí, pero siempre un segundo tarde, siempre a la defensiva.
—¡HAAAGHH! —Dante lanzó un tajo cruzado.
La ropa de Sanha se rasgó al nivel del torso. Luego otro corte llegó y una línea roja apareció en su mejilla. Un tercer golpe lo alcanzó directamente en el abdomen superior.
—¡Ugh…! —Sanha fue impulsado hacia abajo, estrellándose contra pilares de piedra.
Rocas estallaron a su paso y su cuerpo atravesó tres de ellas antes de quedar tendido sobre una plancha de mármol rajado.
El silencio pareció reinar un instante.
Entonces, su voz.
—…Kaze.
El viento se agitó.
Una corriente cortante giró a su alrededor, elevando escombros y rompiendo piedra en un radio amplio. El remolino no solo era físico. sino que estaba cargado de energía espiritual que se alzaba como cuchillas invisibles.
Dante descendió lentamente, flotando sobre una capa de su propia energía.
—Aun con todo eso… —dijo con desdén—. A pesar de tu mejora, sigues sin estar a mi nivel.
Sanha se levantó lentamente. Apretó los dientes. Sangraba. Su bufanda ondeaba en su espalda, pero su mirada no había perdido la convicción.
—No me importa. —respiró hondo—. Con que sirva… para detenerte, aunque sea un poco…
Dante chasqueó la lengua.
—Hmp.
Metió la mano en su bolsillo y sacó un pequeño cubo metálico. Este vibraba levemente, rodeado de rayos azulados como los de antes, los mismos que había usado para anular la energía de Rei.
—Hasta aquí llegaron las estrellas —murmuró.
Iba a apretarlo.
Pero entonces—
—¡NO LO HARÁS!
Sanha se irguió. Su cuerpo fue cubierto por una intensa aura turquesa que lo envolvió en una luz pulsante. Era como si la esencia del viento mismo se manifestara.
—¡AAAAHHHHH!
Alzó su espada y está brilló como una antorcha en la noche.
¡ZUUUUUUUUUUUUM!
La lanzó con toda su fuerza.
El arma surcó el aire como un rayo de energía atravesando el cubo antes de que los dedos de Dante lo activaran, arrancándole de su mano.
—¡¿Qué—?! —exclamó Dante.
El cubo voló hacia un pilar de piedra a varios metros.
¡BOOOOOOOM!
Una explosión resonó y el artefacto fue destruido finalmente.
Sanha jadeaba.
—…No esperaba tener que usar eso tan pronto…
Dante giró lentamente la cabeza hacia él.
—¿Qué fue… eso? ¿Cómo… no lo llegue a sentir? —preguntó, con los ojos entrecerrados—. ¿Acaso es una bendición…? Es imposible que alguien como tú pueda tener una…
Sanha sonrió, apenas.
—¿Qué te parece mi ataque especial? No puedo hacerlo dos veces… pero tú tampoco podrás repetir lo tuyo. Ya no sin tu artefacto.
Una chispa de duda apareció en los ojos de Dante.
—Ahora que lo pienso… —Sanha entrecerró la mirada—. Ustedes han usado varios artefactos en este combate ¿no?
Dante apretó los dientes. Estaba por moverse cuando un grito agudo y seco interrumpió la escena.
¡HYAAAAGHH!
Lysara Virellan, que había intentado subir en apoyo, fue agarrada por el tobillo y lanzada con violencia.
—¿¡Qué—?! —gritó Dante.
Los dos cayeron al suelo en una nube de polvo, estrellándose uno contra otro.
Desde una columna agrietada, Chris Mercy ajustó sus gafas con total calma.
—Podrías haber esperado tu turno, Lysara.
Sanha se posó sobre el campo con una mueca agotada. Miró a Chris y asintió.
—Gracias.
Chris no respondió. Solo bajó la vista hacia los dos hermanos Virellan.
—¿Qué crees que estás haciendo? —murmuró Dante desde el suelo, molesto, mirando a Lysara.
—Ch. No volverá a pasar —respondió ella, limpiándose la boca con el dorso de la mano, sin mirarlo.
Sanha apareció frente a ambos.
Su energía giraba entre sus manos, como una esfera creciente de viento. La hacía oscilar entre los dedos, lista para disparar en cualquier momento.
—¡HAAAAAAAA!
Lysara reaccionó primero. Se impulsó hacia Sanha con un rugido. Su puño estaba cubierto de luz blanca.
—¡RAAAAAAAH!
El puño y la esfera chocaron con un—
¡BOOOOOOOM!
El aire se comprimió. Una onda de viento estalló hacia todas direcciones. El campo retumbó. La hierba, el hielo, el barro… todo fue arrastrado.
Dante se protegió con su brazo, esperando el momento para intervenir.
—¡Tch…!
Iba a tomar su espada, que había caído a unos pasos.
Pero no estaba solo—
—¡Ni lo pienses! —dijo una voz monótona, directa.
Una bota oscura se posó sobre el mango de la espada.
Chris Mercy.
De pie.
Mirándolo desde arriba.
—No voy a dejar que la uses de nuevo.
Los ojos de Dante se alzaron con furia contenida.
Chris lo observaba como un depredador en calma.
Entonces Dante se impulsó con violencia, un destello azul rodeando su puño como una estrella furiosa. El aire estalló con su movimiento.
Chris apenas tuvo tiempo de canalizar energía. Un velo de sombra se acumuló en sus brazos, y su cuerpo se tensó al máximo. Con reflejos inhumanos, logró atrapar el puño de Dante… pero la fuerza fue descomunal.
—¡TCH…! —el suelo bajo sus pies crujió y su cuerpo fue lanzado varios metros atrás, deslizándose por el suelo y los fragmentos de piedra.
Antes de que pudiera estabilizarse, Dante ya estaba encima de él, como una máquina precisa y mortal.
—¡TOMA ESTO! —gritó, descargando una serie de golpes.
Chris esquivaba como podía, girando su cuerpo, retrocediendo en zigzag. Pero el ritmo era brutal, cada golpe que fallaba dejaba una estela de energía quebrando el aire, y finalmente, uno lo alcanzó de lleno en el abdomen.
—¡UGHK! —El impacto lo hizo retroceder, jadeante, pero reaccionó al instante.
Contraatacó con un puñetazo diagonal que buscaba el cuello, pero Dante lo bloqueó con facilidad. Luego, con un giro técnico, desvió otro intento al mentón.
Chris sabía que no tenía margen para errores: Dante era rápido, preciso y mucho más fuerte que él.
“No hay puntos débiles visibles…” —pensó Chris, limpiándose la boca.
“Este tipo es una fortaleza de puro músculo.”
Pero entonces, cambió la estrategia.
Dejó que un golpe lo impactara directo en el pecho.
El aire salió de sus pulmones de golpe.
—¡GUH…!—
Pero usó ese momento, esa distancia nula, para descargar su puño envuelto en energía oscura directamente contra el mismo punto del costado de Dante que había identificado segundos atrás.
—¡CLAAACK!—
El golpe resonó seco y ambos retrocedieron tambaleando, cubiertos de heridas, con la respiración descompuesta.
Dante frunció el ceño.
—No está mal… —admitió con molestia.
Y en ese instante, se desató por completo.
—¡Veamos si puedes con esto! —dijo con tono grave.
Desapareció de la vista por un instante. En el tiempo de un parpadeo, apareció justo al costado de Chris.
—¡GHHK! —Chris recibió un puñetazo directo en el abdomen, seguido por otro en la mejilla que lo sacó del equilibrio.
Cayó de rodillas un segundo, y Dante preparó la serie final de golpes.
—¡¡RRRAAH!! —Pero Chris bloqueó con ambos brazos en forma de cruz.
Sus piernas cedían, sus ojos vibraban por el impacto, pero no se rendía.
Dante intentó quebrar su defensa, pero Chris se giró para contraatacar…
Y fue atrapado por el cuello.
Dante lo alzó como si no pesara nada, y con un rugido, lo estrelló contra el suelo con fuerza.
¡BOOOOM!
—¡Ghhk… aaaaah…! —Chris fue arrastrado por el piso con violencia, dejando una línea de tierra rota. Entonces, Dante lo alzó de nuevo y lo hizo girar en el aire, lanzándolo contra un muro de piedra.
¡KRAASH!
El muro se agrietó al instante. Chris cayó boca abajo, tosiendo saliva teñida de sangre. Su cabello cubría parte de su rostro, y sus gafas estaban rotas por uno de los lados.
La sangre bajaba por su frente.
Su ropa estaba desastrosa.
Dante lo miró desde las alturas, descendiendo lentamente mientras cargaba energía en su brazo.
—Hasta aquí llegaste, Mercy.
Levantó el brazo para el golpe final.
Pero Chris se movió.
—…Bien… —susurró.
Se giró a un lado y esquivó el golpe por apenas centímetros.
—¡¿Qué…?!
Chris se deslizó, se posicionó detrás de Dante con rapidez. Su puño se envolvió en una energía oscura y anaranjada.
—¡Ahora sí…!
Y descargó el golpe.
¡BAAAAM!
Una explosión de energía estalló.
El cuerpo de Dante fue proyectado hacia atrás como una bala, atravesando el muro donde Chris había chocado antes… y saliendo por el otro lado.
Al otro lado de ese muro… estaba Rei Velmoria.
Y Hadric.
—¡¿Dante…?! —exclamó Hadric, sorprendido.
El impacto creó un caos en esa zona del campo. Pilares de piedra aparecían como espinas erráticas. Pinchos y placas crecían por todas partes, descontrolados por la energía de Hadric.
Dante se incorporó, furioso, rompiendo varios pinchos con una onda de energía.
—¡BASTA DE JUEGOS!
Pero antes de que pudiera avanzar, Chris apareció ya frente a él.
Sus ojos ámbar brillaban con intensidad, fríos y afilados. Su rostro manchado de sangre no mostraba expresión… solo una concentración absoluta.
Chris giró ligeramente la muñeca, cambió el ángulo de su postura… y en un solo movimiento, asestó un golpe perfecto.
—¡GHK…! —Dante no pudo moverse.
El impacto fue tan técnico, tan preciso, que desestabilizó por completo su postura.
Chris lo sujetó por el brazo, giró con él, y para rematar, lo lanzó hacia adelante.
—Rei… Tu turno.
El cuerpo de Dante fue arrojado directamente hacia Rei, rodando entre los pinchos hasta detenerse.
Chris, jadeante, dio un paso hacia atrás. Su cuerpo pedía descanso. Pero no tenía tiempo.
Giró su rostro lentamente hacia Hadric que lo miraba con una mezcla de nerviosismo y provocación.
Chris no dijo nada.
Saltó por encima de los pinchos y aterrizó con elegancia, su sombra proyectándose delante del rival.
Se acercó con paso lento y firme hacia Hadric, su respiración aún irregular, pero sus ojos fijos como cuchillas.
Hadric, en cambio, sonrió con superioridad.
—Sabía que vendrías a mí, Mercy.
Pero no esperó más.
Chris avanzó tras él, directo hacia la bandera, pero entonces…
—¡Tch…! —Hadric giró, canalizando energía en su palma derecha.
Un destello dorado surcado por grietas de tierra sólida se acumuló en su mano.
—¡FUERA DE MI CAMINO! —gritó, descargando el golpe.
¡BHRUUM!
Chris fue lanzado brutalmente hacia atrás como una muñeca rota, golpeando el suelo varias veces antes de estrellarse contra una roca. Tosió sangre, jadeando.
Hadric sonrió.
—Uno menos —dijo entre dientes—. Solo quedan dos.
A unos metros más adelante, una onda de energía estalló.
¡ZZZZHAAAK!
Dante se reincorporaba. Frente a él, en guardia, estaba Rei Velmoria.
Su cuerpo temblaba. Tenía cortes por el rostro y brazos, su ropa quemada, y varias zonas de su piel mostraban restos de ceniza. A pesar de eso, la electricidad chispeaba a su alrededor con fuerza, como si su espíritu aún rugiera.
—…Maldito Mercy —murmuró entre dientes, limpiándose la sangre del labio con el dorso de la mano—. Cómo molestas.
Dio un paso adelante, luego otro… y de pronto, se lanzó al ataque.
Su espada descendió en un tajo eléctrico que Dante apenas logró esquivar.
Los siguientes movimientos fueron una danza intensa: Rei atacaba como una tormenta. Sus cortes vibraban con energía de rayo.
Dante retrocedía, defendiéndose con su propio aura, bloqueando con los antebrazos o desviando con la mano libre.
¡ZAAAK! ¡CHING! ¡BRAAAK!
De pronto, Rei aumentó su energía. El aura se volvió púrpura, con destellos violetas intensos. Se movió a una velocidad tal que Dante no pudo anticipar el tajo que le impactó directamente en el costado.
—¡NGH! —El líder de Inclementer cayó de rodillas.
Rei preparó el golpe final.
—¡Esta vez, vas a caer…!
Pero justo cuando iba a terminar el corte…
¡CLACK!
Pinchos de roca emergieron desde el suelo, atrapando sus brazos y piernas con fuerza.
—¿Qué…?
Rei forcejeó, pero ya estaba atrapada.
A la distancia, Hadric reía con su típica arrogancia.
—No tan rápido, Velmoria…
Dante se incorporó lentamente. Tenía un corte visible en el hombro. Lo tocó, con una mueca de disgusto.
—No lo hiciste mal —admitió—. Pero…
…es mi turno.
¡CRACK!
Su puño golpeó el rostro de Rei con fuerza.
Los pinchos se rompieron por el impacto. Rei fue liberada… pero no cayó. Aún intentó moverse, retroceder, escapar.
Una onda de choque la detuvo.
—¡AGH!
Hadric se había acercado.
—Hola otra vez —dijo lentamente, mientras avanzaba.
Rei apretó los dientes. Su cuerpo ya no respondía con normalidad y un río de sangre bajaba por su mentón.
Aun así… alzó su espada con ambas manos, cubriéndose.
Hadric comenzó a golpearla con los puños envueltos en energía gris-dorada.
Cada impacto resonaba en su cuerpo.
Cada uno generaba una vibración en su arma.
Y aun así, Rei no retrocedía más de lo necesario.
—¡GRGH… TÚ…! —resistía, con los dientes apretados.
Hadric sonrió con crueldad.
—¡VAMOS, RAYITO! ¡RESISTE UN POCO MÁS! ¡¿NO QUE NO QUIERES RENDIRTE?!
Con un movimiento rápido, creó un pincho de piedra justo debajo de Rei. Esta apenas logró esquivar, pero tropezó hacia atrás.
Y justo allí… esperaba Dante.
Rei giró con desesperación.
—¡Mald…!
Dante la golpeó directamente en el estómago. Luego, un tajo limpio en la muñeca, y la espada cayó de sus manos.
Dante atrapó la espada de Rei y con una técnica cargada de energía, la atacó sin piedad.
—¡GHAAAAHH!
Rei rodó sin control. Su cuerpo chocó contra la tierra y los fragmentos de piedra. Finalmente, cayó pesadamente al suelo, sin moverse por unos segundos.
Todo parecía indicar que… había sido derrotada.
Pero entonces…
Su mano se movió.
Rei levantó lentamente su rostro. Su cabello caía sobre su rostro ensangrentado, sus ojos entrecerrados hasta que, de pronto, se abrieron completamente.
—¿Qué…?
Frente a ella, más allá del campo en ruinas… una figura estaba de pie.
Quieto.
Impasible.
Chris Mercy
Su uniforme estaba rasgado, su rostro cubierto de heridas, pero su postura era recta. Sus ojos brillaban en ámbar, y su rostro no mostraba expresión alguna.
—¿Qué… qué haces…? —balbuceó Rei, con la voz rasgada—. ¡Chris… MUEVETE! ¡AYUDAME!
Pero Chris no reaccionó.
Solo la observaba… como si no existiera allí. Como si sus ojos miraran hacia un punto más lejano… o hacia un recuerdo más antiguo.
—¡¿MALDITO SEAS…?! —gritó Rei, furiosa, la voz cargada de rabia.
Aquella escena provocó que un mal recuerdo la asaltara.
Aquella misión años atrás…
—¡Tú…!
Sus puños temblaban. Su cuerpo no podía levantarse aún, pero su corazón ardía.
“Sabía que no debía confiar en ti…”
Y Chris seguía ahí.
Silencioso.
Sombrío.
Indiferente.
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