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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 166

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Capítulo 166: Capítulo 166: Gritar hasta Ganar

El campo temblaba.

Cada paso de los guerreros resonaba como un eco eterno.

Dante y Hadric se acercaban a Rei, sus figuras recortadas contra el polvo y las ruinas, caminando con la seguridad de quienes creen tener la victoria en sus manos.

Rei, en cambio, en el suelo, apenas lograba mantener los ojos abiertos. Su respiración era lenta. Su cuerpo entero pesaba como plomo.

Pero entonces… algo cambió.

Un sonido se alzó.

No era un grito. No era un ataque. Era…

El viento.

Un silbido suave, que cruzó todo el estadio como un susurro entre las estrellas.

Y luego… una ráfaga.

—¿Qué…? —preguntó Dante, alzando la mirada.

—¡¿Qué está ocurriendo ahora…?! —gruñó Hadric.

Un torbellino turquesa se formó en el cielo, girando sobre su eje con velocidad creciente. En su centro, un remolino de energía rugía como un espíritu viviente.

¡ZUUUUUUUUM!

El torbellino descendió como un meteorito, estrellándose justo entre Dante, Hadric y Rei.

¡BOOOOOOM!

Una columna de viento y escombros se alzó varios metros en el aire. Las rocas fueron arrojadas en todas direcciones y el polvo cubrió el campo por completo.

Desde el interior del torbellino, una figura emergió volando hacia una estructura de piedra cercana.

—¡AAAAHHH! —quien gritaba era Lysara, expulsada por la onda de impacto, estrellándose contra una torre y deslizándose por ella hasta caer al suelo.

Dante retrocedió instintivamente, cubriéndose con su brazo.

Hadric, en cambio, no tuvo tiempo y fue arrojado hacia atrás, cayó de rodillas entre la nube de polvo, tosiendo por el impacto y con la vista borrosa.

—¿Qué… fue eso…? —logró preguntar, sacudiéndose las piedras del cuerpo.

Y entonces, lo vio.

Allí, de pie entre la bruma, con la bufanda ondeando como un estandarte se alzaba Sanha Zaehara.

Su silueta irradiaba energía turquesa. Su postura era firme y su mirada encendida. Su presencia dominaba el campo.

Chris, a lo lejos, reaccionó al instante como si hubiera esperado este momento.

Corrió directo hacia Dante sin decir palabra. Su cuerpo estaba herido, su rostro manchado de sangre… pero aún se movía con determinación.

Dante se giró con rapidez, vio venir el golpe y logró desviar el puño con su brazo.

—Tch… ¡Mercy otra vez…!

—¡RRAGH! —Chris empujó hacia adelante su otro brazo.

Dante lo anticipó, y esta vez tomó la espada de Rei, intentando cortar a Chris en el mismo movimiento.

Pero Chris lo previó. Giró su muñeca bloqueando el brazo de Dante con su antebrazo y se pegó a él como una sombra. Lo sujetó con fuerza. Toda su fuerza.

—¿Qué estás… haciendo? —gruñó Dante, intentando liberarse.

Chris no respondió.

Apretó el brazo de Dante con toda su fuerza.

—¡SANHA! —gritó entonces, su voz por fin alzándose—. ¡¡AHORA!!

Dante forcejeó, pero Chris sostuvo su muñeca con brutal precisión.

—¡NGH…! ¡SUÉLTAME!

La espada de Rei resbaló de su mano.

¡CLANG!

Sanha alzó una mano, y el viento comenzó a soplar. Con un hábil movimiento de muñeca, atrapó el arma en el aire.

El público en las gradas se puso de pie.

Y entonces, con una rapidez casi inesperada, Sanha giró hacia Rei.

Ella apenas podía mover la cabeza. Seguía en el suelo, sus ojos apunto de cerrarse por completo.

Sanha clavó la espada en el suelo frente a ella. Se agachó, nivelando su mirada con la de ella.

—Esta es nuestra última oportunidad… —le dijo, con una voz suave, pero firme.

Rei apenas logró mover los labios.

—…No puedo más —susurró con debilidad—. No me quedan fuerzas para esto…

Sanha negó lentamente con la cabeza. Su mano se apoyó en el hombro de Rei.

—Aún puedes hacerlo.

La miró a los ojos.

—Eres la única capaz de hacerlo ahora… Yo confío en ti. Y Chris… también lo hizo.

Rei parpadeó. Un estremecimiento cruzó su espalda.

Sanha continuó, con tono cálido:

—¿Recuerdas lo que te prometí? Si caes, estaré aquí para levantarte de nuevo. Así que vamos, Rei… No caeremos todavía.

Sanha se puso a su lado y la ayudó a incorporarse.

Rei respiró con dificultad.

Sus piernas flaqueaban.

Pero su mirada…

Su mirada ardía.

Apretó los dientes dando un paso hacia adelante.

Luego otro.

Los rayos morados comenzaron a brillar a su alrededor.

Sanha la soltó y dio un paso atrás, dejando que su voluntad guiara el momento.

Chris, aún sosteniendo a Dante, resistía los golpes con el rostro bañado en sangre. Sus lentes se quebraron por completo tras un puñetazo directo, pero sus manos no soltaban al enemigo.

Dante, rabioso, forcejeaba con violencia.

—¡¿HADRIC?! —gritó.

A lo lejos, Hadric se ponía de pie, con el cuerpo cubierto de tierra y energía agrietada como un volcán contenido.

—¡Lo tengo! —respondió, con una sonrisa torcida.

Alzó los brazos.

—¡Yo la derrotaré!

La piedra se agitó. Venas doradas surcaron el suelo. Pinchos de roca comenzaron a emerger uno a uno, avanzando hacia Rei como si fueran dientes de una bestia subterránea.

—¡CLACK! ¡CRASH! ¡KRHHHHH!—

El campo vibraba.

Pero Rei no se detuvo.

Sus pies avanzaban con firmeza.

Sus dedos se cerraban alrededor de la empuñadura de su espada.

—Si tú no me permites caer todavía… —murmuró.

Alzó el rostro.

—…Entonces, yo también cumpliré mi promesa…

¡Yo seré… la espada de Stella!

Los rayos morados giraron a su alrededor como látigos vivos. El aire se tensó. Una carga estática llenó el campo. Cada espectador en las gradas sintió cómo su piel se erizaba. Cada paso de Rei era como un tambor de guerra.

La tierra rugía.

Los pinchos de piedra avanzaban con furia, como si el suelo mismo quisiera devorar a Rei. Grietas se abrían por todas partes, y columnas de roca emergían como lanzas para bloquear su avance.

Pero Rei no se detuvo.

—¡HAAAGHH! —gritó con todas sus fuerzas, alzando su espada.

Saltó por encima de los pinchos. Su cuerpo ascendió envuelto en rayos morados, y la electricidad giró a su alrededor como una tormenta viva.

En el aire, giró sobre sí misma.

Su espada estaba al frente.

Su mirada, encendida.

—¡No escaparás! —rugió Hadric desde abajo.

Extendió ambos brazos, y el suelo respondió de inmediato. Un muro gigantesco emergió frente a Rei, seguido de otros tres a su alrededor, cerrándole el paso. Los pinchos crecían por cientos, intentando encerrarla en un laberinto de muerte.

Pero Rei apretó los dientes.

Los rayos chispeaban en sus mejillas.

Y entonces… lo dijo.

—¡Tercera técnica del rayo: Filo Relámpago!

¡CHZAAAAAAAK!

En ese instante, desapareció.

Una estela morada cruzó el aire.

No se trataba solo de velocidad.

Era como si Rei se convirtiera en el mismo rayo que atravesaba los cielos.

Como si su espíritu se hubiese fundido con la tormenta.

Los muros de Hadric estallaban uno tras otro, destruidos antes siquiera de completarse. Los pinchos eran reducidos a polvo al mínimo contacto. El campo se llenó de descargas eléctricas, un cometa de rayos morados avanzando con furia y determinación.

—¡Es demasiado rápida…! —gritó Hadric, retrocediendo.

Pero fue inútil.

Cuando logró verla… ya era tarde.

¡KRSHAAAAAK!

Rei lo atravesó como un relámpago viviente, apareciendo detrás de él, aún en el aire. Su espada cortó en línea recta, dejando una marca ardiente de energía sobre el pecho de Hadric.

Y un segundo después…

¡BOOOOOOM!

Una explosión de rayos estalló bajo sus pies. Hadric gritó y cayó de rodillas. Su cuerpo temblaba por las descargas. Sus manos ya no podían invocar más roca.

Cayó de lado… inconsciente.

Rei se mantuvo de pie apenas un segundo más.

—Ah… —tosió con fuerza, escupiendo sangre.

Soltó la espada.

CLANG…

Pero entonces miró su otra mano…

Y sonrió.

—La bandera… —susurró—. Lo logré…

En su puño, temblando… sostenía la bandera de Inclementer.

Los espectadores contenían la respiración.

Y entonces, Sanha Zaehara apareció a su lado.

—¡REI! —gritó, corriendo hasta ella.

Puso su mano en su espalda, manteniéndola en pie.

—Lo hiciste… ¡¡Lo lograste!!

Rei tembló. Apenas podía sostenerse.

—Sanha…

Pero Sanha con una sonrisa serena le dijo.

—No necesitas hacerlo sola.

Apretó los dedos en su espalda.

—¡Gracia del viento…! —murmuró.

Una ráfaga turquesa rodeó a Rei desde los pies.

—¿Eh…?

—¡HUYE, REI! ¡TE PROTEGEREMOS!

El viento la impulsó hacia adelante como si fuese llevada por alas invisibles. Su cuerpo fue elevado, cruzando el campo a toda velocidad. La bandera ondeaba en su mano.

—¡CORRE! —gritó alguien desde las gradas.

Pero no todo había terminado.

—¡Malditos de Stella! —Dante rugió, liberando una onda de energía azul desde su cuerpo.

Chris, que lo retenía, fue repelido violentamente. Cayó hacia un lado, sin fuerza para seguir.

Dante no perdió ni un segundo. Se impulsó tras Rei, corriendo con furia.

—¡NO LO PERMITIRÉ! —su voz tronó por todo el estadio.

Pero justo en su camino…

Sanha se paró frente a él.

Con la espalda recta.

Con los ojos decididos.

—¡No darás un paso más…! —gritó.

Dante lo embistió de frente. No se detuvo.

¡CRAAASH!

El puño de Dante impactó en el rostro de Sanha con una violencia desgarradora.

—¡UGH! —El líder de Stella fue arrojado hacia atrás, su cuerpo girando por el suelo antes de chocar contra una columna. La estructura tembló, y la bufanda de Sanha cayó lentamente sobre su rostro.

—¡SANHA! —gritó Chris desde el suelo, levantándose con dificultad.

Rei, aún volando, lo había visto todo.

No tenía tiempo que perder.

Dante se incorporaba.

—¡AÚN NO HAN GANADO!

Y era verdad, aún faltaba más de la mitad del viaje.

Pero Rei… no podía aguantar más.

Su cuerpo, aún impulsado por el viento de Sanha, voló unos metros más antes de tocar el suelo. El impulso se desvanecía… y ella también.

—Ngh…

Su rodilla chocó con una piedra. Luego su hombro con el suelo. Rodó una vez… y quedó tendida boca abajo, la bandera de Inclementer aún aferrada en su mano como si fuera parte de su cuerpo.

Sus dedos temblaban.

Su espalda subía y bajaba muy lento.

Intentó moverse…

—Haaah… hhhngh…

Pero fue inútil. Cada músculo le dolía. La energía la había abandonado casi por completo.

“Ya está…” —pensó—. “No puedo más. No me queda nada. Lo siento…”

Sus ojos se cerraban…

Pero una voz la detuvo.

—¿Rei…?

Era una voz suave, llena de emoción y preocupación.

Rei parpadeó. Apenas pudo girar su cabeza.

Allí, agachada a su lado… con el cabello desordenado, las rodillas raspadas, pero una chispa vivaz en sus ojos estaba Shizuki Velmoria.

—¡¿Rei?! —gritó su hermanita—. ¡Rei, estás… estás muy mal! ¡¿Qué te pasó?! ¿Estás… estás viva, cierto?

Shizuki estaba claramente en shock, pero no lloraba. Apretaba los dientes.

—Lo lograste… —susurró Rei con una sonrisa débil—. Nuestra bandera… tú la recuperaste.

—¿Eh? ¡Sí! ¡Sí! —Shizuki asintió, agitando su manito con nerviosismo—. ¡Lo hice! ¡La tengo! ¡La amarre aquí, en mi brazo! Pero tú… tú no…

Rei levantó el brazo con esfuerzo. Le temblaba como una hoja al viento. Le tomó la mano a Shizuki y depositó la bandera de Inclementer en ella.

—Shizu…

—¿H-Hm?

—Haz… una última cosa por mí…

—¿Una…?

—Llévala tú. Llévala a nuestra zona segura —su voz era apenas un susurro—. Confío en ti, hermanita…

Y con esas palabras, Rei se desmayó.

Shizuki se quedó quieta un segundo.

—¿R… Rei…?

Movió su cuerpo con cuidado. Lo zarandeó suavemente. Nada.

—Rei… ¡Rei! ¡Despierta!

El viento sopló con fuerza. El polvo del campo bailaba. En las gradas, el público se levantaba, conteniendo la respiración.

Shizuki miró la bandera. Sus manos temblaban, una mezcla entre el temor y el cansancio.

Entonces apretó los labios… y asintió.

—Lo haré por ti… —susurró.

Apretó la bandera en sus manos con determinación.

—Por ti… Rei Velmoria, la elegida del rayo del abismo.

Iba a correr.

Iba a avanzar…

Pero el estruendo la detuvo en seco.

¡CRAAACK! ¡BOOM!

Los muros de roca frente a ella explotaron. Pilares se partieron en mil pedazos. El suelo tembló con violencia.

Una figura emergió del humo y el polvo.

Dante Virellan.

Sus ojos estaban desquiciados. Su aura azul brillaba como un manto divino corrompido.

—¡Te encontré, Velmoria!

Shizuki palideció.

—¡UHHH! —Gritó al verse descubierta. Retrocedió de inmediato.

Dante levantó una mano y la roca tras él se partió con su simple energía.

Shizuki giró y corrió como pudo, con pasos tambaleantes.

—¡N-NO, NO, NO, NO! ¡FUERA DE AQUÍ, PSICÓPATA! —gritó.

Corría entre los escombros, abrazando la bandera con fuerza. Saltaba piedras, esquivaba pilares rotos, y aún con el miedo en el pecho… no se detenía.

—¡MALDICIÓN! ¡¿POR QUÉ ME PASA ESTO?! ¡¿POR QUÉ YO?! —gritaba mientras se tropezaba con unas piedras.

Dante le seguía con velocidad inhumana.

Cada paso que daba… destruía el suelo.

¡CLAK! ¡BOOOM! ¡BRAK!

Shizuki giró para ver detrás…

—¡AAAAAAAAAAH! ¡ME ALCANZA!

Pero entonces…

¡FWHSHHH!

Una ráfaga apareció entre ambos.

Una figura descendió del cielo, girando en picado con un puño envuelto en viento.

—¡HÉROE! —gritó Shizuki al reconocerlo.

Sanha aterrizó con fuerza entre ambos, deteniendo momentáneamente a Dante.

—¡Aquí vino la ayuda!

Su nariz sangraba. Tenía el ojo izquierdo semi cerrado y cojeaba. Pero aún sonreía.

—¡Corre, Velmoria! ¡Llévala hasta el final!

—¡Graciaaaaas! —le gritó Shizuki con lágrimas en los ojos mientras seguía corriendo.

Detrás de ella, Sanha bloqueó a Dante, la energía de ambos estallando en una nueva colisión.

Shizuki no miró atrás.

Solo corrió.

El campo era un caos.

Pasó por zonas donde la piedra aún vibraba, los cristales de su propia energía seguían regados por el terreno. Recordaba cada escena… cada duelo librado allí.

Se tropezó con escombros, cayó de rodillas…

Pero se levantó.

—¡No me detendré! ¡No me rendiré! ¡Debo llegar hasta el final con las banderas!

De pronto… una explosión cegadora a su izquierda.

¡BOOOM!

Un rayo de luz pura descendió del cielo, arrasando una columna. La explosión generó una onda expansiva que la arrojó por el aire.

—¡KYAAAAAH! —rodó por el suelo.

—¡AAGH, AAGH! —tosiendo, se abrazó a la bandera.

El terreno delante era un infierno. Restos de poderes desatados seguían en combustión.

—No me importa.

Se levantó a pesar del dolor en sus piernas que temblaban.

—Vamos, Shizuki.

Apretó los dientes.

—¡Voy a cruzar… y voy a ganar esto… por todos!

Shizuki corría.

Su respiración era cortada, como si el aire quemara en cada inspiración.

Cada paso la acercaba a la línea final, pero también la arrastraba por el borde de un colapso absoluto.

El campo a su alrededor era un cementerio de ruinas y combate: columnas partidas, cráteres de poder, rocas flotantes sostenidas por la energía residual. El terreno era inestable, una mezcla de hielo, cenizas, fuego, piedra y barro.

—¡No mires atrás… no mires atrás…! —se repetía una y otra vez, apretando la bandera contra su pecho.

Pero el mundo no la dejaba escapar tan fácilmente.

¡BAAAANG! ¡ZZZZHHHHHH!

El estruendo estalló como un trueno. Rayos de energía cruzaban el cielo, golpeando el campo como meteoros de luz. Cada explosión la hacía tropezar, rodar, volver a ponerse de pie.

Entonces—

—¡Hasta aquí llegaste! —gritó una voz femenina frente a ella.

Lysara Virellan.

Apareció de entre la bruma de energía, con una sonrisa elegante y aterradora. Su cabello ondeaba, su luz destellaba con furia.

—Ven aquí, niña. No eres rival para mí.

—¡¿QUÉEEE?! ¡¿OTRA MÁS?! —gritó Shizuki con puro terror y frustración.

Intentó desviar su ruta, tomando un costado entre ruinas… pero entonces apareció otra figura.

Una estela azul, veloz, peligrosa.

Dante Virellan.

—¡TE TENGO!

—¡AAAAH! ¡QUÉ CLASE DE FAMILIA DE LOCOS ES ESTA!

Shizuki gritó con todo el aire que le quedaba. Extendió sus manos hacia el frente y liberó su poder.

—¡CAMINO DE HIELO: SOLO ESCAPAAA! —gritó, mientras una estructura de hielo crecía en espiral bajo sus pies, elevándola rápidamente por encima del terreno.

Se impulsó hacia el cielo como una espiral helada, pero la estructura comenzó a crujir más rápido de lo que esperaba.

—¡¿QUÉ?! ¡NOOOO! ¡ESTÁ MUY ALTOOOOOO! ¡NOS CAEMOS, BANDERITAAAA! —gritó, abrazando la bandera como si fuera un peluche en un tornado.

Un pilar de piedra roto se quebró en el aire y cayó junto a ella. Shizuki se deslizó torpemente por él, resbalando entre gritos, su voz ahogada por el viento.

En lo alto Sanha Zaehara apareció sobre la piedra.

Herido. Sangrando. Cojeando. Pero aún de pie.

Levantó el pulgar.

—¡Tú puedes, Shizuki!

—¡AAAAAAAAYYYYYY! —Shizuki respondió mientras seguía resbalando como un pingüino en caída libre.

Pero Lysara no se detuvo a esperar.

—¡VETE AL SUELO! —gritó, golpeando a Sanha con una patada de energía directa al rostro.

—¡UGHGHGHK…! —Sanha giró en el aire como un muñeco de trapo, desapareciendo tras una columna destrozada.

Por el costado… Dante ya se acercaba a Shizuki a toda velocidad.

—¡QUÉDATE QUIETA!

Pero—

—¡ATRÁS! —gritó una voz.

Chris Mercy apareció, sin lentes, con el rostro cubierto de sangre, y se interpuso.

Atrapó a Shizuki en el aire, amortiguó su caída contra él… y luego la soltó con cuidado.

—¡Sigue corriendo! —le susurró, sin emoción… pero con firmeza.

—¡C-CHRIS! ¡ME SALVASTE! ¡GRACIAS, NO TE DIRE MAS FANTASMITA! —chilló Shizuki mientras seguía su carrera, sin detenerse.

Detrás, la batalla volvió a encenderse.

Chris atacaba a Dante, pero su fuerza ya no era suficiente. Cada golpe era desviado. Dante le dio un golpe al torso, luego una patada a la cabeza, y finalmente lo estrelló contra el suelo.

—¡MERCY! —rugió mientras descargaba una ráfaga brutal de ataques.

En otro lado, Sanha reapareció tambaleante, enfrentando a Lysara. La luz blanca de su rival lo golpeaba sin descanso. Sanha jadeaba, la energía apenas le resistía.

—¡NGH! ¡Ngh… no te dejaré alcanzarla…! —gruñó, esquivando una ráfaga por poco.

Y en medio de todo… Shizuki seguía corriendo.

Subió por un pilar a medio caer, y desde la cima, vio la zona segura.

Estaba ahí.

A solo cincuenta metros.

Sus ojos brillaron.

Su pecho dolía. Su cuerpo entero ardía.

Pero…

—¡ESTOY CERCAAAAA! —gritó con todas sus fuerzas, lágrimas corriendo por su rostro sucio y arañado.

—¡TENGO QUE HACERLO! ¡LO TENGO QUE LOGRAR!

Pero justo cuando descendía del pilar. Dante y Lysara reaparecieron a ambos lados, cruzando entre rayos, escombros y columnas rotas.

El suelo se partía bajo sus pies.

—¡NO! ¡NO! ¡NO! —gritó Shizuki, esquivando con un salto desesperado.

Dante casi la alcanzó…

—¡GRRAAH!

Pero una corriente de viento turquesa se alzó, empujándolo hacia atrás.

—¡NGH?! ¿QUÉ ES ESTO…?

Sanha apareció de nuevo en el aire, con sus manos al frente empujando el viento.

—¡Vamos, compañera…! —gritó, atrapándola del brazo en el aire.

Giró una vez, canalizando toda su energía restante.

—¡VAMOOOS, SHIZUKIIIII! —y la lanzó al frente.

—¡WAAAAAAAAAAAAAAHHHHH!

El grito de Shizuki recorrió todo el campo como un canto final de victoria.

Y entonces, el estadio entero escuchó.

—¡VAMOS, SHIZUKI! —gritó el público.

—¡ESO, STELLA!

—¡¡DALE, SHIZUKI!!

—¡CRÚZALA, CHICA!

En el aire, Shizuki giró, abrazando la bandera, con los ojos bien abiertos.

—Por el abismo y los demonios… ¡VAMOSS!

Sus pies tocaron el suelo, y con el último esfuerzo de su cuerpo…

—¡HAAAAAAAAH!

Corrió los últimos pasos.

¡FLASH!

Tras unos segundos que parecieron eternos.

—La bandera cruzó la zona segura—

Primero hubo un silencio, desconcertado.

Luego el sonido más grande del torneo.

—¡¡¡WOOOOOOOOOOOOOOOOOOAAAAAAAAAAAHHHH!!!

El público estalló.

La luz brilló sobre las banderas.

Y Shizuki Velmoria cayó de rodillas.

A su alrededor, el mundo podía estar hecho pedazos…

Pero ella… lo había logrado.

Con lágrimas resbalando por su rostro sucio y arañado, susurró…

—Lo hice… lo hicimos… chicos…

Y entonces, con una sonrisa agotada…

—Stella… gana.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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