Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 167
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Capítulo 167: Capítulo 167: “Fin del Duelo”
Han pasado unos días… muy extraños.
Aunque, pensándolo bien, ¿cuándo no lo han sido?
Desde el primer momento en que puse un pie en esta Academia, todo ha sido una locura tras otra: poderes que no entiendo, amigos con pasados secretos, combates que te empujan al límite, y un mundo que te obliga a crecer incluso cuando no te sientes listo.
Pero lo que ocurrió después de la Batalla de Emblemas… fue algo más.
Algo diferente.
Cuando salimos del estadio, del campo de combate… nuestras heridas comenzaron a desaparecer. Sentí cómo el calor en mis músculos se disipaba, cómo el dolor se alejaba con el viento. Era como aquella vez… cuando hice el examen de admisión y fui sanado al final, como si la misma academia dijera: “bien hecho”.
Fue… increíble.
Lo siguiente fue aún más inesperado.
Eran multitudes. Estudiantes de todos los cursos, años, y emblemas se acercaron a nosotros. Algunos lloraban, otros reían. Muchos nos abrazaban sin siquiera conocernos. Stella… el emblema al que casi todos ignoraban, por el que algunos se burlaban, ahora era el nombre que más se escuchaba en toda la academia.
Habíamos ganado.
Derrotamos a Inclementer.
Y como se acordó, el ganador se quedaba con todo.
Eso significa que… el Emblema Inclementer será disuelto. Destruido. Su historia terminada.
Al principio, no sabía cómo sentirme con eso.
Pero entonces lo entendí.
Porque uno a uno, los que se acercaban, compartían sus historias.
—“A mí me robaron una misión”.
—“Me reemplazaron sin aviso”.
—“Manipularon las clasificaciones”.
—“Fui expulsado de sus clases porque Shepard no me consideraba ‘presentable’”.
Eran muchísimos.
Historias de abuso, de manipulación, de mentiras… todo en manos de Inclementer y, en especial, del maestro Shepard Duvalier.
ah, qué alegría pensar en que le ganamos.
Y sí, claro que hubo algunos que nos atacaron con palabras. Voces que gritaban que Stella no merecía nada, que fuimos favorecidos, que fue suerte solamente. Pero ahora sé algo que antes no entendía del todo:
A veces, los que gritan más fuerte no representan a todos.
Durante mucho tiempo pensé que Stella era “lo peor”. Que todos nos miraban mal. Pero resulta que eso… era solo lo que me hicieron creer unos pocos.
Y luego pasó algo aún más loco.
Se descubrió que Inclementer había hecho trampa.
Aunque yo ya lo suponía desde el principio, claro.
Intentaron justificarlo diciendo que los artefactos que usaron eran parte de sus técnicas personales. Pero entonces…
Kael Drovahn habló.
El tipo contra el que luché. El que me dio una paliza y después le devolví el golpe.
Él… confesó todo.
Dijo que no sabía al principio, que lo notó justo antes del combate… pero que no podía callarse más.
Parece que la mayoría de Inclementer conspiró en eso. Con Shepard como la mente detrás.
Y con eso, puede que todos ellos… sean expulsados.
Bueno, mejor dicho solo los que causaron problemas mayores. Creo que Kael Drovahn y otros dos más se quedan, aunque sin emblema.
Sí. Incluso Shepard se tendrá que ir.
La idea de no volver a ver esa cara, ese tono arrogante, a ese idiota…
…qué alegría.
Por fin.
Siento que mis días van a ser mucho más tranquilos… más felices a partir de ahora.
Junto a Ryu, que me abrazó y felicitó sin parar desde ese día. Tampoco olvidaré que hizo la mayoría de mis tareas en este tiempo.
Junto a Shizuki, que se lanzó sobre mí llorando de felicidad… con nuestra bandera aún amarrada a su brazo.
Junto a todos.
Ahora…
Estamos por entrar al Gran Salón de Conferencias de la Academia Farhaim.
Un lugar reservado para momentos históricos, o eso me dijeron.
Estoy nervioso. Mucho. Siento como si una banda de tambores estuviera ensayando dentro de mi estómago. Pero cuando miro a mi lado, y veo a los demás…
Sé que no tengo que preocuparme. Porque yo… ya no estoy solo.
Avanzaré sin miedo superando la oscuridad con una sonrisa.
Porque… Soy Kiro.
…
La puerta del salón principal resonaba con ecos de violines, trompetas suaves, y un leve redoble de tambores. Detrás de ella, el bullicio se mezclaba con la emoción de los alumnos de los demás emblemas, acompañados de sus maestros.
Frente a la puerta… estaban ellos.
Los miembros del emblema Stella.
Todos alineados, firmes, orgullosos y a salvo.
Rei Velmoria, seria como siempre, con su brazo aún vendado y una pequeña chispa morada recorriendo su cabello amarrado con una coleta.
Shizuki Velmoria, de pie con el pecho inflado, aunque tenía una tirita en la frente y otra cruzada en su nariz. Sus ojos brillaban con emoción pura.
Noell Sandrick, ligeramente despeinado, miraba a su alrededor sin creerlo.
Silfy, con una expresión serena, observaba fijamente la puerta haciendo el menor ruido.
Xia Wave, de brazos cruzados y mirada afilada, pero con una media sonrisa de satisfacción en los labios.
Sanha Zaehara, de pie en el centro, con su bufanda color albahío, mantenía una expresión amigable.
Chris Mercy, en el extremo, con la mirada baja, pero los lentes restaurados. La luz de su ojo ámbar brillaba tras el cristal.
Y en el centro de todos junto a Sanha estaba Kiro.
Con el cabello despeinado, los ojos dorados encendidos como el sol al amanecer, y en su pecho… un nuevo parche.
Un pequeño rectángulo negro con bordes plateados.
El símbolo del emblema Stella:
Una luna creciente abrazando una estrella.
Cada uno de ellos lo llevaba puesta en la ropa, justo sobre el corazón.
—¿Están listos? —preguntó Sanha, mirando a todos con una mezcla de orgullo, nerviosismo y una chispa de emoción genuina.
Hubo un segundo de silencio, y entonces, como si una sola voluntad los uniera, todos miraron al frente y dijeron al unísono:
—Sí.
CLAAAANK…
Las enormes puertas doradas del Salón de Conferencias de Farhaim se abrieron lentamente ante ellos.
Una luz suave y cálida los envolvió.
Al otro lado, los estudiantes, maestros, supervisores y autoridades de la Academia los esperaban de pie.
Y entonces…
El aplauso estalló con fuerza.
La ovación fue tan intensa que el suelo mismo vibró bajo sus pies. No venía solo de sus amigos cercanos. No venía solo de los curiosos.
Venía de todos.
De los alumnos de todos los emblemas, de diferentes años.
De maestros que antes no los miraban.
De emblemas que una vez los ignoraron o los vieron como una broma.
Ahora aplaudían con admiración.
Kiro sintió un escalofrío subir por su espalda. No por miedo, sino por lo irreal del momento. Sus ojos recorrieron el salón y entre la multitud vio rostros familiares.
Ryu, en primera fila, levantando el pulgar en lo alto con una gran sonrisa orgullosa. Kaede, más atrás, recostada contra una columna como siempre… con una flor entre los dedos, sonriendo cálidamente y asintiendo con la cabeza.
“Están aquí” —pensó Kiro—. “Gracias, Ryu… y Kaede”
Stella avanzó.
Cada paso resonaba con solemnidad sobre el mármol blanco del salón. Sus pasos no eran de guerreros… sino de quienes habían desafiado la oscuridad y regresado con luz en sus manos.
En el frente, y en el podio principal, los esperaba el Director de la Academia Farhaim, de pie junto a Lyra Nightshade.
Los miembros de Stella se alinearon en perfecta formación, hombro con hombro, en completo silencio. El director alzó una mano, deteniendo los vítores y aplausos.
—Silencio… —dijo, con una voz que parecía llenar la sala sin necesidad de elevarse demasiado.
Y entonces, con solemnidad, comenzó a hablar:
—Es un honor tener hoy aquí… al emblema Stella.
El silencio era absoluto.
—Hace no mucho tiempo, ustedes eran considerados insignificantes por muchos. Un emblema con apenas 21 estrellas. Un grupo relegado a la última fila de la Academia. Pero hoy…
Hizo una pausa. Miró a cada uno con detenimiento.
—Hoy han demostrado que el verdadero poder de un emblema… no está en su reputación, ni en su tamaño… sino en su voluntad.
—Derrotaron a uno de los emblemas más influyentes. En combate. En espíritu. En integridad. Y como fue acordado desde el principio… el emblema Stella se queda con todo lo que Inclementer tuvo.
Un murmullo de emoción recorrió la sala.
—Pero eso no es todo —continuó—. Quiero que todos aquí lo escuchen y lo recuerden.
El director levantó una pequeña tarjeta dorada con cifras.
—Antes… Stella contaba con un total de 21 estrellas. Tras ganar este duelo…
Hizo una pausa.
—Ahora cuentan con 261 estrellas.
Un murmullo estalló. Luego un grito.
—¡¿Qué?!
—¡¿Doscientas… sesenta y una?!
—¡Eso es… una locura!
Kiro, paralizado, murmuró:
—¿Doscientas… sesenta y un…? —miró a su alrededor, alucinando—. ¡¿Cómo que tanto?!
Shizuki, con lágrimas en los ojos, le respondió con una voz nasal:
—¡Somos millonarios en estrellitas, Kirooooooo!
Chris suspiró pesadamente, empujando sus lentes con resignación.
—La paz se acabó…
Entonces, Lyra Nightshade dio un paso al frente.
Su silueta flotaba con elegancia, como si fuera una constelación viviente. Su cabello flotaba levemente por su energía espiritual, y sus ojos… brillaban como estrellas danzantes.
—Hoy es un día que marcará historia en Farhaim —comenzó—. Un día que yo… jamás olvidaré.
Miró a sus alumnos. A sus estrellas.
—A muchos de ustedes nadie los quiso al principio. Los llamaron desechos. Raros. Rebeldes. Fracasos.
Sanha bajó la mirada por un instante. Rei tensó la mandíbula. Y Shizuki tragó saliva.
—Pero yo vi más. Vi una luz que otros no querían mirar.
Se detuvo. Cerró los ojos. Y cuando los abrió, su voz fue firme:
—Hoy esa luz ha brillado con tanta fuerza que la luna misma la ha abrazado. Me siento… profundamente orgullosa de cada uno de ustedes. Mis pequeñas estrellas.
Una pausa. Sus labios se curvaron en una sonrisa serena.
—Sé que el camino que se abre será aún más difícil. Que ahora todos los ojos están sobre ustedes. Pero también sé algo más… ustedes podrán soportarlo. Y más que eso… brillarán aún más fuerte.
El público estalló en aplausos una vez más.
Y los miembros de Stella por fin… sonrieron todos al mismo tiempo.
Justo allí, Lyra agarró una cámara y aprovecho de sacar una foto a todos los miembros de Stella unidos que mantenían su sonrisa.
La ceremonia continuó un poco más, pues había muchas cosas por resolver, firmar y oficializar. Cosas que para Kiro no tenían tanta emoción ni sentido.
Ya era tarde, y el sol iluminaba con fuerza cada rincón de la Academia Farhaim con sus tonos amarillos y anaranjados, proyectando sombras largas por los patios y jardines.
El bullicio de la ceremonia se había desvanecido. Los aplausos, los discursos, los vítores… todo quedaba ahora como un recuerdo brillante suspendido en el aire.
Los estudiantes volvían a sus habitaciones, a sus clases, o simplemente a descansar del caos.
Las palomas cruzaban el cielo, y una suave brisa agitaba las ramas de los árboles más altos.
Farhaim volvía a respirar en paz.
Dentro del salón principal de la sede Stella, Kiro estaba completamente recostado en el sofá, los brazos colgando y la cabeza ladeada hacia la ventana.
Un rayo de sol entraba por el vidrio y le acariciaba la cara, cálido y reconfortante. El polvo flotaba en el aire como pequeñas estrellas, iluminadas en suspensión. Kiro entrecerró los ojos y dejó escapar un suspiro largo, relajado.
—Así que así se siente… tener paz —murmuró, con una sonrisa apenas visible—. Me podría quedar dormido aquí mismo…
Pero entonces…
—Kiro.
La voz seca, firme y familiar lo sacó de su trance dorado.
Kiro se incorporó de golpe como si hubiese sido electrocutado.
—¡S-Sí! ¡Estoy despierto! ¡No estaba durmiendo! ¡Solo meditaba!
Frente a él, con una escoba bajo el brazo, estaba Rei Velmoria.
Su expresión no cambió ni un ápice.
—Necesito ayuda para limpiar este lugar.
Kiro se congeló.
—¿Eh? ¿Ahora?
—Sí. Y tú eres el que mejor lo hace… —añadió Rei. Luego, en un susurro casi imperceptible— …y el único.
—¡Lo escuché! —protestó Kiro, señalándola con indignación
Rei no respondió. Le extendió la escoba con una mano y se fue hacia el fondo con un trapo en la otra, como si eso cerrara la discusión.
—Ugh… aquí vamos otra vez —suspiró Kiro, resignado.
La luz del atardecer se filtraba suavemente por los ventanales mientras ambos trabajaban. Durante un buen rato no se escuchaba más que el sonido de los pasos, el crujido del cepillo sobre el suelo y algún que otro estornudo de polvo no detectado.
Parecían una pareja de restauradores silenciosos devolviendo el brillo a un lugar que ahora… sí les pertenecía de verdad.
Y entonces…
Algo pasó.
—¿Eh? —Rei se detuvo, trapo en mano.
—¿Viste eso? —preguntó Kiro, soltando la escoba al suelo.
Ambos se miraron.
—…¿Acaso… desapareció?
Rei retiró el trapo lentamente.
Y la mancha… ya no estaba.
Kiro tragó saliva.
—¡Entonces sí lo puedo ver…!
Un segundo de silencio.
Y luego…
—¡TERMINAMOOOOOS! —gritó Kiro, elevándose al aire con los brazos en alto como si hubiese ganado el campeonato mundial de limpieza.
Rei retrocedió un par de pasos, igual de sorprendida. Miró alrededor del salón.
No quedaba nada.
Ni una mancha.
Ni una mota de polvo.
Ni la telaraña de la esquina.
—…Parece que en verdad terminamos —dijo, esbozando una pequeña sonrisa mientras cruzaba los brazos—. Bien hecho, Kiro. Puedes descansar por ahora.
—¿En serio?! ¿Me lo dices de verdad?! —Kiro giró sobre sí mismo, cayendo de rodillas—. ¡He vencido al enemigo más poderoso! ¡Las esquinas oscuras y el moho oculto no tenían oportunidad!
—…Pero mañana seguimos.
—¿¡QUÉ!? —Kiro se levantó como si hubiera sido apuñalado—. ¡¿Por qué?! ¡¿Ya está limpio!
Rei comenzó a alejarse por el pasillo con una tranquilidad absoluta.
—Hay que mantenerlo así. En perfectas condiciones.
—¡Tyranaaa! —gimió Kiro, dejando caer los brazos con desesperación teatral.
Una vez Rei se había marchado, Kiro contempló el lugar en silencio.
La sede principal de Stella. Ahora limpia, cálida y en paz.
—Nunca lo había visto así… —susurró.
Sus ojos recorrieron los muebles relucientes, los estandartes rectos, los ventanales sin polvo y el estandarte negro y plateado bordado con la luna y la estrella, brillando desde una repisa.
Guardó la escoba. Acomodó los cojines. Y se dirigió hacia su habitación.
Kiro subió al segundo piso de la sede Stella con una calma reconfortante. Había limpiado más de la cuenta, ya estaba pensando en darse una ducha o dejarse caer en la cama como una roca cuando… algo lo detuvo.
Un olor extraño flotaba en el aire. No era moho, ni quemado, ni comida vieja. Era una mezcla leve entre cartón, sudor y… algo más. Algo que no lograba entender.
—¿Qué es eso…? —se preguntó Kiro, arrugando la nariz.
Se quedó quieto un momento.
Y entonces escuchó algo.
El arrastrar de algo pesado. Un ruido bajo, como de una caja raspando el suelo.
Kiro entrecerró los ojos.
—No… ¿Qué será esto?
Caminó despacio por el pasillo, siguiendo el rastro de ese olor y ese sonido. Su corazón comenzó a latir con más fuerza, imaginando algo increíble oculto tras esta brisa.
Y el olor lo llevó a una puerta entreabierta.
La habitación de Noell Sandrick.
Kiro tragó saliva.
—¿Qué clase de experimento secreto estará haciendo ahora este loco…? —murmuró, esbozando una sonrisa leve y juguetona.
Se acercó. Puso la mano sobre la puerta y empujó suavemente, con cuidado, apenas dejando que su vista se colara por la rendija.
Y lo que vio lo dejó completamente en silencio.
La habitación… estaba vacía.
No había cables. Ni herramientas. Ni piezas mecánicas en el suelo. Ni planos desordenados. Ni cajas apiladas. Ni humo. Ni desorden.
Nada.
Kiro empujó la puerta con más fuerza, ya sin disimulo.
—¡¿Noell?! ¿Qué pasó?
Al fondo, al otro lado del cuarto, Noell estaba de espaldas, cargando una caja con ambas manos. Se giró sorprendido al ver a Kiro.
—¿Eh? ¡Kiro! ¿Qué te pasa? ¿Estás bien?
Kiro parpadeó. Su mente aún intentaba procesarlo.
—¿Qué… pasó aquí? —preguntó, alarmado—. ¿Alguien se metió contigo otra vez? ¡Dime quién fue!
Noell desvió la mirada por un instante. Sus gafas ocultaban la sombra de sus ojos, pero su voz era firme.
—No. No es eso. No te preocupes… más.
Hizo una pausa, respirando hondo.
—Me iré de aquí.
Kiro levantó una ceja.
—¿Ah?
—Así es —repitió Noell, con una sonrisa amable, aunque tensa—. Tengo que irme. Fue un gusto haberte conocido, Kiro. Espero que cumplas tus metas… junto a todos los demás.
Pasó caminando a su lado, con la caja apoyada contra su pecho.
Pero Kiro no se movió. Sus ojos se agrandaron.
—…¿C-cómo que te vas? ¿A dónde? ¿Cómo?
Noell no respondió.
—¡Noell! —Kiro lo alcanzó, y sin pensar, lo agarró del borde de la chaqueta—. ¿Qué crees que estás haciendo? Si tienes problemas, ¡dímelo! ¡Te ayudaré! No te preocupes por los detalles… ¡Yo me encargo!
Su voz era sincera y esperanzadora.
Pero entonces…
Noell apretó la caja con tanta fuerza que sus nudillos palidecieron.
Una gota de sangre bajó por su labio.
Se giró con brusquedad hacia Kiro, su rostro… torcido por una mezcla de rabia y angustia.
—¡Por eso quería hacer esto rápido…! —dijo, con la voz temblorosa—. ¡Maldición, Kiro! ¿Por qué tienes que meterte en todo? ¡¿Por qué tienes que hacerte el héroe una y otra vez para salvar a alguien?!
Kiro abrió la boca, pero no pudo hablar.
Noell dio un paso atrás.
—No me digas nada más. ¡Por favor!
Y entonces…
—No tengo dinero. Mi familia no tiene cómo seguir apoyándome. No puedo continuar aquí. Y ya demostré que soy… un fracaso. No puedo estudiar aquí. Mi mamá está enferma y no tengo cómo ayudar… no hay dinero. No hay forma…
Kiro quiso hablar y levantó la mano.
Pero Noell lo interrumpió, alzando la voz con rabia contenida.
—¡NO ME HABLES! ¡NO ME DIGAS NADA, KIRO!
¡Ya me decidí!
—No quiero oír más. No quiero… cambiar de opinión. Así que no intentes seguirme…
Su voz se quebró.
—…Por favor.
Y con eso, dio media vuelta.
Pasó por el pasillo, bajó las escaleras. Sin mirar atrás.
Kiro se quedó solo, congelado en el marco de aquella habitación vacía.
Una brisa cruzó el pasillo y movió una hoja suelta que quedó en el suelo, una pequeña nota de bocetos mal hechos… la esquina firmada con una letra temblorosa:
“S. Noell”.
Y Kiro…
No supo qué hacer.
No supo si debía correr. Gritar. Seguirlo. Llamar a Lyra. Ir por los demás.
No entendía lo que sentía.
Solo sabía que algo le dolía.
Un vacío se abría en su pecho como un pozo silencioso.
Apoyó una mano en el marco de la puerta.
Miró el cuarto una vez más.
Y lo único que pudo hacer…
…fue quedarse ahí parado.
Escuchando cómo los pasos de Noell desaparecían por el pasillo de abajo.
Cómo su presencia se desvanecía del lugar que durante tantos días llenó con ruido, cables, ideas absurdas y gritos de frustración.
El cuarto estaba en silencio.
Y el sol, que antes iluminaba cada rincón de la sede Stella…
Ahora comenzaba a ocultarse detrás de los muros.
El día terminaba.
Y con eso…
El duelo de emblemas llegó a su fin.
Con esto finaliza el Volumen 6, gracias a todos por verlo
Pronto la historia continuara con el:
Volumen 7: Explorando al Abismo
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