Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 168
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Capítulo 168: Capítulo 168: Una silla vacía
El sonido de un puño golpeando la mesa resonó con fuerza en el gran salón de la sede Stella.
—¡¿Cómo pudo haber pasado esto?! —exclamó Kiro, con la voz entrecortada por la impotencia—. ¿¡Por qué no dijo nada…!?
Su mano temblaba aún sobre la mesa, con los nudillos blancos por la presión. La luz del mediodía entraba por los ventanales, pero para él, todo parecía más gris. Su mirada estaba fija en el vacío, en un punto que ya no existía… como si aún esperara ver la figura de Noell en la silla frente a ellos.
A su lado, Shizuki también guardaba silencio. Sus ojos verdes, normalmente brillantes, estaban ensombrecidos por la confusión. Tenía las manos entrelazadas sobre las rodillas y la cabeza agachada. No era común verla callada… y menos aún sin saber qué decir.
Sanha Zaehara estaba de pie junto a ellos, con los brazos cruzados. Su bufanda color albahío se movía suavemente con la corriente de aire que entraba desde el pasillo, y sus ojos, tan tranquilos como siempre, no se apartaban de Lyra Nightshade.
La maestra los observaba desde el otro lado de la mesa, de pie, con las manos juntas frente a ella. Su silueta brillaba con pequeños destellos etéreos, como si su cuerpo se conectara de forma natural con el flujo espiritual del ambiente. Su rostro, aunque sereno, cargaba una tristeza profunda en su mirada.
—Ese fue… su deseo —dijo al fin, su voz suave y clara—. Noell decidió partir por voluntad propia. No hay nada que podamos hacer ahora para retenerlo.
Kiro frunció el ceño y dio un paso adelante.
—¡Pero…! ¡Maestra, debimos haber hecho algo! ¡Si sabías que estaba planeando esto desde antes, ¿por qué no nos dijiste nada?! ¡Tal vez podríamos haberlo ayudado!
—Kiro… —susurró Shizuki, intentando contenerlo, pero era inútil.
Lyra bajó ligeramente la mirada. Sus labios se curvaron en una mueca de tristeza.
—Él me pidió mantenerlo en secreto —respondió con firmeza—. Y yo… como su mentora, respeté su decisión.
Antes de que Kiro pudiera decir algo más, Sanha le puso una mano en el hombro y habló con calma:
—Es verdad lo que dice Lyra —intervino, con una expresión seria pero comprensiva—. También me duele que se haya ido así… me habría encantado conocerlo mejor. Pero calma, Kiro. Escuchemos. Hay más detrás de esto… ¿cierto, Lyra?
Lyra asintió suavemente, agradeciendo el apoyo con una leve inclinación de cabeza.
—Gracias, Sanha —dijo—. Lo que voy a contarles… es algo que Noell me pidió compartir solo si llegaba el momento.
Los tres se mantuvieron en silencio. Kiro aún apretaba los labios, Shizuki lo miraba de reojo, y Sanha mantenía la atención fija.
—Hace semanas —comenzó Lyra—, Noell vino a verme con una solicitud muy clara. Quería ayuda para desarrollar su “último gran proyecto”. Una invención que, según él, determinaría si su estancia en esta academia valía la pena… o si era hora de seguir su propio camino. Dijo que ya no tenía tiempo que perder. Que cada segundo que pasaba sin avanzar era un paso más hacia la desesperación. Pero más allá de la falta de recursos o las condiciones en su hogar… lo que más lo afectaba era su inseguridad. Su falta de valor. Su desconfianza en sí mismo. Decidió que este proyecto sería su forma de responderse a sí mismo… de decidir si merecía estar aquí, entre ustedes, o si debía partir. Pero… aunque nunca lo admitió directamente, yo sabía que, pasara lo que pasara… él ya había tomado su decisión.
Lyra alzó la mirada. Sus ojos brillaban tenuemente con un dejo de melancolía.
—Este lugar… esta academia, ya no era suficiente para él. No porque fallara. No porque no tuviera talento. Sino porque su alma… necesitaba volar. Conocer el mundo con sus propios ojos. Descubrir su lugar más allá de estas paredes.
Kiro escuchaba en silencio. Mientras lo hacía sus labios se apretaron aún más. Bajó lentamente la cabeza, mientras una sombra le cubría los ojos.
—…Aun así —dijo en voz baja—. Aunque lo entienda… aunque él lo decidiera por sí mismo… duele.
—Sí —susurró Shizuki, mirando el suelo con tristeza—. Duele mucho…
Un silencio incómodo cayó sobre la sala. Solo se oía el sonido del viento rozando los ventanales.
Hasta que Sanha se adelantó y se colocó frente a ellos.
—Lo entiendo —Sonrió con calidez, colocando una mano en el hombro de cada uno—. Pero escuchen… Ahora ustedes son quienes deben mantener viva la imagen de Noell en esta academia. Él dejó una huella. No permitamos que se borre. Sigan esforzándose. Por ustedes. Por Stella. Y también por él.
Se giró hacia la puerta con una ligera sonrisa, pero justo antes de irse, se detuvo.
—Relájense un poco… ya pasó lo más difícil. —Hizo una pausa, y con una expresión más luminosa agregó— Estoy con ustedes. Si necesitan algo… lo que sea… aquí estaré.
Kiro alzó la cabeza, lo miró con una mezcla de agradecimiento y ternura, y luego sonrió levemente.
—Sí que eres el mejor jefe… —murmuró—. Gracias, Sanha.
Sanha le guiñó un ojo y alzó el pulgar.
—Cuento con ustedes.
La puerta se cerró tras él con un leve clic.
El silencio volvió a la sala. Pero esta vez, no era un silencio de dolor… sino de reflexión. Kiro soltó un largo suspiro y se dejó caer de espaldas en la silla.
—Supongo que ahora… toca seguir adelante, ¿no? —dijo, mirando el techo.
Shizuki se le quedó viendo un momento, y luego, con una sonrisa apenas visible, asintió.
—Sí. Pero… sin olvidar.
—Jamás —respondió Kiro.
Sus ojos, aunque aún dolidos, brillaban con determinación.
Y así, en medio de un día que comenzó con un vacío… la promesa de un futuro volvió a encenderse.
Pasadas unas horas después de la charla…
Kiro cerró la puerta de su habitación y dejó escapar un suspiro largo, como si hubiese estado conteniéndolo desde hace horas.
Caminó sin fuerzas hasta el borde de la cama y se dejó caer, hundiéndose ligeramente en el colchón. Se quedó allí, cabizbajo, con los codos sobre las rodillas y los dedos entrelazados.
El silencio lo envolvía.
Su habitación, usualmente un caos con papeles, libros y ropa amontonada, estaba extrañamente ordenada. Tal vez Rei había pasado por ahí… o tal vez lo había contagiado con eso de mantener todo impecable. Ahora, sin el ruido de los pasos de Noell en la sede, todo parecía más… frío.
—¿Qué debería hacer ahora…? —murmuró.
Pero después de un momento, dejó caer el cuerpo hacia atrás, quedando estirado boca arriba sobre la cama. Observó el techo por unos segundos. Luego cerró los ojos y se permitió una sonrisa pequeña.
—Supongo que no hay necesidad de preocuparse tanto. Derrotamos a Inclementer. Todos mejoramos muchísimo —Levantó un brazo, mirándolo como si pudiera ver su crecimiento reflejado allí—. Al final… fue una victoria. ¿No lo ves así también, Noell?
Justo entonces…
Una punzada, aguda y repentina, cruzó su sien. No era exactamente dolor, sino algo más extraño, como un eco metálico en lo profundo de su conciencia que hizo que Kiro apretara los dientes.
—¡Agh…! ¿Otra vez tú?
Una risa oscura y poderosa resonó dentro de su mente.
“Heh… ¿Te relajaste ya, mocoso?”
La voz provenía de lo más profundo de su ser, como un susurro que surgía desde las sombras.
Dravenel.
La eminencia de la Muerte.
“No te relajes tanto” —continuó la voz—. “No olvides nuestro trato… o en cualquier momento podría matarte. No te confundas: estás tratando con una eminencia. La Muerte no da segundas oportunidades.”
Kiro se talló las sienes con fastidio.
—Sí, sí, no lo he olvidado… créeme que es difícil hacerlo con lo serio que eres. Pero no he tenido tiempo para investigar nada aún. He estado ocupado sobreviviendo.
“Excusas” —bufó Dravenel—. “Afortunadamente para ti, las vacaciones de verano están por venir. Ese será el mejor momento para cumplir tu parte.”
Kiro abrió los ojos de par en par, de pronto mucho más animado.
—¡¿Vacaciones?! ¡Cierto! ¡Por fin! Ya sentía que este semestre no iba a terminar nunca.
“Tsk. Qué fácil te emocionas.”
—Perdón por ser Kiro—murmuró Kiro, estirándose como un gato en la cama—. Necesito descansar al menos una vez, ¿sabes? No todos somos entes eternos de la muerte.
“Hablando de eso” —interrumpió Dravenel, su tono más agudo—. “Hay algo que debes saber antes de que te pongas a vaguear. El anillo que porta Shizuki Velmoria… ese objeto que no se quita jamás…”
—¿El de piedra negra con las marcas antiguas? —preguntó Kiro, incorporándose un poco.
“Ese mismo.”
“No es solo una baratija brillante. Es un Shoku. Uno de los cuatro artefactos ancestrales que pertenecen a las eminencias. Ahora que la vi usarlo en su máximo esplendor, puedo decirlo con certeza… Ese anillo corresponde al Shoku de la Peste.”
Kiro parpadeó, incrédulo.
—¿Qué…? ¿De verdad? ¿Cómo puedes estar tan seguro?
“Porque entre las eminencias existen vínculos que no se rompen fácilmente.”
“En total somos cuatro: La Muerte —yo—, La Peste, El Hambre y La Guerra. Cada uno de nosotros guarda un Shoku… reliquias únicas, poderosas… malditas.”
—Entonces… —Kiro frunció el ceño—. ¿Dónde está el tuyo?
Por un momento, no hubo respuesta.
Solo un leve crujido mental como si algo pesara en el alma de Dravenel.
“…Me lo arrebataron” —dijo finalmente.
“Un guerrero, uno… excepcional. Fue más inteligente que yo. Más rápido. Me atrapó cuando bajé la guardia… y se llevó mi Shoku antes de que pudiera hacer nada. Lo perdí.”
Kiro se incorporó, impactado.
—¡¿Qué?! ¿Alguien fue capaz de enfrentarte… y ganarte?
“Sí. Y escapó con vida. Un ser… que merece respeto. Aún no he podido encontrarlo. Y si lo haces tú… será tu responsabilidad decidir qué hacer.”
Kiro se quedó en silencio unos segundos, impresionado.
—Ese sujeto… debió ser increíble.
“Y tú, mocoso, aún estás muy lejos de serlo. Así que no te distraigas.”
La voz comenzó a desvanecerse lentamente.
“Prepárate para las vacaciones. Averigua sobre el anillo de Shizuki. Observa. Pregunta.”
Kiro tragó saliva.
—…Entendido.
“Nos vemos pronto… si sigues con vida, claro” —rió Dravenel con una carcajada ahogada que desapareció en el fondo de su mente como una sombra fundiéndose con la oscuridad.
El cuarto volvió a quedar en silencio.
Kiro suspiró de nuevo y cayó sobre la cama con los brazos abiertos, mirando al techo con una mezcla de agotamiento y nerviosismo.
—Primero Noell… ahora esto. ¿Cuándo podré tener un poco de paz?
Miró de reojo hacia el escritorio donde una pequeña caja de dulces de Shizuki descansaba como recuerdo de días mejores.
—Tendré que hablar con ella…
Cerró los ojos, dejando que la tranquilidad del cuarto lo envolviera.
Y así, sin saberlo del todo, aquí, es donde comenzamos a explorar al abismo.
Bienvenidos al Volumen 7: Explorando al Abismo
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