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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 169

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Capítulo 169: Capítulo 169: Campanas de descanso

Los últimos días pasaron como si el viento se los llevara de un soplido.

Tras el fin del duelo de emblemas, las cosas en Farhaim volvieron, al menos en apariencia, a la normalidad. Las clases continuaron con sus últimas sesiones prácticas, las aulas se llenaron de risas y cabezas agotadas, y los pasillos se decoraron con carteles que anunciaban el cierre oficial del semestre. Para muchos, era la primera vez que sentían alivio verdadero después de tanto caos acumulado.

Para Kiro, sin embargo, la sensación era un poco distinta. Noell todavía pesaba en sus recuerdos, y aunque intentaba mantener el buen ánimo, algo se había quedado en silencio dentro de él. Aun así, entrenó duro, completó sus reportes, y estudió junto a Ryu y Shizuki en las tardes previas a los exámenes finales. Todo había pasado tan rápido… que cuando quiso darse cuenta, ya era el último día.

Y como cada semestre, eso significaba una sola cosa:

El estadio principal de la Academia Farhaim se encontraba completamente lleno.

Cientos de estudiantes, agrupados por niveles y años, se organizaban en filas perfectas sobre las gradas y el campo central.

Kiro estaba ubicado con el grupo de primer año, en la zona media del estadio. A su lado, Shizuki jugueteaba con una ramita entre los dedos mientras intentaba no bostezar. Ryu, más serio, miraba al frente con los brazos cruzados.

—Nunca pensé que este lugar pudiera estar tan lleno sin que nos estén gritando o peleando —murmuró Kiro, mirando a su alrededor.

—Es la magia de un discurso obligatorio —bostezó Shizuki, estirándose—. La única batalla hoy será sobrevivir sin dormirse de pie…

—Miren—dijo Ryu con un tono bajo—. Ya va a comenzar.

Una campana profunda resonó por todo el estadio, como una nota sostenida que parecía calmar incluso a los más inquietos. En el centro del escenario elevado, entre columnas decoradas con estandartes dorados, una figura subió los últimos escalones con paso lento y ceremonioso.

Leonardo Capella, el director de la Academia Farhaim.

Al llegar al podio, alzó la mano con solemnidad, y el murmullo general cesó.

El director no necesitó amplificación. Su voz, en sí, ya era como un eco natural que se abría paso por todo el estadio.

—Alumnos de Farhaim.

Un breve silencio se hizo. Todos prestaban atención.

—Hoy llegamos al cierre oficial del primer semestre de este año académico. Ha sido una etapa intensa, marcada por desafíos, conflictos… y decisiones difíciles. Muchos de ustedes han puesto a prueba no solo su fuerza física, sino su integridad, su determinación… y su espíritu.

Kiro bajó ligeramente la cabeza.

Noell cruzó su mente otra vez.

—Cada uno de ustedes ha atravesado obstáculos únicos. Algunos han perdido compañeros. Otros han encontrado nuevos aliados. Y muchos, quizá sin saberlo, han dado sus primeros pasos hacia aquello que llaman destino.

Capella caminó un poco hacia un lado del escenario, mirando a los alumnos más jóvenes.

—Para los de primer año… esta fue su introducción al mundo real. Ya no son solo estudiantes. Son semillas de algo mayor. Recuerden bien: la fuerza no se mide solo en números o medallas. Se mide en la voluntad de seguir adelante… incluso cuando el mundo les dé la espalda.

Shizuki tragó saliva.

—A los de segundo y tercer año —continuó Capella—, les digo: el tiempo corre más rápido de lo que creen. Prepárense. Lo que viene será más grande, más duro… y más trascendental. No se relajen. La cima no es un lugar de descanso, sino un campo de batalla aún más cruel.

Hubo un murmullo leve, seguido de algunas miradas tensas entre los alumnos.

Entonces, el director levantó una pequeña tablilla brillante, y la sostuvo en alto.

—Dicho todo esto, con orgullo y esperanza… doy oficialmente inicio a las vacaciones de verano en la Academia Farhaim.

Un aplauso contenidísimo estalló por todo el estadio, pero Capella no había terminado.

—Sin embargo… no lo olviden.

Su voz bajó un poco, más íntima.

—Cuando regresemos, el Gran Festival del Equilibrio marcará el inicio de algo más grande. En ese evento, todos los alumnos que aún no forman parte de un emblema tendrán la oportunidad de demostrar su valía. Y si el destino los guía bien, podrán ascender… y unirse a uno.

La tensión volvió a notarse entre los de primer y segundo año.

—Prepárense. Entrenen. Descansen. Pero sobre todo… no olviden lo que siempre ha regido esta academia.

Capella extendió ambos brazos, como si pudiera abarcar a todos los presentes con ellos.

—Porque aquí, en Farhaim, una verdad permanece inquebrantable:

“Nunca nadie pelea solo.”

Y con eso, bajó la cabeza.

La ovación estalló ahora sí con toda su fuerza. El suelo del estadio vibró levemente con los aplausos, los vítores y los gritos de libertad acumulada. Algunos alumnos saltaban, otros se abrazaban. Los más disciplinados simplemente sonreían satisfechos, mientras comenzaban a moverse hacia las salidas.

—¡AL FIN! —exclamó Shizuki, lanzando la ramita como si fuera un misil de alegría—. ¡Mi libertad! ¡Mi cama! ¡Y una montaña de dulces me espera!

—¿Qué tan dramática vas a ser ahora también? —rió Kiro, caminando junto a ella y Ryu entre la multitud.

—¡Este fue el semestre más agotador de mi vida! ¡Nos merecemos un retiro en las termas durante un mes completo!

—No suena tan mal… —añadió Ryu—. Aunque dudo que tenga tiempo para eso… ir a la nación de Lyphos es mucho.

—¿Eh? —preguntó Kiro—. ¿Cómo que no? ¡Estamos de vacaciones!

—Bueno… técnicamente sí —respondió Ryu, llevándose la mano a la nuca—. Pero los del emblema Paladins tenemos una misión especial. Nos llamaron a reunirnos en unos días. No tengo los detalles aún.

—Típico —resopló Shizuki, cruzándose de brazos—. Dicen que son vacaciones, pero los emblemas seguimos trabajando. Si queremos mantenernos en el podio… hay que esforzarse aún más a partir de ahora.

Adoptó de pronto una pose dramática, extendiendo un brazo hacia el cielo.

—¡Solo así podremos conquistar las estrellas! ¡Y llevar al abismo adelante! ¡Brillando incluso en la oscuridad más absoluta!

—No sé si estás recitando un poema o presentando una obra de teatro… —bromeó Kiro con media sonrisa—. Pero igual tienes razón.

Suspiró.

—Solo espero que por lo menos sean misiones con acción real. Necesito combatir. Necesito entrenar. Mi cuerpo me lo está pidiendo. ¡Debo volverme más fuerte!

Ryu rió ligeramente, mientras Shizuki levantaba un dedo pensativa.

—Deberías pensar también en otra cosa importante…

—¿En qué?

—En ponerle nombre a tus técnicas especiales.

—…Tienes razón.

Kiro se quedó callado un segundo, mirando el cielo despejado sobre Farhaim.

Los tres siguieron caminando entre la multitud de estudiantes que se dispersaban lentamente por los senderos de piedra de la Academia Farhaim. Algunos reían, otros se abrazaban despidiéndose, y más de uno ya hablaba de viajes, excursiones o maratones de comida.

Kiro, Shizuki y Ryu caminaban sin mucha prisa, disfrutando del raro silencio que quedaba tras los aplausos.

Pero al llegar a un cruce en el camino, el grupo tuvo que separarse.

—Bueno —dijo Ryu, deteniéndose—. Aquí me desvío. Tengo que pasar por la sede Paladins a recoger unas cosas… y prepararme para la misión.

Shizuki inclinó la cabeza algo apenada.

—¿Ya van a empezar con lo de la “misión especial”? Ni un día de descanso te vas a dar, ¿eh?

—No tengo opción —respondió Ryu con una sonrisa resignada, aunque cálida—. Pero si llegan a necesitar algo, ya saben que pueden contar conmigo. Siempre tendré tiempo para ustedes.

Kiro asintió, cruzándose de brazos.

—No hace falta que lo digas, bro. Cuídate, ¿sí? Y si algo se pone feo… llámame. Aún me quedan energías para partir cabezas.

—Lo sé —rió Ryu suavemente—. Nos vemos pronto.

Se estrecharon las manos con firmeza y luego Ryu siguió su camino por el sendero principal, alejándose entre los árboles mientras el sol iluminaba su figura de espaldas.

Shizuki y Kiro observaron en silencio hasta que desapareció de vista.

—Entonces… —dijo Shizuki, girando hacia él mientras metía las manos en los bolsillos de su chaqueta negra—¿Tienes planeado hacer algo tú?

—Hmm… no lo sé muy bien —respondió Kiro, encogiéndose de hombros—. Pero tengo ganas de volver a la ciudad de Alfhaim. Aprovechar el verano para ir a la playa o algo… desconectarme un poco.

Shizuki iba a responder, pero en ese instante, una punzada súbita recorrió la sien de Kiro.

No fue dolorosa. Pero fue precisa. Intensa. Como un dedo frío presionando el interior de su cráneo por apenas un segundo.

La voz llegó segundos después.

“No te relajes tanto, mocoso. No olvides nuestro trato… o en cualquier momento te mato. No lo olvides. Estás tratando con la eminencia de la muerte.”

Kiro cerró un ojo y apretó los dientes por un instante soltando un chasquido. Ya se estaba acostumbrando, pero nunca dejaba de ser incómodo.

“Sí, sí, lo sé… solo dame un respiro, ¿quieres?”

—¿Hm? ¿Decías algo? —preguntó Shizuki, levantando una ceja.

—¿Ah? No, no… solo pensaba en voz alta —mintió rápidamente.

—Vaya, estás raro… ¿acaso tu lado oscuro te hablo?

Kiro disimuló con una risita nerviosa.

—No te preocupes. Y tú, ¿ya tienes planes? —preguntó, cambiando de tema.

Shizuki asintió sin dudar.

—Entrenar. Quiero controlar mejor el poder del Hailf. Y descansar. Por suerte, podemos usar nuestras sedes como bases de operaciones durante el verano.

—Cierto —asintió Kiro—. Eso ayudará bastante…

La conversación quedó allí, pero el pensamiento ya se había clavado en su mente.

Debía hablar con Shizuki. Pronto. Sobre el anillo.

…

El siguiente día amaneció tarde para Kiro.

Por primera vez en semanas, no se levantó con una alarma, ni con gritos de Rei, ni con el sonido de Shizuki derribando muebles accidentalmente. La habitación estaba en silencio y el sol se colaba por las rendijas de la persiana acariciando su rostro con una calidez tan reconfortante que parecía abrazarlo.

Se desperezó con un bostezo largo y satisfecho.

—Así que así se siente… dormir de verdad. —murmuró.

Pero la paz no duró mucho.

Sentía la mirada de Dravenel encima.

No literal. Pero estaba ahí. Como un peso invisible en el aire.

—Ugh… —Kiro se sentó en la cama, estirando los brazos—. No voy a poder holgazanear mucho si me está persiguiendo así.

Ajustó el vendaje de su brazo derecho con firmeza. Luego tomó su chaqueta habitual: una mitad de color amarillo brillante, la otra negro noche. Se la colocó con rapidez y fue hasta el espejo.

Intentó peinarse un poco, levantando los mechones con los dedos. Por un momento, su reflejo se vio más serio, más decidido… pero en cuanto se giró, su cabello volvió a caer en su clásica maraña indomable.

—…Bah. Mejor así. ¡Eso Kiro! —dijo, dándose una palmadita en la mejilla para activarse.

Avanzó por el pasillo de la sede, saludó a Silfy que parecía revisando unos libros en una estantería del pasillo, y luego se dirigió hacia donde probablemente estaría Shizuki.

Mientras caminaba, Kiro pensaba:

“Ya debería estar despierta… Lo mejor será hablar con ella pronto sobre ese anillo. Pero… ¿cómo empezar esa conversación sin que se vaya del tema?”

Se detuvo un momento, observando el cielo despejado.

—Hmm… tal vez pueda invitarla a unos helados. O incluso…

Una idea le iluminó los ojos.

—¡Claro! El pueblo Aqua. En estas épocas está increíble. Tiene actividades, restaurantes, fuegos artificiales… ¡Es el mejor sitio en Alfhaim ahora!

Luego se rascó la cabeza, ligeramente apenado.

—Aunque… suena muy como una cita… ¿Y si se lo toma a mal? ¿O peor, se lo toma a bien y luego se burla de mí el resto del año…?

Sacudió la cabeza.

—¡No, no! ¡Es por la investigación! ¡Pura misión investigativa! —declaró para sí mismo, aunque su rostro comenzaba a sonrojarse con la idea.

Y así, mientras el sol brillaba con más fuerza y la brisa veraniega agitaba suavemente los estandartes de la sede Stella…

Kiro se preparaba para lo que sería el inicio de unas vacaciones más agitadas de lo que cualquiera podría imaginar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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