Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 170
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Capítulo 170: Capítulo 170: El Grito del Minero
Mientras el verano comenzaba con risas y promesas de descanso para muchos en la Academia Farhaim, en otro punto de Yiatus… el aire olía a muerte.
Una cueva lejana, olvidada por los mapas y sumergida entre montañas sin nombre, se hallaba sumida en la penumbra. Las antorchas que antaño daban luz en los túneles y recovecos estaban apagadas o rotas. Las paredes de piedra estaban cubiertas de arañazos profundos, salpicadas de sangre seca, y por el suelo corrían restos de herramientas partidas… y cuerpos sin vida.
En medio de esa oscuridad, un hombre jadeaba.
Un minero, de rostro envejecido, cubierto de polvo y miedo, yacía arrastrándose sobre la grava manchada de rojo. Una profunda herida en su costado lo hacía sangrar sin control. Su casco estaba tirado metros atrás.
—V-Vete… —balbuceó, con la voz quebrada—. No te necesitamos más… no te haremos nada más, por favor… solo vete… ¿qué quieres de mí? ¿De nosotros…? ¡Perdóname la vida!
El eco de su súplica resonó débilmente en la caverna, rebotando por las rocas como un canto moribundo.
Y entonces, dos ojos brillaron en la oscuridad.
Un par de iris rojo sangre, afilados, depredadores… avanzaron lentamente desde la sombra. Con cada paso, el goteo constante de algo húmedo y espeso se hacía más notorio.
Cuando las antorchas cercanas chispearon por última vez, la figura quedó revelada.
Era alto. Delgado, pero con músculos marcados y tensos. Vestía un overol azul manchado de sangre, con la parte superior bajada hasta la cintura, dejando su torso desnudo, cruzado por extrañas marcas negras que se movían levemente como si respiraran.
Sus brazos terminaban en unas afiladas garras que goteaban sangre fresca.
Un Nox H.
—¿Tarde para rogar…? —repitió con voz grave, rasposa, cargada de rabia contenida—. Jefe, tú fuiste quien me decía que los débiles no valían nada. Que solo servía para cavar y obedecer.
Sus pasos resonaban en la piedra húmeda con una cadencia helada.
—Me cansé de ser usado. Me cansé de ser invisible. De dormir junto a las ratas mientras tú tenías un colchón. De comer sobras mientras tú bebías vino.
—¡P-Podemos hablarlo! —suplicó el minero, levantando una mano—. ¡Déjame vivir y te daré dinero! ¡Todo lo que tengo!
El Nox soltó una carcajada ronca.
—¿Dinero? —repitió, mostrando los colmillos—. Eso era lo único que valía aquí, ¿no? Bueno… ya no me interesa.
Levantó su garra derecha.
—Solo quiero verlos morir. A todos ustedes.
Y entonces, se lanzó hacia él con un rugido desgarrador.
—¡AYUDAAAAA—!
El grito del minero fue cortado abruptamente… por otra mano.
Una mano enguantada, que detuvo la garra del Nox en el aire con fuerza inhumana.
El Nox abrió los ojos, atónito.
—¿Qué…?
Frente a él, como un muro que había surgido de la nada, se encontraba un joven. Cabello blanco corto con un mechón verde, ojos verdes penetrantes, y un uniforme negro con detalles dorados en el que se podía leer claramente una sola palabra bordada en su pecho:
“EXORCISTA”.
—¿Quién demonios… crees que eres? —gruñó el Nox, intentando liberar su brazo.
Pero no pudo.
El agarre del joven era como acero puro. Implacable.
—Yo soy… —dijo con voz firme, sin elevarla— Hoshi Tsunata. Exorcista de rango S. Y vengo a eliminarte.
El Nox apretó los dientes, alarmado.
“¿Qué es esto? ¿Quién es este humano? ¿Cómo puede… detenerme con una sola mano…? ¡No puede ser…! ¡Es más fuerte que yo!”
En ese instante, Hoshi dio un paso adelante, empujándolo con brusquedad.
El Nox retrocedió dos pasos, pero antes de que pudiera contraatacar, Hoshi ya estaba frente a él.
Colocó ambas manos a la altura de su propio pecho. Sus palmas comenzaron a brillar con un leve resplandor verde turquesa, casi invisible, pero vibrante.
—Estoque de viento.
El aire se comprimió entre sus manos.
Y en un parpadeo, una onda explosiva se disparó de sus palmas, impactando de lleno en el pecho del Nox.
—¡¡UGH!! —el Nox salió disparado y se estrelló contra una pared de la caverna, haciendo temblar las rocas. El golpe levantó polvo y fragmentos que cayeron al suelo.
El Nox cayó de rodillas, tosiendo, con la piel agrietada y sangre negra bajando por un costado. Se agarró el torso, tambaleante.
—Tú… ¡maldito humano…! —espetó, con furia ciega—. ¡No te perdonaré! ¡Morirás igual que el resto que me menospreció!
Hoshi dio unos pasos hacia adelante, con una mirada fría pero serena. Su respiración era calmada.
—Estás corrompido más allá de toda redención. No sientes remordimiento. Ni dudas.
Extendió el brazo derecho, apuntando al Nox con dos dedos.
—Te exorcizaré rápidamente. No te muevas.
El Nox soltó un rugido y comenzó a cargarse de energía oscura, preparando un contraataque desesperado.
Pero Hoshi… no se movió ni un milímetro.
—¡TE MATARÉ! —gritó con furia salvaje mientras cargaba sus brazos con energía oscura.
Sus garras crecieron ligeramente, afiladas como cuchillas recién forjadas. Con un rugido, se impulsó hacia adelante, las piernas trazando surcos en el suelo polvoriento de la cueva, y alzó los puños en un ataque directo al pecho de Hoshi.
—¡MUEREEEEEE!
ZSHAAAK—
Sus garras atravesaron el cuerpo de Hoshi sin encontrar resistencia.
Literalmente.
El Nox se detuvo en seco, sus ojos abiertos por la sorpresa.
Las garras… no lo habían tocado. Su cuerpo había sido como neblina, como un reflejo ilusorio.
—¿Q-Qué…? —balbuceó, sin entender.
En ese instante, Hoshi apareció a un lado, completamente ileso, con los ojos fríos y enfocados en el Nox.
—Tal como esperaba —dijo con calma—. Ni siquiera sabes cómo funciona tu energía.
El Nox apenas tuvo tiempo de girarse cuando los brazaletes se materializaron con un leve destello en las muñecas de Hoshi. En un solo movimiento fluido, Hoshi impulsó su cuerpo y lanzó un gancho directo al mentón del Nox.
¡CRACK!
El impacto fue tan brutal que el mentón del Nox se partió en múltiples fragmentos, su cabeza se dobló hacia atrás y su cuerpo tambaleó, retrocediendo como un títere sin control.
El Nox cayó de rodillas, escupiendo un hilo oscuro… pero comenzó a regenerarse otra vez. Hueso, piel, músculo… todo volvió a su lugar, aunque con lentitud.
—¡No importa…! —jadeó, con voz distorsionada—. ¡No me importa cómo pelees, igual te mataré! ¡Tú también eres como ellos… crees que vales más que nosotros…!
Hoshi lo observó fijamente.
—Sé lo que eres. Eres un Nox H… por la mutación de tu energía y los signos en tu cuerpo. Te transformaste hace unos días, como mucho. Probablemente antes ni siquiera eras capaz de canalizar energía correctamente.
Avanzó un paso.
—Y ahora… tu cuerpo no puede seguir el ritmo. No sabes cómo manejar esa fuerza, y simplemente la desperdicias. Cada ataque tuyo está mal enfocado. Cada defensa es torpe. Simplemente salvaje.
—¡CIERRA LA BOCA! —rugió el Nox, lanzándose nuevamente.
Hoshi no se movió del lugar.
Solo bajó ligeramente su postura, sus pies firmes en la roca, y alzó su brazo derecho.
Sus brazaletes comenzaron a vibrar suavemente, como si condensaran algo invisible.
—Esto termina ahora.
Con los ojos afilados, tensó los músculos… y lanzó su puño al aire.
¡WHOOOSH!
Una compresión de aire puro se disparó como un disparo invisible. El puño no tocó nada, pero una onda de choque invisible cruzó la distancia en un instante y golpeó al Nox de lleno en el pecho.
—¡GRAAAHH! —gritó el Nox, con los ojos desorbitados.
Antes de que pudiera procesarlo, otro puño cruzó el aire. Después otro. Y otro.
¡WHUMP! ¡ZSHH! ¡BANG!
Cada golpe dejaba una marca. No había contacto físico… pero el aire comprimido impactaba como un cañón. El cuerpo del Nox comenzó a sacudirse en direcciones imposibles. El pecho, las piernas, los hombros, la cara… todo recibía los impactos directos de una técnica que ni siquiera podía ver venir.
¡BAM! ¡CRACK! ¡BOOM!
El Nox intentó protegerse, pero era inútil. Cada intento de cubrirse terminaba en otra zona abierta recibiendo una ráfaga de energía.
“¿Qué está pasando…? ¿Por qué no puedo… detenerlo…? ¡Mi cuerpo no responde! ¡No puedo…!” —pensó con desesperación, mientras su energía comenzaba a desbordarse caóticamente.
Al final, Hoshi se detuvo.
Una brisa suave barrió la zona.
El Nox quedó de pie por apenas un segundo. Su cuerpo estaba perforado por múltiples marcas circulares, como si una docena de martillos invisibles lo hubieran golpeado en distintos ángulos a la vez. Los agujeros no sangraban… porque su energía ya estaba colapsando.
Con un crujido seco… cayó de espaldas.
La oscuridad comenzando a devorarlo.
Como ceniza quemada por dentro, el cuerpo del Nox se desintegraba lentamente en polvo oscuro. No quedaba nada de su humanidad. Solo el resentimiento que había sido su último motor.
Hoshi bajó lentamente los brazos. Sus brazaletes brillaron por un instante más… y luego se desvanecieron, como si nunca hubiesen estado allí.
Se giró y caminó hacia el minero, que seguía en el mismo lugar, paralizado por el miedo y la incredulidad. Sus ojos estaban abiertos de par en par. El sudor le caía por la frente, mezclado con lágrimas silenciosas.
Hoshi se agachó y colocó una mano sobre su hombro.
—Tranquilo. Soy un exorcista. Estás a salvo ahora. Te sacaré de aquí.
El minero lo miró, con el labio tembloroso, y apenas logró articular palabra.
—G-Gracias… yo… no… no sabía que podía pasar esto… No sabíamos que él… que él era un…
—Lo sé —dijo Hoshi, con voz calmada—. Nadie suele saberlo. Pero si no hubiera estado aquí, el resultado habría sido diferente.
El minero bajó la mirada, aún temblando.
—Solo… solo sácame de aquí…
Hoshi asintió, con una expresión serena. Luego miró hacia el lugar donde el Nox se había desintegrado. El polvo oscuro seguía flotando… pero en el aire quedó un rastro de energía negra.
El viento del exterior era fresco y crudo.
Una bocanada de aire reemplazó de golpe el hedor metálico y cerrado de la cueva. Al salir, Hoshi Tsunata cerró los ojos por la luz del sol que golpeaba directo desde lo alto del cielo nublado. A su lado, apoyado contra su hombro, el minero herido apenas lograba mantenerse en pie.
—Tranquilo —le murmuró Hoshi mientras avanzaban lentamente por el sendero rocoso—. Solo unos pasos más.
A unos metros de la entrada, dos figuras esperaban firmes, ambas con capas cortas y el mismo uniforme negro del cuerpo de exorcistas.
—¡Hoshi! —exclamó uno de ellos, un joven de cabello rojo oscuro atado hacia atrás—. ¿Estás bien? ¡Escuchamos un estruendo desde la distancia!
—¿Resolviste el objetivo? —preguntó la otra, una chica de cabello corto gris claro, con ojos analíticos que se clavaban en el entorno.
Hoshi asintió con una ligera sonrisa cansada.
—Misión cumplida. Pero llegamos tarde otra vez…
Lentamente, entregó al minero a los otros dos exorcistas.
—Llévenlo a un punto médico. Su herida no es mortal, pero necesita tratamiento inmediato. Está en shock.
—Entendido —dijeron ambos al unísono. Tomaron al hombre con cuidado y comenzaron a descender por el sendero de tierra, desapareciendo entre los árboles del bosque cercano.
Hoshi entonces quedó solo.
Avanzó unos pasos más y se detuvo frente a una gran roca plana. Activó su brazalete holográfico, que emitió un leve zumbido al prenderse.
—Aquí Hoshi Tsunata, exorcista de rango S, reportando desde la cueva. El Nox ha sido eliminado —dijo con voz firme—Pero como sospechábamos… llegamos demasiado tarde. Otra vez.
Un breve silencio. Luego, una voz robótica y clara se oyó desde el brazalete, era alguien del alto mando del cuerpo de Exorcistas.
—Recibido, Hoshi. ¿Hubo algún testigo? ¿Confirman el estado del Nox H?
—Sí —asintió él, cruzándose de brazos mientras el viento movía su capa negra—. Era un minero. El último sobreviviente del grupo. Lo salvamos por poco.
Tomó aire.
—Y sobre el Nox… era reciente. Su transformación aún era inestable. Pero eso es justo lo que me preocupa.
La voz del mando no se hizo esperar:
—¿Por qué lo dice?
—Los últimos cinco casos en los que he intervenido —dijo Hoshi, bajando la mirada con una expresión tensa— eran personas normales. Trabajadores, ciudadanos sin historial de que puedan usar la energía… gente común. Esto no es una causa natural. Los están transformando.
Una breve pausa se produjo en la línea.
—¿Sugiere entonces que encontró pruebas de la organización que mencionó anteriormente?
—No aún —admitió Hoshi con frustración en la voz—. Pero estoy convencido de que esto no es aislado. Cada semana los reportes aumentan, y siempre en zonas conectadas por rutas de comercio secundarias… pequeñas aldeas, pueblos olvidados, estaciones mineras como esta.
Sus ojos brillaron con decisión.
—Alguien está detrás de esto. Y se está expandiendo… como una enfermedad.
—Comprendido —respondió el alto mando—. Su próxima misión puede traer algo de luz al asunto. Nuevas desapariciones han sido reportadas cerca del Pueblo Aqua. Estudiantes, ciudadanos… incluso viajeros extranjeros han dejado de reportarse.
La voz en el brazalete bajó el tono.
—Creemos que puede estar relacionado con los casos que investiga. No subestime el área. Hay algo… que no nos están contando.
—Entendido —dijo Hoshi, alzando un brazo en señal de despedida—. Partiré de inmediato.
—Manténganos informados. Fin de transmisión.
El brillo del brazalete se desvaneció
Hoshi guardó silencio.
El bosque frente a él se extendía tranquilo. Podía oírse el canto de algunos insectos y el murmullo de un arroyo cercano. La naturaleza seguía su curso, indiferente al horror que crecía en las sombras.
Alzó la vista hacia el cielo, donde las nubes comenzaban a abrirse.
—“Están experimentando”… —repitió en voz baja—. Transformando la desesperación en armas…
Su cabello ondeaba con una brisa fuerte.
Y sin decir una palabra más, dio un paso hacia el camino.
Ya sabía a dónde debía ir.
Pueblo Aqua.
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