Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 172
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Capítulo 172: Capítulo 172: Te Sentencio 2/2
Kaede dio un paso al frente, al borde del impulso. Su voz se alzó como un clavo de luz en medio de la presión.
—¡No! ¡No lo hagan! ¡No es como ustedes piensan!
Gael alzó una ceja, sin responder.
—Él… él no está con ellos. ¡Créanme! ¡Yo… lo he observado! ¡He estado junto a él!
Se volvió hacia el consejo con desesperación genuina. Su respiración comenzaba a acelerarse.
—Es cierto que no tiene un apellido, que no viene de ningún linaje conocido. ¡Pero eso no lo convierte en un enemigo! ¡Lo buscan, lo cazan! ¡No lo siguen… lo acechan! ¡Necesita protección como todos nosotros!
Kaede miró al director, luego a cada uno de los líderes. Su voz tembló levemente, no por miedo a ellos… sino por la posibilidad de perder la batalla por Kiro.
—¡Es la primera vez que escuchan su nombre aquí! ¡La primera vez que destaca por sí mismo! ¡Y quieren condenarlo como si fuera culpable solo por brillar por fin!
De pronto, su mirada se cruzó con la de Andrew Zimmerman, su maestro.
Él la observaba con cejas fruncidas. No había furia en su rostro… pero sí un juicio silencioso, una desaprobación implacable.
Kaede enmudeció.
Su voz se cortó, como si una cuerda interna se hubiese roto.
Bajó lentamente la cabeza. Sus hombros temblaban sutilmente.
Pero aun así, incluso en su fragilidad, alzó las manos. Temblorosas. Dobladas por la presión.
—Tiene que… haber… algo que podamos…
Las palabras no salían. Se le atragantaban. Su corazón latía con fuerza, golpeando su pecho como una alarma.
—Yo… si es que… —balbuceó con voz temblorosa—. No puede ser tan simple… no puede terminar así.
Kiro la miró… con una mezcla de asombro y tristeza. Nunca había visto a Kaede perder el control. Jamás la había visto luchar de ese modo.
La sala quedó en completo silencio mientras Kaede aun seguía de pie, con las manos ligeramente levantadas como si quisiera proteger a Kiro con su sola voluntad, pero ya no encontraba palabras. Su voz la había abandonado. Su mente estaba en blanco.
El director Capella bajó ligeramente la mirada, dejando escapar un leve suspiro cargado de solemnidad.
—Entonces… si no hay más objeciones —dijo con gravedad—. Procedamos con la votación.
Enderezó su espalda, su figura imponente a contraluz de los estandartes de la academia, como un juez en una antigua corte.
—La acusación es clara: Kiro, del emblema Stella, ha hecho uso de una forma de energía relacionada al Abismo, potencialmente vinculada a los cultistas y emisarios que amenazan nuestra civilización. Con base en los registros, evidencias y el testimonio de los presentes… decidan.
Su voz retumbó como un tambor de guerra en el corazón de Kiro.
—¿Será ejecutado como medida preventiva… o será mantenido bajo vigilancia, cautivo, hasta determinar con certeza su naturaleza?
Un segundo de tensa espera precedió a la primera voz.
—Ejecutémoslo cuanto antes —dijo Gael Rhox, el cazador del gremio, mientras cruzaba los brazos—. Si los del culto están rastreándolo, si su energía llama a esas personas… entonces es un faro para el desastre. Un riesgo que no podemos darnos el lujo de mantener encendido. ¿Quién sabe cuántos podrían morir por su mera existencia?
A su lado, Yungy Conton asintió con firmeza, su brazo apoyado en la cadera.
—Estoy de acuerdo. Nada bueno puede nacer de un alma que sostiene la corrupción. Hemos visto muchas veces cómo la compasión se transforma en ruina. Si lo eliminamos ahora, prevenimos lo que podría ser una masacre mayor. Actuar con rapidez no es crueldad, es sabiduría.
Kiro solo podía apretar los dientes, su respiración contenida. Cada palabra lo enterraba más.
Entonces, Andrew Zimmerman, el maestro de Paladins y figura de autoridad inquebrantable, se levantó.
—No me complace esta decisión, pero debo alinearme con ellos —dijo con un tono neutro y contenido, aunque se percibía la incomodidad en su voz—. No es personal, muchacho. Ni siquiera es un juicio moral. Es una cuestión estratégica.
Se volvió hacia los presentes.
—Incluso si no está con el culto… tener acceso a esa energía, sin comprenderla, sin controlarla… es ya motivo suficiente. Un solo error. Un mal día. Una caída emocional… y podríamos estar enfrentando una tragedia que ni los héroes de más alto rango podrían contener.
Se sentó lentamente, como si la silla pesara toneladas.
Kiro con un nudo en la garganta. Su vista se nublaba, pero no por lágrimas. Era rabia, impotencia… y una tristeza tan profunda que ni siquiera podía expresarse en palabras.
Junto a él, Kaede bajó la cabeza.
—Perdón, Kiro… —susurró apenas, con la voz rota.
Parecía haberse rendido.
Hasta que habló Ivan Taskea, el enigmático maestro de Espectros.
No alzó la voz. No gesticuló. Su cuerpo permanecía casi inmóvil. Pero su voz, grave y directa, se impuso como un filo entre las tinieblas.
—No. No lo ejecuten.
Hubo un leve giro de cabezas. Sus palabras tomaron por sorpresa a algunos de los presentes.
Ivan entrecerró los ojos.
—No me malinterpreten. No es compasión. Es cautela. Y experiencia.
Su mirada se fijó en Capella.
—Si lo eliminamos sin saber qué es exactamente, perderemos información valiosa. Y peor aún… podríamos estar destruyendo una posible clave contra el mismo abismo.
Silencio.
Ivan se incorporó ligeramente, apenas inclinándose hacia el frente.
—Mantenedlo bajo vigilancia. Reforzad las medidas. Aisladlo, si es necesario. Pero no lo matéis aún. Hay demasiadas incógnitas.
Entonces se oyó una risa suave. Como una brisa tibia que atraviesa un campo en otoño.
Nia Svarth, la líder del emblema Kinrir, se llevó una mano a los labios, riendo con una elegancia que incomodaba tanto como fascinaba.
—Oh… mis queridos compañeros —dijo con un tono meloso, mirando a cada uno con una ceja arqueada—. Si algo puedo decirles con certeza… es que el miedo los ha vuelto ciegos.
Capella se volvió hacia ella.
—¿A qué te refieres?
Nia se puso de pie con la gracia de una flor.
—A que no están viendo la belleza del cuadro completo.
Sus ojos, intensamente verdes, se posaron sobre Kiro.
—Ese muchacho… no tiene solo una energía. Su interior está dividido… perfectamente. Una dualidad extraña, compleja… peligrosa, sí, pero también… magnífica que sin duda despertó mi curiosidad desde el día que tuve la oportunidad de verla.
Extendió una mano con la palma hacia arriba.
—Por un lado, tenemos esa energía brillante, vital, cálida… tan propia de la luz, como un sol recién nacido. Y por otro… una oscuridad que no se siente del todo igual al abismo que conocemos. No tiene esa desesperación enfermiza… no corroe. Es más… densa. Más… estructurada. Pura.
Volvió a mirar a Capella con una sonrisa casi divertida.
—Lo investigué. Estuve atenta durante el duelo e incluso antes de eso. Es imposible, incluso en teoría, usar energía positiva y negativa a la vez. Las leyes de la energía lo prohíben. Se anulan. Se consumen mutuamente. ¡Y sin embargo, este chico lo hizo!
Miro a todos los presentes por encima.
—¿Cómo es posible…?
Y entonces, su voz bajó apenas.
—A menos que… dentro de él existan dos reservas de energía separadas. Dos focos de conciencia. Dos almas. Dos mentes… en un mismo cuerpo.
Los murmullos llenaron la sala apenas Nia Svarth dejó caer aquella última y escalofriante afirmación.
El director Capella entrecerró los ojos, desconfiado.
—¿Qué estás insinuando exactamente, Nia?
—Que su situación escapa a la lógica común —respondió ella con suavidad—. Que si eso que hay dentro de él no es de este plano, no humano, entonces es probable que estemos ante una simbiosis espiritual. Un ente y un huésped.
Todos los presentes se tensaron.
—Y no hablo de posesión —continuó—. Hablo de una coexistencia, algo que solo ocurre cuando el espíritu maligno renuncia a su control, a su dominio. Cuando su fuerza se entrega… por voluntad, no por fuerza.
Entonces, Nia levantó la mano lentamente y señaló hacia la puerta principal de la sala.
—Y ahora… frente a nosotros se encuentra la herramienta que necesitan.
Los presentes giraron la vista. La gran puerta crujió al abrirse.
Y entonces, dos figuras entraron a la habitación.
La primera era la maestra Lyra, de cabello violeta y túnica reluciente, con su usual aura serena pero una sonrisa cansada en el rostro. Sin embargo, lo que más llamaba la atención eran sus ojos estrellados, brillando con emoción, girando lentamente como si contuvieran una galaxia viva.
A su lado estaba un hombre alto y musculoso, de andar firme y rostro imponente, con una chaqueta marrón y vendajes en los brazos. Hunk Brakell.
Al verlo, los ojos de Kiro se abrieron de par en par.
—¡Maestro…!
El grito brotó involuntariamente desde su pecho. Una mezcla de alivio, incredulidad y emoción pura.
Hunk le respondió con una leve sonrisa torcida, levantando una mano en saludo sin perder la compostura.
—¿Sigues vivo, mocoso? —dijo con voz grave—. Bien, me ahorraste un entierro.
Kiro no pudo evitar reír levemente, aunque aún sentía el nudo en el estómago. La aparición de Hunk trajo un aire nuevo, un alivio.
Lyra caminó hacia el centro con calma.
—Perdón por la demora —dijo con un suspiro y una mano en el pecho—. Hubo… asuntos urgentes. Pero llegamos justo a tiempo, ¿no creen?
El director Capella dio un paso hacia ellos.
—¿Y usted es…?
Hunk clavó su mirada en el director con seguridad total.
—Hunk Brakell. Exorcista de rango S, veterano de las campañas contra los Nox y actual mentor del joven al que están acusando injustamente.
Se irguió, alzando la voz sin titubeo.
—Y vine a terminar con esta basura de juicio.
Un murmullo corrió por la sala. Todos quedaron en silencio al ver la forma en que hablaba sin miedo.
—Kiro es inocente —afirmó con fuerza—. No ha tenido contacto con el culto del Abismo en toda su vida. Lo he vigilado personalmente, lo he entrenado, lo he visto sangrar, caer, romperse… y levantarse solo, sin quejarse, sin atajos.
Se giró para ver a todos.
—¡Se ha sacrificado más que todos los mocosos de esta academia solo para sobresalir un poco! Es mi orgulloso aprendiz. Es idiota, sí, testarudo también, pero no es un traidor. Ni un monstruo.
Entonces, Yungy Conton, sorprendida, dio un paso al frente.
—¿Hunk…? ¿Qué crees que estás haciendo aquí?
—Vengo a defender a mi aprendiz, ¿no es obvio? —replicó él con tono burlón—. ¿Están haciendo una votación? Perfecto. Déjenme unirme.
—Este caso del Abismo es mi responsabilidad, Hunk —gruñó Yungy—. Lárgate. Ve a molestar a otro lado.
Hunk se encogió de hombros con una media sonrisa.
—¿Y dejar que ejecuten a un chico sin pruebas reales? No gracias. Hay una diferencia entre justicia y paranoia.
Se volvió hacia Nia.
—Traje lo que pediste.
De su chaqueta sacó un pequeño cubo cristalino, que brillaba con una luz azul intensa. El objeto emitía una vibración constante, como si contuviera una presencia viva en su interior.
Lo lanzó suavemente a Nia, que lo atrapó con delicadeza.
Apenas lo sostuvo en las manos, sus ojos se iluminaron.
—Oh… —susurró con una sonrisa—. Es perfecto.
Su voz acariciaba las palabras con deleite.
Kiro miró con sorpresa el objeto y luego a Nia, sin entender del todo.
¿Qué era ese cubo?
¿Y por qué sentía que su destino estaba a punto de tomar un giro todavía más extraño?
—Este es un recipiente espiritual —explicó Nia, girándolo con delicadeza—. Su nombre oficial es Prisma de Contención. Fue creado por artesanos de alto nivel para atrapar energías errantes, espíritus malignos o presencias no humanas. Su núcleo es un catalizador de energía pura, capaz de separar con precisión las fuentes espirituales internas. Lo que lo hace ideal para descubrir… la verdad.
Dirigió su mirada hacia Lyra, que mantenía la compostura con las manos juntas detrás de la espalda.
—Maestra Lyra, ¿quiere hacer los honores?
Lyra dio un paso al frente con calma, sus botas resonando suavemente contra el mármol del suelo.
—Por supuesto. Si esto sirve para demostrar lo que creo, no tengo miedo.
Extendió la mano y tomó el prisma con cuidado. Una suave vibración recorrió su brazo, pero no retrocedió. Miró al resto con tranquilidad, pero su voz tenía un peso más firme.
—Kiro no es nuestro enemigo. Lo que reside dentro de él no es el abismo como lo conocemos. He estudiado durante años esa energía: es violenta, parasitaria, distorsiona la voluntad… pero lo que habita en Kiro tiene una conciencia. Tiene forma. Y ahora, si la teoría de Nia es correcta, el prisma nos mostrará la naturaleza de ambas fuentes de energía.
Se giró hacia Kiro, que la observaba con nerviosismo desde el centro del salón.
—No tengas miedo, Kiro —dijo con una sonrisa cálida—. Confía en mí. No dolerá.
Kiro asintió con un leve temblor en los labios.
—Está bien… si es lo que debo hacer…
Y antes de que pudiera prepararse del todo, Lyra colocó el cubo contra su pecho y lo empujó con precisión. Una luz azul, radiante e intensa, brotó del punto de contacto. La sala entera se cegó por un instante.
—¡Kiro! —gritó Hunk, dando un paso adelante.
El cuerpo de Kiro perdió todo tono y cayó hacia atrás como un muñeco. Hunk reaccionó al instante y lo sujetó con ambas manos, bajándolo suavemente hasta el suelo. Sus ojos estaban cerrados. Su rostro, sereno como si durmiera plácidamente.
Un susurro de tensión recorrió a todos.
—…Esperen unos momentos —pidió Lyra con voz tranquila—. El prisma ya está trabajando.
El cubo flotaba lentamente sobre el cuerpo de Kiro, y del mismo brotó una llama azul, pura y vibrante, que se mantuvo suspendida en el aire. Esta emitía una calidez extraña.
—Ahí lo tienen —dijo Lyra, señalando la llama—. Ese es el espíritu de Kiro. No está contaminado, no presenta signos de corrupción. Su energía interna es clara y normal.
—¿Entonces… dónde está la otra energía? —interrogó Gael con el ceño fruncido, visiblemente tenso.
Lyra apuntó hacia arriba, con la mirada fija en el techo del gran salón.
—Justo… ahí.
Todos alzaron la vista.
De la llama azul que representaba a Kiro, comenzó a ascender una delgada bruma negra. El aire se volvió más denso, cada exhalación se sentía más pesada. La niebla oscura se condensó en el aire con un pulso lento, como un corazón latiendo.
Y entonces… se encendió. Una segunda llama, esta completamente negra y profunda, emergió con violencia silenciosa. Las paredes del salón crujieron levemente. Un frío sobrenatural atravesó la sala, y todos los presentes sintieron… una imagen en su mente.
Una figura vestida con una capa negra como la noche. Una armadura negra decorada con símbolos antiguos. Una espada a su espalda que parecía hecha de oscuridad viva. Un caballero… un heraldo.
Los ojos de Lyra se abrieron como platos. Dio un paso hacia atrás, sorprendida por la presión que emanaba esa llama.
—Esto… esto es más de lo que esperaba…
Nia, que había permanecido serena hasta ese momento, retrocedió un paso con los labios entreabiertos.
—Esto… esto no es un espíritu maligno… no es una simple unión…
Ivan, silencioso, apretó los puños sin decir palabra.
Yungy desenfundó ligeramente su arma por reflejo, sus ojos brillaban con un destello asesino.
Gael dio un paso al frente, su voz firme y llena de decisión:
—¡Esto está más que claro! Debemos ejecutarlo ahora.
Hunk bajó la mirada a Kiro, que aún no despertaba.
Y fue entonces que el director Capella, golpeó su bastón contra el suelo, haciendo eco en todo el recinto.
—Kiro del emblema Stella… —dijo con solemnidad—. Has traído a esta academia una oscuridad que no comprendemos. Aunque no estés corrompido, ese ser que habita en ti lo está. Y eso… es un riesgo que no podemos permitir.
Su voz sonó como una sentencia.
—Debemos ejecutarlo.
Kaede no podía apartar la vista de la llama oscura que flotaba sobre Kiro. Su respiración se volvió más agitada, su cuerpo retrocedió un paso por puro instinto y apretó los dientes con fuerza.
“Así que eso es… —pensó con un escalofrío que le recorrió la columna—. Dravenel…”
Lyra se adelantó un paso, alzó la voz con firmeza, sin rastro de vacilación.
—¡Aún no decidan nada! Kiro es mi alumno. Y lo defenderé hasta el final. No ignoren lo que acabamos de ver: son dos energías distintas, no una sola. Esta entidad no lo controla. ¡Él aún tiene el dominio de su cuerpo! Denme tiempo, aunque sean unas semanas… puedo encontrar una forma de separarlas. O tal vez contener esta energía.
Nia cruzó los brazos y la apoyó con tranquilidad:
—Estoy de acuerdo. Kiro no sólo sobrevivió al contacto con esa entidad… sino que lo soporta y convive con ella. Tal vez incluso la usa para sus propios fines. Como aventurera de rango S, afirmó que no había visto algo así antes. Una energía tan profunda, tan peligrosa, siendo retenida. Este chico… debe vivir. Necesitamos investigarlo. Estudiarlo.
—…Experimentar —murmuró Ivan, con los brazos cruzados. Nia le lanzó una mirada casi burlona.
Hunk avanzó un paso más.
—Y como exorcista de alto rango, les aseguro que si algo llegara a pasar, yo mismo lo eliminaré antes que cause daño alguno. Confío en Kiro, y no pienso permitir que su esfuerzo, su lucha y su valor… se tiren a la basura por el miedo.
Pero el director Leonardo Capella alzó la mano para detenerlo, su rostro era duro como piedra.
—Eso no va a suceder —dijo con solemnidad, su voz grave resonando en todo el recinto—. Nadie, ni tú, Hunk, ni siquiera la señora Nia, serían capaces de conquistar esa oscuridad. ¿Dominarla? ¿Contenerla? No entienden lo que enfrentamos. El abismo no se deja someter. Y aunque su aparición fue una sorpresa, Hunk Brakell, tus palabras no pesan aquí. Este caso pertenece al juicio de los altos mandos en la academia, y específicamente, a la maestra Yungy.
Yungy asintió, cruzando los brazos.
—Es correcto. El Abismo es mi jurisdicción. Esa cosa que vimos, ese caballero de oscuridad, no puede formar parte del mundo humano.
El director prosiguió, sin piedad en el tono:
—La decisión ha sido tomada. Tres votos a favor de su vida… y cuatro por su ejecución.
Un silencio espeso se extendió en la sala. El cuerpo de Kiro seguía en el suelo, inerte. La llama azul había comenzado a debilitarse.
Hunk bajó la cabeza, sus puños temblaban. Poco a poco un aura amarilla brillante comenzó a envolver su cuerpo. Estaba recargando energía.
Nadie se atrevió a moverse. La tensión era sofocante. El suelo crujió bajo la presión espiritual. Andrew Zimmerman entrecerró los ojos y Nia ladeó el rostro con diversión incómoda. Yungy tensó el mango de su arma.
Y entonces…
Una brisa helada, inesperada, recorrió el salón.
Como un susurro en el oído de todos.
Toda la energía en el ambiente se apagó, como si una vela hubiera sido soplada. Las auras desaparecieron. Incluso el cubo azul dejó de emitir luz.
Y…
…una voz sepulcral resonó entre los muros de piedra:
—¿Acaso yo tampoco tengo derecho a votar…?
Todos alzaron la vista, paralizados.
La llama oscura que flotaba arriba comenzó a cambiar de forma. Se expandió. Se moldeó. Ahora tenía silueta. Una forma humanoide se alzó en el aire: alta, de hombros anchos, envuelta en una capa como la noche. Solo los ojos rojos brillaban con intensidad. Era como mirar un agujero en la realidad.
Un caballero oscuro.
Gael desenvainó su arma lentamente, pero no se movió.
—¿Acaso buscas intimidarnos? ¿Quién demonios eres tú…?
El ser no respondió de inmediato. Observó a todos. A cada uno. Se hizo un silencio aún más profundo que el anterior.
Y luego habló con voz hueca, fría y resonante:
—No les puedo revelar mi nombre. Mi tiempo en este momento es limitado.
Pero escuchen bien…
—El culto al que tanto temen… profana la oscuridad. La distorsiona. No son aliados del abismo. Son parásitos. Engendros de desesperación que manipulan el velo oscuro por ambición. Yo… soy algo mucho más antiguo. Algo que precede a sus religiones y sus ejércitos.
…No soy su enemigo.
…Tampoco soy su aliado.
…Pero si continúan por este camino… la muerte vendrá más pronto de lo que esperan.
…
Nadie se atrevió a replicar.
La presencia de aquel ser era tan densa que incluso los líderes temblaban en su interior, aunque lo ocultaban con disciplina.
—Pero antes de que tomen su decisión… escuchen lo que tiene que decir… Kaede Minatsuki.
Y con eso, las llamas desaparecieron.
Solo quedó el eco de su voz… y un silencio aterrador.
Kaede levantó lentamente la cabeza confundida, pero todos los ojos estaban ahora sobre ella.
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