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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 174

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Capítulo 174: Capítulo 174: Bajo el Espejo Celeste

La brisa veraniega acariciaba suavemente el lago Espejo Celeste. El reflejo del cielo era tan claro que parecía que el pueblo Aqua flotaba sobre una dimensión paralela. Las risas de los niños, el murmullo de los turistas y el leve canto de los pájaros formaban un fondo sonoro perfecto para ese momento.

Kiro, con una expresión entre relajada y nerviosa, daba pequeñas cucharadas a su helado de tres colores, sin disfrutarlo por completo.

Kaede, sentada frente a él en la mesa de madera del puesto, saboreaba con tranquilidad su cono de vainilla con chispas de colores, mientras observaba la superficie del agua moverse.

—¿Pasa algo? —preguntó Kaede de pronto, con esa voz suya tan suave que parecía acariciar el aire—. ¿No te gusta el helado?

Kiro parpadeó y levantó la vista rápidamente, un poco avergonzado por haberse perdido en sus pensamientos.

—¿Eh? No, no… sí me gusta, está muy rico —respondió con una media sonrisa incómoda—. Solo que… aún me pregunto por qué me trajiste aquí.

Kaede ladeó ligeramente la cabeza, dejando que su cabello color azul pálido se meciera con la brisa.

—Imaginé que estarías estresado por todo lo ocurrido. —Le dio una última lamida a su helado antes de continuar—. Pensé que estar cerca del lago te haría bien. El agua calma… ¿no lo crees?

Kiro asintió, bajando la mirada al lago.

—Sí… supongo que sí. Pero por lo menos me hubieras avisado —se quejó con una leve risa forzada—. Me asusté cuando de repente una bolsa negra me cubrió la cara.

—¡Lo siento! —exclamó Kaede con una risa contenida y culpable—. Fue parte del protocolo… necesitaba asegurarme de que nadie supiera a dónde ibas, ni tú mismo. Pero no lo tomes a mal… me pusieron a cargo de ti completamente. Así que debo ser precavida.

Kiro soltó un suspiro largo y se recostó ligeramente hacia atrás.

—Entonces… ¿Por eso traes tu espada contigo? —dijo, señalando con la mirada el arma que colgaba elegantemente de la cintura de Kaede, envainada en un estilo refinado y algo tradicional.

Kaede acarició la empuñadura con la yema de los dedos.

—Es solo por si acaso. Pero tranquilo… conmigo aquí, no dejaré que te pase nada malo.

Kiro se quedó mirándola en silencio por unos segundos.

El viento mecía los mechones sueltos del cabello de Kaede mientras su mirada seguía el movimiento del agua. Una imagen cálida y casi irreal. Su voz suave, su calma en contraste con todo lo que había vivido en los últimos días… y esa sonrisa suya…

—Gracias —dijo Kiro finalmente—. Por todo. Por cuidarme, por defenderme… y por confiar en mí. Hunk me dijo que gracias a ti me salvé… que si no fuera por ti, me habrían ejecutado.

Kaede lo miró de reojo, con sus ojos grises reflejando la luz del lago.

—No tienes que agradecerme nada, Kiro. Con que ahora podamos estar tomando helado tranquilos… eso es suficiente para mí.

Kaede sonrió hacia Kiro. Una sonrisa tan limpia que incluso el sol pareció quedarse quieto un segundo.

Kiro quedó congelado en ese momento.

Se sonrojó de inmediato, bajando la mirada y murmurando para sí:

“Esto… esto parece una cita, ¿no? Pero… no es una cita… ella solo me está cuidando, eso es todo, por obligación. Es mayor que yo… aunque no tanto… ¿verdad? Bah, no empieces con eso, Kiro… concéntrate… no arruines esto. Solo relájate, está siendo amable. Amable, nada más…”

Kaede entrecerró los ojos ligeramente, adivinando que algo pasaba por la cabeza de Kiro, pero no dijo nada.

En su lugar, se acomodó mejor sobre el banco y habló con un tono más serio, aunque aún suave:

—Sabes… creo que este es el momento perfecto para continuar aquella charla que dejamos pendiente —dijo, mirando de nuevo hacia el lago.

—¿Eh? —Kiro levantó la cabeza.

Kaede giró su rostro y lo miró directo a los ojos.

—Dravenel. Quiero saber más de él. Si se puede.

Kiro abrió un poco la boca, sin palabras por un momento. No se esperaba que Kaede fuera tan directa, tan sincera en su forma de preguntar. La brisa suave del lago pareció detenerse por un instante.

—¿Acaso fui muy directa…? —preguntó Kaede, llevándose los dedos a los labios con una expresión preocupada—. ¿Te incomodé?

—¿Eh? ¡No, no! —Kiro agitó las manos rápidamente, nervioso—. No tienes que disculparte, no es nada. Solo… me tomó un poco por sorpresa, eso es todo.

Kaede suspiró aliviada, volviendo a sonreír con un aire sereno.

—Me alegra escuchar eso… Entonces… ¿podrías contarme cuándo fue que tú y Dravenel hicieron ese trato?

Kiro asintió, aunque se tomó un instante para pensar bien sus palabras. Bajó la mirada, viendo cómo los últimos rastros de su helado se derretían lentamente bajo el sol.

—Fue durante mi primera misión… —empezó con voz baja—. Estábamos Noell, Shizuki, Xia y yo… Fue en unas ruinas. Una misión de exploración. No sabíamos en lo que nos metíamos.

Kaede lo observaba con atención, sus ojos grises firmes pero amables.

—Allí… lo encontramos. A él. No sé si es un espíritu como tal… sinceramente, no lo parece. Pero sé que es un ente antiguo. Su energía… era increíblemente densa, pero diferente. Oscura, sí, pero… no igual a la que siento en los Nox.

Kiro apretó las manos sobre sus rodillas, como intentando contener algo dentro de sí.

—No pudimos hacerle frente. Era simplemente… demasiado. Sentí que íbamos a morir. Entonces, en medio del caos… me habló. Me ofreció un trato: dejarlo vivir en mí, en mi ojo. A cambio, él aseguraría que mis amigos salieran con vida. Yo… no tuve elección.

Kaede permanecía en silencio, escuchándolo con respeto. El reflejo del agua brillaba sobre su rostro.

—Desde entonces… he estado con él. Al principio era extraño. Invasivo, tal vez. Pero… con el tiempo… he sentido que su voz no es malvada. No busca destruir. De hecho… me ha dicho que desprecia al culto del abismo. Que lo detestan tanto como nosotros.

—¿Entonces… cuál es su objetivo? —preguntó Kaede suavemente.

—Quiere reencontrarse con sus amigos —respondió Kiro con un suspiro—. Otros como él… o lo que sea que sean. Dice que están atrapados en diferentes ruinas, dispersos por el mundo. Me pidió ayuda para liberarlos… y en ese proceso, quizá él pueda ser libre.

Kaede entrecerró los ojos, meditando cada palabra.

—¿Y qué pasará si se reúnen? —preguntó con tono más firme.

Kiro se quedó un momento callado.

—No lo sé. No estoy seguro. Pero… si son como él, están sellados. No pueden salir por sí solos. Su única forma sería… hacer un trato como el que hizo conmigo. Pero si yo muero… Dravenel también lo hará. Está atado a mí. Así que… mientras yo esté bien, no hay peligro. O… eso espero.

Kaede asintió levemente, sus ojos no se apartaban del rostro de Kiro.

—¿Tienes alguna pista sobre dónde estarán sus compañeros?

—Sí —asintió Kiro—. Él me lo dijo. Cree que Shizuki posee información, aunque no sea consciente de ello. Creo que tiene relación con su anillo. Pero Dravenel está convencido de que ella tiene la clave para hallar la siguiente ruina.

Kaede se quedó pensativa por unos instantes. Entonces volvió a mirarlo con una calidez inusitada.

—¿Y si no le haces caso a Dravenel? ¿Qué pasa?

Kiro hizo una pausa.

—… siento que su presencia se volverá más fuerte, más insistente. Es como si su energía aumentara cuanto más ignoro su llamado. A veces siento presión en la cabeza, o lo escucho más cerca. Pero aún tengo el control. Él no me controlara.

Kaede cerró los ojos un momento, respirando hondo. Luego los abrió y afirmó:

—Está bien, confío en ti. Sé que no quieres hacerle daño a nadie, Kiro. Si eso es lo que necesitas para mantener la estabilidad entre ustedes dos, entonces veré lo que pueda hacer para ayudarte a encontrar esas ruinas. Pero necesitaremos hacerlo con cuidado… y con ayuda.

Kiro sonrió con alivio.

—Gracias, Kaede… de verdad. No sabes cuánto significa esto para mí.

—Claro que lo sé —respondió ella con una dulzura que lo desarmó por dentro—. Pero recuerda, no estoy aquí solo como tu amiga… sino como tu juez. Así que si veo que te unes al abismo… te cortaré en dos sin dudar.

Kiro rió nerviosamente.

—Ah… claro, claro… lo tendré muy presente.

Kaede también rió, aunque sus ojos decían que hablaba en serio.

El lago seguía reflejando el cielo, como si el mundo les regalara un instante de calma. Pero ambos sabían que esa tranquilidad era efímera.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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