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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 175

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Capítulo 175: Capítulo 175: Paladins, Stella y una misión 1/3

El día siguiente llegó con la calidez del sol y el cielo despejado sobre los terrenos de la Academia de Energía Farhaim. En la sede del emblema Stella, una reunión importante se gestaba. Todos los miembros del emblema estaban presentes en la gran sala de juntas, cada uno acomodado entre los mullidos sillones, los respaldos altos y la típica mesa que presidía el centro de aquel espacio lleno de mapas, libros y trofeos acumulados.

Lyra se encontraba de pie, con sus ojos de estrellas girando emocionados como si cada palabra que estuviera por decir fuera una constelación naciente.

—¡Muy bien, pequeñas estrellas! —anunció con teatralidad, entrelazando los dedos detrás de la espalda—. Gracias por venir. Hoy hablaremos de los nuevos planes para nuestro emblema.

El ambiente se mantuvo medianamente serio hasta que, sin demasiado entusiasmo, Chris Mercy la miró de reojo y murmuró:

—Ugh… ¿solo haremos eso? —chasqueó la lengua—. Ahh… Que molestia…

Acto seguido, dio un paso hacia atrás con toda la intención de alejarse y añadió:

—No necesito escuchar esto. Seguramente no me involucra.

Pero antes de que pudiera dar un segundo paso, un brazo delgado y firme lo sujetó por el cuello de la chaqueta desde atrás. Era Rei, con una mueca de fastidio y una ceja levantada con clara desaprobación.

—No tienes permitido moverte, Mercy —le dijo con voz tajante.

—¿Y por qué? —gruñó él con su habitual tono apático—. No me necesitan para esto.

Fue entonces que Kiro intervino desde su sitio, sonriendo con algo de picardía:

—Quédate un poco, Mercy. Después de esto podemos seguir la partida en tu cuarto. Aún quiero revancha del último juego.

Chris suspiró resignado y sin decir más, regresó a su sitio como un niño fastidiado pero que aceptaba su destino.

Lyra rio por lo bajo, claramente disfrutando el caos organizado de su pequeño grupo. Entonces dio un paso al frente con su usual energía resplandeciente.

—¡Estrellas mías! Estamos brillando más que nunca. Ya somos el segundo emblema más reconocido de toda la Academia… ¡Y eso es digno de celebración! Pero también de trabajo. No olviden que cuanto más alto llegamos, más nos observa el mundo.

Hizo una vuelta dramática y señaló hacia el techo como si apuntara a una galaxia lejana.

—Es hora de ir más allá. Y por eso… he organizado una misión especial.

Xia, sentada con los brazos cruzados y los ojos expectantes, chocó sus puños con emoción.

—¡¿Qué haremos esta vez, maestra?! ¿Algo explosivo? ¿Algo misterioso? ¡¿Habrá acción?!

Lyra negó con dulzura.

—No todos podrán ir esta vez. Pero los que se queden también tendrán encargos importantes. Así que necesito su cooperación y su compromiso, tanto en campo como aquí.

Shizuki, que había estado bebiendo tranquilamente té helado, asintió con una sonrisa serena mientras alzaba una mano con teatralidad.

—Muy cierto lo que dice nuestra brillante y resplandeciente maestra Lyra. Debemos observar nuestras fichas antes de moverlas… como en ajedrez. Y yo… siempre juego a ganar.

—Y siempre pierdes —murmuró Rei al lado, tomando un sorbo de su bebida.

—¡Eso es calumnia! —respondió ella, llevándose una mano dramáticamente al pecho.

Ignorando con una sonrisa esas interacciones, Lyra se aclaró la garganta para aumentar la tensión.

—Los elegidos para esta misión son… —dijo bajando el tono—. Silfy, Sanha Zaehara… y Chris Mercy.

El silencio fue instantáneo. Silfy parpadeó varias veces antes de llevarse las manos a la cabeza.

—¿Yo? ¿Está segura? ¿Para qué…? ¿En serio me necesita?

—¿Yo…? —dijo Chris en voz baja, girando un poco hacia Lyra—. ¿Qué se supone que haga?

Antes de que nadie pudiera agregar nada, Sanha pasó un brazo por encima del cuello de Chris, sonriendo ampliamente:

—Bien hecho, compañero. Parece que nos toca ir al campo. Será divertido, seguro que sí.

Chris rodó los ojos, pero no se resistió. Solo chasqueó la lengua una vez más y resopló.

—Genial…

—¡Confío en ustedes tres! —dijo Lyra con orgullo—. Esta misión es algo fuera de lo común, y no hay mucho tiempo para explicaciones, pero partiremos esta misma noche… cuando la luna creciente haga aparición en el cielo.

—¿Tan pronto? —susurró Silfy con algo de inquietud.

—Y para los que se queden… —continuó Lyra— No se relajen demasiado. Últimamente han estado llegando encargos extraños a la sala de misiones. Hay rumores de sucesos anómalos cerca del lago, desapariciones pequeñas, cosas que no podemos dejar pasar. Les recomiendo pasar por ahí y estar atentos.

La sala se llenó de una energía viva y expectante. Kiro observó a sus compañeros elegidos con cierta preocupación, preguntándose qué clase de misión se llevarían entre manos. Al tiempo, pensaba en el consejo de Dravenel… y en el hecho de que debía hablar con Shizuki muy pronto.

Todos en el emblema Stella comenzaron a dispersarse luego del anuncio de Lyra. Algunos se dirigieron a entrenar, otros a empacar y unos cuantos simplemente aprovecharon para descansar o conversar antes de su próxima misión.

Kiro subía lentamente las escaleras hacia su habitación en el segundo piso. Aún pensativo, su mano se apoyó en el pomo de la puerta cuando un repentino zumbido resonó en su cabeza.

Una punzada aguda le atravesó la sien y su cuerpo se encorvó por reflejo.

—¡Tsk… Dravenel! —murmuró entre dientes, llevándose una mano a la frente con un gesto de molestia—. Te dije que no me… interrumpas así…

Pero la presión no disminuyó. Al contrario, una segunda punzada, más violenta, le atravesó la mente como si le insertaran un clavo candente entre las cejas. El aliento se le cortó, y tropezó un paso atrás.

—¿Qué… qué estás haciendo?

Entonces lo notó: el entorno comenzó a ralentizarse.

Las motas de polvo que danzaban por el pasillo parecían flotar detenidas en el aire, los ecos lejanos de pasos y risas se deformaban como si se hundieran en agua espesa. Kiro sintió su corazón latir con fuerza, pero no podía oírlo bien… como si ya no perteneciera al mismo plano.

—¿Esto es…? —susurró, tambaleante.

De pronto, su ojo izquierdo comenzó a arder. Una oscuridad espesa comenzó a cubrirlo, tiñendo su pupila de negro. El dolor se volvió insoportable. Kiro intentó mantenerse de pie, pero sus rodillas flaquearon.

—¡Dravenel! —gritó, o al menos eso creyó, porque ni siquiera escuchó su voz salir.

Cayó al suelo. Su espalda golpeó la madera con un sonido seco. La vista se le volvió borrosa, distorsionada. Su último pensamiento fue confuso y desconectado:

“Dravenel… ¿Qué es lo que quieres…?”

Y entonces, se desvaneció en la oscuridad.

…

Mientras tanto, en la sede del emblema Paladins…

Una atmósfera completamente distinta se respiraba allí. Más estructurada. Más rígida.

En la sala de entrenamientos central, varios miembros del emblema se encontraban ultimando detalles para su próxima misión. El sudor en el ambiente mezclado con el eco de los choques de energía hacía que la sala pareciera viva.

Ryu, con la camiseta desgarrada y algunos rasguños en los brazos, respiraba agitado mientras se secaba el sudor con una toalla. Frente a él, Ivar Leonhardt lo observaba con brazos cruzados y una sonrisa ladeada que no escondía desprecio.

—Deberías mantener mejor tu guardia —comentó con frialdad—. Te abres como una puerta cada vez que te giras.

Ryu desvió la mirada, algo apenado.

—Lo tendré en cuenta…

—Haz más que eso si quieres volver con todos tus órganos —añadió Ivar, dándose media vuelta.

Nayeli Tsuki estaba en un rincón, estirando con calma. Lielle Moorwyn, con su mirada tranquila, revisaba un documento, mientras Ethan Aegir afinaba los detalles de su equipamiento.

Entonces Andrew Zimmerman, el maestro del emblema Paladins, ingresó con pasos firmes y mirada de acero.

Su sola presencia enderezó las espaldas de todos en la sala.

—Presten atención —ordenó con voz profunda—. Mañana partirán en una misión especial. El contacto con una aldea cercana al borde del bosque de Nevalia se ha perdido. Queremos saber si es una falla de comunicación o algo más grave.

Hizo una pausa breve, observando a cada uno con intensidad.

—Para asegurar la misión, he puesto a cargo de ustedes a Ivar Leonhardt. Él está en tercer año y tiene experiencia de campo. Harán lo que él diga. ¿Entendido?

Todos asintieron. Ryu, con algo de incomodidad, bajó la cabeza en señal de respeto. No podía quejarse, pero algo en su pecho no le gustaba.

¿Por qué justo Ivar?

—Recuerden… —continuó Andrew— Si la situación se vuelve peligrosa, no duden en solicitar apoyo. Otros grupos de aventureros también han sido enviados al área, así que no están solos. Pero la prioridad es mantenerse con vida y traer información.

Ivar se adelantó entonces y habló con una seguridad arrogante:

—No se preocupe, maestro Zimmerman. Me encargaré de que estos reclutas regresen respirando… o al menos con la cabeza sobre los hombros.

El silencio fue momentáneo, algo incómodo, pero nadie se atrevió a replicar. Andrew asintió, sin mostrar ninguna expresión.

—Vayan a empacar. Dejarán todo listo antes del amanecer. Cuando el sol aparezca en el horizonte, será la señal.

Ryu salió de la sala junto a Nayeli, Ethan y Lielle. El pasillo se extendía silencioso frente a ellos.

—Ese tal Ivar me da escalofríos —comentó Nayeli en voz baja, con ese tono de chisme que siempre usaba para romper el hielo—. Habla como si fuera un comandante de guerra o algo…

Ethan rió por lo bajo, acomodándose la correa del guante de su brazo derecho.

—Sí, y su cara parece la de alguien que siempre está a un segundo de pelear con el mundo entero. Pero bueno, supongo que no habrá problema. Si tiene ese rango, debe ser fuerte… ¿no?

—Supongo —respondió Nayeli, mirando de reojo a Ryu—. ¿Y tú, Ryu? ¿Qué opinas?

Ryu no respondió de inmediato. Su mente divagaba en silencio, atrapada en el eco de un nombre.

—Ivar… —repitió para sí, distraído.

La voz de Nayeli lo sacó del trance, por lo que parpadeó con sorpresa.

—¿Eh? ¿Qué?

—Tu opinión —repitió Nayeli, cruzándose de brazos—. ¿Qué opinas de ese sujeto?

Ryu guardó silencio unos segundos, pensativo. Luego bajó la mirada.

—No lo sé… no tengo nada que decir.

—Tsk. Qué aburrido —se quejó Nayeli con media sonrisa, dando un pequeño empujón amistoso a su brazo.

Pero Ryu ya no estaba allí por completo. Su mente se desvió como una ráfaga a un recuerdo que aún pesaba en su cuerpo…

…Tiempo atrás en una sala de entrenamiento blanca y silenciosa…

El eco de los pasos y los impactos de lanza retumbaban en las paredes. Allí, Ivar Leonhardt lanzaba una ofensiva brutal contra Ryu, sin respiro. Cada movimiento era limpio, afilado y profesional. Cada golpe derribaba parte de la guardia de Ryu.

Ryu jadeaba, sus manos temblaban mientras sujetaban la lanza de práctica. Pero era inútil. Un giro rápido, una finta, e Ivar lo desarmó de inmediato. El siguiente instante fue una secuencia de dolor: un golpe seco bajo su barbilla, otro directo en el pecho.

El aire lo abandonó.

Cayó contra la pared blanca, tosiendo con fuerza, las piernas temblorosas.

“¿Por qué…?” —pensó con la vista nublada—. “¿Qué le hice a este tipo? ¿Por qué me odia tanto?”

Ivar se acercó, con la lanza apoyada en el hombro. Su sonrisa era arrogante, venenosa.

—¿Ya te rendiste? —preguntó, alzando una ceja—. Vamos, no me vengas con tonterías. Si eres parte de Paladins, deberías aguantar unos golpes. ¿O acaso ya alcanzaste tu límite? Ríndete de una vez… y vete.

La sangre hervía en el pecho de Ryu, no por rabia, sino por orgullo. No podía ceder, no ahora.

Temblando, apretó los puños y, con esfuerzo, volvió a levantarse.

—No… no me iré de aquí. Debo… seguir.

“Como lo haría Kiro”

…

De vuelta al presente…

Caminando por el pasillo, Ryu abrió lentamente los ojos. Su expresión ya no era distraída. Era decidida, afilada como el filo de su lanza.

“Ivar Leonhardt…” —pensó, mirando hacia adelante con ojos fríos, intensos.

“Juro que no me detendré hasta ganarte.”

…

Volviendo a la sede del emblema Stella…

Un chorro de agua fría golpeó a Kiro directo al rostro.

—¡Gah! —exclamó Kiro, incorporándose de golpe mientras su cuerpo se sacudía por el impacto del frío. Su respiración era agitada, su corazón latía con fuerza y su mirada buscaba una amenaza invisible en la habitación.

Estaba empapado. Su camiseta se pegaba al cuerpo, y su cabello le goteaba sobre los ojos.

—¿Dónde… estoy? ¿Qué…?

Miró a su alrededor con confusión hasta que su vista se posó en una figura a unos pasos frente a él.

Shizuki.

Ella estaba de pie, sujetando un vaso de agua aún con algunas gotas, y su rostro alternaba entre una sonrisa nerviosa y una mirada culpable. Detrás de su espalda ocultaba el resto del vaso como si eso fuera a borrar lo que acababa de hacer.

—¿Shizuki…? —dijo Kiro, aún confundido.

—¡Ehhh! Hola —respondió ella con una sonrisa forzada—. ¿Estás bien? Parecías… muerto o algo. Te encontré tirado aquí y no reaccionabas…

—¿Y por eso me arrojaste agua a la cara?

—¡Es que ya había intentado mover tu hombro y llamarte muchas veces! —dijo cruzando los brazos como si fuera ella la ofendida—. Pero nada funcionaba. Así que… un espíritu me dijo que la mejor forma de despertar al espectro de luz era con un poco de agua directa en la cara.

Kiro la miró con los ojos entrecerrados. El ceño le temblaba como si estuviera decidiendo si reír o gritar.

—Claro… un espíritu. Qué conveniente.

—¡Te lo juro! —dijo llevándose una mano al pecho como si defendiera su honor—. ¡Yo jamás mentiría! …en especial con mis compañeros espirituales.

Kiro suspiró y bajó la cabeza, pero en ese momento, un fuerte pinchazo atravesó su mente otra vez.

La bruma negra volvió, como si una sombra se deslizara por sus pensamientos, sofocándolos. Cayó de rodillas, sujetando su cabeza con una mano mientras los latidos en su oído se aceleraban como tambores de guerra.

—¡Kiro! —gritó Shizuki, soltando el vaso y corriendo hacia él—. ¡Oye, oye! ¿¡Estás bien!? ¡Dime que no fue por el agua! ¡Perdón si fue mi culpa!

—No… no fue eso —respondió él, entre jadeos—. Es Dravenel… está siendo más insistente últimamente.

—¿Así que se trata de ese ente oscuro en tu ojo? —Shizuki frunció los labios y lo ayudó a levantarse con esfuerzo—. Vamos, vamos, vamos, que tu fiel camarada del abismo está para ayudarte con todos tus males espirituales.

—¿Ese es otro título?

—¡Así es! tengo el deber y el poder de otorgarme ciertos títulos, como por ejemplo: Shizuki del Ocaso Oscuro, Elegida del Velo Carmesí y Aliada de los Espíritus Errantes! Suena bien, ¿cierto?

—Suena a nombre de villana secundaria de obra escolar —se rio Kiro débilmente.

—¡Oye! —le sacó la lengua mientras lo llevaba hasta su habitación.

Una vez dentro, lo ayudó a recostarse en su cama. Luego se sacudió las manos como si hubiera levantado a un gigante.

—Misión cumplida. El espectro de luz ha sido salvado por su ayudante del abismo. Punto para mí.

—Gracias, Shizuki —dijo Kiro, con una pequeña sonrisa. Su voz era débil, pero cálida.

Shizuki se sentó en la silla junto a su cama, cruzando las piernas con elegancia forzada.

—¿Esto tiene que ver con ese tal Dravenel, verdad?

Kiro asintió levemente.

—Sí… últimamente está siendo más insistente. Me habla más… empuja más. Quiere que empiece su búsqueda cuanto antes. Pero a veces… Su presencia es tan fuerte como si me presionara por dentro.

Shizuki se quedó en silencio por unos segundos. Luego apoyó el codo en la rodilla y el mentón en la palma.

—Hmm… no suena bien, Kiro. Pero no te preocupes. Para eso estoy yo. Así que dime en qué puedo ayudarte esta vez, mi espectro de luz. Yo, la elegida del abismo y portadora de tinieblas cósmicas, escucharé tus súplicas.

—Gracias, elegida del abismo—dijo Kiro, riendo suavemente, pues aquel momento, aunque extraño, le resultaba lleno de calidez.

Shizuki se quedó mirando a Kiro en silencio por un momento.

—¿Necesitas ayuda? —preguntó finalmente, sentándose con las piernas cruzadas sobre la silla frente a la cama de Kiro—. ¿Todavía te persiguen los malos recuerdos de nuestra expedición a las ruinas? ¿Monstruos? ¿El eco de mi risa demoníaca quizá? —añadió llevándose dramáticamente una mano al pecho.

Kiro soltó una risa suave, pero sacudió la cabeza.

—No, no es eso… Es más complicado.

Shizuki se acomodó un poco, bajando el tono y dejando su actitud teatral de lado, aunque una chispa de emoción le brillaba en los ojos.

—Entonces dime, espectro de luz. Estoy lista.

Kiro suspiró y se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en sus rodillas.

—Dravenel tiene un objetivo. Para que pueda seguir prestándome su poder… necesito ayudarlo. Quiere encontrar a sus compañeros. Dice que están perdidos… encerrados como él, atrapados en lugares antiguos, ruinas como en las que lo encontramos nosotros.

Shizuki dejó de moverse. Su mirada se volvió más atenta.

—Entonces… ¿Hay más como él?

—Sí —respondió Kiro—. No sé cuántos, pero tiene claro que debo encontrarlos. Últimamente ha estado… raro. Más insistente. Como si algo lo estuviera apurando o como si… el tiempo se le acabara.

—¿Te está presionando? —preguntó Shizuki, frunciendo ligeramente el ceño.

—No lo diría así. Solo que lo siento… más presente. Más activo. Y necesito hacer esto, rápido. Por eso… —Kiro hizo una pausa y la miró con seriedad—. Necesito preguntarte algo importante, Shizuki.

—¡Oh! ¿Una propuesta interesante? —dijo en tono juguetón, inclinándose hacia él con una sonrisita—. ¿Acaso quieres que te done mi energía en un pacto sagrado de sangre y estrellitas abismales para así sellar a este ente?

—No, no, nada de eso… —Kiro se rió levemente, aunque aún tenso—. Es por tu anillo. Dravenel lo reconoció. Me dijo que el Hailf… es un Shoku. Un artefacto antiguo. Uno de los suyos.

Shizuki bajó la mirada lentamente hacia el anillo que llevaba siempre en su dedo. Lo giró un par de veces en silencio.

—Hailf… —susurró—. ¿Así que eso era?

—Si tú me dices dónde lo encontraste… podríamos tener una pista para encontrar al espíritu que lo protegía. Uno de los compañeros de Dravenel.

—Hmm… no lo recuerdo muy bien exactamente —dijo ella, alzando la mirada de nuevo—. Yo me di cuenta de que era importante, hace muy poco, gracias a un libro. La maestra Lyra lo tiene. Está muy viejo y raro, la mayoría del texto estaba en un idioma súper antiguo y feísimo —añadió arrugando la nariz—, pero me acuerdo que vi cuatro artefactos ilustrados. Eran como… muñequeras, anillos o amuletos, cosas así.

—¿Y como supiste que era tu anillo?

—El mío estaba asociado a un concepto… No entendía mucho, pero por lo poco que logré traducir, cada artefacto se asociaba a un concepto. Supongo que Dravenel sería como… la Muerte. Súper oscuro todo era, ¿no?

Shizuki trató de decirlo con tono humorístico, pero su voz perdió fuerza al final. Miró su anillo con intensidad, sus cejas fruncidas.

—Así que el que protegía el tuyo —añadió Kiro, con un tono más bajo—… es la Peste.

En ese instante, algo cambió. Los ojos de Shizuki se agrandaron y su cuerpo se tensó. Una lágrima silenciosa rodó por su mejilla izquierda sin que pareciera darse cuenta.

—¿Shizuki? —preguntó Kiro, notando el súbito cambio en su expresión.

Ella no respondió de inmediato. Simplemente se llevó una mano al rostro, limpiándose la lágrima como si no quisiera admitir que estaba allí. Luego se levantó con rapidez, dándole la espalda.

—No sé qué fue eso… lo siento —murmuró, sacudiendo un poco la cabeza—. No estoy triste, tranquilo… pero al escuchar esa palabra me vino un sentimiento raro, como si me hubieran quitado algo hace mucho, algo que ni siquiera sabía que extrañaba.

Kiro se quedó en silencio. Él también conocía esa sensación: la de llevar dentro un vacío que no sabías que existía.

—Entonces… —dijo Shizuki, volviéndose a él con una sonrisa forzada—Si Dravenel y este otro espíritu son amigos, puede que estén conectados… eso explicaría por qué este anillo me eligió a mí. Siempre sentí que tenía algo especial, además de mi evidente talento demoníaco de princesa abismal.

—Claro que sí —respondió Kiro, medio riendo—. Espero puedas recordar alguna pista pronto.

—¡Lo sé! —dijo con entusiasmo recuperado—. En fin, si ese libro tiene algo más, podríamos investigarlo. Lo vi una vez cuando Lyra me mandó a buscarlo a su oficina…

—¿Podrías pedirselo?

—Sí, ¡Lo haré ahora mismo! Me disfrazaré de bibliotecaria misteriosa y le pediré acceso con mi cara más seria. Ya sabes, esa que pongo cuando hago mis presentaciones de “Soy la elegida del abismo y los demonios”. Nadie puede resistirse a esa mirada.

—Gracias, Shizuki.

—No tienes que agradecerme nada —dijo ella, con tono más suave y verdadero esta vez—. Te prometo que descubriremos la verdad de estos espíritus de oscuridad.

—Buena suerte compañera.

Shizuki salió de la habitación con paso decidido, pero apenas cruzó la puerta, su frente chocó suavemente contra algo. Un leve quejido escapó de ella mientras se tambaleaba un paso atrás, frotándose la cabeza.

—¡Auch! ¡¿Quién me cerró la puerta?! —dijo, aún con los ojos cerrados por el impacto.

Cuando los abrió, lo primero que vio fue un par de ojos grisáceos y una expresión tranquila. Era Kaede Minatsuki, de pie justo frente a la puerta, tan serena como siempre.

—¿Kaede… Minatsuki? —Shizuki parpadeó, retrocediendo instintivamente unos pasos—. ¿Qué haces aquí…? ¡No me digas que estás intentando eliminar a Stella durante nuestras horas de descanso! ¡No te dejaré, noble enemiga de las sombras! —exclamó mientras se cubría medio rostro con una mano en pose dramática—. ¡Como la elegida del abismo, detendré cualquier intento de sabotaje a mis camaradas!

Kaede alzó una ceja, visiblemente confundida.

—¿Eh? ¿Qué pasó…? —preguntó con genuina curiosidad.

En ese momento, Kiro apareció por detrás de Shizuki, algo preocupado.

—Kaede… ¿Qué haces aquí a estas horas? Ya casi es de noche.

Kaede se giró hacia él con una leve sonrisa.

—Vine a hablarte sobre nuestro próximo movimiento. Y también porque, bueno, tengo la tarea de estar contigo todo el tiempo —dijo de forma casual, como si no fuera algo extraño.

—¿Cuidarlo? —repitió Shizuki, mirándola con extrañeza—. ¿Por qué debes cuidar a Kiro? ¡Él ya tiene la bendición de la oscuridad y la luz, además de tenerme a mí, su fiel sombra guardiana!

Kaede mantuvo su sonrisa, pero respondió con voz firme:

—Porque así lo dijo el director… justo cuando estaba a punto de ser ejecutado por el poder oscuro que tiene.

Shizuki se quedó completamente paralizada por unos segundos. Luego, lentamente, se llevó las manos a la cara.

—¿¡Ejecutarlo!? —exclamó con dramatismo, como si reviviera una tragedia—. ¡Eso no lo vi venir! ¡Kiro, por qué no me contaste que ibas a ser víctima de una injusticia ancestral!

—¡No fue tan grave como suena! —intentó explicar Kiro, levantando las manos con una sonrisa nerviosa—. Bueno… más o menos… pero al final no pasó. Kaede estuvo de mi lado todo el tiempo. Me ayudó a evitarlo, y ahora me acompaña para que todo esté bajo control.

Shizuki bajó lentamente las manos, mirando a Kaede con una mezcla de confusión y respeto.

—Eso es… muy noble de tu parte, Minatsuki. Aunque no sepas lo que significa proteger la oscuridad desde las sombras, reconozco que eres una aliada confiable —declaró con un leve asentimiento solemne.

Kiro intentó no reírse por lo seria que sonaba.

—Ahora iré a buscar a la maestra Lyra —explicó Shizuki—. Quiero pedirle ese libro del que te hablé, el que tiene información sobre los artefactos como el Hailf.

—Ah —respondió Kaede, alzando una mano como si recordara algo importante—. Justo me la crucé en la entrada. Me dio permiso para entrar aquí. Dijo que se iba con varios de sus estudiantes por un encargo urgente.

Shizuki se congeló.

—¿¡Qué!? ¡¿Ya se fue?! ¡¿Y yo aquí perdiendo el tiempo?! —giró sobre sus talones en un solo movimiento, con los brazos extendidos—. ¡Tengo que alcanzarla antes de que se esconda entre las sombras eternas del deber!

Y sin más, salió corriendo por el pasillo con velocidad sorprendente, agitando las mangas como si fueran alas. Su voz se perdió entre los ecos del edificio:

—¡Esperame libro antiguo de las sombras, voy en camino!

Kiro la observó desaparecer, con una expresión mezcla de exasperación y ternura.

—Y ahí… se fue Shizuki—comentó en voz baja.

Kaede se giró hacia él nuevamente, retomando el tono tranquilo de siempre.

—Entonces, ¿lograste averiguar la ubicación de sus compañeros?

—No —respondió Kiro, frotándose el cuello—. Shizuki no recuerda de dónde obtuvo su anillo, probablemente lo tiene desde hace mucho.

Kaede frunció ligeramente el ceño, pensativa.

—hmm… Si es así, entonces tal vez su hermana sepa algo.

—¿Rei?

—Sí. Si Shizuki recibió el anillo hace mucho, lo más probable es que fuera cuando aún vivían juntas. Rei Velmoria es alguien muy responsable… seguro recuerda cómo o cuándo lo recibió.

—Tienes razón —dijo Kiro, asintiendo con agradecimiento—. Buena idea, Kaede. Deberíamos preguntarle directamente.

—Perfecto —respondió ella, acomodándose ligeramente la espada a la cintura—. Iré contigo. Al fin y al cabo, tengo que mantenerte en vigilancia constante, ¿recuerdas?

—Cierto, cierto —sonrió Kiro—. Pero es un poco gracioso si lo piensas. La amenaza más vigilada de la academia… ahora mismo soy yo.

Kaede se quedó pensativa un momento, luego dijo con toda calma:

—No creo que seas una amenaza, Kiro.

—Gracias…

—Solo eres un chico que quiere proteger a sus amigos —agregó, comenzando a caminar junto a él—. Aunque con un espíritu de magnitud legendaria viviendo en tu ojo, claro.

—Detalles —rió Kiro mientras avanzaban juntos por el pasillo hacia donde se suponía estaría Rei a estas horas.

Y así, mientras Shizuki se lanzaba en una misión espontánea para recuperar un libro misterioso y Kaede caminaba firme junto a Kiro, la búsqueda por descubrir los secretos de los Shoku y el verdadero origen de Dravenel seguía adelante.

Con cada pista, cada recuerdo y cada palabra dicha o no dicha, acercándolos un poco más al corazón oculto del abismo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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