Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 2
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- Capítulo 2 - 2 Capítulo 2 Una Oportunidad para Soñar
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2: Capítulo 2: Una Oportunidad para Soñar 2: Capítulo 2: Una Oportunidad para Soñar La luna brillaba sobre los tranquilos suburbios de Alfhaim mientras Kiro y Hunk regresaban a casa.
El camino serpenteaba entre calles silenciosas, rodeadas de pequeñas casas con techos inclinados, jardines bien cuidados y faroles que proyectaban una luz cálida.
Kiro, lleno de entusiasmo, no podía contener su alegría.
—¡No puedo creerlo, maestro!
¡La escuela de energía Kalo!
—exclamó Kiro, con una sonrisa que parecía iluminar la noche.
—Siempre pensé que era solo para genios o ricos, no para alguien como yo.
Hunk sonrió con calma, cruzando los brazos mientras caminaba.
—No es cuestión de ser un genio, chico.
Es cuestión de voluntad.
Y si algo tienes, es eso.
Pero no te confíes, la prueba no será un paseo.
Kiro asintió con determinación.
—Voy a darlo todo.
No voy a decepcionarte.
Hunk rió entre dientes.
—Eso espero.
Pero recuerda algo, Kiro.
La fuerza no solo está en los puños o en la energía que puedas usar.
También está aquí.
—Señaló su cabeza.
—Y aquí.
—Colocó una mano sobre su pecho.
El joven lo miró con curiosidad.
—¿Eso significa que debo estudiar más?
—preguntó con una mueca de resignación.
—Exacto.
—Hunk lo miró de reojo, divertido.
—No puedes escapar de eso, chico.
Llegaron a una casa de dos pisos rodeada por un pequeño jardín.
Las luces del interior brillaban cálidamente a través de las ventanas.
Era un lugar sencillo pero acogedor, con paredes de madera clara, una puerta azul y cortinas hechas a mano.
Kiro se detuvo frente a la puerta y se giró hacia Hunk.
—Gracias por esto, maestro.
En serio.
No sé cómo podría devolver todo lo que haces por mí y Airi.
Hunk puso una mano en su hombro, inclinándose un poco para mirarlo a los ojos.
—Solo sigue adelante, chico.
Eso será suficiente.
Kiro asintió con una sonrisa, abrió la puerta y entró a la casa.
En el salón, Airi estaba sentada en la mesa de centro, rodeada de libros y cuadernos.
Sus ojos se iluminaron al ver a su hermano.
—¡Kiro!
—dijo con alegría, dejando su lápiz a un lado.
—Llegaste tarde.
Kiro le devolvió la sonrisa.
—Sí, pero fue por algo increíble.
¡Adivina qué pasó!
Airi inclinó la cabeza, curiosa.
—¿Qué?
Antes de que pudiera responder, Airi lo interrumpió con un tono de reproche suave.
—Antes de contarme, deberías preocuparte por tus clases.
Mañana es lunes, y tenemos que estar temprano.
Kiro suspiró teatralmente, llevándose una mano al corazón.
—¡Airi, siempre tan seria!
Pero escucha esto: ¡Hunk me dio un formulario para entrar a la escuela de energía Kalo!
Airi abrió los ojos sorprendida.
—¿En serio?
¡Eso es increíble, Kiro!
—Se levantó rápidamente, acercándose a él.
—Si fue el maestro Hunk quien lo consiguió, seguro todo saldrá bien.
—Lo sé.
—Kiro sonrió ampliamente, emocionado.
—Es mi oportunidad para aprender sobre energía, mejorar y cumplir mi sueño.
¡Voy a ser un exorcista fuerte, Airi!
Ella le devolvió la sonrisa, sus ojos brillaban con orgullo.
—Estoy segura de que lo lograrás.
Kiro se inclinó un poco hacia ella.
—Por cierto, ¿Ya cenaste?
Airi negó con la cabeza.
—No, estaba ocupada estudiando.
—Entonces es hora de que el gran chef Kiro prepare algo especial.
—Dijo, caminando hacia la cocina.
En la cocina, Kiro se puso manos a la obra, preparando una sencilla pero deliciosa cena de arroz con pescado al vapor.
La casa se llenó del aroma cálido de la comida mientras Airi lo ayudaba a poner la mesa.
Durante la cena, ambos charlaron y rieron, disfrutando de su momento familiar.
—¿Crees que en la escuela Kalo también enseñan a cocinar?
—preguntó Airi, tomando un bocado.
Kiro rió.
—Si no lo hacen, tendré que mostrarles cómo se hace.
Después de cenar, Airi recogió los platos y se despidió de Kiro antes de subir a su habitación.
—Buenas noches, Kiro.
Estoy segura de que te aceptarán.
—Gracias, Airi.
Descansa bien.
—respondió él, viéndola subir las escaleras.
Kiro fue a su habitación, un espacio pequeño con una cama al lado de una ventana y un escritorio cubierto de polvo.
Limpió el escritorio, apartando libros olvidados y papeles arrugados.
Cuando el espacio quedó despejado, colocó el formulario frente a él.
—Bien, aquí vamos.
—murmuró, tomando un lápiz.
El formulario era extenso, con preguntas sobre datos personales, intereses y conocimientos básicos de energía.
Kiro lo llenó con esmero, escribiendo con determinación en cada espacio.
Cuando terminó, lo observó con una sonrisa satisfecha.
—Un paso más cerca de mi sueño.
—dijo en voz baja antes de apagar la luz y acostarse.
Al amanecer, Kiro despertó temprano, se desperezó y fue a despertar a Airi.
—¡Arriba, dormilona!
—dijo, entrando a su habitación.
—Tenemos un día por delante.
Airi se levantó con un bostezo y una sonrisa.
—¿Ya está el desayuno?
—Por supuesto.
—respondió él, guiñándole un ojo.
Después de compartir un desayuno sencillo pero agradable, ambos partieron hacia la escuela.
En la entrada, Kiro se despidió de Airi con una sonrisa traviesa.
—Nos vemos después, Airi.
¡Sé buena alumna!
—dijo antes de desaparecer entre los arbustos, escapando de las clases.
Más tarde, Kiro esperó en casa hasta que Hunk llegó a la puerta.
—¡Maestro!
—lo saludó con entusiasmo.
—¿Tienes el formulario?
—preguntó Hunk, directo al punto.
Kiro le entregó el documento con cuidado.
—Aquí está.
Lo completé anoche.
Hunk lo revisó rápidamente y asintió, satisfecho.
—Bien hecho.
En dos días será la prueba.
Prepárate, porque no será fácil.
—¡Lo sé!
Pero lo superaré, maestro.
—dijo Kiro con confianza.
Hunk sonrió.
—Eso espero.
Suerte, chico.
Nos vemos pronto.
En los días previos a la prueba, Kiro se volcó completamente en su preparación.
Pasaba horas estudiando lo que pudo encontrar sobre energía y practicando sus movimientos básicos.
Incluso Airi lo ayudaba, llevándole agua o repasando junto a él lo poco que sabía del tema.
Hunk lo visitó una tarde y, al enterarse de que había faltado a clases, lo enfrentó con severidad.
—Kiro, si no tomas esto en serio, te retiraré la oportunidad de entrar a Kalo.
—El tono firme de Hunk hizo que Kiro se estremeciera.
—¡Lo siento, maestro!
¡Prometo que no volverá a pasar!
—respondió con nerviosismo.
Desde entonces, Kiro no se permitió distracciones.
Dos días después, Kiro y Airi esperaban en la puerta de su casa.
Airi estaba emocionada, aunque también un poco preocupada.
Observaba a su hermano con una mezcla de orgullo y nerviosismo.
—Kiro, sé que lo harás genial.
Siempre te esfuerzas más de lo que crees, y estoy segura de que esta vez no será diferente —dijo Airi con una sonrisa cálida.
Kiro le revolvió el cabello con ternura.
—Gracias, Airi.
Te prometo que no fallaré.
Volveré con una gran sonrisa y esos jueces quedarán impresionados.
—Confío en ti, hermano.
—Airi apretó los puños, como si intentara transmitirle su fuerza.
De repente, alguien llamó a la puerta.
Era Hunk, con su actitud siempre seria pero con un brillo de confianza en los ojos.
—¿Listo para esto, chico?
Kiro respiró hondo y asintió.
—Más que nunca, maestro.
Tras despedirse de Airi con un abrazo, Kiro salió con Hunk.
Caminaban por las calles en dirección a la estación del Tren Infinito.
El lugar era enorme, un bullicio constante de gente que llegaba y partía.
Las plataformas de piedra pulida estaban rodeadas de estructuras modernas y majestuosas.
A lo lejos, el Tren Infinito se alzaba como un coloso de metal, imponente y elegante, con vagones decorados en tonos oscuros y detalles dorados.
Kiro no podía ocultar su entusiasmo.
—¡Es increíble, maestro!
Cada vez que lo veo, parece más grande.
Hunk sonrió ante su entusiasmo.
—El Tren Infinito es una obra maestra de la tecnología.
Conecta las naciones del continente de Anko.
Es más que un transporte; es un símbolo de unidad.
Compraron los boletos y abordaron.
Dentro, los vagones eran amplios y cómodos, con asientos de cuero y ventanales enormes que ofrecían vistas impresionantes.
Cuando el tren comenzó a moverse, Kiro se pegó a la ventana, fascinado por el paisaje.
Las montañas y los árboles pasaban rápidamente, y las aguas cristalinas de Alfhaim brillaban bajo la luz del sol.
—Mira eso, maestro.
Es como si el mundo estuviera hecho de espejos.
—Señaló el horizonte donde el cielo y el agua se mezclaban.
Hunk asintió.
—Alfhaim es un lugar único.
A veces olvidamos lo afortunados que somos de vivir aquí.
Tras varias horas, el tren llegó a su destino: el pueblo costero de Soru.
Al descender, Kiro fue recibido por el aire fresco del mar y el sonido de las olas rompiendo en la distancia.
Las calles estaban llenas de guerreros y estudiantes de artes marciales, todos con un porte orgulloso.
—Escucha bien, chico.
Este pueblo es el hogar del Clan Duvalier, uno de los más respetados en Alfhaim.
Son los dueños del dojo al que vamos.
No quiero que hagas ninguna travesura.
¿Entendido?
—le advirtió Hunk.
Kiro levantó una mano como si jurara.
—¡Lo prometo, maestro!
¡Seré un santo!
Hunk entrecerró los ojos, incrédulo, pero no dijo nada más.
Caminaron hasta el dojo Duvalier, un complejo impresionante con techos altos y decoraciones tradicionales.
Las salas de entrenamiento estaban llenas de estudiantes practicando diversas artes.
En la entrada, un hombre con uniforme de instructor los recibió.
—Bienvenidos al dojo Duvalier.
¿En qué puedo ayudarles?
—preguntó con cortesía.
Hunk sacó una placa de identificación y la mostró.
—Venimos para la prueba especial en la sala 43.
El rostro del hombre cambió inmediatamente, pasando de cordial a reverente.
—Por supuesto.
Por favor, síganme.
Los condujo por pasillos decorados con estandartes y armas exhibidas en vitrinas.
Finalmente, llegaron a una puerta imponente con el número 43 grabado en ella.
El hombre se despidió con una reverencia y se retiró.
Hunk se volvió hacia Kiro, sacando una pequeña bomba de humo.
—Escucha, chico.
Si en algún momento necesitas salir, lanza esto.
Te sacarán de inmediato.
Kiro tomó la bomba, aunque no planeaba usarla.
—Gracias, maestro, pero no la necesitaré.
No los decepcionaré.
Hunk lo miró con orgullo.
—Eso quiero oír.
Ve y demuestra de qué estás hecho.
Kiro asintió con determinación, tomó un profundo respiro y abrió la puerta.
Una luz cegadora lo envolvió.
Cuando la puerta se cerró tras él, la sala cambió por completo, transformándose en un bosque lleno de árboles altos y frondosos.
El sonido de aves y hojas moviéndose por el viento llenaba el aire.
De repente, una voz resonó en todo el lugar.
—Bienvenido, Kiro.
Antes de comenzar, ¿Deseas algún arma u objeto para combatir?
Kiro levantó los puños con confianza.
—No necesito nada.
Mis puños son mi arma.
La voz pareció complacida.
—Entendido.
Tu prueba consiste en encontrar tres medallones escondidos en este bosque.
Para localizarlos, deberás usar tu sentido de la energía.
Sin embargo, cada medallón está custodiado por un guardián.
Prepárate para enfrentarlos.
La prueba comienza en tres, dos, uno… El bosque se llenó de un viento repentino, y Kiro sintió que su cuerpo se tensaba.
—¡Está bien, Kiro!
—se dijo a sí mismo.
—Es hora de demostrar lo que puedes hacer.
Con una mirada decidida, comenzó a avanzar, listo para enfrentar cualquier desafío que el bosque tuviera preparado para él.
Con gran agilidad, Kiro trepó a uno de los árboles más altos, moviéndose con cuidado por las ramas hasta encontrar un punto estratégico.
Desde allí, observó el paisaje boscoso que se extendía a su alrededor.
A pesar de la luz que bañaba el lugar, no veía ningún rastro de los medallones.
Frunció el ceño, frustrado, y decidió cerrar los ojos para concentrarse en la energía que lo rodeaba.
—Vamos, Kiro, concéntrate… La energía está en todo —murmuró para sí mismo, recordando las palabras de su maestro.
Dejó que su respiración se estabilizara, sintiendo el flujo de energía que impregnaba el ambiente, la brisa, el olor del ambiente, su color y vida en esta.
De pronto, percibió una ligera vibración, una presencia distinta que destacaba entre las demás.
Abrió los ojos, emocionado.
—¡Ahí está!
—exclamó, señalando un claro no muy lejos.
Descendió del árbol y corrió hacia la fuente de energía.
Al llegar, se detuvo en seco.
Frente a él estaba el medallón, brillando tenuemente en el suelo, pero no estaba solo.
Un enorme rocoso de piedra lo custodiaba.
Era una criatura intimidante, con un cuerpo cubierto de gruesas capas de roca y un núcleo, como cristal brillante en el centro del pecho.
—Bueno, esto va a ser complicado… —dijo Kiro con una mueca, analizando a su oponente.
—No puedo romper esa roca con mis golpes normales.
Así que tendré que usar eso.
Dio un paso adelante, sus puños temblaban levemente, pero tomó aire y se concentró.
—La energía está en todos lados.
Nosotros la moldeamos… Como una gran luz que guía mi andar, invoco mi poder.
—Mientras recitaba estas palabras, una esfera de energía de color amarillo comenzó a formarse en su mano.
Era pequeña pero vibrante, emitiendo un resplandor cálido.
—¡Esfera Senko!
—gritó, lanzándola directamente al rocoso.
La esfera impactó de lleno cerca de su núcleo, causando una explosión que aturdió a la criatura.
Aprovechando el momento, Kiro corrió hacia el medallón y lo tomó antes de huir a toda velocidad.
—¡Ja!
¡Primero conseguido!
—exclamó mientras corría entre los árboles, sintiendo la adrenalina recorrer su cuerpo.
Se detuvo unos momentos para recuperar el aliento, apoyándose en un tronco.
—Uno menos… Dos más por conseguir.
De pronto, una nueva vibración de energía llamó su atención.
—Ahí está el siguiente… Espero que sea más fácil —murmuró, aunque sabía que la suerte rara vez estaba de su lado.
Al llegar al lugar, su entusiasmo se desvaneció al ver no uno, sino dos rocosos custodiando el medallón.
—¿En serio?
—se quejó en voz baja.
Antes de que pudiera idear un plan, los rocosos lo detectaron y comenzaron a moverse hacia él.
—Bueno, no me dejan opción.
¡A pelear!
Kiro corrió hacia uno de ellos, lanzando un puñetazo directo, pero el impacto solo le lastimó los nudillos.
—¡Auch!
¡Esto es como golpear una montaña!
—se quejó, saltando hacia atrás para evitar el contraataque.
El primer rocoso lanzó un golpe que Kiro logró esquivar, pero el segundo lo atacó por el costado, golpeándolo con fuerza y lanzándolo contra un árbol.
—¡Maldita sea!
—jadeó, levantándose con dificultad.
—No puedo con ellos así… Necesito un plan.
Se fijó en cómo los rocosos se movían.
Aunque parecían lentos, sus ataques eran coordinados.
De repente, una idea cruzó por su mente.
—Si no puedo con ellos, tal vez puedan con ellos mismos… Kiro comenzó a moverse de un lado a otro, provocando a los rocosos para que lo siguieran.
Con saltos rápidos y esquivas precisas, logró posicionarse entre ambos.
El primer rocoso lanzó un golpe que Kiro esquivó, y este impactó directamente al otro, dejando al descubierto por un momento el núcleo de ambos.
—¡Ahora o nunca!
—exclamó, juntando las manos y formando una esfera de energía mucho más grande que antes.
—¡Esfera de Luz!
—La lanzó con todas sus fuerzas hacia los dos núcleos expuestos.
La explosión destruyó sus núcleos y ambos se desarmaron, dejando la piedra en el suelo.
Kiro cayó de rodillas, agotado, pero sonrió al ver el segundo medallón entre los restos.
—Dos de tres… ¡Lo estoy logrando!
—dijo con una risa entre dientes.
Siguiendo la vibración de la energía, Kiro encontró el último medallón en un claro rodeado de árboles retorcidos.
Sin embargo, su corazón se detuvo al ver lo que lo custodiaba: una enorme serpiente oscura, con escamas negras y ojos rojos brillantes.
Emitía un aura de energía de oscuridad que hacía que todo a su alrededor pareciera más sombrío.
Kiro intentó acercarse sigilosamente, pero la serpiente detectó su presencia y se lanzó hacia él con una velocidad aterradora.
—¡Whoa!
—gritó, rodando para evitar las fauces de la criatura.
Recuperándose rápidamente, lanzó una esfera de energía hacia la serpiente, pero esta no tuvo ningún efecto.
La serpiente siseó con fuerza, mostrando sus colmillos afilados.
—Genial… Esto va a ser peor de lo que pensé.
La criatura atacó de nuevo, y Kiro intentó esquivar, pero esta vez la serpiente lo golpeó con su cuerpo, lanzándolo contra el suelo y cubriéndolo de barro.
Antes de que pudiera levantarse, la serpiente se abalanzó sobre él.
Kiro logró bloquear el ataque desviándolo con sus brazos, pero los colmillos de la criatura lograron herirlo.
Sintió un ardor intenso en el brazo y una sensación extraña que lo debilitaba rápidamente.
—¡Veneno!
—jadeó.
Su energía de luz reaccionaba negativamente, dificultándole incluso mantenerse de pie.
—No puedo rendirme ahora… —se dijo con voz débil, levantándose tambaleante.
Comenzó a correr entre los árboles, enredando a la serpiente en las ramas.
La criatura quedó atrapada momentáneamente, pero lanzó un aliento oscuro que corrompió los árboles, liberándose y yendo directo a atacar a Kiro.
Kiro no tenía tiempo para escapar, se quedó viendo como se acercaba y, por un momento, todo pareció ir más lento.
”¿Qué hago ahora?
¿Es este el final?
No… No puedo rendirme.
No aquí” Cuando la serpiente estaba a punto de alcanzarlo, Kiro dio un paso hacia el lado y, reuniendo todas sus fuerzas, lanzó un puñetazo potenciado con su energía de luz directamente al cuerpo de la serpiente.
—¡Puño Justiciero!
—gritó.
El impacto fue tan fuerte que la serpiente salió volando, estrellándose contra el suelo.
Kiro cayó de rodillas, su brazo fracturado por la potencia del golpe.
—Lo… logré… —susurró, sonriendo débilmente mientras tomaba el último medallón.
Y así, con el tercer medallón en sus manos y el cuerpo herido, Kiro entendió que el camino para cambiar su destino apenas comenzaba.
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