Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 21
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- Capítulo 21 - 21 Capítulo 21 El Misterio del Espíritu en la Herrería 33
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21: Capítulo 21: El Misterio del Espíritu en la Herrería 3/3 21: Capítulo 21: El Misterio del Espíritu en la Herrería 3/3 La luz de la luna entraba por la ventana, bañando la habitación con un resplandor tenue.
La mujer comenzó a ponerse de pie poco a poco.
A medida que lo hacía, una capa de oscuridad se desprendía de su cuerpo, cayendo al suelo y disipándose como humo.
Sus movimientos eran lentos, como si despertara de un largo sueño.
Kiro y Ryu la miraban en completo silencio.
Ryu fue el primero en romperlo.
—Ahí está… —dijo en voz baja, aún con tensión en el cuerpo—.
Ese es el espíritu maligno.
Miró a Kiro con determinación.
—¿Qué estamos esperando?
Debemos terminar con esto pronto.
Pero Kiro no se movió.
En su rostro no había emoción ni duda, solo una profunda seriedad.
—Espera.
Ryu se sorprendió.
—¿Qué?
Kiro se acercó lentamente a la mujer.
Podía verla mejor ahora.
Su rostro era pálido y hermoso bajo la luz de la luna, sus ojos reflejaban algo más que simple hostilidad.
Fue entonces cuando la reconoció.
Era la madre de Dan, el chico.
Su corazón se encogió.
—Tú… —susurró, sintiendo un nudo en la garganta—.
Lo siento.
La mujer levantó la mirada hacia él.
Su expresión cambió.
Ya no parecía perdida, sino… consciente.
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Kiro… Ryu, que hasta ese momento seguía tenso, se quedó completamente quieto.
—Espera… —miró a la mujer con más atención y también la reconoció.
—No puede ser… Era la madre de Dan.
Kiro tragó saliva y se inclinó un poco hacia ella.
—¿Me recuerdas?
—preguntó con voz suave—.
Soy el chico que venía a jugar hace años con Dan.
La mujer lo miró en silencio por unos segundos… Y entonces, volvió en sí.
Sus ojos recuperaron el brillo que antes no tenían.
Sonrió.
—Lo recuerdo… Se llevó una mano al pecho y respiró hondo.
—Gracias.
Kiro y Ryu se miraron confundidos.
—¿Por qué nos agradeces?
—preguntó Ryu con cautela.
La mujer bajó la mirada.
—Yo… me convertí en un espíritu maligno.
—¿Entonces…?
—Kiro frunció el ceño.
—Gracias a ustedes… una gran parte de esa oscuridad ha desaparecido.
El viento sopló suavemente a través de la ventana, moviendo su largo cabello.
Se veía mucho más… humana.
—Les debo mucho… —dijo con un tono cálido—.
Pero ahora… Se arrodilló frente a Kiro y Ryu.
—Por favor, no me exorcicen.
Su voz se quebró en súplica.
Kiro sintió un escalofrío.
—¿Qué?
—¡Déjenme quedarme!
—sus ojos reflejaban desesperación—.
Debo seguir aquí… con mi familia.
Ryu frunció el ceño con seriedad.
—No es una buena idea.
Sigues siendo un espíritu errante.
Aunque ahora te sientas mejor, es probable que vuelvas a perder el control.
La madre negó con la cabeza.
—No puedo hacer otra cosa… Soy su madre, debo seguir aqui.
Se giró y caminó lentamente hasta su esposo, quien aún estaba inconsciente en el suelo.
Se arrodilló a su lado y acarició su rostro con ternura.
—Debo cuidarlos… protegerlos… ver cómo crecen y viven sus vidas.
Su voz era suave y melancólica.
—No puedo irme… no ahora.
Kiro apretó los puños.
—Si sigues aquí, solo les harás daño.
La mujer se tensó.
—¡Aún no están listos!
—exclamó—.
Aún tengo que enseñarle más cosas a mi hijo… mostrarle más del mundo… Kiro sintió un peso en el pecho.
Su dolor era real.
Pero… debía hacer algo.
Se giró hacia Dan, quien aún estaba desmayado, y extendió su mano sobre él.
Un leve resplandor dorado iluminó su palma.
Kiro le transfirió un poco de su energía.
Dan comenzó a moverse lentamente… y finalmente abrió los ojos.
Su madre lo miró sorprendida.
—¿Qué… hiciste?
Kiro sonrió con confianza.
—Voy a mostrarte que Dan ya está listo para seguir adelante.
Dan parpadeó un par de veces, confundido.
—¿Qué… pasó?
Se sentó lentamente, pero su mirada se congeló cuando vio a la figura frente a él.
Su madre.
Dan se quedó completamente quieto.
Su respiración se volvió errática.
—…Mamá.
Su madre lo miró con cariño.
—Hola, mi niño.
Dan corrió hacia ella, queriendo abrazarla… Pero la atravesó.
Se tambaleó y cayó de rodillas en el suelo.
—¿Qué…?
—su voz temblaba—.
¿Por qué…?
Su madre lo miró con tristeza.
—Lo siento, cariño… No puedo abrazarte.
Dan sintió un nudo en la garganta.
—Mamá… te extraño.
Se limpió los ojos, tratando de contener sus lágrimas.
—Desde que te fuiste hace unos meses… papá y yo no podemos superarlo.
Su madre le sonrió con dulzura.
—Lo sé… pero siempre estaré con ustedes.
Dan sollozó.
Se giró hacia Kiro, como si le preguntara en silencio si ella era el espíritu maligno.
Kiro asintió lentamente.
Dan bajó la cabeza.
—Mamá… Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano.
—Si te quedas aquí… serás un espíritu maligno.
La madre cerró los ojos con pesar.
—Lo sé.
Dan la miró fijamente.
—Si te quedas… perderás el control otra vez.
La mujer desvió la mirada.
—Lo sé.
Pero aún no estás listo para esto solo… Su voz se quebró.
—Aún hay tantas cosas que debo enseñarte… tantas cosas que quería mostrarte… Dan sollozó.
—Mamá… Se mordió los labios con fuerza, temblando.
—Si te quedas así… no podrás protegernos.
Levantó la mirada con determinación.
—Nos pondrías en peligro.
Su madre abrió los ojos con sorpresa.
Dan tenía razón.
Si se quedaba… tarde o temprano volvería a ser un peligro para ellos.
Kiro y Ryu miraban la escena en silencio.
Era un momento que solo Dan y su madre podían decidir.
El silencio en la habitación era casi irreal.
La madre de Dan flotaba con su presencia etérea, observando a su hijo con una mezcla de amor y desesperación.
—No importa lo que digas… —su voz sonaba frágil, casi como un susurro arrastrado por el viento—.
Seguiré aquí.
Sus manos temblaban mientras las extendía hacia Dan.
—Soy tu madre… mi deber es cuidarlos por siempre.
Si puedo quedarme por toda la eternidad, lo haré.
Dan apretó los puños, con lágrimas corriendo por su rostro.
—Mamá… ya no puedes seguir aquí.
Su voz se quebró, pero se obligó a mantenerse firme.
—Lo que queda de tu energía… debe irse al más allá.
Es la única forma en la que puedas descansar de verdad.
Su madre negó con la cabeza, dando un paso hacia atrás.
—No quiero descansar.
No puedo… no puedo dejarte solo.
Dan la interrumpió antes de que pudiera seguir.
—Te quiero, mamá.
La mujer abrió los ojos con sorpresa.
Dan temblaba de tristeza.
—Papá también te extraña… pero nunca te olvidaremos.
Siempre te llevaremos en nuestro corazón.
Sus hombros temblaron cuando soltó un sollozo ahogado.
—Aprenderé… enfrentaré lo que tenga delante.
Seguiré adelante.
Levantó la cabeza con decisión, aunque sus lágrimas seguían cayendo.
—Voy a convertirme en alguien mejor… gracias a todo lo que me enseñaste.
Su madre lo miró con un dolor indescriptible.
—Dan… —Me encantaría que te quedaras… —su voz era suave, quebrada—.
Me gustaría que me vieras crecer.
Que vieras cómo papá y yo seguimos adelante, cómo superamos esto juntos.
Su madre solo lo miraba, con los ojos llenos de tristeza.
—Podrías ver cómo consigo mi primer trabajo… cómo conozco a alguien especial.
Dan tragó saliva, su rostro empapado en lágrimas.
—Podrías ver cómo me caso, cómo tengo hijos… podrías ver cómo papá se hace viejo y se aman por siempre, pero aún así sigue adelante, recordándote con amor… Hizo una pausa, mirándola directamente a los ojos.
—Pero eso ya no es posible.
Su madre sintió que su corazón se rompía.
Dan miró la habitación a su alrededor.
—Mira cómo está todo… —dijo con la voz temblorosa—.
La casa se ha vuelto oscura.
Bajó la mirada, sintiéndose pequeño.
—Papá ya no puede seguir trabajando como antes… nada ha sido igual desde que te fuiste y ser un espíritu maligno empeora las cosas.
Volvió a mirarla, con determinación en sus ojos.
—No podemos seguir así.
—Pero yo… —su madre temblaba, sus labios entreabiertos.
Dan cerró los ojos con fuerza, derramando más lágrimas.
—Estoy listo para seguir adelante.
El aire se volvió ligero de repente.
Las palabras de Dan habían roto algo en su madre.
Ella bajó la mirada… y sonrió con tristeza.
—Mi pequeño… Su voz era suave, cálida, como la de una madre que finalmente había entendido.
El viento nocturno sopló a través de la ventana, moviendo su cabello como si la estuviera llamando.
Miró a Kiro y Ryu, y asintió con serenidad.
—Está bien.
Sus ojos reflejaban resignación… pero también amor.
—Haré lo que sea mejor para mi hijo.
Levantó una mano y la apoyó suavemente en su pecho.
—Es mi deber como madre… hacer lo mejor para él.
Se giró hacia Kiro y Ryu.
—Por favor… háganlo.
Kiro y Ryu se miraron.
Ryu tragó saliva, sintiendo una presión en el pecho.
—Esto… esto es lo correcto, ¿verdad?
Kiro, con los ojos vidriosos, asintió lentamente.
—Sí… lo es.
Respiró hondo y levantó una mano.
—Lo haremos poco a poco.
Ryu clavó su cuchillo rúnico en el suelo una vez más, activando el sello de energía.
La madre de Dan comenzó a brillar suavemente.
Su cuerpo se volvió más tangible por un momento.
Se giró hacia su hijo y le dedicó una última sonrisa.
—Dan… antes de irme… quiero pedirte un último favor como madre.
Dan, con el rostro empapado en lágrimas, asintió en silencio.
Ella se acercó y acarició suavemente su mejilla.
—A partir de ahora… sé fuerte.
La luz que la envolvía se intensificó.
—Come bien y ordena siempre tu cuarto.
Dan soltó una risa ahogada entre su llanto.
—Lo haré… —Sé una buena persona.
Ayuda a los que puedas y haz muchos amigos.
Dan asintió frenéticamente.
—Sí… sí, lo haré… La luz se hizo aún más brillante.
—Conoce a alguien especial algún día.
Cumple todos tus sueños y metas.
Dan lloró con fuerza.
—Te lo prometo… Su madre sonrió con ternura.
—Pero, sobre todo… Su voz fue suave, cargada de un amor infinito.
—Sé feliz.
Dan no pudo aguantar más y se lanzó hacia ella.
Ambos se abrazaron con fuerza.
Por un instante… ella se sintió completamente real.
Pero poco a poco… Dan comenzó a quedarse dormido.
La energía que Kiro le había prestado se acababa.
Su madre lo sostuvo con cariño y lo acostó en el suelo suavemente.
—Duerme bien, mi pequeño… Se puso de pie y miró a Kiro con gratitud.
—Gracias.
Kiro se mordió el labio con fuerza para contener el llanto.
—Por darme tiempo… para despedirme.
Su expresión era serena, como si finalmente estuviera en paz.
Se acercó a Kiro y colocó una mano en su frente.
—Eres un buen chico, Kiro… sé que algún día serás un gran exorcista.
Kiro sollozó.
—Y lograrás cumplir tus sueños.
Le dedicó una última sonrisa… Y entonces, su luz comenzó a disiparse en el aire.
Las partículas de su ser se elevaron lentamente, desvaneciéndose con la luz de la luna.
El viento sopló suavemente, como si se la llevara consigo.
Kiro no pudo aguantar más.
Las lágrimas rodaron por sus mejillas.
No era tristeza… era melancolía.
Ryu, en silencio, también apretó los puños.
No había palabras que decir.
Cuando la última partícula de luz desapareció… La habitación quedó en completo silencio.
El espíritu se había ido.
Pero su amor… siempre permanecería en los corazones de quienes la amaban.
Y así acabó, “El misterio del espíritu en la herrería”
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com