Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 22
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- Capítulo 22 - 22 Capítulo 22 Rumbo a Xaos la Nación de la Libertad
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22: Capítulo 22: Rumbo a Xaos, la Nación de la Libertad 22: Capítulo 22: Rumbo a Xaos, la Nación de la Libertad El sol de la mañana iluminaba las ventanas del aula mientras los estudiantes charlaban animadamente.
Ya casi era el inicio de las vacaciones de verano, y el ambiente en la escuela se sentía más relajado.
Kiro estaba recostado sobre su escritorio, descansando la cabeza en sus brazos.
Después de todo lo que había pasado, era bueno tener un día tranquilo.
Pero entonces, Dan se acercó a él con una gran sonrisa.
—¡Kiro!
Kiro levantó la cabeza, sorprendido.
—Oh, Dan.
¿Qué pasa?
Dan sacó dos pequeñas bolsas de su mochila y se las extendió.
—Quería darte esto como agradecimiento por todo lo que hiciste en mi casa.
Las hice esta mañana, son galletas.
Los ojos de Kiro brillaron con emoción.
—¡¿En serio?!
¡Qué genial!
Tomó las bolsas con entusiasmo.
—Y esta… —Dan señaló la otra bolsa— es para tu ayudante.
Kiro sonrió de inmediato.
—Oh, no te preocupes, se la haré llegar.
Dan asintió con una leve reverencia.
—Gracias, Kiro.
Nunca olvidaré lo que hiciste por mi familia.
Kiro le revolvió el cabello con una sonrisa confiada.
—Para eso estamos.
Mientras tanto, Ryu observaba la escena desde el fondo del aula, curioso.
No esperaba que alguien lo estuviera mirando.
De pronto, Kiro apareció frente a él y le pasó una de las bolsas.
—Toma.
Ryu parpadeó.
—¿Eh?
Kiro sonrió.
—Las hizo Dan en agradecimiento.
Quiere darle las gracias en persona a mi “ayudante”.
Ryu se puso nervioso.
—No… no era necesario.
—¡Claro que sí!
—Kiro se cruzó de brazos—.
Me ayudaste un montón.
Ryu miró la bolsa y tomó una galleta con timidez.
Dio un pequeño mordisco… y sus ojos se iluminaron.
—Están… muy buenas.
Kiro se rió.
—Lo sé, ¡Ese chico es un genio en la cocina!
Ryu masticó en silencio por un momento, luego miró a Kiro con seriedad.
—Sabes… se siente bien ayudar a los demás.
Kiro asintió con fuerza.
—Por supuesto.
Siempre que podamos, debemos hacerlo.
Nunca debemos rechazar a alguien en apuros.
Ryu lo miró pensativo.
—Kiro… Kiro se giró hacia él con una gran sonrisa.
—¡Hagamos un juramento!
—¿Eh?
Kiro extendió su mano.
—La promesa será: que siempre ayudaremos a los que lo necesiten, para así ser los mejores exorcistas.
Ryu lo miró con sorpresa.
Al principio, no supo qué decir.
Pero luego… algo dentro de él se sintió inspirado.
Lentamente, extendió su mano y la chocó contra la de Kiro.
—Lo prometo.
Kiro sonrió con emoción.
—¡Genial!
Mientras ambos se reían, la campana de la escuela sonó, marcando el fin de la jornada.
Los días pasaron con normalidad, hasta que llegó el día en que las vacaciones de verano habían comenzado.
El Primer Día de Vacaciones, Kiro dormía profundamente en su cama.
El sol ya estaba alto, pero él no tenía intenciones de levantarse.
—Mmm… vacaciones… —murmuró en sueños.
De pronto, la puerta de su cuarto se abrió de golpe.
—¡Kiro, despierta!
Kiro gruñó y se dio la vuelta.
—Mmm… Airi, estamos de vacaciones… déjame dormir un rato más.
Airi infló las mejillas con un puchero.
—¡Pero tenemos visita!
Kiro apenas levantó un ojo.
—Dile que estoy muerto.
Airi cruzó los brazos y se acercó a su cama.
—Si no te levantas… voy a decirle a Hunk que te saque de la cama a la fuerza.
Kiro abrió los ojos de golpe.
—¿Hunk?
Se incorporó rápidamente.
—¡¿Por qué no lo dijiste antes?!
Airi rió mientras Kiro se levantaba de mala gana, revolviendo su cabello.
—Ya voy… Bajó las escaleras, aún con sueño… pero se detuvo en seco cuando vio a Hunk en la cocina.
El exorcista estaba preparando un café mientras sostenía una bolsa de papel con más granos recién comprados.
Al ver a Kiro, sonrió tranquilamente.
—Buenos días, dormilón.
Kiro bostezó y se frotó los ojos.
—Buenos días… ¿Qué haces aquí tan temprano?
Hunk tomó un sorbo de su café y se sentó en la mesa con calma.
—Bueno, ya que están de vacaciones, tienen más tiempo libre… Hizo una pausa dramática.
—Y quería comentarles algo.
Kiro levantó una ceja.
—¿Algo importante?
Hunk le hizo un gesto para que se acercara.
—Primero desayunamos, luego hablamos.
Kiro se encogió de hombros y comenzó a preparar el desayuno junto a Hunk.
Mientras cocinaban, Kiro olió el café que Hunk había traído.
—Eso huele muy bien.
Hunk sonrió.
—Lo compré en una tienda que abrió hace unos días.
Tienen muy buen café.
Airi miró a Hunk con curiosidad.
—¿No es muy temprano para café amargo?
Hunk se rió.
—Nunca es temprano para un buen café.
Los tres se sentaron juntos a desayunar, disfrutando de un momento familiar.
Pero cuando terminaron, Hunk se puso serio.
—Bueno… ahora sí a lo que vine.
Airi y Kiro se miraron con expectación.
—Vine aquí para decirles algo importante.
Los dos se pusieron serios también.
Hunk los miró por un momento… Y entonces, su rostro estalló en emoción.
—¡Nos vamos de viaje fuera de la nación!
Los ojos de Kiro y Airi brillaron de inmediato.
—¡¿EN SERIO?!
—gritaron al unísono.
Hunk se rió.
—Sí.
Me asignaron una misión en el Pueblo Omori, en la nación de Xaos.
Y me acordé de que querían viajar, así que… Hizo una pausa dramática.
—Vamos a aprovechar la oportunidad.
Airi saltó emocionada.
—¡Vamos a viajar!
¡Vamos a viajar!
Kiro apretó los puños con emoción.
—¡Sí!
¡Por fin saldré de Alfhaim!
Hunk sonrió con diversión y preguntó con voz burlona.
—¿O acaso no están interesados?
Airi y Kiro se miraron y gritaron al mismo tiempo.
—¡ES DE VIDA O MUERTE, TENEMOS QUE IR!
Hunk soltó una gran carcajada.
—Bien, bien.
Entonces apúrense.
Se cruzó de brazos con una sonrisa confiada.
—De aquí a la tarde quiero sus maletas listas… porque ya llevo varios días de retraso.
Kiro se congeló.
—¡¿Cómo que retraso?!
Hunk se encogió de hombros.
—Bueno… ya sabes.
Cosas de exorcistas.
Kiro y Airi se miraron y rápidamente corrieron a empacar.
La aventura fuera de Alfhaim estaba a punto de comenzar y debían prepararse como pudieran.
El día pasó volando mientras Kiro y Airi se apresuraban a empacar sus cosas.
Ambos corrían de un lado a otro de la casa, revisando que no olvidaran nada.
Airi doblaba su ropa con cuidado y organizaba todo perfectamente, mientras que Kiro simplemente metía lo que encontraba en su maleta sin mucho orden.
—Kiro… así no se empaca.
—dijo Airi, mirándolo con desaprobación.
Kiro, sosteniendo su bolso ya lleno hasta el tope, se encogió de hombros.
—¡Mientras cierre, está bien!
Airi suspiró y sacó algunas cosas de la maleta de Kiro para organizarlas mejor.
—Menos mal que estoy aquí… Cuando finalmente terminaron, ambos dejaron sus maletas listas junto a la puerta.
Ya estaba cayendo la tarde cuando alguien tocó la puerta.
¡Toc, toc!
Kiro corrió a abrir y vio a Hunk de pie en la entrada, con su uniforme habitual y un cigarro en la boca.
—Bueno, ¿listos?
Kiro y Airi estaban frente a él con sus maletas, ambos con una expresión de emoción pura.
—¡Más que listos!
—gritó Kiro.
—¡Estoy emocionada!
—Airi apretó los puños con ilusión.
Hunk soltó una risa.
—Entonces vámonos antes de que se nos haga más tarde.
Los tres partieron hacia la estación.
El centro de la ciudad estaba iluminado por los faroles que iluminaban suavemente las calles.
La gente iba y venía por las calles adoquinadas, y los mercados empezaban a abrir.
Después de caminar un rato, llegaron a la Estación del Tren Infinito.
La estructura del tren era imponente.
Tenía un diseño elegante, con un cuerpo metálico negro y dorado que reflejaba la luz de los faroles.
Sus puertas estaban adornadas con inscripciones rúnicas que brillaban tenuemente, dándole un aire de misticismo.
Kiro miró el tren con emoción.
—¡Vaya, nunca me canso de ver esto!
Airi, quien nunca había viajado en el Tren Infinito, estaba fascinada.
—Es… enorme.
—¡Y lo mejor es que se mueve con magia!
—dijo Kiro con entusiasmo.
Hunk se rió y le dio un golpecito en la cabeza.
—No es solo magia, chico.
Es una mezcla de energía y tecnología avanzada.
Airi lo miró con curiosidad.
—¿Entonces no es magia pura?
Hunk negó con la cabeza.
—No.
Los motores del Tren Infinito están hechos con cristales especiales altamente refinados que generan energía sin necesidad de combustibles tradicionales.
Básicamente, funciona con una energía pura canalizada a través de una red de circuitos de alta tecnología.
Kiro parpadeó.
—…Eso suena complicado.
Hunk rió.
—Lo es, pero para la gente normal es más fácil decir que es magia.
Los tres subieron al tren rápidamente, ya que Hunk ya tenía los boletos comprados.
Se acomodaron en su vagón y Airi no dejaba de mirar a su alrededor con emoción.
—Es mucho más cómodo de lo que imaginaba.
El tren era espacioso, con asientos de terciopelo y ventanales enormes que permitían ver el paisaje con claridad.
—Lo mejor es cuando empieza a moverse.
—dijo Kiro con una sonrisa.
Justo en ese momento, un leve temblor recorrió el tren y un pitido resonó por los pasillos.
¡Piiiiiiiiiii!
Las luces parpadearon suavemente y, poco a poco, el tren comenzó a moverse.
Airi se pegó a la ventana, emocionada.
—¡Nos estamos moviendo!
Kiro rió.
—Y esto es solo el comienzo.
A medida que el tren se alejaba de la ciudad, el paisaje urbano desapareció rápidamente.
Los edificios fueron reemplazados por la costa dorada, donde las olas brillaban bajo el atardecer.
—Miren eso… —susurró Airi con asombro.
Kiro apoyó la cabeza en la ventana.
—Sí… es increíble.
Conforme avanzaban, dejaron la costa atrás y entraron en los profundos bosques y colinas.
Los árboles centenarios se extendían hasta donde la vista alcanzaba, y el verde del paisaje se volvía cada vez más vibrante.
Después de un rato, la enorme cordillera que separaba Alfhaim de Xaos apareció en el horizonte.
—Ahí está la frontera.
—dijo Hunk, señalando las montañas—.
Una vez que crucemos, estaremos en Xaos.
El tiempo pasó rápido mientras Kiro y Airi jugaban en sus asientos para pasar el rato.
—¡El que pierda en piedra, papel o tijeras le compra un dulce al otro en la próxima estación!
—declaró Kiro.
—¡Acepto!
—dijo Airi con determinación.
Jugaron varias rondas y Airi terminó ganando la mayoría.
—¡Eso es trampa!
—protestó Kiro.
—¡No es mi culpa que seas malo en este juego!
—se burló Airi.
La noche cayó rápidamente y el tren llegó a la estación del Pueblo Vins, el último punto de control antes de cruzar a Xaos.
De repente, varios policías abordaron el tren para realizar inspecciones.
—Atención pasajeros, por favor tengan sus documentos listos.
—dijo uno de los oficiales.
Kiro sintió un escalofrío.
—E-espera… ¿Documentos?
Se giró hacia Hunk con pánico.
—¡No saqué mi pasaporte!
Hunk le dio un manotazo en la cabeza con tranquilidad.
—Relájate, los exorcistas tenemos un pase especial.
Cuando los oficiales llegaron a su vagón, Hunk mostró su credencial de exorcista y su pasaporte.
El oficial revisó los documentos y asintió.
—Todo en orden, pueden continuar.
Kiro suspiró de alivio.
—Casi me da un infarto.
Airi rió.
—Debiste haber sacado tu pasaporte antes.
El tren reanudó su viaje.
Poco a poco, el paisaje comenzó a cambiar.
Los bosques de Alfhaim, con sus árboles densos y terrenos montañosos, fueron reemplazados por bosques más abiertos y brillantes.
La vegetación era más colorida, las flores se extendían como un manto sin fin, y el aire se sentía más fresco y limpio.
—Todo se ve… más vivo.
—murmuró Airi con asombro.
Kiro y Airi, agotados por la emoción del día, se quedaron dormidos en sus asientos mientras el tren avanzaba por el vasto territorio de Xaos.
Cuando el sol comenzó a salir en el horizonte, el tren llegó a su destino.
Pueblo Omori.
Kiro y Airi despertaron lentamente cuando Hunk los sacudió suavemente.
—Llegamos, chicos.
Ambos miraron por la ventana y vieron el nuevo paisaje que los esperaba.
La aventura en Xaos… estaba a punto de comenzar.
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