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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 23

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  4. Capítulo 23 - 23 Capítulo 23 Bienvenidos a Omori 12
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23: Capítulo 23: Bienvenidos a Omori 1/2 23: Capítulo 23: Bienvenidos a Omori 1/2 El aire fresco de la mañana recibió a Kiro y Airi en cuanto bajaron del Tren Infinito.

Ambos miraron fascinados a su alrededor, sintiendo el cambio de ambiente de inmediato.

Omori era un pueblo grande, vibrante y lleno de vida.

Los rayos del sol recién salido se filtraban entre los árboles, iluminando con suavidad las casas y edificios que parecían brillar con un resplandor cálido.

El color predominante en todo el paisaje era el verde, desde los bosques que rodeaban el pueblo hasta los techos de las casas y los letreros de los comercios.

—Wow… —susurró Airi, con los ojos brillando de emoción.

—Esto es increíble… —añadió Kiro, impresionado.

Hunk, quien estaba a su lado con una mano en la cintura, sonrió al ver sus expresiones.

—Bienvenidos a Omori.

Kiro y Airi seguían con la mirada cada detalle del pueblo mientras caminaban tras Hunk.

Las calles eran de piedra lisa, los negocios y restaurantes tenían letreros de madera tallada, y los edificios parecían una fusión de arquitectura rústica y moderna.

El aire era puro y limpio, con un ligero aroma a flores y a madera húmeda.

Kiro notó que algunas casas tenían estructuras elevadas con pilares de piedra, como si estuvieran diseñadas para resistir terremotos o fuertes lluvias.

—Esto se ve muy diferente a Alfhaim.

—comentó Airi, maravillada.

—Sí… pero a la vez, se siente familiar.

—agregó Kiro.

Hunk asintió.

—Xaos es una nación con una cultura muy rica.

Su arquitectura y forma de vida son diferentes a las de Alfhaim, pero su espíritu es el mismo.

Aquí valoran mucho la naturaleza y la comunidad.

Airi miró a su alrededor con curiosidad.

—Es muy bonito… todo se ve tan verde.

—El verde es el color de Xaos.

—dijo Hunk—.

Simboliza la vida, la libertad y la conexión con la tierra…

o eso creo.

Kiro sonrió.

—Es un buen color.

Hunk los guió hacia las afueras del pueblo, donde se encontraba una gran casa de estilo rústico.

La estructura era amplia, de madera gruesa y con un techo de tejas oscuras.

Grandes pilares sostenían el porche delantero, donde algunas macetas con flores de colores colgaban con gracia.

Hunk se acercó a la puerta y tocó con firmeza.

¡Toc, toc!

Pasaron unos segundos antes de que la puerta se abriera lentamente.

Una abuelita de cabello gris recogido en un moño los observó con una sonrisa amable.

Sus ojos, pequeños y brillantes, se posaron en Hunk y luego en su uniforme.

Al leer la palabra “Exorcista” bordada en la tela, sus cejas se alzaron con sorpresa.

—Oh, vaya… —dijo la anciana con un tono dulce—.

Así que finalmente han llegado.

Se hizo a un lado y les hizo un gesto para que entraran.

—Pasen, pasen, los estaba esperando.

Kiro y Airi entraron con curiosidad, seguidos por Hunk.

El interior de la casa era impresionante.

Parecía un santuario.

Pasillos largos y de madera se extendían en varias direcciones, conectando habitaciones y salones con puertas corredizas de papel.

El suelo era suave y pulido, y los corredores estaban decorados con faroles colgantes que emitían una luz tenue y cálida.

Algunas ventanas grandes dejaban ver un jardín interior con pequeños estanques y puentes de piedra.

—¡Esto es enorme!

—exclamó Kiro.

Airi miró alrededor con asombro.

—¿Vivimos en una mansión ahora?

Hunk rió.

—No exactamente.

Se giró hacia la abuela con una sonrisa.

—Lamento la demora.

La anciana negó con la cabeza con dulzura.

—No llegaste tarde, joven… llegaste en el momento adecuado.

Hunk sonrió y asintió.

—Entonces, gracias por recibirnos.

—Mi casa es un sitio para todos.

—dijo la anciana con orgullo—.

No solo es mi hogar, sino un sitio turístico.

Aquí la gente viene a quedarse los días que quiera y a encontrar paz.

—Eso explica por qué es tan grande… —susurró Kiro.

La anciana les hizo una señal para que la siguieran.

—Vamos, les mostraré sus habitaciones.

Caminaron por un pasillo largo hasta llegar a una sección donde había varias puertas alineadas.

La anciana extendió un brazo.

—Pueden elegir la habitación que más les guste.

Antes de que pudiera terminar la frase, Kiro y Airi corrieron a toda velocidad para escoger sus cuartos.

—¡Este es mío!

—gritó Kiro, señalando una puerta al azar.

—¡Pues este es el mío!

—dijo Airi, entrando en la habitación de al lado.

Hunk suspiró y miró a la anciana con una sonrisa.

—Ya se están acomodando bien.

La anciana soltó una risa ligera.

—Es bueno ver jóvenes con tanta energía.

Hunk se inclinó levemente en señal de respeto.

—Agradezco mucho que nos deje quedarnos unos días aquí.

La anciana agitó la mano con tranquilidad.

—No tienes que agradecerme.

Mi hogar está abierto para todos los viajeros… y más aún para los exorcistas.

Hunk sonrió.

—Aun así, lo aprecio.

Tras unos momentos de descanso, Hunk cambió su expresión a una más seria.

—Disculpe pero… necesito que me muestre el lugar del ritual.

La anciana también adoptó una expresión solemne.

—Por supuesto.

Le hizo un gesto para que la siguiera.

—Ven conmigo, te mostraré el sitio donde se realizará.

Hunk la siguió hasta el exterior de la casa, dejando a Kiro y Airi explorando el lugar, sin saber aún lo que les esperaba en este nuevo viaje.

El aire en el bosque era fresco y húmedo, con el aroma de la madera y la tierra mezclándose con la brisa.

El sendero de piedra que seguían estaba bien marcado, rodeado de árboles frondosos cuyas hojas susurraban con el viento.

Después de caminar un rato, llegaron a un claro donde una gran tablilla de piedra se alzaba en el centro.

Las runas talladas en su superficie brillaban con un leve resplandor tenue, como si su energía se estuviera agotando lentamente.

—Aquí es.

—dijo la anciana, señalando la tablilla.

Hunk se acercó con paso firme y pasó la mano sobre la piedra, inspeccionándola con atención.

—Mmm… —murmuró.

Las runas estaban desgastadas, y la energía que contenían era inestable.

—No le queda mucho tiempo antes de que la protección desaparezca.

—comentó Hunk con seriedad.

Se giró hacia la anciana con los brazos cruzados.

—¿Cuántas más hay?

La anciana se acercó a él.

—En total hay cuatro tablillas.

Todas están ubicadas en diferentes puntos alrededor de la casa, dentro del bosque.

Hunk suspiró y se pasó una mano por el cabello.

—Supuse que sería algo así.

Tendré que restaurar las protecciones en cada una… Miró el cielo, notando que el sol aún estaba alto.

—Esta noche comenzaré con los rituales, me tomará 4 noches terminarlo.

La anciana lo miró con preocupación.

—¿No sería mejor que descansaras un poco más?

Hunk sonrió levemente.

—Eso es lo que haré.

Voy a aprovechar la tarde para descansar y, cuando caiga la noche, me ocuparé de esto.

La anciana asintió lentamente.

—Es un trabajo peligroso… los Noxs salen a cazar cuando la noche cae.

Hunk encendió un cigarro y exhaló el humo con calma.

—Lo sé… pero precisamente por eso hay que hacerlo en ese momento.

Su mirada se endureció.

—No quiero correr el riesgo de que la protección se apague justo cuando ellos estén más activos.

La anciana lo observó en silencio por unos segundos, luego sonrió con comprensión.

—Muchas gracias exorcista, te lo encargo.

Hunk rió suavemente.

—Solo hago mi trabajo.

Se giró hacia la tablilla y la tocó una vez más, sintiendo la energía débil que emanaba de ella.

Había mucho por hacer antes de que la noche cayera.

Mientras tanto, en la casa de la anciana, Kiro había terminado de ordenar su habitación.

—Bien… —se estiró y miró a su alrededor—.

Supongo que eso es todo.

Había sacado la ropa necesaria, guardado su bolsa con algunos artículos personales y colocado su vendaje en el brazo con más cuidado.

Pero ahora estaba aburrido.

Muy aburrido.

Se dejó caer en la cama con los brazos abiertos.

—¿Y ahora qué hago…?

Tras unos segundos, se levantó de golpe con una idea.

—¡Voy a explorar!

Salió de su habitación y empezó a recorrer la enorme mansión.

Los pasillos eran largos y tranquilos, con puertas corredizas de madera y papel que daban un aire tradicional.

El suelo de madera crujía suavemente bajo sus pasos, pero el ambiente era acogedor.

Después de caminar un rato, encontró una puerta corrediza diferente a las demás.

—¿A dónde llevará esto…?

Con curiosidad, la deslizó hacia un lado y se encontró con un jardín interior.

Era hermoso.

Había pequeños estanques con peces de colores, un sendero de piedra rodeado de plantas aromáticas y un árbol en el centro que parecía muy antiguo.

Pero lo que más le llamó la atención fue un gran bloque de piedra con runas grabadas en su superficie.

—¿Qué es esto…?

Se acercó lentamente y pasó la mano sobre las inscripciones.

Las runas estaban profundamente talladas, con un brillo muy sutil que apenas podía percibirse bajo la luz del sol.

Intentó leerlas… pero no entendía nada.

—Tch… ojalá hubiera prestado más atención en clase cuando hablaban de esto.

Se cruzó de brazos y frunció el ceño.

—Aunque… hay algo en estas runas que me llama la atención…

Por instinto, posó la palma de su mano sobre la piedra.

El aire pareció volverse más denso.

—Oye.

Una voz sonó detrás de él.

Kiro saltó del susto y cayó de espaldas al suelo.

—¡¿Gwah?!

Se quedó mirando hacia arriba, atónito.

Frente a él, de pie con una expresión curiosa, estaba una chica de cabello rosa y ojos azules.

Era hermosa.

Su cabello largo caía en suaves ondas, y sus ojos brillaban como el cielo despejado.

Su expresión era serena, pero tenía un aire de misterio en su mirada.

Por unos segundos, Kiro se quedó completamente congelado.

—… La chica lo miró con preocupación.

—¿Estás bien?

Kiro reaccionó de golpe y se levantó rápidamente.

—¡S-sí!

¡Todo bien!

Se sacudió la ropa, intentando parecer tranquilo.

—Solo… me tomaste por sorpresa.

La chica sonrió ligeramente.

—Lo siento si te asusté.

Kiro carraspeó, intentando recuperar la compostura.

—N-no pasa nada… La chica desvió la mirada hacia la piedra con runas.

—¿Sabes cómo funciona esto?

Kiro miró la roca y luego a ella.

—No… en realidad, ni siquiera sé qué es.

La chica asintió lentamente.

—Es un sello protector.

Impide que los Noxs se acerquen a este lugar.

Kiro abrió los ojos con sorpresa.

—¿En serio?

—Sí.

Pero… —la chica lo miró con una expresión seria—.

Lo mejor sería que no te acerques demasiado.

—¿Por qué?

La chica se cruzó de brazos.

—Si tocas algo que no debes, podrías romper el sello o desactivarlo por accidente.

Y créeme, eso sería un gran problema.

Kiro se rascó la cabeza, incómodo.

—Entiendo… entonces mejor no lo toco.

Se quedaron en silencio por unos segundos.

Kiro miró a la chica con curiosidad.

—Por cierto… ¿Cuál es tu nombre?

La chica lo miró con una leve sonrisa.

—Hikari Natsuki.

Pero puedes llamarme Hika.

Kiro sonrió de vuelta.

—Buen nombre.

Hika inclinó la cabeza levemente.

—Gracias.

—Yo me llamo Kiro.

—Lo sé.

Kiro parpadeó.

—¿Eh?

¿Cómo lo sabes?

Hika rió suavemente.

—Escuché a mi abuelita mencionarlo antes de que llegaran.

Kiro se cruzó de brazos y la miró con interés.

—Así que… vives aquí, ¿verdad?

Hika asintió.

—Sí, llevo un tiempo en esta casa.

Kiro sonrió con entusiasmo.

—¡Entonces seremos compañeros en esta casa por un tiempo!

Hika lo miró por un segundo y luego rió levemente.

—Parece que sí.

Kiro sintió una extraña sensación de emoción.

No sabía por qué… pero tenía el presentimiento de que su encuentro con Hika lo ayudaría en algo.

El aire fresco del jardín aún flotaba en el ambiente cuando Hika miró su reloj en la mano izquierda y suspiró levemente.

—Oh, ya es tarde.

Kiro, quien aún observaba la roca con runas, se giró con curiosidad.

—¿Tienes que ir a algún lado?

Hika asintió con una sonrisa ligera.

—Sí, tengo que hacer algo.

Se giró para marcharse, pero antes le lanzó una última mirada a Kiro.

—Nos veremos luego, Kiro.

Kiro parpadeó.

—¡Oh, sí!

Nos vemos, Hika.

La vio alejarse hasta perderse entre los pasillos de la mansión.

Se quedó en silencio por unos segundos, luego volvió a mirar la piedra con runas.

—Así que esto es lo que mantiene alejados a los Noxs… —murmuró para sí mismo.

Tocó su propio vendaje en el brazo derecho y frunció el ceño ligeramente.

—Parece importante… Finalmente, sacudió la cabeza.

—Pero no entiendo nada de esto.

Se estiró y dejó escapar un bostezo.

—¿Y ahora qué hago…?

El aburrimiento lo golpeó de nuevo.

Se agarró la cabeza con ambas manos.

—¡Ugh, necesito hacer algo!

Justo en ese momento, una voz familiar lo llamó.

—¡Kiro!

Se giró y vio a Airi acercándose con una sonrisa.

—Te estaba buscando.

Kiro bajó los brazos y la miró con curiosidad.

—¿Qué pasa?

Airi se cruzó de brazos con expresión resuelta.

—Aprovechemos que estamos en un lugar nuevo y vayamos a visitar el pueblo.

Kiro sonrió ampliamente.

—¡Buena idea!

Ya me estaba muriendo de aburrimiento.

Airi se rió.

—Lo supuse.

Sin perder más tiempo, ambos salieron de la mansión de la anciana y se dirigieron hacia el centro del pueblo Omori.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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