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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 24

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  4. Capítulo 24 - 24 Capítulo 24 Bienvenidos a Omori 22
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24: Capítulo 24: Bienvenidos a Omori 2/2 24: Capítulo 24: Bienvenidos a Omori 2/2 El pueblo se veía aún más impresionante a plena luz del día.

Las casas de madera con techos de tejas verdes resaltaban bajo el sol matutino, y la brisa fresca traía consigo el aroma a pan recién horneado y flores silvestres.

Sin embargo, como aún era temprano, la mayoría de los puestos y tiendas seguían cerrados.

Kiro miró a su alrededor con los brazos detrás de la cabeza.

—Parece que llegamos demasiado pronto… Airi también inspeccionó el lugar con curiosidad.

—Bueno, al menos podemos ver cómo es antes de que todo se llene de gente.

Mientras caminaban, notaron que una vieja cafetería estaba abierta.

—¡Mira, Kiro!

Esa cafetería está abierta.

—¿En serio?

—Kiro la observó y su estómago gruñó ligeramente.

Airi suspiró y rió.

—Eso responde mi pregunta.

Vamos.

Ambos entraron a la cafetería.

El lugar tenía un ambiente cálido y acogedor.

Las mesas eran de madera pulida, las paredes estaban adornadas con cuadros antiguos y el aroma del café flotaba en el aire.

En la caja, un anciano con barba gris y un delantal los recibió con una sonrisa.

—¡Buenos días, jovencitos!

¿Qué los trae por aquí tan temprano?

Kiro se apoyó en el mostrador con una gran sonrisa.

—Buscamos algo para desayunar.

El anciano señaló una pizarra detrás de él, donde estaban escritos los precios y los artículos del menú.

Kiro leyó la lista con atención.

—Mmm… yo quiero un capuchino y un sándwich de pollo.

Airi sonrió y se acercó.

—Yo quiero un capuchino de caramelo y… un trozo de pastel de mora.

El anciano asintió y comenzó a preparar sus pedidos.

Después de unos minutos, Kiro y Airi tomaron sus bandejas y se sentaron en una mesa en el exterior.

El pueblo ya comenzaba a despertar.

Las calles poco a poco se llenaban de personas abriendo sus negocios, los sonidos de los primeros carros de transporte resonaban suavemente en la distancia y las campanas de la plaza principal marcaban la hora.

Airi tomó un sorbo de su café y suspiró con satisfacción.

—Aunque sean naciones distintas… la gente sigue siendo la misma.

Kiro masticó su sándwich pensativo y asintió.

—Es cierto.

Todos tienen sus propias costumbres, pero al final del día, todos somos personas.

Airi sonrió levemente.

—Eso me gusta.

Terminaron su desayuno y continuaron explorando el pueblo, hasta que llegaron a la plaza principal.

Era un gran parque con una fuente de agua en el centro.

Los árboles altos brindaban sombra, y algunos niños corrían jugando entre las bancas de piedra.

Airi miró la fuente con fascinación.

—Es hermosa… Kiro se estiró y miró a su alrededor.

—Este pueblo es más grande de lo que pensaba.

Después de un rato de caminar, decidieron volver a la casa de la anciana.

Sin embargo, antes de entrar, Kiro sintió algo extraño.

Se detuvo en seco y miró hacia los árboles del bosque cercano.

Airi lo notó.

—¿Qué pasa?

Kiro frunció ligeramente el ceño.

—No sé… sentí algo en esa dirección.

Era una sensación extraña, como si algo lo llamara desde la espesura del bosque.

Tras unos segundos, sacudió la cabeza y decidió ignorarlo.

Pero en su interior… sabía que algo había pasado allí.

—Bueno, yo iré a entrenar.

—dijo de repente.

Airi lo miró con incredulidad.

—¿Entrenar?

¡Pero estamos de vacaciones!

Kiro sonrió con confianza.

—Los héroes nunca dejan de entrenar.

Airi rodó los ojos y se rió.

—Haz lo que quieras.

Solo no te hagas daño.

—¡Lo intentaré!

Con un gesto de despedida, Kiro siguió un pequeño sendero y se desvió hacia el bosque.

Un Encuentro Inesperado Después de caminar un rato, encontró un prado llano.

El lugar era perfecto para entrenar: el suelo era firme, la brisa fresca corría entre los árboles y el sol iluminaba suavemente el área.

Cerró los ojos y se mentalizó.

Visualizó los movimientos que Hunk le había enseñado.

Se colocó en posición, respiró hondo… y comenzó su entrenamiento.

Sus puños se movían con precisión, replicando las posturas de Hunk.

Practicó golpes rectos, esquivas y combinaciones de ataque.

Finalmente, giró sobre su eje y lanzó un puñetazo al aire.

Pero en ese mismo instante… ¡Otro puño apareció frente a él!

Ambos quedaron con los puños extendidos, sorprendidos e incómodos.

Kiro parpadeó varias veces.

—¿Hika?

Frente a él, Hikari Natsuki también estaba congelada en su lugar.

Sus ojos azules brillaban con sorpresa, y su cabello rosado ondeaba suavemente con el viento.

Hika retiró lentamente su puño y sonrió.

—Bueno… esto es inesperado.

Kiro bajó el brazo y rió nerviosamente.

—Sí… no esperaba encontrar a alguien aquí.

Hika se cruzó de brazos.

—Lo mismo digo, ni siquiera te senti.

Hubo un momento de silencio incómodo… hasta que Kiro sonrió de nuevo.

—Parece que tenemos la misma idea.

Hika lo miró con interés.

—¿Quieres entrenar conmigo?

Kiro sonrió ampliamente.

—¡Por supuesto!

El viento fresco del prado ondeaba suavemente la hierba mientras Kiro y Hika aún se miraban, sorprendidos por su inesperado encuentro.

Hika inclinó la cabeza con curiosidad.

—¿Cómo llegaste hasta aquí sin que me diera cuenta?

Kiro sonrió con orgullo y se cruzó de brazos.

—Es parte de mi entrenamiento.

Debo concentrarme todo el tiempo que pueda en canalizar mi energía a través de mi cuerpo.

Hika abrió los ojos con asombro.

—¡Eso es increíble!

Kiro se rió.

—Bueno, todavía estoy practicando.

Hika se acercó con interés.

—Entonces… ¿puedes usar la energía?

Kiro asintió con confianza.

—Sí, aunque todavía me falta mucho por aprender.

Mi maestro es Hunk, el exorcista que vino a este pueblo.

Hika parpadeó sorprendida.

—¿Ese hombre rudo y con barba?

—¡Sí!

—Kiro sonrió—.

Es fuerte y me ha enseñado muchas cosas.

Hika suspiró con una leve sonrisa.

—Debe ser genial tener a alguien que te enseñe.

Kiro se giró hacia ella con curiosidad.

—¿Tú no tienes a nadie que te enseñe?

Hika se encogió de hombros y rió suavemente.

—No sé controlar mi energía.

Kiro se quedó congelado.

—¿Eh?

—Ni siquiera sé qué tipo de energía tengo.

Se rió nuevamente, como si no le importara demasiado.

Kiro la miró sorprendido.

—¿De verdad?

Hika asintió.

—Sí.

Por más que lo intento, no puedo hacer que mi energía se manifieste como los demás, ni aunque sea un poco.

Kiro se rascó la cabeza.

—Eso me pasaba antes.

Pero una vez encuentras la forma de sacarla afuera, todo se vuelve más fácil.

Hika lo miró con interés.

—¿Cómo lo lograste?

Kiro sonrió con nostalgia.

—Hunk me enseñó a conectar mi cuerpo con mi energía.

Primero me hizo sentirla dentro de mí, y luego aprendí a dirigirla poco a poco.

Hika se cruzó de brazos pensativa.

—Interesante… Kiro levantó una ceja.

—Pero entonces… ¿qué estabas entrenando aquí?

Hika sonrió levemente.

—Estoy probando nuevos movimientos.

Necesito toda la concentración posible para canalizar mi espíritu.

Kiro se quedó en blanco.

—¿Canalizar tu espíritu?

Hika asintió y levantó una mano.

—Como no puedo usar la energía normal, experimenté con mi espíritu… De repente, un resplandor azul envolvió su mano.

El aura era suave y brillante, como un fuego danzante.

Kiro dio un paso atrás, impresionado.

—¡Whoa!

Pero entonces… Frunció el ceño.

—Espera un momento… Hika lo miró con curiosidad.

—¿Qué pasa?

Kiro acercó su mano lentamente hacia la suya… pero no sintió nada.

—Esto es raro… Hika parpadeó.

—¿Qué es raro?

Kiro la miró fijamente.

—No siento nada.

Hika se sorprendió.

—¿Nada de nada?

Kiro negó con la cabeza.

—No puedo sentir la energía de tu espíritu, ni siquiera puedo decir si es fuerte o débil.

Hika frunció el ceño.

—Curioso… Se miró la mano envuelta en aura azul y luego a Kiro.

—Debe ser porque el espíritu no puede sentirse como la energía normal.

Kiro se quedó pensativo por un momento, luego sonrió emocionado.

—¡Eso es increíble!

Hika rió ante su entusiasmo.

—¿Te gustaría aprender a usar tu espíritu?

Kiro se quedó en silencio por unos segundos… y luego su rostro se iluminó.

—¡Sí, tener algo así de seguro me hará ser más fuerte!

Hika sonrió con diversión.

—Entonces te enseñaré.

Kiro apretó los puños con emoción.

—¡Genial!

Pero entonces yo también te enseñaré a usar tu energía.

Hika levantó una ceja.

—¿Tú me enseñarás a mí?

—¡Claro!

Si me vas a enseñar algo, yo te enseñaré algo a cambio.

Hika se rió.

—Trato hecho.

Así, sin darse cuenta, acababan de formar un pacto de entrenamiento.

Mientras tanto, a varios kilómetros de distancia, en lo más profundo del bosque, el suelo estaba manchado de sangre.

El viento soplaba entre los árboles, pero no traía consigo sonidos de vida.

Todo estaba en silencio.

Cuerpos de exorcistas yacían en el suelo, algunos aún con los ojos abiertos, pero sin vida.

La única persona que quedaba en pie era un exorcista de rango A.

Su respiración era entrecortada, su espada temblaba en su mano herida.

Su cuerpo estaba cubierto de cortes y moretones.

Frente a él, una figura se alzaba entre las sombras.

Un aura oscura brotaba de su cuerpo como si fuera una niebla viviente.

El exorcista dio un paso atrás, con terror en sus ojos.

—M-monstruo… La figura dio un paso adelante, saliendo de las sombras.

Era un hombre.

Alto, musculoso, con cabello largo y una expresión fría y vacía.

Su mirada era la de un asesino.

El exorcista se sintió sofocado por su presencia.

—No… no puede ser… El hombre lo miró con indiferencia.

—No te preocupes.

Su voz era profunda y calmada, casi hipnótica.

—Pronto… todo tu dolor se acabará.

El exorcista sintió un escalofrío recorrer su cuerpo.

De repente, gritos resonaron en el bosque.

Gritos de desesperación.

Pero… nadie podía oírlos.

Nadie podía sentir lo que estaba ocurriendo en ese lugar.

Y entonces… el bosque volvió a quedar en absoluto silencio.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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